Just A Lemon Tree
Notas de la Autora: Dicho y hecho, es mucho más fácil escribir un lemoncillo que un capítulo de algo más grande XD
He decidido que como los reviews serán sobre todo peticiones de los siguientes capítulos... no tiene mucho sentido contestarlos... así que paso directamente a poneros el segundo capítulo. Si preferís que os siga contestando decidlo, tampoco me cuesta nada =w=
Y sí, seguimos en Facebook, y sigo haciendo publicidad... Fans de Thyamant! corred a buscar!
CAPÍTULO II: SIEMPRE A TU LADO.
La habitación era inmensa, y sobre todo impresionaba que todo a su alrededor, exceptuando el suelo, les permitiese ver el oscuro e inmenso espacio que los rodeaba.
Rinoa entró en la sala de mando corriendo y gritando de emoción, mientras que Squall se quedó algo más atrasado, preguntándose si sería capaz de mover una nave como aquella.
Uno de aquellos paneles luminosos empezó a emitir un extraño pitido entrecortado, y Rinoa se giró hacia él con curiosidad.
- ¡Squall, intentan decirnos algo! - exclamó mientras señalaba hacia la fuente de aquel ruido.
El muchacho se acercó en seguida, y buscó por un momento el control del volumen.
- Aquí Aeropuerto de Esthar, aquí Aeropuerto de Esthar.
La voz de aquel hombre sonaba entrecortada y distorsionada tras aquella máquina.
- Lagunamov, Lagunamov, ¿me reciben? - preguntaba una y otra vez aquel controlador aéreo de Esthar.
Squall oyó los zapatos de Rinoa justo detrás, mientras daba un par de alegres saltitos y se lanzaba después contra su espalda, abrazándolo y pegando su cara a la chaqueta del muchacho.
- ¿Estamos en el Lagunamov? - preguntó Squall en voz alta, presionando el botón que había al lado del aparato de radio, empezando a entender por fin hasta dónde llegaba la suerte que habían tenido.
Rinoa se había apartado un poco, permaneciendo atenta a la conversación.
- ¡No puedo creerlo! - contestaron al otro lado del aparato - ¿Es realmente el Lagunamov? Indíquenos su posición en el espacio.
- Posición desconocida – contestó Squall simplemente.
Ya le costaba bastante concebir que hubiesen dado con aquella inmensa nave vagando en el espacio, mucho más aún saber dónde se encontraban exactamente.
- Entendido. Localizaremos su posición desde aquí – le aseguraron con voz decidida.
Finalmente parecía que había esperanza, eran capaces de encontrarlos desde tierra.
- ¿Podemos volver a casa? - preguntó esperanzado, mientras Rinoa contenía la respiración, esperando la respuesta.
- Nosotros nos encargaremos de todo. Tienen bastante combustible - le informaron enérgicamente –. Sólo deben introducir los datos de posición y la nave se desplazará automáticamente. Cuando hayan entrado en la aerosfera, nosotros los escoltaremos. Todo irá bien.
- ¿Cómo se introducen los datos? - preguntó Squall.
- Es muy sencillo. Siga nuestras instrucciones – le pidieron -. ¿Está en el asiento del piloto?
Squall miró a su alrededor.
- Aquí hay muchos asientos – les informó.
- Es el que está a la derecha. Avísenos cuando esté a punto.
A su derecha Squall podía ver la zona más alejada de la entrada, justo al frente de la habitación, y dos asientos que suponía debían ser para piloto y copiloto. Se acercó y tomó el asiento de la derecha, mientras Rinoa continuaba observándolo en silencio, cruzando los dedos para que aquella mole de metal y cristal empezase a moverse lo antes posible.
- Estoy preparado – dijo en cuanto se acomodó en el asiento.
- Bien. ¿Ve el panel que tiene delante? - le preguntaron.
- Sí – contestó Squall mirando hacia dicho panel.
- Ahí deberá introducir los datos que le digamos. Es muy fácil.
