Horas antes, ese mismo día...

Siento que la cabeza me va a estallar de tanto rebanarme los sesos mientras Henry insiste que es posible que no sea una solución permanente, pero si consiguiéramos llevarla a cabo, nos daría tiempo y ventaja para para encontrar una resolución más... ¿ética? no, ética no es la palabra... No es malo ni cruel... Pero como el dice, no es una solución definitiva. La verdad es que mi hijo se está convirtiendo en un hombrecito de una inteligencia admirable y seguramente su velocidad neuronal es superior a la mía... contra más pasa el tiempo, parece que empieza a ir pasos por delante de los adultos. Quizás tenga mucho que ver su inocencia y confianza propia de chicos de su edad, dándole una seguridad que seguramente se vaya mermando con los años... Pero sobretodo, se debe a la excelente educación que ha recibido durante todos estos años.

Al pensar en su educación, siempre siento impulsos de preguntarle a Henry por todo lo que hacía con su madre, antes de tener en su poder ese libro... Aunque siempre acabo conteniendo ese impulso, pues estoy segura que Regina ha sido una madre estupenda, solo hay que conocer un poco al chico para darse cuenta... Y eso duele. No es ni un reproche ni nada parecido, pero el imaginar a Henry explicando cuan maravillosa fue su madre antes de saber que era la Reina Malvada, me provoca un nudo en el estómago... Ojalá hubiese estado junto a ellos para sentirme de verdad una madre a la altura de un joven tan formidable, aún a sabiendas que en comparación con Regina... seguramente hubiese aprendido tanto de ella... Pero no, nos teníamos que odiar, ese era el destino ¿no?

- ¿Ma estás bien? - Pregunta Henry - Te has pasado la tienda del abuelo. ¿en que estas pensando? - Emma al darse cuenta, pisa el freno y da marcha atrás para estacionar su ruidoso vehículo.

- Perdona chico, estaba distraída - dijo cogiendo sus cosas para apearse del coche - Entonces, ¿Regina vendrá a buscarte después o quieres que te lleve? - Caminaron hasta la puerta de la tienda de antigüedades.

- No hace falta, Emma, tengo piernas - Dijo el chico un poco molesto.

- Vaaale grandullón, era por ahorrarte el camino pero ya eres mayorcito, ¿no? - había un aire divertido en ella para aligerar la tensión. Abrió la puerta dejando pasar primero al chico.

- No es eso, solo quiero hacer una cosa antes... -

- ¿Una cosa? ¿tendría que empezar a preocuparme? - Interrumpió Gold mientras salia de la trastienda alertado por el sonido de la campana.

- Buenos días Gold. Hemos venido a... -

- Si, lo sé, pasad detrás - volvió a interrumpir

- ¿Sabes que es bastante irritante que siempre interrumpas haciendo alusión a que lo sabes todo y lo ves todo? - dijo Emma mientras seguía a Gold junto a Henry a la parte trasera de la tienda.

- Emma, no lo malinterpretes, al menos hoy he sido yo la que le ha informado sobre lo que habéis venido a buscar... Buenos días chicos - finalizó Belle con una sonrisa mirando a ambos mientras se levantaba del sillón.

- ¿Y como sabías tu a que veníamos, si a surgido de repente? .- cuestionó la Salvadora.

- Cuando me fui a dormir anoche, le daba demasiadas vueltas y no podía conciliar el sueño... - Emma se giró escuchando a su hijo hablar mientras se cruzaba de brazos esperando a que el chico acabase su explicación - No me mires así, Ma. Necesitaba poner en orden mis teorías y sabía que Belle daría mucha luz a algunas de mis dudas. Asi que anoche la llamé y hablamos. - Finalizó mientras se sentaba en el sillón

- No creo que el como sea demasiado importante - Sentenció Rumpel. Se colocó tras su escritorio abriendo el Armario

- Cierto, la verdad es que ni me sorprende - Sonrió Emma mirando de reojo a su hijo

- Tu hijo es un chico brillante - susurró Belle para que solo la escuchara su amiga.

