Capítulo II: Conversamos, fotografiamos y nos vamos.

Fue tanta la impresión de Tala que se quedó callado durante un minuto. No sabía qué decir. Sólo oía la voz de sus pensamientos en su interior.

-Nunca pensé que uno de los malabaristas que vimos durante la tarde entrenara aquí, a solas y mucho menos que era una mujer. Hay que reconocer que ella tiene una gran habilidad, una gran técnica

Estaban callados mirándose a los ojos. En ese instante Julia decide romper el ambiente de silencio e impresión con una pregunta directa.

-¿Qué es lo que tanto me estás mirando?— pregunto la chica algo molesta.

-E-es que… Nada. No te enfades. Lo siento si te incomodé. Discúlpame, por favor- contestó Tala un poco nervioso.

-Está bien, está bien. Ahora, ¿podrías salir de aquí?-

-Bueno, como quieras- Tala comenzó a retirarse del lugar entre los arbustos. Lo hizo de la misma forma en que llegó, sólo que esta vez no se estaba escondiendo.

Julia seguía practicando mientras el pelirrojo se retiraba. En ese momento apareció una duda en su mente: ¿por qué el chico estaba escondido arriba de un árbol? No se quiso quedar con la curiosidad, así que lo llamó.

-¡OYE, VUELVE AQUÍ-

Tala, que ya se estaba alejando del lugar alcanzó a escuchar lo que le dijo la chica. Miró hacia donde estaba la beyluchadora, quien le hacía un gesto con su mano para que se acercara. - ¿Qué quiere ahora?- pensó.

Estaba un poco confundido por el llamado de la chica, aun así fue hasta ella y le preguntó - ¿Qué sucede ahora?-

-Bueno, yo quiero saber, ¿por qué me estaba espiando? Y, ¿por qué arriba de un árbol? Si querías mirar algo, bastaba con que te escondieras en los arbustos-

-Yo sólo andaba de paso por aquí en mis actividades deportivas, cuando de repente escuché el sonido de un beyblade. Eso me pareció llamativo, no pensé que alguien entrenara a estas horas en el parque. Soy curioso, quería saber quién era, y para poder tener una mejor vista me subí arriba de ese árbol. Lástima que fui descubierto- contestó Tala.

-Oye, la curiosidad mató al gato- le dijo Julia con una pequeña sonrisa.

Julia tomó su cinta, hizo girar su beyblade y comenzó a hacer malabarismo.

-Eso es genial. Te vi en la tarde haciendo una rutina a dúo. Muy buena, hay que reconocerlo-

-Gracias. Son años para lograr eso- dijo la circense.

Siguió haciendo malabarismo con su blade y cinta, mientras tanto le preguntaba al chico -¿También eres un beyluchador?-

-Creo que no es muy apropiado decir los motivos por los que estoy en esta ciudad. De verdad no es tan necesario entregar tanto detalle a una desconocida- pensó Tala.

-Sí, yo también soy un beyluchador. De pequeño que estoy en esto- le dijo.

-Con eso debe ser suficiente- pensó.

-O sea que eres un beyluchador- dijo Julia.

-Sólo soy un tipo que se relaja con el beyblade- comentó Tala sonriente.

-¿Por qué no te enfrentas a mí?- propuso Julia.

-¡ACEPTO LA PROPUESTA!- Justo en ese momento en que Tala iba a sacar su lanzador y su blade, recordó que lo único que llevó para su trote nocturno era una botella de agua y una toalla.

-E-espera. No traje mi beyblade- dijo Tala nervioso.

-Vaya, un beyluchar que sale sin su beyblade- contestó Julia decepcionada.

-Yo sólo vine a relajarme, nunca pensé encontrar a un beyluchador aquí-

Julia había dejado de hacer sus malabares con el beyblade y comenzó a sentir un poco de frío.

-Está bajando la temperatura- dijo mientras soplaba sus manos.

-¿Frío? Yo no siento nada de frío. Nací y crecí en bajas temperaturas, así que esto no es nada para mí-

-¿En dónde vivías?-

-En Rusia- contestó Tala.