- Cuando quieran – les aseguró colocando ambas manos sobre aquel teclado.
Le dictaban letras y números, varios códigos, y él los tecleó con facilidad. Después de asegurarse de que no había aparecido ningún error le pidieron que apagase el generador de gravedad, para reducir el consumo de combustible, y les desearon un feliz viaje de vuelta a tierra.
La comunicación se terminó, y el joven dejó escapar un sonoro suspiro de alivio. Finalmente podían volver a casa.
Se giró hacia Rinoa, que lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja, y le señaló el asiento que tenía a su izquierda. Ella asintió y antes de dar el tercer paso su cuerpo comenzó a elevarse sin que pudiese evitarlo.
- ¡Huy! - exclamó con una sonrisa excitada.
Se encontraba a algo más de un metro del suelo, y sin apoyo alguno le costaba moverse hacia ninguna parte, así que permaneció allí, dando vueltas en el aire mientras Squall saltaba de su asiento, y la agarraba en sus brazos. Aquel salto lo llevó hasta hacer pie en el suelo, y de nuevo se impulsó para volver al asiento del piloto. Volvió a sentarse en él agarrándose al respaldo, y Rinoa quedó justo detrás, flotando a unos pies de altura, entretenida con aquella sensación de ingravidez.
- Siéntate allí y abróchate el cinturón de seguridad – le pidió abrochándose el suyo.
Y realmente hubiese sido fácil hacerlo, pero la muchacha prefería dejar de contener aquella alegría que había tras su pecho. Se elevó lo suficiente en el aire como para llegar al techo, y después empujó levemente para descender y terminar sentándose sobre las rodillas de Squall, colocando ambas manos sobre sus hombros.
El muchacho la miró contrariado, pero no intentaría apartarla de él. Había pasado por demasiado para volver a verla sonreír, y ahora que no dejaba de hacerlo él no podía hacer más que mirarla.
- ¿Volveremos a casa? - preguntó la joven girando su rostro hacia el inmenso espacio que se extendía ante ellos.
- Con un poco de suerte... - contestó él al cabo de unos segundos, aún con los ojos fijos en su perfil.
Rinoa volvió a girarse hacia el muchacho, y sus ojos fueron de los de él hasta sus labios.
Estaba tan cerca...
- Siéntate en tu asiento y abróchate el cinturón – le dijo Squall empezando a sentirse algo nervioso.
- Déjame estar así un poquito más... - le pidió ella en tono lastimero.
Continuaba sobre su regazo, y seguía mirando su boca, con una leve sonrisa que no le había visto nunca antes. Simplemente lo miraba, y él sentía su corazón acelerándose lentamente, cada vez un poco más, mientras las manos comenzaban a sudarle.
- ¿Por qué eres tan pegajosa? - le preguntó intentando fingir algo de fastidio, esperando quebrar aquel ambiente demasiado íntimo que empezaba a extenderse alrededor de ambos.
- Squall, ¿no te gusta que te muestren cariño? - preguntó ella bajando su mirada, incapaz de creer que así pudiese ser.
- No estoy acostumbrado – contestó él con sinceridad.
- ¿Y cuando eras pequeñito? ¿No te gustaba que te abrazaran tus padres?
El joven desvió su mirada hacia la nada, pensando en aquello.
- No sé – contestó pensativo –. No recuerdo nada de mis padres.
No sabía quiénes habían sido, ni dónde había nacido. Era demasiado joven cuando llegó al orfanato de Edea, así que no tenía ni idea de lo que era el abrazo de unos padres.
- Eleone sí que estaba por mí – dijo sonriendo, recordando aquella infancia – Siempre cuidaba de mí. Me llevaba de la mano...
- ¿Y a que te sentías bien? - le preguntó ella alzando ambas cejas. Sabiendo por su cara que la respuesta no podía ser un no.
- Sí, me sentía seguro – confesó abandonando un poco aquella expresión soñadora – Pero Eleone se fue... Un buen día desapareció.
Y la sonrisa había desaparecido del todo.