Claro que era brillante, pero eso no es gracias a mi. Otra vez ahí estaba esa sensación de vacío y de ausencia. No puedo evitar sentirme en un segundo lugar respecto a mi hijo. Vale que yo pase más tiempo con el que su madre, pero eso no es consuelo. Mi chico es mucho mas que brillante, como Regina. Genéticamente no tendrán nada que ver, pero si no fuera por los rasgos físicos que compartíamos Henry y yo, me sentiría mucho peor... Nunca podré resarcirme de esos 10 años de ausencia, no podré resarcirlo aunque mi chico mi mire con esa expresión de "no importa, esta todo bien ahora" Joder! yo soy su madre y tengo la sensación que es el quien me consuela a mi y no al revés... Por muchas vueltas que le de, siempre me sentiré así, como la madre que lo abandonó, aunque fuese para darle una vida mejor, yo sabia en el fondo que podía correr mi misma suerte, teniendo una infancia dolorosa... pero no, lo hice, lo abandoné a su suerte rogando que encontrara una madre que le quisiera sobre todas las cosas. Alguien tubo que escuchar mis plegarias, porque mejor madre que Regina no he visto en mi vida. No es que sea una experta en la materia... pero lo que sé es que entre Regina y yo... yo siempre seré la segundona por mucho que los que me rodean me digan lo contrario...

- Aquí esta - Gold colocó una bolsa de hilo sobre el escritorio sacando a Emma de su trance.

- ¿Funcionará con ella? - preguntó la rubia mientras cogía la bolsa observando al hombre.

- Funcionó con Regina, ¿porque no debería funcionar con la psicópata de la heladería? - cuestionó Belle.

- No creo que ese sea problema, el problema será el como colocárselo - Gold entrecerró los ojos rumiando - Dudo que se deje engañar fácilmente -

- Mamá seguro nos ayudaría - Henry se acercó a los adultos - podríamos idear una operación conjunta para atraparla - sonrió el chico como si ya estuviese planeando su propia estrategia.

-Vale chico, y como la llamaremos? ¿Operación Ice Cream? - dijo de forma divertida Emma.

- Que elocuente - Belle desplegó todo el sarcasmo que pudo mientras sonreía.

- Demasiado - contestó Henry entrecerrando los ojos - Belle, ¿cual es tu sabor de helado preferido? -

- Ese de menta con trocitos de chocolate... mmmmhhh - cerró los ojos como si estuviera disfrutando de uno en ese momento - After Eight creo que se llama -

- Pues así será: ¡Operación After Eight en marcha! - Henry alzó las manos gritando su última frase.

Los tres adultos comenzaron a reir por el entusiasmo del chico - Vale vale, lo pillo, pero... ¿Porque el sabor preferido de Belle? ¿estoy aqui sabes? Me ofendes... - dijo bromeando la rubia.

- Porque fué Belle la que me "iluminó" anoche. - Contestó haciendo unas comillas en el aire. - Además, conozco tu sabor preferido en los helados y me parece repugnante - izo una mueca de asco para expresarse.

- ¡Que va! ¡es genial! y he de reconocer que el helado de pistacho de la bruja de hielo está increíble - esta vez los cuatro rieron ante la reacción infantil de Emma que gesticula de forma tosca con cada palabra. - Chico, es hora de irnos. Gracias Gold, Belle. - Se despidió alegre mientras madre e hijo se disponían a salir.

- Cualquier duda ya sabéis como encontrarme. - Dijo el hombre mientras los acompañaba a la salida. - Pero tened en cuenta que solo habrá una oportunidad para colocárle el brazalete. - Sonrió despidiéndose así desde la puerta viendo como subían al escarabajo amarillo.

Este brazal no me trae buenos recuerdos... y por la expresión de Henry, a el tampoco le gusta mucho este objeto. Recuerdo su cara afligida cuando le expliqué sin muchos detalles, para no preocuparle en exceso, como Greg y Tamara capturaron a Regina. Omití las torturas a las que fue sometida su madre, pero su rostro entristecido parecía decirme que me estaba leyendo en los ojos el dolor que soportó esa mujer que hoy está ocupando demasiado rato mis pensamientos. Ese día creí que la perdería... y en dos ocasiones... odio recordar ese día nefasto, aunque después nos hicimos con la situación y fuimos a rescatar a Henry, cuando recuerdo ese día también recuerdo esa sensación de opresión sobre mi pecho tan fuerte que me cuesta respirar.

Henry me observa desde el asiento del copiloto con cara de preocupación y se que está apunto de preguntarme que me pasa. No me he dado cuenta como el recordar ese día me había afectado de sobremanera y empecé a respirar con dificultad. Intento controlar mi respiración y me vuelvo hacia el mirándole con una sonrisa fingida para que deje de preocuparse... creo que no funciona...

- Ma, estas...? -

- ¿De verdad no quieres que te acerque donde tu madre? Debería intentar suavizar las cosas con ella si vamos a volver a trabajar codo con codo - Dijo Emma interrumpiendo al chico para desviar su atención.

