Disclaimer: Fire Emblem no me pertenece.
Alondite
Desde aquel día en el que te conocí me pareciste un hombre demasiado serio como para poder considerarse saludable. Te pensé desalmado y sin escrúpulos…cosa que yo detesto en los seres humanos.
Cuando el súbdito más antiguo de mi creadora me puso en tus manos, creí que me convertiría en un arma despreciada y que siempre estaría manchada con la sangre de algún inocente. No quería quedarme contigo y por eso te causé tantos problemas…sé que mi empuñadura era tan helada que incluso quemaba tus manos, también sé que en un principio fui demasiado pesada y difícil de controlar, pero con el pasar del tiempo supiste como ganarme con tu determinación y entrega.
Nunca nadie me trató como tú lo hiciste, nunca nadie logró hacer que por lo menos por un momento pudiera sentirme humana, solo tú, Zelgius, lo hiciste, o como muchos otros te conocen: el Caballero Negro.
Al principio no entendí las razones que tuviste para tomar una segunda identidad tan oscura e intimidante, pero luego me di cuenta que se debía a la profunda devoción que tenías con aquellos que alguna vez te ayudaron y ayudaron a sanar tu alma después de todo el sufrimiento que tuviste que enfrentar debido a tu marca en la espalda. Lo hacías por eso, para ayudar a Lehran, el esposo de mi primera dueña.
Por eso creo que fuiste el hombre más fuerte, no solo física, sino también emocionalmente, me lo demostraste al manchar mi hoja plateada con la sangre del hombre que tanto admiraste, tu maestro Gawain, cuando este se interpuso en tu camino.
A partir de ese momento te amé más que nunca y comencé a maldecir el destino que antes consideré un honor.
Eras un ser humano, un hombre fuerte como ningún otro, gallardo, valiente y leal. Pero yo solo soy un arma con la que impartes la justicia de Lehran y mi creadora, nada más.
Me costó tanto aceptar que nunca me verías como llegaste a ver a aquella mujer con ojos del color del cielo que encontraste muerta un día, a manos de su esposo Gawain.
Supe que amaste con toda tu alma a Elena sin que me lo dijeras y por un momento fui feliz al ver su vida acabada…hasta que sentí todo tu dolor y te vi completamente quebrantado y llorando. Me sentí tan sucia por alegrarme por algo que te causaba tanto daño.
Fue en ese instante, cuando estabas solo y sollozando el nombre de tu amada, que juré servirte como nunca nadie lo había hecho.
En cada batalla, en cada combate, puse lo mejor de mí para que salieras victorioso, aunque no necesitabas de la ventaja que yo podía darte; siempre la conseguías por tu propia fuerza y habilidad. Fui capaz de enfrentar a mi hermana, Ragnell, cuando ese muchacho de cabello azul llegó a ti en busca de venganza por la muerte de su padre.
No me importaba nada, solo quería tu bienestar…tu felicidad aunque esta no representara la mía. Llegué a rogarle a mi creadora para que encontraras a otra mujer que llenara el vació que dejó Elena, pero ella nunca me escuchó, en verdad se había vuelto loca…y yo…yo fallé en cumplir mi deber de la peor manera. Te has ido de mi lado, víctima de la hoja dorada de mi hermana y el hombre que ella ama, el mismo a quien dejaste ganar hace ya tres años y que ahora representa todo lo que alguna vez fue tu maestro, y a pesar de que sonreíste al caer ante él, no puedo pensar que fuiste feliz, no al morir cuando tenías tanto que vivir, tú que sí podías.
Ahora yaces inerte frente a mí, sentado en el suelo como si te hubieras quedado dormido, pero con tu oscura armadura casi hecha pedazos y manchada de sangre al igual que mi empuñadura.
Odio no tener cuerpo, odio ser tan solo un espíritu atrapado en una espada de metales fríos y saber que nunca tendré la oportunidad de abrazarte y decirte lo mucho que te amo.
Ahora ni siquiera tendré la oportunidad de estar entre tus manos, de servirte de la única manera que este encierro me lo permite. Ahora le pertenezco a tu asesino que, aunque te mire con respeto, yo no puedo dejar de odiar.
Mi único consuelo es que en algún momento la bendición de mi creadora terminará y esta prisión en la que estoy atrapada se romperá.
Tal vez mi alma y la tuya se encuentren en otra vida, mi Zelgius.
Etimología: En la versión japonesa, el nombre de Alondite es Ettard, así que daré la información de ambos nombres.
Alondite es la corrupción o mala traducción de Arondight, que, en algunos textos artúricos, es el mismo nombre de la espada que perteneció a Sir Lancelot, caballero de la mesa redonda.
Ettard, de las leyendas artúricas, es el mismo nombre de la doncella que Sir Pelleas (caballero de la mesa redonda) amó. Ettard humilla a Pelleas y se enamora de Sir Gawain (quien se supone lo estaba ayudando para ganar el corazón de Ettard). Cuando Pelleas los encuentra durmiendo juntos, este enfurece y se marcha, casándose con la Dama del Lago, Elaine. Ella, para vengar la humillación que su esposo recibió, maldice a Ettard con un hechizo que la hace amar a Pelleas tanto como alguna vez lo odió. Elaine también usa un hechizo similar en Pelleas que lo hace odiar a Ettard.
Ahora sí, ya acabamos con este fic xD Este capítulo de verdad me gustó, me gustó más que el de Ragnell…y a ustedes, ¿cuál les gustó más?
Muchísimas gracias por leer :D
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