Rinoa no quería verlo así de serio, fingiendo ser un lobo solitario sólo para conseguir que los demás no supieran lo que había dentro de él.
- Desde entonces... he evitado el contacto con la gente.
Pero aún con aquel semblante serio, esta vez Squall parecía ser simplemente sincero.
- ¿Con que era eso? ¿Por eso decías que lo mejor es no tener amigos? - preguntó ella apartándose un poco sólo para poder verlo mejor - ¿Porque tienes miedo a perderlos?
- Soy un bicho raro, ¿verdad? - preguntó él con una sonrisa irónica, volviendo a mirarla.
- ¿Sabes? De esa forma... - Rinoa se acercó más, pegando su cara al cuello del muchacho, apretándose a él, hundiéndose en el calor que desprendía su cuerpo – De esa forma te has perdido muchas cosas buenas... Qué lástima, ¿no?
- Quizá tengas razón – coincidió él, cerrando los ojos mientras sentía la mano que Rinoa tenía tras su nuca, cálida y suave.
- Seguro que la tengo – dijo ella apartándose un poco de su cuello y sonriendo ampliamente.
Los ojos de la chica bajaron de los de él hasta su colgante, la cabeza de aquel mítico león, y su sonrisa y su mirada quedaron como suspendidas en el aire, mientras pensaba profundamente.
- A mí me gustaba... Me gustaba que me abrazara mi madre... - comenzó a decir casi para sí misma – Y antes, cuando nos llevábamos bien, también me gustaba que me abrazara mi padre.
- Yo no soy tu padre – le recordó él, consiguiendo que Rinoa riera por lo bajo.
- ¡Claro que no! - exclamó sonriendo – Pero tú eres el único con quien me siento... protegida.
Volvió a mirarlo a los ojos, y parecía a cada segundo un poco más seria.
- Contigo me siento segura... y feliz – le aseguró con sinceridad.
Era el turno de Squall para quedar casi hipnotizado por la manera en que movía sus labios al hablar, y Rinoa esbozó de nuevo una leve sonrisa. Era la primera vez que conseguía que la mirase así.
- ¡Aunque a veces también me pones nerviosa, y me haces enfadar! - Exclamó sacudiéndolo levemente, dejando que aquella regañina sonase casi a broma.
- Lo siento.
-... "Lo siento".
Hablaron los dos al mismo tiempo, él completamente en serio, ella fingiendo una expresión exageradamente parecida a la de él, y después se echó a reír.
- Vete ya a tu asiento – le dijo él reprimiendo una sonrisa entretenida.
Rinoa se apretó más contra su cuerpo, abrazándolo mientras rodeaba su cuello con ambos brazos, y ambos permanecieron unos minutos en silencio.
- Pronto estaremos a salvo, ¿verdad? - preguntó ella en un susurro.
- Eso espero – contestó él con sinceridad.
- Cuando volvamos... no podremos estar más juntos – dijo ella apartándose un poco de él, con una expresión triste en los ojos.
Squall miró por un momento hacia el panel luminoso que había frente a ambos, sabiendo que la situación en la que se encontraban era demasiado extraña e impredecible.
- Quizá tengas razón – dijo con un leve movimiento de cabeza, y después agarró una de las manos que la chica mantenía sobre sus hombros - ¿Quién sabe lo que nos espera? Nadie puede garantizar el futuro – la miró de nuevo a los ojos y sonrió levemente – Tú misma me lo dijiste, ¿te acuerdas?
- No lo decía en ese sentido – dijo ella bajando la mirada.
El muchacho no sabía a qué venía de repente aquel pesimismo, pero lo único que podía hacer era evitar que desapareciese la sonrisa que siempre había en su cara.
- Bueno, ya lo discutiremos cuando estemos en tierra – propuso, esperando que aquello bastase para que dejase de ponerse en lo peor.
De repente Rinoa apoyó ambos talones en la pierna de Squall, y se impulsó hacia atrás, aterrizando ágilmente sobre el asiento del copiloto y sentándose en él con la espalda recta y la mirada hacia el frente.
