Capítulo 2: Te odio.

Luego de estar todo un día encerrada en su habitación Rin acababa de desempacar sus ropas, que casi todas eran ropas que su madre le obligó a llevar ya que su ropa no era aceptable, pero viéndolo bien ella tenía razón. Rin hacia años había adoptado esa apariencia por una dolorosa situación además de pelearse con su madre, cuando estaba en preparatoria un muchacho del cual estaba perdidamente enamorada, en cierto día el muchacho que le gustaba le había pedido que fuera su novia. Todo era demasiado romántico, él la trataba bien y la respetaba bastante en sus mensajes de texto y de vez en cuando era distinto, pero cierto día después de habré estado un mes y medio juntos algo extraño sucedió. En un hermoso día como cualquiera Rin tenía una cita con él, arreglándose lo más que podía, hasta ese entonces Rin era sumamente hermosa pero tenía que usar lentes hasta terminar la preparatoria, a excepción de eso ella destacaba su belleza con su encanto.

Saliendo de su casa para ir a su cita, acordando verse con él en un parque cercano de la casa del muchacho, Rin suponía que por alguna razón la había citado a ese lugar, a lo que un fuerte sonrojo aparecía en sus mejillas al pensar en ello. Dos horas enteras habían pasado en la plaza, teniendo dos horas de retraso, como ya conocía la casa de él decide ir a verlo suponiendo que algo malo le habría ocurrido en ese momento o que estuviera enfermo, o cualquier cosa que su mente creara.

Cuando llego al departamento de él, Rin sabía dónde estaba la duplicación de la llave de su departamento, que se encontraba en una maceta cerca de la puerta del departamento, entrando como si nada ya que no tendría problema teniendo esa aprobación "puedes entrar cuando quieras Rin". Abriendo lentamente la puerta no lo encuentra, mirando algo angustiada de no verlo en su departamento.

En algunas ocasiones hay cosas de las que nos queremos olvidar, y siempre hacemos lo posible por olvidarlo pero es imposible porque ese recuerdo está siempre presente, hasta el día en que se borre por completo de tu corazón. Ciertos ruidos se escuchaban provenientes de la habitación de su novio, Rin con miedo se dirige a la habitación sin expresión alguna en su mirada, al entrar a la habitación ella se encuentra a dos pares de traicioneros. En el lugar se encuentra su novio arriba de su mejor amiga que estaba en ropa interior al igual que él, Rin sitio como su corazón se rompía lentamente mientras sus lágrimas salían de sus ojos. Después de ello Rin quedo sola ese último año de preparatoria y Rin había cambiado de apariencia al igual que su actitud con los hombres, tratándolo como si fueran una basura que solo deambulaban, para hacer daño a cualquier persona que pasaba en frente de ellos.

Con aquellos recuerdos Rin estaba decidida a pedirle perdón a su padre después de recibirlo de ese modo, no era su intención, solo que aquello fue demasiado duro y no podía controlar el odiar a los hombres de esa manera. Llegando a la oficina de su padre entreabre la puerta viendo que, estaba con el mismo sujeto que no le dejo entrar la primera vez que había llegado a la casa, pero su presencia se hiso presente en ese instante en que había llegado a la oficina. Entrando un poco avergonzada de sus acciones se sienta al frente de su padre, molestándose de cierto modo con aquel hombre al lado de su padre.

-¡buenos días Rin! ¿Qué tal dormiste hija?

-bien….

-me alegra saber eso –su padre le sonríe haciendo que Rin se relajara, pero no lograba que sus disculpas salieran ya que él los miraba.- dime hija, ¿quiere desayunar conmigo en el jardín?

-¡sí!

-de acuerdo mi niña, Sesshomaru acompáñala

-¡no! –Rin al darse cuenta, se siente avergonzada bajando la mirada al suelo.- perdón, pero puedo ir sola

-no, no, Sesshomaru acompáñala –Rin lo mira con furia, lo odiaba al igual que a todos los hombres, mirando como aquel "adulador" de su padre le obedecía como todos sus empleados.- te veré afuera hija

Rin se levanta de su asiento caminando hacia afuera seguida de aquel hombre, provocándole demasiada furia al tenerlo atrás como si fuera su propia sombra. Sesshomaru caminaba callado por los pasillos detrás de ella cuidándole la espalda, por así decirlo, Rin no lo soportaba a lo que se da vuelta bruscamente mirándolo de frente, enfrentándolo sin miedo.

-¡largo! ¡Detesto que me sigan en especial, un hombre como tú! –ella lo observaba, a lo que Sesshomaru no mostraba señal alguna de molestia.

-su padre me ordeno

-¡pues! Vete, yo le diré a mi padre que cumpliste con tu trabajo, como buen empleado

-no, camina

-¡te odio! ¡Vete!

-camine Rin-sama

-¡LARGTE! –con tanto odio que tenía guardad dentro, le pega una fuerte abofeteada dándole vuelta la mirada, dejándole la mano marcada en su piel blanca.

