Necesidad

Toda la familia tenía una sensación de inseguridad que no podía expresar de manera correcta. La tensión se acumulaba en sus mentes, y el tiempo no daba tregua a sus decisiones. Sawada Tsunayoshi lo sabía, no había oportunidad de cometer errores, ni de arrepentirse de lo que estaba haciendo. Aun recordándose las razones de sus acciones, el Décimo Vongola se sentía miserable, mucho más después de haber herido a su preciada amiga y miembro de su familia.

En el espléndido salón del hotel de lujo, las caras conocidas y sonrisas agradables no lograban llenar de felicidad a Tsunayoshi como podía hacerlo la mano que tomaba con delicadeza. Hablando con el Noveno las cosas se volvieron un poco más complicadas; sabía de antemano que algo tenía que suceder para reunir tanto material mafioso en Namimori. La movilización de la famiglia del Vongola Dechi a Italia era inevitable.

-Toda tu familia debe estar bajo el cuidado del resto de nosotros- dijo el anciano de rostro amigable – Es prioridad protegerlos a todos ustedes, son nuestro futuro- concluyó mirando hacia donde Chrome y Kyoko comían un poco de pastel acompañadas por I-pin y Lambo.

De un momento a otro, Tsunayoshi sintió un alivio en todo el cuerpo que lo hizo respirar con más tranquilidad. Su mente pedía a gritos que fuera a buscarla, su cuerpo se paralizó cuando Kyoko volvió con un trozo de pastel para él.

Volvió a su sueño maravilloso, donde esa pequeña mano estrechada a la de él, lo hacia sentirse el más feliz del planeta.

Por fin, tu mujer estúpida entiendes donde debes estar.

Desde hacia una semana que Haru y Hayato no tenían contacto alguno. El último encuentro que Hayato tuvo con Haru fue cuando ella iba saliendo de casa del Décimo. Llevaba una carpeta algo gruesa en la mano, y tenía la mirada baja. Caminaba lento, como si quisiera que la detuvieran, de repente, se paró apretando la carpeta con ambas manos hacia su pecho, respiró profundo y siguió de frente sin percatarse de la presencia de Hayato. El no articulo palabra, solo la dejó irse, no avanzó hacia casa del Décimo, pero tampoco siguió a Haru, después de unos minutos decidió regresar por donde había venido.

Por esa decisión no había parado de pesar en ella. Todo el día durante siete días. La cabeza le dolía y su cuerpo estaba exhausto. Mientras escribía su discurso constantemente venía a su cabeza la palabra primavera (Haru). Sus labios no habían podido mencionarla en ningún momento frente a la familia. Parecía que ella se había vuelto un tema tabú en casa de los Sawada, inclusive el inconsciente de Lambo no hacía la menor mención de la castaña. Durante la ceremonia de graduación, aunque agradeció no alcanzar a ver a su hermana, deseo que ella estuviera cerca para que sus rodillas dejaran de temblar, para que su mente dejara de desear estar a su lado en ese momento...

Un impulso desesperado lo hizo buscarla. Después de hablar con el Décimo todo quedaba claro, Haru, ella, se había confesado un día antes, y hasta esa tarde había estado esperando una respuesta, después de recibirla, se encontró con Hayato sin siquiera verlo.

Tsunayoshi no podía responder sin lastimar. Hayato no podía soportar no verla. Dos verdades, que impactaban diferentes corazones.

Era un hecho que aquel abrazo estaba durando demasiado, pero los involucrados estaban totalmente indispuestos a ponerle fin. Hayato notó con un poco de nerviosismo que podía cubrir la pequeña espalda de Haru con sus manos, mientras que Haru se dio cuenta de que sus brazos apenas lograban rodear la ancha espalda del peliplata. Ninguno quería soltar al otro, pero después de pensar en quien tenían en brazos, los inexpertos muchachos empezaron a cuestionar sus acciones.

No hacían ruido, Haru hacía uno o dos minutos que no sollozaba. Hayato no pudo darle una sola palabra de aliento y ahora estaba arrepentido de disfrutar la situación. El olor que la castaña desprendía directamente en su rostro lo tenía embriagado, su mente apenas podía unir ideas; sus labios lo ultimo que querían era pronunciar palabra; sus ahora temblorosas manos, querían estrechar más ese frágil cuerpo que le estaba haciendo perder la razón.