- No me dejarán en paz... - aseguró con el ceño fruncido – Lo sé.
- ¿Quiénes? - preguntó Squall sin entenderla.
- Aquí el control de tierra. Lagunamov, ¿me reciben?
Squall miró hacia el frente de repente, no esperaba oír de nuevo la voz de aquel controlador a través de la radio en ese preciso momento.
- Aquí el Lagunamov – respondió de inmediato, pulsando el pequeño botón que había a su izquierda.
- Queremos hacerles unas cuantas preguntas – pidieron en tono cordial – Hemos estado recogiendo módulos de aterrizaje. Sabemos lo que ha pasado.
Squall captó el movimiento de Rinoa por el rabillo del ojo, y se giró hacia ella para verla casi dándole la espalda, mirando a través del cristal que había a su izquierda.
- Sabemos que no hay ningún miembro de la estación en el Lagunamov – informaron - ¿Cuántos pasajeros son?
- Sólo dos – contestó Squall volviendo a girarse hacia el comunicador.
- Identifíquense, por favor – le pidieron.
Rinoa lo miraba de nuevo, con una expresión extraña, como esperando una inminente mala noticia.
- Squall Leonhart. SeeD del Jardín de Balamb.
Por unos segundos se oía a aquel controlador tecleando algo al otro lado de la línea.
- ¿Y el otro pasajero?
- Rinoa Heartilly – contestó Squall con total tranquilidad.
La muchacha volvió a mirar hacia el frente, y de inmediato se oyeron susurros a través del aparato. Squall volvió a girarse hacia ella, y la chica permanecía con los ojos cerrados y el ceño fruncido en una expresión parecida al dolor.
- ¿Rinoa Heartilly? - preguntaron al cabo de un instante - ¿La bruja? - dijeron titubeando - ¿Está en la nave?
El dedo de Squall se levantó de aquel botón que permitía que los oyesen, y de nuevo la miró algo sorprendido. Así que era cierto, ahora Rinoa era una bruja.
- Me he convertido en una bruja... - dijo girándose hacia él, bajando la mirada – No puedo quedarme contigo.
Así que se refería a eso hacía unos minutos.
- Lagunamov, ¿me reciben? ¡Contesten! - los apremiaban desde Esthar.
- No quiero el futuro. - dijo la joven llevándose una mano hacia el pecho, empezando a sentir un nudo en la garganta- Ojalá este momento continuara para siempre...
- Lagunamov, ¿me reciben? ¡Contesten!
Repetían lo mismo una y otra vez, y Squall sólo podía mirar a aquella muchacha mientras un brillo distinto aparecía en sus ojos y sus mejillas se tornaban un tanto más rosadas.
- Nadie querrá tocarme... - susurró cerrando los ojos fuertemente, intentando evitar que aquellas lágrimas llegasen a aparecer.
- Tenemos órdenes de neutralizar a la bruja cuando llegue a tierra – informaron al otro lado de la línea, pero ninguno de los dos parecía prestarles atención.
-Tengo... miedo. - murmuró la joven bruja mirando hacia sus pies.
- Leonhart, ¿nos ha oído? - preguntó el controlador - ¿Y la bruja, nos ha oído? - preguntó después con un tono preocupado.
El muchacho dio un manotazo al panel de botones que había frente a él, y el sonido acústico de aquella comunicación desapareció de repente.
- ¡Tengo miedo, Squall! - dijo Rinoa en mitad del silencio, agarrándose a sus rodillas y empezando a sollozar levemente.
El joven se quitó el cinturón de seguridad con un movimiento malhumorado y se arrodilló junto al asiento de Rinoa, agarrando una de sus manos entre las suyas y obligándola a mirarlo.
- No quiero volver... - dijo ella con un hilo de voz.
Realmente estaba aterrada, y Squall no alcanzaba a entender cómo podía ocurrírsele algo así. Se le antojaba imposible que nadie pudiese verla como una amenaza, que pudiesen odiarla y temerla. Le parecía imposible que nadie pudiese tener miedo a tocarla.