Sesshomaru no le respondió quedándose en ese lugar sin tocarse la mejilla por aquel dolor, ni una señal, Rin con aquella reacción temblaba mirándose la mano con algo de culpa, dándose cuenta que ahora había involucrado a otra persona que no tenía nada que ver en sus asuntos sentimentales. Volviendo a caminar hacia adelante Rin sentía su presencia detrás de sí, siendo verdaderamente molesto que la siguiera después de eso, debería detestarla después de haberle pegado en la cara sin razón alguna.

Al llegar al jardín Rin se sorprendió de ver todo como estaba en el jardín, los grandes árboles verdes que le hacía recordad mucho a su infancia, los constantes juegos y caídas de las ramas o raíces, mientras que en aquel lugar miraba el cielo celeste con su padre viendo las diferentes formas de las nubes blancas que le dibujaban en el cielo. En aquel césped verde estaban también las grandes variedades de flores de todos los colores, el lugar donde siempre en cada año que llegaba a la casa su padre le hacía colocar flores nuevas al jardín, haciendo que su hermosura resaltara en aquella mansión blanca. En medio de todos sus recuerdos de niña, Rin distingue una mesa blanca cerca de la salida de la casa donde estaban las losas de piedra, que decoraban el lugar. Mirando en la mesa estaba todo bien decorado con cuatro sillas del mismo color que aquella mesa, y de decoración se encontraban cosas deliciosas para el desayuno dándole un gran apetito a Rin después de verlas.

Como era de esperarse de uno de los sirvientes de su padre, Sesshomaru le ofrece el asiento, a lo que Rin lo ignora sentándose con mala gana, sin darle las gracias con mucho orgullo de disculparse por algo que él había hecho, o eso es lo que creía ella. Sesshomaru solo se quedó parado detrás de ella como si se tratara de una estatua, Rin no lo toleraba aun si lo tenía cerca.

-vete

-no me iré

-largo, no te tolero, ya te lo he dicho ¡odio a los hombres! ¡Se creen la gran cosa y después te tiran como si fueras una escoria, de seguro eres igual a ellos, son caballeros cuando les conviene! ¡Tú eres la razón por la que todas las mujeres te creen guapo y todo eso, y terminas acostándote con todas solo porque si! ¡No tienen consideración por los sentimientos de la mujer que en verdad lo aman!

-¿eso piensas? –Sesshomaru levanta una ceja intrigado, aquella niña era extraña pero fácil de leer y saber el porqué de esa actitud

-¡eso hacen! ¡Tú eres igual que ellos! Todos los hombres son iguales –menciono ella cruzándose de brazos levantando la frente bien alto.

-¿y qué sabes tú de mí? Nada, solo porque soy hombre me dices eso

-tú….

-deberías dejar de culpar a otros y, decirle la verdad a la persona que en verdad se lo merece

-¡¿Tú qué sabes?! ¡Cállate!

-si no tuviste el valor suficiente para decirle todo en la cara, no quieras decírmelo a mí solo porque quiero protegerte, eres una niñita insolente

-¡cállate! Deja de hablar

-si tienes el valor, díselo y no quieras desquitarte con los demás, terminaras sola algún día por tu tonto odio guardado –Sesshomaru le dio vuelta en la silla mirándola con seriedad, haciendo que Rin lo mirara con algo de lágrimas en los ojos.- debiste decirle a esa persona la verdad cuando tuviste la oportunidad, pero no me involucres en tus problemas

-yo….

Rin lloraba siendo que él tenía razón, toda la razón del mundo a lo que se trataba de ese tema, Sesshomaru seguía mirándola con toda la razón de sus palabras, ya que él no se dejaba pisotear por una mujer que solo quería desquitarse con él, y eso no lo permitiría. El padre de Rin al ver que su hija estaba llorando, le pide a Sesshomaru que se retirara del lugar, a lo que después hablaría con él respecto a ese asunto de hacer llorar a su hija. Rin al ver que él se había ido, fija su mirada en su padre abrazándolo fuertemente diciéndole a cada rato "lo siento" estando triste, culpable de lo que había hecho y arrepentida de no enfrentar a su novio cuando la engaño en aquel momento.

-tranquila

-¡lo siento! –separándose de ese abrazo Rin se tranquilizaba.

-veo que Sesshomaru te hiso llorar, típico

-¿Qué?

-él es una persona fría y con cualquier palabra de su boca, te lastima, es duro con todos pero él es el mejor agente que he tenido en estos años, por esa razón no lo despido

-qué bueno, supongo que no debí gritarle de la forma en que lo hice, odio admitirlo pero, tenía razón

-es envidiable –Rin mira a su padre con duda de su palabra, ¿envida de un joven? A lo que su padre sonreía amablemente.- es que él es un muchacho verdaderamente brillante, ¡tienes mi bendición si quieres casarte con él!

-¡por supuesto que NO! Nunca me casaría con una persona así, olvida eso

-¡de acuerdo! De acuerdo, solo bromeaba hija

-¡no le veo lo gracioso papá!

Rin para terminar esa conversación incomodad para ella decide probar su desayuno, para ya no hablar de ese tema, o al menos dejar de hablar de ese sujeto tan desagradable como él, siendo pensamientos que Rin siempre tenía respecto a todos los hombres, y ahora tenía a uno que era un verdadero problema.