-Gokudera-san tiene una espalda muy amplia- dijo en voz baja la castaña.

¡¿Porque me lo dices como si fuera un secreto?! Que no te das cuenta que eso me hace sentirme más incómodo…

La cara del joven se sonrojó ligeramente, suficiente como para decidir no moverse hasta que su rostro volviera a la normalidad.

Este par en su mundo estrecho y privado, no recordaba que estaban aún en un colegio, y que se acaba de terminar la ceremonia de graduación, un señor de traje a pasos torpes se acercó a la pareja y con mucha inseguridad trato de hablar con ellos.

-Disculpen, pero lo mejor será que teterminen la felicitatación – mencionó con evidentes tartamudeos.- Haru, ¿Recuerdas la fiesta que tu madre te preparó?- agregó.

Lentamente Hayato examinó al hombre que estaba tratando de dar termino al que, probablemente, sería el único abrazo que le diera a Haru. ¿De dónde era que recordaba esa cara?

-¿Papá? – dijo la castaña separándose un poco del Vongola y dejando caer sus brazos a los costados.

En seguida, él la soltó de golpe, sus brazos y piernas quedaron tiesos por la impresión, sus ojos casi se salían de las orbitas observando como el padre de Haru lo veía como un inminente peligro para su hija.

-Les dije que no quería ningún festejo, será mejor que le digas que no iré- dijo la chica sin ánimos de discutir, con su tono de voz mas discreto que de costumbre. –Yo ya tenía planes con Gokudera-san- agregó tomando el aún tieso brazo del muchacho.

Hayato la miró fijamente, y notó ese rostro de berrinche que tanto extrañaba. Sin embargo, ellos estaban en un momento serio, por eso no sabía si molestarse o alegrarse por verla con esa expresión de niña mimada. Lo único que sabía es que necesitaba sacarla de ahí y, muy a su pesar, llevarla con el Décimo.

-Miura-san, yo lamento mucho el malentendido, debí presentarme adecuadamente y pedir su permiso con antelación- dijo el guardián con plena confianza en su capacidad de dialogar- Soy Gokudera Hayato, acabo de graduarme de Namimori Gakuen, es un placer conocerlo-dijo al hacer una reverencia, esto hizo que Haru se separara un poco de él soltándolo del brazo- Haru-san y yo teníamos planes de ir con un grupo de amigos a celebrar nuestra graduación, pero mi ceremonia se extendió, y al apresurarme a venir por Haru-san mi uniforme terminó de esta manera- menciono señalando su apariencia- No era mi intención darle una mala impresión- agregó.

Hubo unos instantes de silencio, eternos para el joven, que por primera vez se enfrentaba diplomáticamente a un PADRE.

-Así que era eso hahahaha- dijo con una sonrisa amplia el hombre que por fin se mostraba más relajado - En ese caso, dejare a mi hija en tus manos- dijo tajantemente tomando la mano del muchacho en un apretón bastante paternal, esos que te dejan recibir el mensaje de: si le pasa algo no confiaría en tu seguridad. –Yo hablaré con tu madre, y le diré que la visitaras pronto, como lo prometiste, ¿de acuerdo?- agregó mirando dulcemente a su hija.

Ella se limitó a asentir, había vuelto a tomar a Hayato del brazo, apretó con los dedos su camisa hasta que su padre se fue.

¿Y ahora que se supone que diré? Ella esta demasiado liada como para que mi boca diga exactamente lo que no quiero decir…

-Gokudera-san, gracias por todo- ella soltó su brazo y empezó a caminar hacia el portón del colegio.

Había una cantidad sorprendente de alumnos de otras escuelas, cuando Haru estuvo a una distancia considerable de Hayato, un grupo de muchachos la rodearon.

-¡¿Qué demonios?!- gritó el peliplata cuando miró atentamente que cada joven que se acercó a su amiga, llevaba flores, una carta o un presente envuelto.

Dio unas cuantas zancadas y se interpuso entre el ridículo grupo y la castaña. Los miró ferozmente y rodeó los hombros de su asombrada compañera con el brazo sin decir nada, la estrecho contra su costado.

-¡Hahi!- dijo la castaña volteando abruptamente para encontrarse con el enfadado rostro del guardián de la tormenta.