La rodeó entre sus brazos, y ella se aferró a él con fuerza, apretando los ojos y sujetando sus lágrimas a base de voluntad.
- Si ellos se niegan a acercarse a ti... - dijo él con las mandíbulas apretadas – Seré yo quien permanezca a tu lado.
Se apartó de ella y la miró a los ojos, con el ceño fruncido y la mirada decidida, y agarró su cara entre sus manos.
- No tienes nada que temer, ¿me oyes? - le aseguró.
Sonrió con seguridad, y de nuevo los ojos de la muchacha se centraron en aquella sonrisa que tan difícil era de ver.
Conoció a un joven malhumorado y serio, y poco a poco había conseguido cavar bajo aquella fachada hasta encontrar a un hombre capaz de amar y con aquella increíble sonrisa.
Rinoa se movió un poco más hacia adelante, y rozó sus labios sobre los de él, incapaz de cerrar los ojos del todo. Quería verlo allí, frente a ella, mirándola con cierto aire de sorpresa mientras las manos del muchacho se apartaban de su cara y ella rodeaba de nuevo su cuello con ambos brazos, acercándolo más hacia ella.
Necesitaba sentir que decía la verdad, que realmente quería permanecer a su lado hasta el final, que no sentiría miedo ni asco al tocarla.
Necesitaba saber que realmente sentía algo, igual que ella.
La respiración de Squall quedó atascada tras su garganta, y su boca parecía secarse por momentos, mientras los labios de Rinoa se movían poco a poco contra los suyos.
Teniéndola tan cerca como cuando se sentó sobre sus rodillas se había sentido nervioso, pero nada se parecía a lo que sentía en aquel momento. Su corazón parecía haber perdido el control en el instante en que lo empezó a besar, y sus manos sudaban bajo aquellos pesados guantes negros.
Alguna parte del Lagunamov empezó a rugir a lo lejos, y todo tembló quedamente al tiempo que comenzaba a moverse.
Los arrastraban hacia la tierra, hacia su hogar, y en el momento en que llegasen se rompería aquel mágico momento en el que habían quedado atrapados de repente.
Rinoa se movió hacia adelante, y su cuerpo quedaba a meros centímetros del de él, suspendido en el aire, a medida que ambos se movían lentamente.
Squall quedó tumbado casi por completo a menos de un palmo de aquellos asientos, y se sujetó al respaldo del que tenía justo tras él casi sin darse cuenta, a medida que Rinoa entreabría sus labios y sentía como su boca volvía a humedecerse poco a poco con el aliento de la muchacha.
Ella acomodó el peso inexistente de su cuerpo nuevamente sobre las rodillas del chico, y se agarró a él con sus piernas, mientras sus manos se movían sin que él se diese cuenta sobre el tupido y suave collar de su chaqueta, apartándolo sobre sus hombros, y él se movió sin oponer resistencia alguna, hasta que aquella prenda quedó igual que ellos, suspendida en el aire.
- ¿Te quedarías a mi lado...? - preguntó ella rozando sus labios con cada palabra que salía de su boca.
- Siempre... - contestó Squall casi hipnotizado por su voz, quitándose los guantes, deseando sentir la piel de la muchacha bajo sus manos.
Esta vez la besó él, con un poco más de pasión, y las manos del muchacho encontraron su camino hasta el estómago de Rinoa, apoyándose bajo su camiseta, deleitándose con la suavidad y calidez de su cuerpo.
Había tenido las manos heladas bajo aquellos guantes, pero Rinoa no hizo nada por evitar que continuase tocándola, moviéndolas hacia su espalda y recorriéndola lentamente; primero hacia arriba, y después bajando de nuevo, siguiendo la finísima línea de su columna con la punta de sus meñiques.