-Entiendo. El frío no significa nada para ti-

Llevaban mucho tiempo conversando en el mismo lugar, de pie y sin moverse. De pronto a Julia se le ocurrió una idea.

-Oye, ¿te parece si vamos a la Estatua de la Libertad?-

-¿Nosotros?- dijo Tala.

-Claro. ¿Acaso ves a alguien más por aquí?-

-No-

-Entonces, vamos-

Julia tomó a Tala de la mano y se lo llevó corriendo por el parque hasta que salieron de él.

-Que chica tan entusiasta- pensaba Tala.

Llegaron a la avenida principal y ahí abordaron un bus.

Tala estaba nervioso. Se supone que sólo había salido a trotar, a relajarse, no a hacer turismo y menos a las nueve de la noche.

-No sé cómo diablos me metí en esto- pensaba. -Todo esto me pasa por subirme a espiar a un árbol-

Abordaron un ferri en el muelle de Battery Park ubicado en el extremo sur de Manhattan.

Llegaron hasta el ferri que estaba a punto de salir y lo abordaron. Se sentaron juntos y en silencio. Tala se atrevió a romper ese silencio.

-¿Por qué quieres ir a la Estatua de la Libertad?-

-Bueno, es que necesito tomar unas fotografías ahí. Prometí que llevaría unos recuerdos a casa- respondió Julia con sonriente.

-Vaya, así que eso era-

En ese momento Tala se quedó dormido por unos 20 minutos. Lo que había trotado y la hazaña de subirse a un árbol lo dejaron agotado. Inconscientemente su cabeza quedó inclinada hacia la derecha, apoyada en el hombro izquierdo de Julia,

-¿Qué le pasa a este sujeto?- pensó Julia completamente sonrojada. -Se durmió-

El recorrido del ferri llegó a su destino: la Estatua de la Libertad. Tenían que bajar del ferri, el problema era que Tala seguía dormido, por lo que Julia tuvo que despertarlo.

Le tocó la nariz con la su dedo índice y le decía -–Oye, despierta, despierta-

Cuando Tala despierta se da cuenta que estaba dormido en el hombro de su acompañante y se sonroja por completo. Realmente no se percató en qué momento se quedó dormido, ni mucho menos que estaba tan cerca de Julia.

-Lo siento- dijo avergonzado.

-No importa. Llegamos a nuestro destino-

Ambos bajaron del ferri y vieron que la Estatua de la Libertad estaba a unos sei metros de ellos. Caminaron, llegaron hasta los pies de la estatua y la observaron impresionados.

-Vaya, es bastante grande- dijo Tala.

-Tienes razón. ¡HA! Nunca pensé que estaría en este lugar- agregó Julia.

Observaron la estatua, examinando cada detalle, desde la cabeza, los pliegues del vestido, el libro, la magnífica antorcha. Realmente era esplendida, imponente. Recién ahí comprendieron el significado de ese regalo que hicieron los franceses a los estadounidenses.

Tala decidió ir directamente el grano y preguntar -¿A qué vinimos a este lugar?-

-¡Oh! Es cierto. Bueno, estamos aquí para una sesión de fotos- contestó Julia.

-¿Viniste hasta aquí por unas fotos?-

-Así es. Mi idea es ser fotografiada haciendo mi malabarismo aquí, a los pies de la estatua, y necesito a alguien que saque esas fotos, y bueno, tú estás aquí-

-¡ME TRAES DE FOTÓGRADO!- dijo absolutamente sorprendido. -Que chica tan rara, recorre kilómetros sólo para obtener unas cuantas fotos- pensaba.

Julia saca una pequeña cámara digital de su bolsillo y la pone en manos de Tala. -Ahora, quiero que sea mi fotógrafo, por favor-

-Creo que no tengo otra opción- se dijo. -Está bien-

Tala encendió la cámara, la cuadró de acuerdo a la línea del horizonte y le dijo a Julia que posara La chica lo hizo y además, hizo girar su beyblade y luego su cinta. Mostró todo su arte del malabarismo a los pies de la Estatua de la Libertad. Las pocas personas que quedaban en el lugar la observaban atentamente.