- ¿Que? ¡No! no hace falta de verdad. Déjame mediar a mi. Reconoce que siempre que has querido arreglar algo con mamá al final acabais peor y no lo voy a consentir - Enfatizó sus últimas palabras para no dejar que Emma le llevase la contraria.

- Vale chico, está bien - Sonrió Emma al ver tan serio a su hijo. - Que mayor te haces, Henry... siempre has sido un chico muy responsable, pero no quieras cargar todo tu solo, ¿de acuerdo? tienes una gran familia y todos te apoyamos.- Aparcó el vehículo delante de Granny´s y se quedó mirando de frente a su hijo desde su asiento.

- Lo se, no te preocupes. Solo quiero ayudar, quiero que seamos una familia unida y también se que mamá tomará parte en esta operación si se lo pido. - le ofreció una mirada cómplice a la rubia. - Te quiero má. - La abrazó dentro del coche antes de salir en dirección a la cafetería.

El almuerzo se me pasó volando, ablando de cosas sin importancia con Ruby y mi chico. Al menos nos tomamos un respiro que creo que yo necesitaba más que nadie. ¿Cuando Henry se había convertido en un joven tan fuerte? Siempre lo había sido pero últimamente me sorprende gratamente. "Má, he de irme" me dijo para despedirse mientras lo abrazaba y besaba. Se que no es propio de mi un arranque de cariño público con mi hijo, pero la verdad es que hoy me estaba conquistando su entereza pese a todo lo que nos rodea. Seguro que es debido a Regina, esa fuerza y esa seguridad... ahí esta por enésima vez esa sensación y su madre colándose en mis pensamientos mientras veo a nuestro hijo despidiéndose con la mano desde la puerta.

- ¿a donde va? - Ruby saca a su amiga de sus pensamientos.

- Dice que tiene una teoría para sacar a Marian de su letargo y se va a reunir con su madre para llevarla a cabo - Contestó Emma de manera automática sin apartar la vista de la puerta por la que se había marchado su hijo.

- Y dime, ¿ya te a perdonado? - La rubia volteó rápidamente mirando a su amiga. Esta le regaló una sonrisa pícara

- ¿Que? No!... o si... yo que se... al menos no me a matado... - Dijo nerviosa - Henry dice que intentará mediar entre nosotras - Su voz se convirtió en un susurro y bajó la cabeza un poco avergonzada, sonrojándose.

- Tu héroe - Ruby se inclinó sobre la barra como si se contaran confidencias en voz baja.

- Ni que lo digas... - levantó la cabeza para encontrarse con una sincera sonrisa de su amiga.

- ¡Y tu celestina! - Dijo Ruby en voz alta y divertida. Viendo la reacción en las mejillas de la rubia, no pudo evitar comenzar a reír.

- ¡Ruby! ¿Pero que... que tonterías dices? - Emma notaba como sus mejillas ardían cada vez más y su amiga riendo más ruidosamente

- Huy, disculpa, olvidé que te gustan mutilados, ¿crees que Regina se cortaría una mano por ti? - Ruby seguía con la broma mientras su amiga recogía su chaqueta del taburete con una notable molestia y un mas aún notable sonrojo.

- ¡Esta broma te ha costado el almuerzo! ¡Hoy invitas tu! - Se dirigió hacia la puerta con paso decidido mientras la camarera seguía riendo.

- ¡Cuando quieras, Emm! ¡El almuerzo no vale nada comparado con tu cara! ¡IMPAGABLE! - Grito Ruby entre risas para que la rubia la escuchara desde el exterior. Emma se giró para lanzarle una mirada marca de la casa pero lo primero que vió sobre los vidrios de la puerta de la cafetería, fue su propio reflejo.

¡La madre que...! ¡joder! Ruby tiene razón... ¡mi cara no tiene precio! Seguramente es debido a que hoy solo he tenido pensamientos y recuerdos relacionados con Regina. La estúpida broma de la loba a sido como si me hubiera estado leyendo el pensamiento y su olfato de licántropo la hubiera advertido que pensaba en la madre de mi hijo... pero mi cara... ¡Dios! he de reconocer que mis mejillas parecen delatar sentimientos escondidos. Cualquiera podría mal interpretar mi reacción y la risa de Ruby no ayuda nada... no la culpo. ¡La culpa es mía y de mis estúpidas mejillas rosadas!

Me dirijo hacia el coche intentando olvidar la situación surrealista que acabo de vivir. He de ir a la comisaría... todavía queda mucho por hacer...

¡Saludos!