Eran suaves, aunque ella las había imaginado mil veces mucho más toscas y duras; las manos de un guerrero. Pero se había equivocado en tantas cosas a lo largo de su vida que no le sorprendió que lo que estaba ocurriendo en aquel momento no tuviese nada en común con lo que hubiese imaginado antes.
Squall parecía un poco más impaciente a cada segundo que pasaba, y sentía sus labios rozando sus mejillas y acariciando levemente el lóbulo de su oreja, mientras aspiraba profundamente el dulce aroma que había entre su pelo.
- Siempre... - susurró otra vez sin ni siquiera darse cuenta.
Squall había sentido que su mundo entero había ido cambiando desde que viese a aquella joven en el baile de graduación por primera vez, y ahora entendía que en ningún momento había estado en su mano el evitar que aquello ocurriese.
Ella había sido como la luz alegre y bailarina de una vela en mitad de la oscuridad, no habría podido hacer más que seguir aquella luz. Y ahora que la había tocado ardía por dentro, incapaz de soltarse de ella, incapaz de apartarse un solo milímetro.
Las manos del joven volvían a estar a ambos lados del estómago de Rinoa, y subían lentamente por su torso, arrastrando con ellas aquella fina camisa negra de tirantes y el ligero chaleco largo que lo cubrían.
Se movían, flotaban en el aire mientras se besaban lentamente, deshaciéndose de aquella ropa mientras lo único que los envolvía eran sus respiraciones, cada vez más aceleradas, y el lejano rumor de aquella nave que amenazaba con destruir aquel instante a cada segundo que pasaba, con un ritmo lento pero imparable.
Squall alzó los brazos y cerró los ojos mientras Rinoa retiraba aquella camiseta blanca, y el muchacho se estremeció cuando el frío colgante que había alrededor de su cuello osciló en el aire, bailando entre ellos, y tocó su piel.
Rinoa enredó sus dedos en el pelo del muchacho, apartándolo de su cara, y lo miró durante unos segundos mientras él apretaba su cuerpo al de ella, sintiendo los suaves pechos de rinoa sobre su torso, bajando sus manos lentamente hacia el trasero de la muchacha. Ella lo miró con una sonrisa tranquila, respirando profundamente al mismo tiempo que pasaba su lengua sobre los labios entreabiertos de Squall.
El muchacho cerró los ojos, perdiéndose en aquella sensación nueva, húmeda y sensual, y cuando los abrió ella continuaba sonriendo mientras sus manos bajaban poco a poco hacia sus pantalones. Squall la besó con fuerza, buscando de nuevo la lengua de la muchacha con la suya, ansiando sentir de nuevo aquella electrizante sensación.
Un gemido sordo, casi un susurro, resonó en la garganta de la muchacha a medida que Squall continuaba besándola y colaba ambas manos tras sus pantalones, rozando la piel firme y tersa de sus nalgas mientras iba bajando aquella prenda con decisión y seguridad.
Sus manos quedaron sobre las hebillas de sus cinturones por un instante, con los ojos cerrados, las mejillas encendidas, mientras sentía las manos de Squall bajo la ropa que le quedaba y la lengua del muchacho rozando la suya, saboreando su boca cálida e invitadora.
Squall se apartó de ella, moviéndose con facilidad bajo su cuerpo, ambos ajenos de la posición que tenían en aquella habitación mientras seguían flotando en el aire, y comenzó a quitarle el resto de prendas que le quedaban.
Mientras tanto Rinoa había girado sin dificultad, haciendo lo mismo que el muchacho mientras éste le quitaba una de sus botas. Primero se deshizo de ellas, y después agarró los pantalones del chico y tiró un par de veces de ellos con una sonrisa, haciendo que Squall dejase de acariciar sus piernas y mirase hacia ella, preguntándose por primera vez como había terminado tan lejos de sus labios, y acto seguido tiró del cuerpo de la muchacha hasta tenerla nuevamente pegada a él, tan sólo con aquellos pantalones cortos y poco más sobre su cuerpo, y las manos de Rinoa fueron directas al cierre de sus pantalones mientras Squall rozaba suavemente su cuello con la yema de sus dedos.
