Holaa! Ya volví. Contesto reviews acá porque no sé si les llegan o no cuando aprieto el dialoguito al costado...Hikari eternity, gracias por molestarte en ver mis errores, la raya larga no me sale mas que por casualidad u.u Ya veré que hago con Tsukki, me encanta pero tenía que ser así en este fic. Wonderlan-Yaoi, lamento decirte que tienes toda la culpa... Jajajaja, no, mentira, la idea la tenia desde hace un tiempo y tu la potenciaste, por lo que quizás eres un 10% responsable de este fic. Yo también ando sufriendo con esto pero la idea salió y tenía que escribirla. El KageHina no será tan malo, ya vas a ver que hago con esos dos, que tambien los super quiero. ¡No te mueras! Cosas buenas van a pasar próximamente.

Bueno, eso es todo, los dejo con este dramático fic. ¡Besos electrónicos!


Reconociendo al amor

Parte 2

A la mañana siguiente, Yamaguchi se despertó con la melodía de su celular. Aún con los ojos cerrados y la cara pegada a la almohada, alargó su mano hasta dar con el dichoso aparato. El mensaje sólo era propaganda. Algo molesto, lo arrojó hacia la pared. Por pura suerte, no se rompió.

Estaba muy adolorido pero aun así consiguió levantarse. Lo de ayer había sido muy leve. Odiaba admitirlo, pero hubo veces peores.

Portando solo una camiseta se dirigió hacia el cuarto de baño algo tambaleante. Se sentía como si hubiera bebido la noche anterior. La cabeza le dolía y tenía ganas de vomitar. Paso a paso y sosteniéndose de las paredes llegó al inodoro y botó todo lo que tenía en su estómago, que no era mucho. Llevaba un tiempo comiendo bastante poco, y, aunque le preocupaba, no tomaba ninguna medida al respecto. Se limpió el rostro con la manga de la camiseta y se arrastró hasta la bañera.

Largó el agua y esperó a que se llene. Se abrazó a si mismo mientras la veía caer y sentía como subía mientras le helaba cada parte de su cuerpo.

Entonces se puso a pensar, pensaba que pasaría si se sumergía para no volver a salir. Desechó la idea, morir sólo era la manera mas fácil de escapar de algo que no querías. Por millonésima vez se preguntó lo que venía preguntándose desde que Tsukishima y él se casaron. ¿Por qué no lo dejaba? Y se respondió a si mismo, no podía. No era como si su marido se lo estuviera prohibiendo. Si alguna vez se le ocurría pedirle el divorcio, estaba seguro que no se lo negaría. Simplemente, no podía y no quería. Tsukishima era lo único que le quedaba de su pasado.

Interrumpió sus pensamientos cuando notó el agua a punto de desbordar. Cerró la canilla y tomó el jabón para limpiarse cualquier rastro que le haya quedado de la noche anterior.

Al terminar, salió casi chapoteando. Tomó la toalla y se envolvió en ella para retornar a la habitación.

Se cambió, se peinó y fue a la cocina. Allí descubrió una taza de café y una bandeja con tostadas. Era el único momento en que sentía que Tsukishima se preocupaba por él y sonreía levemente; para luego recordar la escena que se repetía todas las noches desde hace muchos años. Su esposo volvía, lo hacían y luego se iba, dejando a Yamaguchi sollozando en soledad; a la mañana siguiente, Tadashi sólo intentaba dejar de lado lo sucedido y fingir que nada pasaba mientras comía el desayuno que el otro le dejaba preparado. No entendía por qué lo hacía pero tampoco valía la pena preguntar, la comunicación verbal entre ellos era nula.

Dio unos mordiscos a su desayuno y lo dejó tal como estaba. Volvió al cuarto y tomó su celular para irse a trabajar. Antes de llegar a la puerta, las náuseas volvieron asi que tuvo que correr hasta el baño.

Al salir a la calle sentía que la vista se le nublaba cada tanto pero siguió caminando arrastrando los pies. No quería admitirlo pero a veces, la felicidad de las otras personas le daba envidia. Cuando era mas joven soñaba con tener una bella familia pero luego la realidad le cayó y descubrió que los sueños son simplemente eso, sueños.

Arribó a su destino y abrió la puerta del restaurante. No era un gran lugar pero era acogedor.

-¡Yamaguchi! Al fin llegas.

-Lo siento, me desvelé ayer. – Contestó al chico peliblanco que tenía delante, fingiendo la sonrisa que tenía habitualmente.

-Oye, estas algo mas delgado. ¿Estás comiendo bien?

No, prácticamente no comía nada pero aún asi no dijo nada al respecto – Claro, no tienes que preocuparte, Sugawara-san.

Siguieron conversando hasta llegar a los vestidores. La gente solía ir algo temprano a veces, por lo que debían estar listos para tomar órdenes. Se puso el delantal negro con bordes naranjas y tomó su libreta y una lapicera. Cuando estuvo listo se dirigieron a la cocina para saludar al cocinero, Sawamura Daichi y a su aprendiz, Asahi Azumane. Yamaguchi soltó su primera risa verdadera cuando Asahi tiró un panqueque sobre la cabeza de Daichi mientras intentaba imitar a los chefs de la televisión.

Luego de las risas, Sawamura, aún acaramelado, comunicó que habría un nuevo compañero ese día.

-El jefe me acaba de llamar para decírmelo. ¿Crees poder encargarte de él, Yamaguchi? Al parecer es su primer trabajo.

-Supongo que no habrá problema.

-Genial. ¡Asahi! ¡Eso no es sal, es azúcar!

Volvió a reir. Estar con ellos le hacía olvidar los problemas que tenía en casa.

Debía ayudar a un novato ¿Cómo lo haría? No tenía ni idea pero creía que algo así no tendría mucha importancia en su vida. Lo que no sabía era que estaba muy, muy equivocado.