Hola, hola. ¿Qué tal el final de septiembre y el principio de octubre? Hay que pensar que ya estamos un poco más cerca de las vacaciones de Navidad, los que las tengan, claro... Pues al final, el 8 de octubre. En realidad, quería haber subido un poco antes, pero tuve un problema con ONO (mi operador de Internet) y no he podido acceder a los RR hasta que esos... me lo han arreglado. Pero bueno, acá está el capi.
Bueno, dicho todo esto, os recuerdo que los RR van contestados en un RR escrito por mi misma. Disfrutad el capi 2.
Prácticamente arte 2.
"Océanos de amor para ti".
Contrariamente a lo que cabía esperar (o al menos lo que esperaban James y Sirius), la cola para que July Worstblood firmara su última novela no era minúscula sino que salía de Flourish y Blotts, daba una vuelta completa a la manzana y empezaba a alargarse hacia el Emporio de las Lechuzas. Ellos estaban justamente en la puerta de la librería, pero tendrían que recorrer la manzana antes de poder entrar...
Dado el riesgo de un ataque mortífago, había tantos aurores velando por la seguridad en la zona que, más que una escritora de novela romántica, parecía que la reina de Inglaterra estaba de visita en el emblemático callejón. También había muchos hombres en la fila, algunos iban con sus respectivas esposas, pero la mayoría les había prohibido ir aunque no habían logrado convencerlas para que renunciaran a un autógrafo de su ídolo.
Prueba de la escasez de mujeres es que Joy estaba en la fila con tres hombres para ella sola y una rata de propina. James había tratado de convencer a Lily para que le acompañara, pero la pelirroja llevaba desde la noche anterior encerrada en la habitación conyugal y no parecía dispuesta salir hasta que tuviera contracciones.
Tratando de hacerse perdonar, James había enviado una docena de lilas a su casa además de un zoo entero de peluches y ahora mismo estaba dispuesto a comprarle a su esposa un ejemplar de cada libro de la sección de literatura romántica. ¿Quién sabía? A lo mejor Lily se contagiaba de las protagonistas de esas novelas y se lanzaba a sus brazos... o al menos, quitaba el cerrojo de la puerta de su habitación.
- ¿Ves algo? –le preguntó Will a Sirius, que se había puesto de puntillas tratando de ver a la escritora a través de la ventana del escaparate.
- No –negó el chico–. Hay mucha gente y ella queda tapada.
- Espero que os comportéis como personas adultas y no montéis un escándalo –les advirtió Joy por enésima vez desde que se encontraron en El Caldero Chorreante.
- Tranquila, mamá, seremos buenos –contestaron ambos jóvenes a coro y con tono de burla.
La reacción de Joy fue tan imprevisible como violenta: entornó los ojos, dio un salto y al posar sus pies en el suelo tenía a ambos chicos agarrados de una oreja.
- Escuchadme atentamente los dos. –la morena habló con el mismo tono meloso y despectivo de una presentadora de programa infantil, ignorando los gemidos de dolor de los dos jóvenes y las miradas de sorpresa del resto de la fila–. Desde que os conozco os he aguantado muchas gilipolleces (como cuando Sirius me manchó unos zapatos Manolo's de helado de tutti fruty y tuve que tirarlos o como cuando Will se empeñó en que le hiciera un striptease con la Banda Sonora de Mazinger Z a cambio de que me devolviera mis apuntes de DCAO).
"Luego reconocisteis que os habíais pasado y me pedisteis perdón por eso. Yo, magnánima, os lo concedí. Pero como, y esto es importante, hagáis algo que nos ponga en evidencia ante July, no es que no vaya a perdonaros, es que voy a mataros. Simplemente, haré que dejéis de vivir. ¿Queda claro?
Como los dos hombres asintieron, Joy les soltó con un "bien" y una sonrisa complacida, antes de avanzar los cuatro pasos que se había movido la cola entre tanto.
- Estamos de buen humor hoy... ¿Es que Leo, o como se llame tu nuevo novio, no te levanta con una sonrisa de la cama? –parecía que Will no había tenido bastante dolor por un día, vista la forma en que se lanzó a comprometer a la morena.
- Ya no necesito a ningún hombre para eso: me he comprado un consolador –le informó ella con voz gélida y sin volverse a mirarle.
Antes de que Will pudiera replicar mordazmente al respecto, Peter (que iba leyendo "Océanos de amor para ti" mientras hacían la cola) chocó con alguien que salía de la librería con su ejemplar firmado.
- Mira por dónde vas, gordinflón –le recriminó una fría voz antes de que el ex Gryffindor pudiera disculparse.
- Vaya, Lucius, cuanto tiempo –intervino James antes de que la rata se hiciera alguna necesidad en los pantalones. Los ojos castaños del animago se fijaron en el ejemplar que el rubio platino sostenía en sus manos–. ¿Cumpliendo algún encargo de tu jefe?
Malfoy apretó el mango del bastón donde llevaba su varita. Todos sus instintos le aconsejaban terminar lo que no pudo concluir el día anterior, luego ya fingiría estar bajo la maldición Imperius o algo similar... Su frío cerebro, en cambio, le recordó que aquello estaba lleno de aurores (por no mencionar la desventaja numérica frente a los Gryffindor) y que antes de que pudiera fingir que salía del trance, ya le habrían neutralizado a él también.
- Lucius no me apetece volver a casa. Llevo cerca de siete meses allí encerrada. ¡Vamos a tomar un helado! –por no mencionar la presencia de su esposa embarazada. Además, que no sabía si Narcisa le ayudaría o si colaboraría en su detención/asesinato.
De pronto, la rubia reparó en la presencia de su primo, sus amigos y...
- ¡Joy! –exclamó con genuina alegría corriendo a abrazarla.
- Hola, Narcisa –jadeó la morena con muy, muy, muy poquito entusiasmo. No sabía por qué la ex amante de Snape llevaba cerca de tres años empeñada en que las dos fueran amiguitas. Por supuesto, Joy no estaba para nada por la labor–. Veo que ya has conseguido tu autógrafo.
- Sí –la rubia lo mostró orgullosa, luego compuso cara de pena–. Qué lástima, si llego a saber que estás en la cola te cuelo...
- Una lástima, sí –repitieron Sirius, James, Will y Lucius. Obviamente, no hubiera sido muy normal que un día trates de asesinar a una persona y al siguiente le cueles en una fila. Realmente habría sido una situación cuanto menos incómoda.