- ¿Quién podría no querer tocarte...? - murmuró quedamente, con los ojos clavados en su piel.
Rinoa terminó de desabrochar sus pantalones, y quedó de nuevo agarrada a ellos, antes de intentar quitárselos, mirando fijamente en sus ojos profundos y serenos.
Squall levantó su mirada de su pecho hacia su cara, y la sujetó por la cintura con una mano tras su espalda, mientras la otra iba a sus propios pantalones y terminaba de quitárselos ayudándose con sus propias piernas, a medida que se iba moviendo alrededor de la muchacha, bajando su cara lentamente por su torso, rozando su piel con los labios y su nariz. Usó ambas manos para quitarle la poca ropa que le quedaba mientras terminaba de sacar el último pie de su pantalón, y un minuto después ambos estaban totalmente desnudos, suspendidos a un par de metros del suelo, mirándose a los ojos mientras Rinoa tiraba del liviano cuerpo de Squall sujetándolo con una mano en su nuca y otra en su cara.
Una luz nueva y clara había comenzado a iluminar aquella sala desde fuera, a medida que el planeta al que pertenecían se empezaba a hacer visible frente a ellos, como una inmensa pelota verde marrón y azul, cubierta por grandes parches de nubes blancas aquí y allí. Pero ninguno de los dos tenía interés en observar semejante espectáculo.
- Aunque sea una bruja... - dijo ella con un hilo de voz – ¿Aún así te quedarías a mi lado?
- Eso no cambia nada – dijo él con seguridad.
Rinoa volvió a rodearlo con ambos brazos, y enroscó las piernas alrededor de la cintura del joven, besándolo una vez más mientras él la sujetaba con las manos tras su espalda. El muchacho sintió una extraña sensación húmeda bajo su ombligo, justo sobre su miembro y entre las piernas de la joven bruja, y apretó casi por instinto la parte inferior de su cuerpo al de ella, y un escalofrío recorrió su espalda al oír el leve gemido de la muchacha al sentirlo contra ella.
Las manos de Squall fueron a parar bajo los muslos de la muchacha, y en cuanto Rinoa dejó de apretar su cuerpo contra el de él, rompiendo aquel interminable beso, el joven comandante se movió entre sus piernas, hasta sentir aquella misma sensación caliente y húmeda sobre su propio sexo.
Rinoa hizo de nuevo aquel ruido al respirar, y Squall apretó lentamente contra ella, empezando a entrar en su interior sin muchas dificultades.
Rinoa no pudo si no sorprenderse por la facilidad con la que estaba ocurriendo todo, y en cuanto Squall estuvo completamente dentro de ella, la muchacha se apartó unos centímetros de su cara antes de moverse, observando su expresión a medida que movía sus caderas levemente hacia arriba, y de nuevo hacia abajo, entreabriendo los labios igual que hacía él a medida que aguantaba la respiración, cerrando los ojos, inmerso en lo que sentía en ese momento.
Se deslizaba con lentitud entre sus piernas, y las manos del joven comandante fueron a parar al trasero de Rinoa, apretándola más aún contra él cada vez que volvía a empujar sus caderas sobre las suyas.
No parecía existir el tiempo en aquel espacio, suspendidos en el aire, sin la gravedad ni ninguna otra fuerza que los moviese hacia ningún lugar. Tan sólo estaban sus cuerpos desnudos, moviéndose lentamente al mismo ritmo, el uno contra el otro, mientras el sudor comenzaba a brillar sobre sus pieles y sus respiraciones iban tornándose más sonoras y quejumbrosas.
- Squall... - susurró la muchacha con una voz que no parecía suya.
Él abrió los ojos y la miró fijamente, fascinado por la expresión que había en su cara. Las cejas apretadas, los ojos fuertemente cerrados, la cara encendida, con un fino mechón de pelo pegado a la frente por el sudor, mientras su boca permanecía entreabierta, dejando escapar un respirar en forma de jadeos profundos y pesados.