-¡ES FANTASTICA!- decían.

Recibía muchos elogios. Uno de los espectadores se acercó a Tala y le dijo -Chico, tu novia es fenomenal-

-Oiga, ella no es mi novia- dijo Tala de una manera cortante.

Después de esa respuesta tan tosca el sujeto optó por retirarse.

Tala fotografió a Julia de todos los ángulos. El pelirrojo buscaba los mejores lugares para sacar cada fotografía. De pronto se le acerca un niño de unos diez años.

-Oye, tú también deberías salir en las fotos- le dijo el niño.

-Eso no es necesario, pequeño-

En eso se acerca otro chico, que era hermano del niño, el que insiste en la sugerencia del muchachito. El niño le quita la cámara a Tala y rápidamente el hermano mayor lo empuja y lo deja en el mismo lugar en donde estaba Julia.

-Pero, pero… ¡QUÉ DIABLOS!- dice Tala.

En ese momento el chiquillo les dice -¡MIREN AQUÍ!-

Los dos, Tala y Julia, miran la cámara sorprendidos.

-¡ACÉRQUENSE MÁS!- grita el hermano mayor.

Julia algo sorprendida y confundida abraza a Tala, quien se sonroja cuando sacan la fotografía.

-¿Por qué hiciste eso?- le dice a Julia.

-Un recuerdo con mi fotógrafo- le dice Julia sonriente sin sonrojarse.

Tala se puso serio y fue hasta donde el par de hermanos, les pide la cámara y ellos se la devuelven sin ningún problema. Tala revisa las fotos, trató de borrar la que le habían sacado con Julia. Justo cuando iba confirmar la eliminación de la fotografía aparece la chica para arrebatarle la cámara de sus manos.

-No borres nada- le dice

-Has lo que quieras- contesta resignado.

Después de ese cruce de palabras decidieron regresar. Abordaron el ferri y se quedaron en silencio durante todo el viaje. Luego de que el ferri los dejó en su destino, tomaron un bus para llegar al centro de Nueva York. Seguían en silencio.

Se bajaron en la parada de autobús que había cerca del parque donde se habían conocido.

Caminaron en silencio hasta que Julia rompió la tensión.

-Oye, gracias por acompañarme y lo siento mucho si te hice perder el tiempo- Las palabras de Julia eran amables, se notaba que pedía disculpas sinceramente.

Tala suspira -No te preocupes, no hay problema. Al final, fui yo el que se metió en esto por andar espiando a las personas-

Se miraron a los ojos y sonrieron.

-Es hora de irme. Adiós- Tala empezó a caminar alejándose Julia.

-¡OYE!- le grita Julia.

Tala la mira y ve que la chica corre hacía él. Cuando llega lo mira le dice -Dijiste que eras un beyluchador, ¿te gustaría entrenar conmigo?-

Esa propuesta a Tala lo tomó por sorpresa. Se quedó callado un momento -Podría servir para entrenar antes del torneo- fue lo que pensó.

-Está bien. Nos veremos aquí mañana y a la misma hora que te encontré-

-Qué bueno eres. Muchas gracias-

Julia empezó a retirarse rápidamente, pero Tala la detiene y la sujeta del antebrazo.

-No te puedes ir sin presentarte- Dice el pelirrojo.

-Mi nombre es Julia-

-Muy bien, Julia, yo soy Tala-

Después de las presentaciones cada uno toma rumbo hacía su hotel de concentración. Ya era tarde y sus compañeros de equipo los esperaban, lo más seguro es que estaban preocupados por su ausencia.

CONTINUARÁ…


Esto sigue. Se aceptan las criticas e ideas que ayuden al desarrollo de la historia.

Bakuten Shoot Beyblade le pertenece a Takao Aoki. Este trabajo es de una faan para los fans, sin fines lucrativos. Todos los derechos e izquierdos son de Aoki y de la cadena de televisión TV-Tokyo.