Babú llegó a casa, estuvo todo lo que pudo con su madre y tía, y cuando no pudo más, se fue arriba. Un baño, el pijama, no quería pensar en nada más que en dormir, todo lo que pudiera. Solo quería descansar después de esos últimos meses tan intensos.

-"¿Seguro que no quieres nada cariño?" - Dalia no podía evitar estar preocupada por su niña, y era normal. Las madres son madres -"Mira, te he traído otra manta por si tenías frío"

Mientras dejaba la manta en la cama, no pudo reprimir el pararse un instante a darle un beso en la frente a Babú y desearle que descansara lo máximo posible.

"¡Ya voy yo! ¡Es para mí!" - la bruja no aparentaba muchas veces la edad que de verdad tenía.

-"¿Quién es, Lala?" - Dalia no pudo reprimir su curiosidad - "¿No me digas que has vuelto a llamar a Grisam?"

La bruja abrió la puerta y dejó pasar al chico, no sin antes hacerle una reverencia burlona a Dalia en forma afirmativa.

- "Muy bien chico, tienes trabajo para unos meses, ¿Estas preparado?" - el chico asintió con la cabeza, sin quitar la mirada al piso de arriba. Algo le decía que estaba habitado. A medida que caía la noche, tanto sus poderes, como su instinto se hacían notar. Su primer pensamiento fue que Ví había vuelto, pero en seguida lo desechó. Dejó muy claro que se estaba ahogando, que este no era su sitio...

Mientras tanto, Babú...

Tras haber dormido unas horas, la brujilla se sintió más que descansada. Preparada para cualquier pregunta relacionada con su paradero en estos últimos años. Se dirigió a la ducha inmediatamente, y cogió ropa nueva del armario. Sabía que su madre le habría comprado de todo incluso meses antes de saber qué día llegaría a casa.

Repentinamente oyó ruidos en el piso de abajo y la rapidez de unos ágiles pies subiendo la escalera.

-"Babú, vístete" - Lala pocas veces se mostraba alterada, cosa que hizo preocupar mucho a la pelirroja- "Tenemos un problema en el pueblo y nos han convocado en el salón de actos"

- "Está bien"- Dijo sin rechistar, para, posteriormente, ver desaparecer a su tía escaleras abajo con tanta rapidez como si nunca hubiera estado allí.

-" Tenemos que darnos prisa Dalia, ponte el abrigo" - La bruja no paraba de revolotear, buscando la puntualidad en una situación tan delicada - "Tengo que decírselo al chico".

Esta se dirigió hacia el jardín como una bala para lograr interceptarlo - "Grisam, limpiate la cara chico" - El joven acepto sin mediar palabra - "Debemos reunirnos".

Babú bajó las escaleras pensando en que podria haber ocurrido. Hacía muchos años que nada grave acechaba sus lindas vidas. Es por ello que no dejó ni un momento de fruncir el ceño. Trató de recogerse el largo pelo en un moño caído, con pelillos aqui y allá saliendo. Se había puesto un vestido muy sencillo, pero muy elegante con medio cuello y botones grandes en el pecho, siempre había pensado que el violeta clarito era un color que le favorecía.

En ese mismo instante,... ocurrió. Él la vio primero, se quedó pretificado por un segundo. ¡Era Babú! Pero, no la misma que cuando eran pequeños. Era una mujer, igual que él era un hombre. Tenía el mismo pelo largo y ondulado, pero más oscuro, tirando a castaño más que a naranja. Resultó que había heredado la mala vista de su tía y llevaba unas gafas muy pequeñas en las medianías de la nariz. Las pecas, el estilo de vestir, aquellos ojos tan alegres,... Ya no eran lo mismo, se le notaba vívida, pero no en el buen sentido, más bien triste, apagada... Pero no dejaba de estar preciosa. Grisam se sorprendió al haber tenido ese pensamiento. Jamás habria visto a Babú de esa manera, pero tampoco habría visto nada que estuviera en sus narices por aquella época.

Babú también se quedó parada mirando al chico con sorpresa, pero tampoco duró mucho. En seguida le reconoció, rapado, con pelo en la barba y los mismos ojos. No se esperaba aquello.

Babú se disponía a decir algo cuando de repente, se escuchó un gran estruendo. Una gran tormenta cayó sobre el pueblo en menos de segundos. La casa tembló de tal manera que comenzaron a agacharse por perder el equilibrio. La lampara de la entrada no dejaba de dsr vueltas cómo loca, cosa que terminó por caer de forma muy ruidosa cerca de los más jóvenes. Babú se vio sorprendida arrodillada en el suelo con Grisam rodenaeola de la cintura.

Gracias a Dios Lala consiguió pararla ,antes de que los trozos de cristal que la formaban cayeran al suelo en mil pedazos. En aquel momento todos estaban asustados, nadie dijo nada. Salvo un "Gracias" muy bajito, que únicamente logro oir Grisam saliendo de la boca de Babú.

Tras llegar allí...

Estaban todas las sillas ocupadas, gran parte del pueblo se encontraba de pie al final de la sala.

-" No puede ser, pensé que esto se habría acabado" - gritaba una mujer - "¿Y que vamos a hacer ahora?" - esbozaba otro hombre cualquiera - "Estamos perdiendo el tiempo, deberíamos meternos en. nuestras casas y no salir el tiempo que dure esta pesadilla.

-" ¡Sí! Tiene razón - la gente estaba muy alterada, con mucho que decir. trataban de hablar todos, pisándose unos a otros.

- "Vamos a ver, llevamos semanas recibiendo cartas muy extrañas hablando sobre lo que iba ha pasar" - Lala tomó la palabra e hizo callar a toda la sala - "Debemos mantener la calma y ser inteligentes, no tenemos todo el día para estar aquí parados. Nos apoyaremos unos a otros, todo lo que podamos, gracias a Dios salvo dos o tres personas, todos tenemos las casas muy pegadas y podremos comunicarnos en todo momento"

-" Dirigíos a los comercios, coged todo lo que necesitéis y manteneros a salvo en vuestras casas, esto no durará mucho, estoy segura"

La mirada de la bruja dejó de dirigirse a la multitud para dejar que su atención se fijase en el paisaje. Estaba preocupada, como todas aquellas personas que habían sido testigos de cartas llenas de avisos, manchadas de sangre, amenazas y tinta corrida. Con un único testigo, el viento que las trasportaba. Esto se había mantenido durante semanas, y al final, habia ocurrido...