- Squ...
Él la besó antes de que terminase de pronunciar su nombre, sellando sus labios firmemente con los suyos, y siguió empujando entre sus piernas cada vez más deprisa, con más fuerza, deleitándose con los gemidos que quedaban tras los labios de la muchacha, cada vez más fuertes, al mismo ritmo que ambos se movían.
Las manos de la muchacha se apretaron en dos puños tras la espalda de Squall, y separó su boca de la del muchacho, apoyando su frente sobre la de él y cogiendo aire con fuerza, mientras Squall sentía fascinado cómo se apretaba más aún contra su cuerpo en cada movimiento.
- Rin... ¡Rinoa! - gimió Squall aferrándose a ella, encorvando su espalda levemente mientras sentía que estaba llegando a sus límites.
La joven volvió a besarlo, apretando sus piernas alrededor de las caderas del muchacho, y haciendo que el movimiento de los dos fuese aún más brusco, sintiendo cómo cada músculo de su cuerpo se tensaba, mientras una sensación electrizante estallaba en su interior.
Squall no necesitó más que la expresión de la chica en el momento en que llegó al orgasmo para no poder resistirlo más. Empujó una última vez entre sus piernas, emitiendo un leve gruñido ahogado, y durante unos segundos los movimientos de ambos se tornaron lentos e intensos, alargando aquel instante todo lo que pudieron, mientras intentaban contener hasta la respiración.
Unos instantes después los puños de Rinoa comenzaron a relajarse, igual que las manos de Squall sobre los muslos de la muchacha, y ambos entreabrieron los ojos mientras recuperaban la respiración, ahora agitada y sonora, como si hubiesen pasado horas corriendo.
- Siempre... - Susurró Squall casi sin aliento, con la mirada perdida en los labios de la joven bruja.
Sonrió levemente, agradecida porque el muchacho pensase de aquella forma. Pero precisamente por eso debía hacer todo cuanto estuviese en su mano para luchar contra el poder que de repente había en su interior.
La espalda de Squall tocó sutilmente el frío cristal que había al frente de la habitación, y ambos se giraron para mirar hacia afuera. Rinoa apoyó una de sus manos sobre aquellas inmensas vidrieras, y la luz que reflejaba el inmenso planeta al que se dirigían iluminó su cara.
Ya casi habían llegado a casa, y en cuanto estuviese allí debería colaborar con las autoridades de Esthar y con Odine en todo lo necesario. Usaría de buena gana cualquier aparato que anulase ese poder, cualquier experimento por extraño que fuese, si gracias a ello podía continuar junto a Squall y los demás sin suponer una amenaza.
- Gracias... - murmuró volviendo a mirarlo y abrazándolo una vez más.
Sabía que él estaría a su lado sin importar en qué se hubiese convertido o lo que ocurriese en el futuro. Sin embargo, y por eso mismo, ella haría todo cuanto estuviese en su mano para protegerlo de sí misma de ahí en adelante.
SQUALL-RINOA
Listo pues, el segundo capítulo del limonero llega hasta aquí. Me parecía entretenido escribir algo que hubiese podido ocurrir durante el mismo juego, no la típica escena de "X tiempo después de la gran batalla..." En fin, espero que os haya gustado!
PERSONAJES A ESCOGER:
Squall
Rinoa
Quistis
Seifer
Zell
Irvine
Selphie
Laguna
Raine (Pensad que murió cuando murió... no me pongáis un Raine-Irvine porque no tendría sentido v.v)
Eleone
Kiros
Ward
Cid
Edea
Shu
Nida
Viento
Trueno
Kadowaki (¿Por qué no? XD)
Zone
Watts
Julia (Os digo lo mismo que con Raine)
Calway
La bibliotecaria de la trencita
La reina de cartas (¿?)
¿Recordáis a la amiga de Selphie en Trabia? La chica que tenía su carta... pues esa también XD
PAREJAS YA USADAS:
Quistis-Seifer
Squall-Rinoa