- Cariño, tenemos que irnos –y antes de que Narcisa pudiera decir "esta boca es mía", Lucius la agarró del brazo y la alejó del grupo.
- A ver si nos vamos de compras juntas un día –le gritó Narcisa a Joy.
- Sí, un día de estos... Cuando Plutón vuelva a ser un planeta del Sistema Solar –agregó la morena en voz baja.
- No sabía que te llevabas tan bien con mi prima –una vez más, Sirius trató de picar a Joy para que le hablara... o por lo menos que dejara de darle la espalda.
- No me llevo bien con nadie de tu familia –el "incluido tú" quedó bastante claro, aunque Joy no llegó a pronunciarlo–. Es ella la que se empeñó hace tres años en convertirse en mi mejor amiga. Pero, al contrario que otros, yo no lleno las vacantes que dejan mis amigas muertas. Y menos con gente a la que ella no tragaba.
Dado que no Sirius no tenía ninguna manera de contestarle a Joy sin meterse en una absurda pelea de "te aseguro que yo la quería más que tú", como ya había ocurrido otras veces, se limitó a meterse las manos en los bolsillos de los vaqueros y a gruñir en voz baja.
Los cuatro permanecieron en silencio (gruñidos de Sirius aparte) hasta que Peter intervino:
- Esto no es físicamente posible –negó el ratonil animago señalando una hoja del libro.
- Déjame ver –James, contento por tener algo que hacer aparte de morirse de aburrimiento en aquella fila interminable, tomó el libro y leyó la página que le indicaba su amigo.
Presas de la curiosidad, Will, Sirius y Joy se acercaron también a leerlo. En el caso de la chica, hizo que bajara un poco el libro para quedar a su altura, y como dejó la mano en medio, Will le dio un ligero golpecito para que la apartara.
- ¿Qué haces? –protestó la morena.
- No eres hija de cristaleros –explicó el auror.
- ¿Y eso qué significa?
- Que tu mano no es transparente –aclaró Sirius servicialmente.
- Ya, pero si lo ponéis tan alto no llego a leer –Joy frunció las cejas al ver que habían vuelto a subir el libro.
- Pues nosotros somos más altos y bien que has llegado a nuestras orejas –señaló el moreno de ojos grises, aún picado porque todavía le dolía la oreja.
- ¿Estáis leyendo? –preguntó Peter mosqueado. Ya que como llevaba todo el rato metido en el libro no se había enterado de la agresión de Joy.
- Sí –como tres niños pequeños castigados, Joy, Will y Sirius bajaron la vista hacia el libro.
Hubo otro pequeño roce cuando James trató de pasar la página, pero los demás no habían terminado aún de leer y Will puso la mano para impedirlo. Por supuesto, Joy también le recordó que a través de su mano no se podía leer aunque sus palabras exactas fueron:
- La carne de burro no es transparente.
Finalmente, consiguieron terminar de leer la escena y estuvieron listos para darle un veredicto:
- Sí es posible –confirmaron con un tono de "lo sé por experiencia propia" tan obvio que hasta el unineuronal de Peter lo captó. (NC: llevaba demasiado tiempo sin dedicarle un insulto directo.)
- ¿Todos lo habéis practicado? –pero aún así, Peter tuvo que comprobarlo.
Ante esa pregunta, Joy volvió a entrar en modo "princesa de hielo", (así era como Will definía los momentos en los que fingía que ni Sirius ni él existían) y les dio la espalda, aunque ligeramente ruborizada.
Will pareció encontrar muy interesante el anuncio de un concierto realizado tres meses antes por un grupo que se había separado un mes después del concierto en cuestión.
James, que tampoco estaba muy deseoso de contestar teniendo en cuenta que su esposa parecía dispuesta a permanecer encerrada en su habitación para siempre, fue a leer el final del libro.
- Sí –fue Sirius el que contestó.
- Pues no me imagino a Giselle haciendo algo así –viendo la mirada que le dedicó su amigo, Peter deseó haberse mordido la lengua.
Claro que no había sido Giselle su compañera en un juego como ese, sino Evy. Cuando Sirius ponía esa cara, es que la Gremli (como Peter la seguía llamando en sus pensamientos) estaba de por medio. Su expresión era fácil de identificar: pasaba de nostálgica al recordarla a furia vengativa al pensar en su asesina, Sheila, y las ganas que tenía de atraparla. Aunque alguna persona opinaba que el moreno tenía pensada una forma más eficaz de quitarla de la circulación para siempre...
- ¿Por qué será que esta cola en vez de avanzar parece que retrocede? –comentó James, principalmente por tratar de desviar la mente de su mejor amigo de pensamientos, que de convertirse en actos, le mandarían a Azkaban.
- Supongo que los de delante están colando a sus conocidos –dedujo Joy, ya que a James era al único que hablaba.
- Pero mira quién está aquí... –exclamó una voz femenina. Suzette Simmons le dedicaba a Will una mirada cargada de ironía–. Pero si es mi prometido: el niño de mis ojos...
- Pero mi amor,. ¿no me digas que ya has aceptado formalizar nuestra unión? –fingió emocionarse Will–. Mira que aún no estoy preparado para lanzarme de cabeza por un barranco...
- Tranquilo, sólo quiero hablar –la ex Ravenclaw se colgó del brazo del auror.
- ¿Y de qué quieres hablar? –Will alzó una ceja y esperó respuesta.
- De nada. Sólo quería que la colaras –le contestó Joy, por encima del hombro.
- ¿Entonces cuándo os casaréis? –quiso saber Peter. A él le encantaban las bodas: siempre trataba de coger el ramo para ser el próximo en casarse con la esperanza de mojar así de una vez.
- Nunca –ambos jóvenes eran muy reacios a su unión, todo era idea de sus padres.
Después de que Giselle se casara con Sirius, los Sres. Saprrow sólo le concedieron a su hijo unas semanas de tregua antes de tratar de comprometerle con la única hija de los Simmons, una familia cuya sangre limpia se remontaba a las Cruzadas.
La cosa pintaba bien, al menos para sus progenitores, ya que sabían que Suzette y Will habían mantenido relaciones físicas. No contaban con que sus hijos no quisieran pasar de un polvo de una noche a un matrimonio de conveniencia.
Cuando Joy terminó Hogwarts, ella se fue a vivir con Will. El joven Sparrow había renunciado al último año en la escuela para unirse a la academia de Aurores que, debido a la escasez de personal, había relajado sus criterios de admisión. La cosa no funcionó y no sólo por las sucesivas invasiones de bichos, sino por lo mucho que empeoraron las discusiones de la pareja.
Más o menos por las mismas fechas en las que murió Regulus, Will y Joy rompieron definitivamente a causa de una discusión tan violenta como absurda. Como también fue por esa época cuando el matrimonio de Sirius se acabó (al menos, técnicamente) los dos empezaron a salir de ligue juntos.
Alguna noche, Will había salido con Suzette pero nada más serio de lo habitual. Por su parte, Joy tampoco se había quedado en su nueva casa de alquiler de brazos cruzados: en año y medio había tenido unos 15 novios (de los que ellos tuvieran constancia) hasta el punto de que ni Lily, que presumía de tener una memoria prodigiosa, era capaz de recordar sus nombres.
Volviendo a Will y su nueva prometida, por muy bien que se lo pasaran en la cama de vez en cuando, fuera de ella no tenían nada que ver. Suzette odiaba las peleas, aunque disfrutara soltando frasecillas sarcásticas de vez en cuando, las veía como una muestra de incompatibilidad mientras que, para Will eran un síntoma de que la pareja se estaba comunicando.
Además, estaba que la ex Ravenclaw era algo...
- Jamás me casaré con un Gryffindor. Pueden ser demasiado insoportables y posesivos –bocazas. Como demostraba que acabara de soltar semejante frase cuando los cuatro chicos que acababan de colarla pertenecieron a esa casa. Y aún así, siguió sin callarse–. Yo quiero un chico que no me monte una escena de celos porque me vea hablando con un compañero de trabajo...
- Pensaba que era un mortífago que quería secuestrarte –se defendió rápidamente Will–. Eres fiscal y eso es una profesión de alto riesgo... Aparte de eso, te aseguro que soy muy liberal en cuanto a las relaciones.
- Decir que una relación liberal puede funcionar es como pensar que se puede vivir en una casa sin tejado –comentó Joy, sin darse la vuelta.
- Y ya sé lo que quiere decir liberal para ti: tú sales con todas las tías que te da la gana mientras yo me quedo esperando en casa a que vuelvas –Suzette le dedicó una mirada de censura a Sirius–. Pero claro, si yo hago lo mismo ya la tendremos liada...
- Si estás hablando por mí, estás totalmente equivocada. Si yo vuelvo a casa y encuentro a mi esposa con otro, descorcharé una botella de champagne para celebrarlo –le corrigió Sirius.
James observó a su amigo con sorpresa: todos sabían que su matrimonio con Giselle no iba nada bien, pero aquella era la primera vez que Sirius lo reconocía casi abiertamente. Hasta Joy dejó de fingir desinterés para mirar al moreno de ojos grises.
- No dudo que lo celebrarías –insistió Suzette con sorna–. Eso te permitiría llevar a buen puerto las cuatro o cinco demandas de divorcio que Giselle te ha ido echando para atrás.
- Veo que estás bien informada –Sirius entornó los ojos, molesto porque alguien que no era del grupo acabara de revelarles a sus amigos algo que él mantenía en secreto principalmente por Joy.
Tal y como Sirius esperaba, la morena bufó y volvió a darles la espalda mientras que él podía adivinar sus pensamientos sin necesidad de Legeremancia: "traicionaste el recuerdo de mi mejor amiga por alguien de la que llevas siglos tratando de deshacerte".
Pero él no necesitaba que nadie le hiciera semejantes reproches, porque ya se los hacía él solo, en parte por eso quería atrapar a Sheila para compensar al alma de Evy... Esa misma mañana, al abrir los ojos aún dormidos, se encontró a su "fantasma" sentado en su solitaria cama (hacía tiempo que él y su esposa dormían en habitaciones separadas) y dedicándole esa extraña mirada que no se sabía si le iba a besar o clavarle un puñal… o las dos cosas.
Por supuesto, no era su fantasma, sólo era la forma en la que el subconsciente de Sirius moldeaba su sentimiento de culpa. Pero a lo mejor, si quitaba a Sheila de la circulación, podía dormir una noche en paz.
La mirada oscura de Joy, que había volteado hacia ellos de nuevo, le hizo regresar a la conversación: Will y Suzette discutían de... ¿cortinas?
- ¿Has puesto cortinas en tu casa? –preguntó Joy con un tono anormalmente amenazante, al menos para los demás. En fin... hablaban de cortinas.
- Sí, yo las elegí –confirmó la ex Ravenclaw, sin entender la reacción de la morena.
- Oye, ahora sí que hemos avanzado, casi estamos para entrar –Will trató desesperadamente de cambiar de tema ya que el de las "cortinas" podía terminar dándole a July Worstblood argumento para un nuevo libro, para el que "La matanza" sería el título más adecuado.
Los demás aceptaron el cambio de conversación de buen grado, pasando a uno sobre conocidos comunes, pero los ojos de Joy no paraban de echar chispas.
Pocos sabían que la apoteósica pelea que terminó con la relación entre ella y Will fue a causa de las cortinas. Joy estaba indecisa entre dos modelos y le pidió a Will su opinión, pero el auror estaba pensando en la nueva misión de la Orden y trató de escaquearse con un:
- No sé nada de eso. Mejor pregúntale a Jesse que entiende de esas cosas.
- Ya, pero es que no voy a vivir con Jesse sino contigo. Y quiero que hagamos esto entre los dos –respondió ella.
De alguna manera, todo terminó degenerando en una brutal pelea y Joy llegó a la conclusión de que si no quería ayudarla con las cortinas era porque no quería implicarse en la relación y que si todo iba a ir así lo mejor era cortar por lo sano.
Y eso hicieron. Aunque la relación que tenían en aquellos momentos era de todo menos sana...
De alguna manera, Will tenía le impresión de que en aquellos años había ido perdiendo a sus tres mejores amigos: Evy, muerta; Jesse ocupado con su trabajo de enlace y Joy, enfadada hasta el punto de apenas hablarle.
Aunque en aquellos momentos si parecía lo bastante furiosa para abalanzarse sobre él. Mm. no sería tan mala idea, tendrían contacto físico, aunque fuera mientras le estrangulara...
- No puedo creerlo –se emocionó Peter–, estamos a menos de diez metros de July Worstblood...
- ¿Y a ti desde cuando te gusta? –preguntó James con tono desdeñoso.
- Desde siempre –mintió el ratonil animago. Sólo le gustaba desde que se enteró esa misma mañana que Lily quería la colección entera de esa autora. De hecho, el ejemplar que había leído en la cola era el que Dumbledore le prestó a sus amigos como tapadera.
- Ya –James le arrebató el libro y paso delante de él en la fila.
Por supuesto, el antiguo buscador era lo bastante perspicaz como para saber que Peter aún estaba enamorado de Lily. ¿Qué si le molestaba? La verdad es que un poco fastidioso sí que era... Pero era normal, ya que como su esposa no había otra.
- Perdona, Peter. –se disculpó James devolviéndole el libro. Después de todo, él tenía que conseguir la colección entera para Lily y aquello le compensaría un poco.
Claro que el ejemplar duró poco en manos de Peter: Sirius se lo arrebató con menos miramientos aún que James. Lo necesitaba para acercarse a la perra que casi logra que Voldemort lo matara antes de consumar su venganza contra Sheila Bang.
Joy también tomó posición de batalla, dejando pasar a Suzette delante de ella y situándose de tal forma que pudiera atacar a Sirius si veía que se pasaba con la "inocente July".
De momento, el "tipo que había traicionado el recuerdo de su amiga casándose con una víbora" (pronúnciese todo seguido y sin respirar) se limitó a mirar con sorpresa a la escritora, que no era en absoluto lo que ninguno de ellos esperaba. Hasta Joy, estaba sorprendida...
July Worstblood era una joven un poco más mayor que Sirius y James (unos 23 años) de pelo rubio con mechas cobrizas, ojos felinos de color azul-dorado, labios jugosos y (lo más llamativo) una nariz pequeña y preciosa. Lo único malo, es que iba vestida estilo "estrella de barra americana".
- ¿No había nacido en 1940? –le preguntó James a Sirius en un susurro.
- Eso dijo Bell –el moreno de ojos grises se encogió de hombros–. A lo mejor se ha operado o es amiga de Flammel.
Sirius se plantó una sonrisa artificial en la cara y avanzó hacia la mesa de autógrafos.
- Hola,. ¿qué tal? –July arrancó el libro de las manos de Sirius y, con la práctica que te da firmar setenta mil veces en un día, lo autografió en tres segundos, se lo devolvió y le sonrió a Joy.
- Perdona, pero... –antes de que el moreno se embalara, la escritora había firmado el ejemplar de Joy y la mitad de los de James.
- ¿Querías algo más? –July apartó con desgana los ojos de James, que le hizo tilín y no sólo por la pasta que se había gastado en su literatura, para posarlos en Sirius, que por alguna razón de suma importancia aunque incomprensible para el resto de las mortales, no le atraía lo más mínimo.
- No, es que está muy emocionado de conocerla al fin –explicó Joy empujándolo hacia la salida.
- Te he apuntado también mi número de teléfono –le sonrió July a James, teniendo buen cuidado de rozarle sensualmente la mano al devolverle su libro.
- Vale, gracias –apenas salió de la librería, lo primero que hizo el marido del año fue arrancar la hoja donde estaba el número de teléfono y tragársela.
Si Lily se enteraba que otra mujer le había tirado los tejos sería más probable que los Muggles le concedieran a Voldemort el Premio Nóbel de la Paz antes que James volviera a pisar la habitación conyugal. Si Suzette pensaba que los Gryffindor eran posesivos¿qué pensaría de una Gryffindor embarazada?
Después de deshacerse de las pruebas del delito, James trató de cortar la discusión que Joy y Sirius mantenían frente a la heladería.
- ¿Y qué querías?. ¿Qué los aurores terminarán deteniendo a la pobre July por conspiración con el lado oscuro como hacen por menos de nada?. ¡Ella no tiene la culpa de que a un demente le guste su obra! –exclamó Joy.
- Debería pensar que algunas personas pueden inspirarse en esos libros y ser más responsable con lo que escribe.
- ¡Por favor! Sus libros los leen unos tres millones de personas y sólo a uno se le ha ocurrido convertirlos en realidad con fines maléficos... Eso demuestra que el pecado no está en el escrito, sino en el que lo leyó...
- Pero no lo habría leído de no haberlo escrito –apuntó Sirius.
- ¡Y tú no deberías haberte casado con Giselle si no la querías! –gritó la morena histéricamente.
- ¿Y eso ahora qué tiene que ver? –a Sirius le sorprendió tanto que le soltara eso en ese momento, que hasta se le pasó el enfado.
- Nada –intervino Will–. Pero a mí también me machaca con el tema de las cortinas si venir a cuento. Menos mal que Suzette no le da tanta importancia a unos cachos de tela que sólo valen para cubrir las ventanas...
- ¡No se trataba de las putas cortinas! –cortó Joy–. Seguro que Suzette simplemente cogió unas (las más caras, no las más bonitas ni mejores) y te las colgó, pero yo quería que lo hiciéramos juntos. Como pareja... Seguro que James y Lily lo hicieron así.
- En realidad, Verbena se plantó un día en nuestra casa –y les interrumpió en pleno acto sobre la encimera de la cocina, pero James fue lo bastante caballeroso para no decirlo en voz alta–, y nos las colgó.
Joy arrugó la frente, disgustada porque su inspiración repentina la acabara de conducir a una posición de desventaja, pero antes de que encontrara la forma de contestar las varitas de los magos empezaron a vibrar. Tres de ellos la sacaron rápidamente pero uno, no se dio por aludido... Adivinad quien.
- Jeje –se rió Peter al notar las cosquillas, luego (con mucho retraso) captó que las producía y sacó también la varita.
- Parece que Jesse ya ha regresado –dedujo James–. Vamos a mi casa.
- ¿Vais a dejarme aquí tirada? –si antes Joy parecía furiosa, ahora parecía la Teniente Ripley en pleno ataque de Alien. O más exacto aún: el Alien en pleno ataque, pero con glamour.
- Por supuesto que no –se ofendió Will–. Te acompaño a casa. Total, sólo será un momento... –y tal vez al fin, alguno descubriría donde vivía Joy, ya que la morena aún no les había invitado a su casa.
- No me refiero a eso. ¡Me vais a dejar tirada en plena discusión!
- Vaya, y yo que pensaba que tu serías la primera en dar saltos de alegría al saber que estábamos a punto de atrapar a la asesina de tu amiga –Sirius no pudo (o no quiso) ocultar la satisfacción de devolverle a la morena todas sus acusaciones indirectas de deslealtad con el recuerdo de Evy.
- Sirius –Joy entornó los ojos y le gritó–¡Tú eres imbécil¡Los cuatro lo sois!
- ¿Pero yo qué hice? –quiso saber James, que no entendía porqué las mujeres se enfadaban con él y le insultaban.
Pero la joven morena ya no le escuchaba: acababa de despistarles entrando en la zona de alimentación, que estaba bastante abarrotada.
- ¿Nos vamos a tu casa? –Peter no pareció muy interesado en la dramática desaparición de la morena. Al contrario que sus amigos...
- Me quedaría mucho más tranquilo si la dejamos en casa antes de irnos –Will ignoró al más bajo de los merodeadores y se centró en los más altos, que asintieron.
Peter suspiró, pero no estaba dispuesto a quedarse solo en pleno Callejón Diagon (con unas trescientas mil personas más que estaban de compras), el lugar que atacaba Voldemort cuando se aburría de estar en su castillo, así que corrió para alcanzar a sus compañeros
- La encontraremos antes si nos separamos –la sugerencia de James arrancó un nuevo suspiro de Peter.
Con las manos en los bolsillos, Peter fue a la zona donde era menos probable encontrar a Joy: la carnicería.
Pero como era el lugar donde menos esperarían encontrarla, era el lugar donde Joy fue a esconderse. Principalmente, porque sabía que no se darían por vencidos fácilmente hasta que no hubiera una segunda llamada. Su búsqueda de un lugar donde ocultarse la llevo a esconderse detrás de un mostrador.
- ¡Eh, guapita! Tu lugar está al otro lado del mostrador –una bruja regordeta con cara de bulldog mosqueado la invitó a irse.
- Por favor, deje que me esconda aquí. Me persigue mi ex marido –suplicó la morena, dejando que su tendencia al melodrama tomara el control.
- ¿No será ese chico bajito, gordo y que pronto se quedara calvo? –preguntó la Sra. Bulldog tras dar un vistazo a la galería y localizar a alguien que parecía estar buscando a otro alguien.
- Sí, ese es –asintió Joy.
- Cariño, quédate el tiempo que necesites –la morena agradeció la oferta con una breve sonrisa luminosa, una de las que hacía mucho que un miembro de la panda no veía.
En otro momento, a Joy le hubiera molestado que alguien pensara que ella podría haberse casado con Peter, pero ahora estaba agradecida de que fuera él quien la buscaba por allí. De haber sido James, Sirius o Will, la respuesta de la Sra. Bulldog habría sido:
- ¿Pero cómo has podido divorciarte de ese monumento de hombre¡Sal ahora mismo a reconciliarte con él!
En el fondo y a su pesar, Joy entendía la negativa de Giselle a divorciarse de Sirius: una vez que lo había conseguido, no iba a dejarle ir por una razón tan insignificante como que él ya no la quisiera. En realidad, esa era la gran diferencia entre Giselle y Evy. La segunda era demasiado orgullosa como para retener a su lado a alguien que realmente no quería estar allí. Todo lo contrario que la primera.
Tras esperar un tiempo prudencial, Joy le agradeció el escondite a la Sra. Bulldog y decidió irse del Callejón Diagon a buscar su forma favorita de desahogarse.
En ningún momento reparó en la figura vestida con gabardina y sombrero caído que no había logrado despistar, tan enfrascada estaba en sus pensamientos.
Y es que había llamado a sus amigos idiotas. Pero es que lo eran, porque ninguno se había dado cuenta que su mal humor no se debía ni a cortinas, ni a Evy, ni a insatisfacción sexual... Se debía única y exclusivamente a que ellos estaban en la Orden y ella no. Eso la hacía sentirse marginada y subestimada. ¡Hasta a Peter le habían admitido!
No, subestimada no. Más bien, menospreciada. Lo que la llevaba a menospreciar a la Orden para no sentirse tan menospreciada y a refugiarse en los brazos del amante más inadecuado del mundo.
Por supuesto, eso también era culpa de ellos: estaba deseando que la pillaran para poder echarles en cara que era todo culpa suya. ¡Que se sintieran bien culpables que, después de todo, era culpa suya!
Tan concentrada estaba en sus pensamientos, que casi se topó con su lugar de destino: un tétrico bar situado en Felm Street, uno de los barrios más chungos del Londres mágico, llamado Admiral Arms.
Sólo el aspecto exterior del bar ya debería lograr que una jovencita de buena familia como ella huyera en dirección contraria, pero Joy entró sin la menor vacilación.
Por dentro era aún más sórdido que por fuera: las paredes estaban pintadas de negro y no había ventanas, las únicas fuentes de iluminación procedían de unas pocas bombillas rojas. Con ver eso, un auror ya habría etiquetado el local como "antro de vampiros", pero por si fuera estilo Peter y necesitara aún más pistas, el camarero tras la barra (un tipo chepudo que se parecía a Igor de El Jovencito Frankenstein) se dedicaba a limpiar de sangre las copas para las bebidas.
Pero los tres vampiros que estaban en el local en aquel momento (el camarero y dos clientes, una de ellas con los colmillos enterrados en el cuello de un ejecutivo) sabían que Joy no era una amenaza, sino la amante de uno de ellos.
- ¿Está Nyall? –le preguntó Joy a Igor.
- ¿Y dónde crees que podía haber ido a plena luz del día y con el Señor Oscuro tras sus venas? –contestó el camarero con su "amabilidad" habitual.
Joy, acostumbrada a arranques parecidos por parte de James, le ignoró y subió por unas desvencijadas escaleras hasta la habitación de Nyall. No se molestó en llamar, ya que sabía que sería bien recibida, pero al entrar, como siempre, su sentido de la estética la hizo arrugar el ceño.
La decoración del cuarto estaba inspirada en películas de vampiros de Serie B: cortinas rojas (tapando ventanas pintadas en la pared) y un ataúd de terciopelo del mismo color que las cortinas. Un adorno innecesario, ya que todos los vampiros dormían en realidad en colchones de agua porque era lo más cómodo.
La cama en cuestión estaba oculta tras un falso espejo que, además de ofrecer un escondite a quien lo necesitara (como era el caso de Nyall) permitía vigilar la falsa habitación principal y reconocer a las visitas indeseadas. A pesar de eso, Nyall seguía prefiriendo su cripta del cementerio de Even Horizon.
Dado que Joy era una visita más que deseada, el falso espejo se levantó para que la morena entrara en la habitación de verdad. Ésta carecía del hortera lujo de la anterior. De hecho, la palabra que mejor la definía era Espartana: paredes desnudas (pintadas de negro), lisas (es decir, sin ventanas dibujadas), cama sin dosel pero con un cabecero de madera bastante chulo (excepto por los grabados de gente mordiendo a gente) y un atractivo joven encima de la susodicha cama...
- ¿Un mal día? –era una pregunta retórica, por supuesto. Nyall sabía perfectamente que Joy sólo iba si había tenido un día realmente desastroso.
- Sí –Joy se dejó caer en la cama cerca del vampiro–. Precedido de 20 años malos...
- Vamos, algún año de tu vida habrá sido bueno –rió Nyall.
- Algún mes, pero no lo suficiente como para compensar –aseguró ella con tono lastimero.
- Pobre –Nyall sonrió (ocultando colmillos) mientras uno de sus dedos recorría la distancia entre el cuello y el escote de la joven.
Como Joy dejó escapar un suave gemido de placer, Nyall uso esta vez dos dedos y tampoco ocultó lo mucho que le hacía disfrutar el simple tacto de aquella piel suave, joven, cálida y viva...
De repente, el pensamiento de "¿Qué estoy haciendo?" pasó por las mentes de ambos. O tal vez lo pensó uno e hizo eco en la mente del otro, pero igualmente les hizo detenerse unos segundos.
Todo había empezado como una venganza hacia terceras personas. En el caso de Joy, la venganza era para sus amigos, por haberla dejado fuera de la Orden del Fénix. Nyall quería vengarse del padre de Joy, que le acusó injustamente de realizar un mal negocio que provocó la muerte de unos pocos mortífagos. A eso se debía que el vampiro estuviera en la lista negra del señor oscuro...
Sin embargo, Nyall no huyó de Londres: sabía que estando Voldemort de por medio, correr o esconderse sólo servía para agotar inútilmente sus energías. Además, el señor oscuro tenía mejores magos que matar antes que a un vampiro.
Era una especie de ruleta rusa y, de momento, Nyall iba ganando, ya que aún estaba vivo. Bueno, eso era una forma de hablar.
El caso es que a Nyall le producía una gran satisfacción imaginarse la cara que pondría su antiguo patrón si le pillara revolcándose con su hija, aunque no tanta como le producía a Joy al anticipar el momento en que sus perspicaces amigos les pillaran de marrón.
A ninguno se les había pasado por la cabeza que durante sus intercambios de fluidos pudiera aparecer una horda de mortífagos para cumplir la sentencia de muerte sobre Nyall. ¿Y por qué preocuparse? Llevaban más de un año en ese plan y aún no habían sido pillados in fraganti por nadie.
El problema no era ese, sino que en algún momento ese juego había dejado de ser una venganza para convertirse en una especie de necesidad. Pero sin el "una especie".
No era un secreto que las tres drogas de origen mágico más potentes eran el polvo de hadas, la sangre de vampiro y el Júbilo de Onza. Había quien incluía una cuarta, la saliva de licántropo transformado (decían que era genial para ir de marcha) pero el riesgo de infectarse con una toma era del noventa y nueve por ciento.
Nyall era un vampiro. Joy en parte Onza (la de madre, concretamente), lo bastante como para que en su sangre hubiera una mínima cantidad de Júbilo. Llevaban intercambiando sangre una media de dos veces por semana desde un año antes.
Resultado: Nyall era adicto al Júbilo de Joy y Joy a la sangre de vampiro de Nyall, de tal manera que suspender esos intercambios de sangre terminaría conduciéndoles a la locura en el mejor de los casos. En el peor, a una considerablemente dolorosa muerte.
Sin embargo, lo estaban intentando. Joy no se había pasado por el Admiral Arms en tres semanas, casi un récord. Alguien le había arrancado varios meses antes la promesa de no volver a estar con Nyall nunca más y por Merlín que la pobre trataba de cumplirla. Pero no era fácil para ninguno de los dos...
Nyall había ido a buscarla a su casa bastantes veces desde entonces, pese al peligro de ser atrapado por hermanos de raza leales al señor oscuro y ella había terminado allí algunas veces, generalmente cuando se sentía agobiada...
- Si no hubieras venido hoy, habría ido a buscarte esta misma noche –Nyall intercambió por sus labios los dedos que la acariciaban.
- ¿Sí? –Joy alcanzó su varita e hizo desaparecer la ropa de ambos.
Le encantaba sentir la piel fría del vampiro tanto como a él le gustaba sentir la suya, tan cálida. Vida y muerte. Calor y frío. Yin y Yan.
Mm. esa frase era buena. Debía incluirla en su próxima novela...
El pensamiento de lanzar un nuevo best-seller recién salido el anterior le hizo sonreír. Bueno, eso y sentir los labios sedosos del vampiro resbalando por su cuello siguiendo el ritual acostumbrado: pronto llegaría a sus muslos y hundiría sus colmillos en la femoral, extrayendo junto a su sangre todas las cosas que la agobiaban.
Por no hablar de esa exquisita sensación de abandono. Sí, Joy era consciente de que aquello era peligroso, que a Nyall se le podía ir la mano y terminar matándola accidentalmente. Pero ella estaba dispuesta a asumir ese riesgo con tal de sentirse así, era como lanzarse de cabeza al mar desde lo alto de un acantilado: podías terminar rompiéndote la cabeza contra las rocas. O no. Todo dependía de la ley de la gravedad.
Y luego, un rato después. Nyall la cerraría la herida y se abriría una así mismo en el cuello, para que ella bebiera. Y... simplemente no había nada semejante a esa sensación. Poder líquido deslizándose por su garganta y alimentando sus células.
Con un ronroneo, Joy se entregó a esa sensación de indefensión total que tanto la seducía.
&·&·&
- Ya era hora de que llegaras –le regañó Sirius a Bell cuando ella llegó tarde a la reunión después de más de seis toques a la varita.
- Claro que yo estoy dispuesto a perdonarte si debajo de esa gabardina llevas un body de encaje –Benjy Fenwick la miró alzando las cejas sugerentemente, es decir, imitando uno de los gestos de Sirius, lo que provocó un gruñido del animago.
Benjy era algo baboso, estilo Peter para concretar, pero como era realmente atractivo con su pelo rubio y sus ojos azules, la mayoría de las chicas estaban dispuestas a perdonárselo durante un rato. Consideraba a Sirius y Will sus mejores amigos y compañeros de correrías, aunque lo cierto es que los ex Gryffindor no le tragaban y cuando salían de marcha por ahí siempre procuraban despistarle.
Bell miró con censura al joven mientras se quitaba la gabardina (no llevaba un body de encaje sino unos vaqueros y una camiseta negra) y la colocaba en el respaldo de su silla.
Era consciente de que si Gideon estuviera allí (había partido esa mañana junto a su hermano Fabian en una misión) y James atento (no le escuchó por estar debatiendo con Jesse sobre algo) Benjy no se habría atrevido a decir ni mu.
- Fenwick,. ¿podrías no comportarte como un capullo durante un rato? –le pidió no muy amablemente Sirius.
- Eso es imposible –contestaron James y Jesse volviendo sentándose en la mesa en ese momento.
Dado que ni James ni Lily usaban coche y que Sirius se llevó su moto a su casa, habían convertido el garaje de Godric Hollow en una sala de reuniones con una mesa redonda estilo rey Arturo en el centro de la misma, rodeado por sillas giratorias. También era el único lugar de la casa en el que uno podía aparecerse, siempre y cuando fuera un miembro de la orden autorizado, claro.
En aquellos momentos, todos estaban sentados en sus sillas mirando hacia una pantalla que Jesse había montado para mostrarles los datos que había reunido.
- ¿Empezamos? –preguntó Giselle impaciente, sentada entre Sirius y su prima.
- ¿No esperamos a Lily? –se extrañó Will.
- No –negó James–. Por lo visto ha decidido enclaustrarse hasta que empiece a tener contracciones como poco. Aunque esta vez está tan picada que es capaz de no hablarme hasta después de cortar el cordón umbilical con los dientes...
Hubo más de una disimulada mueca de asco al imaginarse esa escena, sólo a Peter pareció agradarle la imagen.
- Mientras no siga esa moda asquerosa de comerse la placenta... –comentó Jesse provocando la aparición de nuevas muecas de asco por parte de los miembros de la Orden.
- ¡Qué asco! –la sonrisa morbosa de Hestia Jones, la amante de Sirius, restaba credibilidad a su mueca de desagrado–. He oído que para el nacimiento de su primogénito, Malfoy va a celebrar una gran fiesta en la que compartirá la placenta con Voldemort.
- ¡Hestia! –exclamaron todos con tono de "o lo dejas o te vomitamos encima".
Menos Sirius, que soltó una breve risa. Por muy grotesca que le resultara la imagen de Voldemort devorando la mitad de la placenta del parto de su prima, adoraba el humor de Hestia. Eso y que siempre parecía estar al tanto de todo, aunque eso último se debía a su trabajo como ayudante de investigación de Rita en El Profeta.
Hestia ingresó en la Academia de aurores, pero fue expulsada por la "poco permisiva política del Ministerio en lo tocante a la excesiva confraternización de alumnos y profesores". O lo que es lo mismo: se lío con su profesor de Camuflaje, los pillaron y los expulsaron. Aunque el que Crouch descubriera los vínculos de la joven con la Orden del Fénix también debió de tener cierta influencia.
Fue entonces cuando ella se buscó una nueva forma de ganarse la vida que además le permitiera seguir siendo útil para la Orden y encontró esa vacante en El Profeta junto a la periodista de moda.
En aquella época, Rita estaba a punto de alcanzar el momento cumbre de su carrera (de hecho, dicha cumbre llegaría unos años más tarde, cuando fuera la única periodista acreditada para cubrir los juicios a mortífagos) por lo que necesitaba ayudantes para que contrastaran todos los rumores que llegaban a la redacción, redactaran noticias y, a veces, corrigieran la ortografía.
Gracias a que Hestia logró entrar, la Orden estaba al cabo de la calle de todos los rumores que circulaban por todos los estratos de la sociedad mágica.
- Será mejor que empecemos –Dumbledore les dejó bromear un poco más antes de entrar en materia. A Moody no le gustaban esos momentos de expansión, pero el Director de Hogwarts comprendía que estaba trabajando con gente joven (la media de edad en esa mesa era, quitando a Moody y él, de 24 años) que necesitaba momentos de relax.
- Sí –Jesse se puso en pie y se acercó al proyector de transparencias–. La dirección que Sirius y James nos consiguieron en el castillo de Bressay...
- Con el voto en contra de toda la Orden –se apresuró a remarcar Marlene McKinnons mirando a Sirius con censura, pero no a James.
La mayoría de los miembros de la Orden jamás censuraba nada a James. Es más, le admiraban y le colgaban el cartel de buen líder siguiendo sus ideas sin chistar. Sólo Will, Bell, Sirius y Lily (en especial, los dos últimos) se le rebelaban de continuo, lo que provocaba que si algo salía mal en algún plan del heredero de Gryffindor, aunque James hiciera recaer sobre sí mismo toda la responsabilidad...
- Fue idea mía –como acababa de hacer el joven de pelo revuelto, daba igual, porque seguían pensando que los responsables eran los demás.
- Ejem –Jesse fingió toser para recobrar la atención. Una vez conseguido, prosiguió–: Como iba diciendo, la dirección que se consiguió en Bressay corresponde a una calle de Grinzing, un pequeño pueblo cerca de Viena. Concretamente aquí... –señaló con la varita una calle del mapa.
- Pero es muy probable que alguien le haya avisado y ya no esté allí –opinó Giselle, siempre dispuesta a desprestigiar los logros de Jesse y Lily.
- Lo sé, por eso he investigado también qué podía haberle encargado Voldemort que le trajera de Viena –Jesse reprimió el impulso de dedicarle a Sirius su mirada de "¿en serio te casaste con eso?" y se concentró en la nueva transparencia, que mostraba una especie de diario con tapas de un cuero extraño–. Este es "El libro de la Paz" uno de los cuarenta diarios de Grindelwald.
- ¡Cuarenta! –se sorprendió Peter.
- Sí. La verdad es que por mucho que trataba de ser meticuloso y ordenado, Grindelwald era un desastre e iba por el mundo perdiendo sus diarios. Luego los encontraba y, por ahorrar papel, volvía a escribir... –explicó Dumbledore.
- Vamos, que la única manera de enterarse de algo es tener toda la colección –concluyó Marlene.
- Excepto en el caso del Libro de la Paz, que va desde 1951 hasta 1960 todo seguido y sin cortes. Por lo visto, en él revela cosas muy interesantes: rutas para escapar de Azkaban, antídotos y curas contra venenos y enfermedades aparentemente incurables, posibles ubicaciones de objetos mágicos... En fin, cosas de este estilo.
»Se expondrá en la Deutschordenskirche, cerca de la catedral principal, a partir de este sábado a las diez de la mañana. Pero el aristócrata no lo cederá a la galería de arte hasta esa misma mañana... Eso significa que aunque haya tenido que cambiar de escondite, Sheila no puede abandonar Viena hasta el sábado. A no ser que quiera soportar la ira de Voldemort por largarse sin el libro.
- Cosa que dudo –musitaron Will y Sirius con ironía.
-Bien, entonces debemos pensar quiénes irán a Viena –dijo Dumbledore.
- En realidad, antes de eso hay algo más –el tono de Jesse sonó vacilante, como si no le terminara de gustar interrumpir al que fue su Director. Pero Dumbledore le dio permiso para seguir con un gesto y se relajó–. Es sobre vuestra amiga y posible musa de Voldemort, July Worstblood.
James tragó saliva y fingió que (al igual que Bell) estaba tomando escrupulosas notas de la reunión, pero en realidad estaba pensando en el papel con el teléfono de July que se había tragado.
- ¿La escritora romántica? –preguntó Hestia con sorna.
- Que gran mujer... –suspiró Peter pensando en los enormes atributos que le acababa de ver en el Callejón Diagon.
- ¿Qué pasa con ella? –quiso saber Dumbledore, bastante sorprendido.
- Por lo visto, July forma parte de una familia numerosa y bastante problemática que ha estado muy activa el último año. Lizbell me ha contado que están detrás de una masacre de mortífagos en Anath, el genocidio de vampiros en la costa oeste estadounidense, el robo de varias obras de arte valiosas y, de la fundación Sweetworld, un conglomerado de empresas de distintas áreas que van adquirieron de forma bastante dudosa, además de haber fundado un montón de club nocturnos cuánto menos atípicos...
- Define "atípico" –le pidió James.
- Lizbell me habló de uno que fue desmantelado hace poco en Amsterdan llamado "Lugosi" por Bela Lugosi, un actor que interpretó a Drácula. En él los camareros eran vampiros fingiendo ser humanos disfrazados de vampiros. A medianoche, se conectaban los aspersores de incendios y dejaban caer una lluvia de sangre de cerdo sobre los asistentes... No se explica muy bien que les diera por ahí teniendo en cuenta que no les molan nada los vampiros –Jesse se encogió de hombros.
»También les pertenecía el "Ank-su-namun" de París, un tugurio inspirado en el antiguo Egipto de las películas de momias. Lo clausuraron hace seis meses porque les pillaron con unas momias robadas del Louvre a las que convirtieron en Inferis para que bailaran con los asistentes.
- ¡Sí! Yo hice un artículo sobre ese garito –recordó Hestia–. Sirius me acompañó...
- ¿Eran momias de verdad? –preguntaron entonces los dos con tono incrédulo.
- Yo pensaba que era un muggle disfrazado –aseguró Sirius.
- ¿Y qué tiene eso que ver con lo de Viena? –Giselle le dedicó una mirada asesina Hestia. No sabía qué le fastidiaba mas de la auror-periodista: que se acostara con su marido, que no lo ocultara o que cuando Giselle decía "mi marido" ella contestara "mi amante".
- Se sabe que una de esas empresas que ha estado financiando el museo donde se expone el Libro de la Paz pertenece a Sweetworld. Además, muchos de los objetos que han robado eran codiciados por Voldemort. No sería de extrañar, por tanto, que los Worstblood fueran detrás del libro y tengamos que vérnoslas con ellos en Viena... Pensaba que debíamos saberlo –concluyó Jesse tomando asiento.
- Pero aunque estuviesen allí –intervino Peter con tono vacilante–¿cuántos pueden ser? No creo que sean tan peligrosos...
- Pues no eran más de nueve cuando se apoderaron de Anath y mataron a los cerca de 50 mortífagos y Odales que estaban allí –replicó Jesse. Que otros se hicieran con Anath antes que los Mahutam fue un golpe muy duro para el Clan, pero él seguía pensando (y Lily coincidía con él) que había algo más en todo aquello.
- ¿Del Clan irá alguien? –Dumbledore fue al grano. Sabía que a los Mahutam todo lo referente con Anath y sus nuevos amos les escocía bastante y no quería que Jesse se desconcentrara.
- Ethan y Lizbell –al igual que ocurrió cuando el joven empezó a hablar de los Worstblood, Bell dejó de tomar notas y alzó la vista: las dos veces había notado una extraña inflexión en la voz del metamorfomago. ¿Es que nadie más la captó?
- Íbamos a discutir quién irá de los nuestros –les recordó Dumbledore, armándose de paciencia, prediciendo lo que vendría a continuación.
- Yo voy –se ofrecieron a la vez Will, Jesse, Bell, Sirius y James.
- No creo que sea buena idea mezclar los sentimientos con la captura de un mortífago –dijo Moody tratando de sonar delicado.
- Tonterías –negó Bell–. Precisamente porque vamos a poner todo nuestro corazón en esto, somos los más indicados para hacerlo.
- Eso decía tu padre y mira cómo acabó –señaló Moody. No pretendía ser cruel, pero sí desanimar a la rubia lo suficiente como para que no quisiera ir, aunque logró el efecto contrario.
- Yo puedo acompañarlos –se ofreció Marlene.
- ¿Acompañarnos? –repitió Sirius furioso–. ