N/A: Hola, ehm, reaparecí. Aquí traigo un nuevo capítulo, después de meses. No creo que importe mucho pero no pude publicar porque empecé la Universidad y como que fue un poco difícil adaptarme. Ahora estoy de vacaciones y espero poder subir más capítulos entre esta y la próxima semana ^^. No tengo más que decir, sólo que espero que les guste.
Capítulo 2 – Como un Slytherin
—¡No puedo creer que no se los hayas dicho!—exclamó ella, mientras lo golpeaba juguetonamente.
—Tú tampoco lo has hecho— rió él—. Además, no creo que este sea el mejor momento: tomando que está toda tu familia aquí y que tu papá y tus tíos probablemente me destajarían vivo por ultrajar a su sobrina favorita…
—¡No soy la sobrina favorita!— dijo ella entre dientes.
—Claro, y yo soy el próximo ganador al premio La Sonrisa Más Encantadora…—bromeó él, recibiendo un golpe en la cabeza con un cucharón.
—¡¿Y eso por qué fue?!—dijo él frotándose la zona dolorida.
—Porque entonces tendría que asesinar a tus fanáticas dementes—replicó ella—. Además…
—¡Así que admites que tengo razón! Entonces SI eres la sobrina favorita…—dijo él socarronamente—. ¡Gané una discusión!
—Ya cállate—masculló ella mientras sonreía ligeramente—. O tendré que hacerlo yo…
—¿Ah sí? Y dime cómo…—dijo él mientras acercaba su rostro al de ella.
—Pues…
De pronto la vieja cocina de la Madriguera se abrió y Ted Lupin y Victoire Weasley se separaron sobresaltados. Por la puerta se asomó el rostro sonriente de Molly Weasley.
—H-hola, abuela—tartamudeó Victoire—, ya estábamos terminando de… ehm… revolver el estofado. No se ha quemado, creo.
Ted sonrió nerviosamente. Molly paseó su mirada entre los dos y su sonrisa creció aún más:
—Oh, no se preocupen por eso. Vuelvan a la mesa, justamente venía a servirlo…
—Si gusta le ayudo a llevarlo, señora Weasley—se ofreció Ted.
—Tonterías—replicó la señora Weasley, empujando a ambos hacia la puerta—. No me trates como a una anciana, ahora vayan y siéntense con los demás.
—Pero…
—Nada de peros, sé manejar perfectamente mi cocina—replicó Molly. Dicho esto, los empujó definitivamente fuera de la cocina y cerró la puerta tras de ellos.
—Bien hecho, ahora mi abuela sospecha…—masculló Victoire. Ted rió de buena gana.
—Creo que lo sabe—repuso él.
—¡No digas eso como si nada!—bufó Victoire, dirigiéndose hacia el patio trasero de la Madriguera.— Y apresúrate, antes de que comiencen a sospechar…
Ted ahogo una última risa antes de seguirla.
Ya había pasado más de un mes desde el fin de curso, un mes que Albus Potter había tenido para recordar por qué se supone que no debía extrañar a su hermano, un mes en el que James Potter había fastidiado a su hermano por todo el tiempo que había estado ausente.
Era 31 de julio y toda la familia se encontraba celebrando el cumpleaños de su padre en el patio de la Madriguera. En una mesa se encontraban sus abuelos y sus tíos y en otra se encontraba él, Albus, con el resto de sus primos: Dominique, Louis, Rose, Hugo, Fred, Roxanne, Lucy, Molly; y sus hermanos Lily y James. Y justamente se había sentado lejos de su hermano para evitarlo, pero en cuanto a James Potter se refería, esto no era un obstáculo para… molestarlo.
—¡Eh, Albus!—susurró James desde el otro lado de la mesa. Albus lo ignoró y siguió comiendo.
—¡Albus!—llamó otra vez—. ¡Albus! ¡Al! ¡Albus! ¡Aaaaaal!
—¡¿Qué quieres, James?!—exclamó Albus levantando la mirada para encarar a su hermano.
—¡Piensa rápido!—dijo James, lanzándole un panecillo que impacto directamente en la cara de su estupefacto hermano.
—Que malos reflejos, Al—dijo James, fingiendo estar decepcionado—. Al parecer no heredaste los buenos reflejos de papá o mamá… A decir verdad, yo aún sostengo la teoría de que eres adoptado…
—Ya empezaron, ¿verdad?— murmuró Roxanne a Lily. La pequeña asintió: era su rutina diaria ver a James molestar a Albus.
—Respira hondo. No le hagas caso. Respira hondo. No le hagas caso— decía Albus para sí mismo mientras fulminaba a su hermano con la mirada.
—¿Qué pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones, Al?—bromeó James. A Albus empezó a desarrollar un tic en el ojo.
—No le hagas caso. Es el cumpleaños de papá. No lo arruines. No lo hagas caso. No le hagas caso—se seguía repitiendo Albus.
—James, ya páralo —ordenó Dominique, que era la mayor entre los presentes. Sin embargo su primo no le hizo caso y…
—Es que no reacciona… Creo que salió defectuoso—rió James. Todos los primos Weasley suspiraron exasperados: eso no iba a terminar bien. Y eso no le iba a agradar a nadie, y probablemente una pelea entre los hermanos Potter no iba a hacer nada más que arruinar el cumpleaños de su tío Harry.
—No es momento, James—dijo Lucy—. Ya déjalo.
—¡Es que a veces hasta pienso que el pobre pudo nacer squib!—dijo James con indolencia. Con esto Albus ya no pudo más y le respondió:
—P-pues al menos yo no… yo no… ¡soy tan tonto como tú!—
—Oh, que maravillosa respuesta, hermano. Porque "tonto" es un gran insulto…—se burló James. Albus enrojeció violentamente, se levantó de la mesa y se fue corriendo hacia la Madriguera.
—Oh, bien hecho James—dijo Molly sarcásticamente—. Te superaste a ti mismo esta vez…
—Tonterías—repuso él, tomando otro panecillo y empezando a comerlo. A los pocos momentos llegaron Ted y Victoire.
—James, ¿qué le hiciste a Albus esta vez?—inquirió Victoire— . Nos cruzamos con él y parecía estar bastante enfadado.
James fingió estar ofendido.
—¿Por qué siempre me echan la culpa a mí?.
—Porque normalmente eres culpable—respondió Ted—. ¿Y bien? ¿Fuiste tú?
—Sí, fui yo—dijo James frunciendo el entrecejo—Pero…
—Nada de peros… ve y discúlpate antes de que la abuela traiga el estofado y todos se den cuenta de que Al se fue—ordenó Victoire. James se quedó mirándola perplejo.
—Pero…— comenzó a decir James, pero una mirada de Ted lo calló. Ted Lupin era como el hermano mayor de los Potter y era una de las personas a quien James más admiraba, por lo que eso fue suficiente para que James se pusiera de pie y se dispusiera a buscar a su hermano.
—Bueno, está b…
Pero para cuando se hubo levantado, Albus ya se encontraba saliendo de la casa, con una extraña expresión en la cara: una mezcla de irritación y satisfacción. Llegó hasta la mesa y…
—Oye, Albus… Lo siento—dijo James. Su hermano sólo lo miró con una sonrisa de diversión.
—Está bien—respondió. Todos se quedaron perplejos.
—Ah… bueno—dijo James encogiéndose de hombros y se volvió a sentar. A los pocos segundos llegó Molly Weasley con el estofado, y todos se sirvieron gustosamente, con el problema aparentemente olvidado.
—Estos sí que son raros—susurró Ted a Victoire.
—No me lo tienes que jurar…— respondió ella, comiendo su primer bocado.
Ese mismo día por la tarde, un muchacho de unos quince años llevaba a una niña de la mano por las calles de Londres. Ambos eran de tez bastante pálida y tenían el cabello de un color rubio platinado casi imposible, y además, ambos caminaban sigilosamente por la calle, como si estuvieran evitando ser vistos. Se escabullían entre las personas que transitaban el Londres muggle.
—¿Ya vamos a llegar?—preguntó la niña en un susurro.
—Ya casi—respondió el muchacho—, debería estar por aquí…
Caminaron unas cuadras más y llegaron hasta un local que los muggles parecían ignorar completamente. El letrero que colgaba sobre la desvencijada puerta indicaba que ese era el lugar que habían estado buscando, El Caldero Chorreante.
Ambos ingresaron a la taberna y se dirigieron hacia el mostrador principal, donde se encontraba una mujer de rostro regordete y amable. El muchacho caminó con paso decidido hacia el mostrador seguido de cerca por la niña.
—Disculpe—dijo él—, ¿sería tan amable de decirme si la entrada al Callejón Diagon es por aquí?—.
La mujer se sorprendió, tal vez del muchacho, su forma poco común de hablar y de su extraño acento; o tal vez de la seriedad con que lo dijo; o tal vez fue que nunca había visto a aquellos niños que estaban en la edad de asistir a Hogwarts. Y es que Hannah Longbottom, siendo propietaria del Caldero Chorreante, conocía a la mayoría de estudiantes de Hogwarts, ya que pasaban por su taberna al menos una vez al año, tanto fueran de familias de magos como muggles.
—S-sí—respondió la mujer—, déjenme mostrarles. Vengan conmigo—.
Hannah salió del mostrador y los guió hacia la parte trasera del establecimiento, seguida de cerca por ambos niños. Llegaron hasta una pared de ladrillo y Hannah sacó su varita para tocar los ladrillos, cuando el muchacho sacó su varita repentinamente y puso a la niña detrás de sí.
Hannah se quedó perpleja… ¿Acaso estos niños estaban esperando que los atacaran? ¿Quién atacaría a unos niños?
Al ver la expresión de sorpresa de la mujer, el muchacho volvió a guardar su varita.
—Discúlpeme, Madame—dijo el muchacho encogiéndose de hombros—Nunca se puede ser demasiado precavido—.
—No te preocupes... Pero, ¿por qué…?—empezó a decir Hannah.
—Si nos disculpa—interrumpió él—, estamos con prisa—.
—C-claro…—respondió la mujer. Acto seguido, tocó los ladrillos correspondientes y se abrió el camino hacia el Callejón Diagon.
—Bueno, ¿a dónde se dirigen? Parece que es su primera vez por aquí— comentó la mujer.
—Nos dirigimos hacia una tienda llamada Praesegmen, ¿podría decirnos como llegar? —.
—¡¿Praesegmen?! ¡Pero esa tienda está en el Callejón Knockturn!—exclamó Hannah—¡Unos niños como ustedes no deberían ir por un lugar como aquél!
—Callejón Knockturn—murmuró la niña—Hermano… creo que lo veo desde aquí.
—Muchas gracias por su ayuda, Madame—interrumpió el muchacho. Y dicho esto ambos hermanos salieron como alma que lleva al diablo con dirección al Callejón de tan mala reputación. Hannah Longbottom sólo pudo observar cómo sus figuras desaparecían al internarse en el Callejón al lado de Gringotts y esperar que no le pasara nada a esos niños.
Albus no podía esperar a ver la expresión de su hermano cuando se diera cuenta de lo que había hecho. Tal vez era una broma de mal gusto e inmadura, pero finalmente a los once años es perfectamente aceptable ser inmaduro y además, James se lo merecía. Y es que uno no puede ser ridiculizado tantas veces sin hacer nada para devolverlo: es por eso que Albus había tramado el plan perfecto, con el que por fin podría devolverle a James todas las bromas que le había hecho.
Y finalmente sucedió: era la hora de despertarse y escuchó el grito proveniente del cuarto de James. Albus rió para sí mismo y se recostó para hacerse el dormido. A los pocos segundos escuchó como su puerta se abría de un sopetón y James entraba hecho una furia.
—¡FUISTE TU! ¡CREÍSTE QUE NO ME IBA A DAR CUENTA! ¡ALGO TAN ELABORADO SOLO PODRÍA SER OBRA TUYA!—vociferó James. Albus se siguió haciendo el dormido.
—Y NO TE HAGAS EL DORMIDO QUE YO SÉ QUE ESTÁS DESPIERTO, ESTÚPIDO HERMANO MENOR—bramó James, empujando a su hermano menos de la cama.
—¿QUÉ TE HE HECHO YO? ¿NO VES QUE ESTABA DURMIENDO?—gritó Albus, tratando de contener la risa. Y es que James Potter se encontraba cubierto de miel y plumas, y parecía un enorme pollo de malas pulgas.
—¡TE VOY A MATAR ENANO!—
Y fue con estos gritos que despertaron a sus padres, quienes llegaron corriendo a la habitación de su segundo hijo, tratando de evitar el fratricidio que al parecer iba a ocurrir si no se presentaban.
—James, ¿por qué tienes que…—empezó a regañarlo su padre. Pero en cuanto vio el plumaje que cubría a su hijo mayor, no pudo más que ahogar una carcajada, justo en el momento en que entraba su esposa quien le fulminó con la mirada.
—No es gracioso, Harry—dijo Ginny con una mirada reprobadora—. Ahora, explíquenme QUÉ PASO AQUÍ.
—Pues, Albus utilizo las bombas de tiempo de la tienda del tío George para rociarme con MIEL Y PLUMAS Y AHORA SOY UN POLLO. ¡UN POLLO! —exclamó James.
—Acusete—dijo Albus moviendo sólo los labios.
—Y que no habrás hecho tú para ganártelo … —repuso Ginny. Albus rió y James frunció el seño.
—Y tú no te rías jovencito— regañó a Albus—. Los dos están castigados. Sus escobas quedan decomisadas hasta que empiece el curso.
—Pero, mamáaaaaa—dijo James haciendo un puchero—. Si no practico no podré ir a las pruebas para el equipo de Gryffindor.
—Tú te lo buscaste, James—repuso su madre—Y ahora ve a bañarte, James.
Dicho esto salió de la habitación seguida de Harry. Cuando sus padres ya no estaban James encaró a Albus:
— Tenías todo planeado, ¿no? Hiciste que mamá se enterara que "hice algo" para que no pudiera practicar, ¿no? NO QUERÍAS QUE ENTRARA AL EQUIPO DE QUIDDITCH ¿NO?—reclamó James. La verdad era que no, Albus sólo había querido darle a su hermano un poco de su propia medicina pero…
—Yo no…—comenzó a decir el pequeño, pero su hermano lo interrumpió.
—Pequeño hermano traidor. Seguro serás un Slytherin, porque eso es lo que ELLOS hacen—. Dicho esto se marchó hacia el baño.
Albus se quedó perplejo… Él no quería estar en Slytherin, él quería ser un Gryffindor como toda su familia. ¿Era cierto lo que había dicho James? ¿Debía ser un Slytherin?
Con estas dudas Albus se volvió a meter en la cama: ya no quería pensar más en ello.
N/A: Espero que les haya gustado. Y bueno, como siempre, espero sus comentarios. Llevo bastante tiempo sin escribir así que me siento algo oxidada, cualquier crítica constructiva será bien apreciada. Y por supuesto, gracias a maryn90, Espadakatsukreuz XIII y aizer86 por sus alentadores comentarios.