-¡No es hahi!... Mujer estúpida, ¿¡cómo puedes dejar que se te acerque cualquier tipo!?- grito sobremanera.

Los enormes ojos café de la chica se entrecerraron, dejando ver la confusión que le causaba la reacción del muchacho. El, al darse cuenta de la escena que estaba montando se separó un poco y con toda la delicadeza que su educación le permitió, tomo la mano de Haru, ambos se sonrojaron, Hayato no era capaz de mirarla a la cara, y Haru se moría de ganas por ver la expresión de él.

-No estaba dejando que se acercaran a mí- mencionó mirando al horizonte, para que el chico dejara su timidez, él volteo lentamente –Sólo quería sentirme un poco querida, yo quiero sentirlo, más que en cualquier otro momento…-

El silencio abrumó el ambiente, no dejaron de caminar así que ya estaban en la calle principal, lejos del colegio Midori, lejos de Namimori Gakuen.

En lugar de tomar un auto para ir a la celebración, siguieron caminando…

-Tu, ya lo sabías, ¿verdad?- dijo la castaña – Por eso, me abrazaste- su mirada decayó dramáticamente del horizonte hacia el suelo. – Por eso, no has dejado de sostener mi mano- sus lagrimas empezaron a rodar lenta y abundantemente.

El peliplata sin ánimo de nada, se detuvo en seco, apretando muy fuertemente la mano de su acompañante. ¿Por darle lo que quería, si podía darle lo que necesitaba?

-Si yo solamente quisiera darte lo que quieres, te estaría llevando a una habitación de hotel- dijo tranquilamente con la expresión más fría que alguna vez había mostrado frente a Haru, ella se limitó a escuchar y aguantar el dolor de su mano, él la jalo haciendo que quedaran de uno frente a otro – Aunque nos estamos dirigiendo a un hotel, no me malinterpretes… Ahí es la celebración, ahí debemos estar todos los miembros de la familia del Décimo Vongola, sin ti, o sin mi, la familia no esta completa- terminó en monótono sin molestarse en cambiar los gestos de su rostro.

Estaba torturándose, su propia voz estaba diciendo exactamente lo que no quería decir. Por dentro el muchacho la quería volver a estrechar y disculparse, sin embargo su cuerpo se limitaba a apretar los puños lastimando la mano que sostenía.

-Ya veo, es por Tsuna-san- dijo con esa sonrisa que podía llevar del cielo al infierno a cualquier bastardo que se atreviera a decirle la mitad de tontería que él ya le había dicho.

Sus manos se separaron, aún de frente él no podía mirar su rostro. Ella seguía sonriendo, sus lágrimas dejaron de caer, dispuesta a seguir el camino a la celebración se dio la vuelta.

-No sonrías- le dijo desde atrás el cabizbajo joven con voz temblorosa.

Ella siguió caminando dos pasos delante, hasta llegar a su destino.

¿Por qué hacer lo que queremos cuando no es lo que necesitamos?

-Gokudera-san, yo también pienso, que si me ofrecieras ir a un cuarto de hotel, en este momento te diría que si… y si me ofrecieras llevarme con Tsuna-san te diría que no, pero eso es lo mejor que ambos podemos hacer- dijo Haru después de un rato sin detener el paso.

Desde atrás, Hayato se había llevado la mano a la frente entre cubriendo sus ojos para no mostrar su impura mirada ante la revelación de Haru, seguía caminando a dos pasos de distancia, no se atrevía a acercarse, pero tampoco se alejaba un centímetro más.

Una vez frente al hotel, ella se dio la vuelta. Parecía recuperada. Sus ojos brillaban de nuevo, aunque estaban ligeramente hinchados, sonrío honestamente y miro al joven que no la había dejado sola en ningún momento, quien le devolvía la sonrisa e inclinaba un poco la cabeza con la tierna simpatía que solo él podía mostrarle a ella.

-Ojala seas tu de quien me enamore la próxima vez- dijo Haru

La sorpresa hizo desaparecer la sonrisa de Hayato, enderezo su cabeza lentamente y trago saliva.

-Eso espero también- respondió, ahora sonriendo pícaramente entre cerrando sus ojos y sin acortar la distancia de dos pasos que gracias a su boca los estaba separando.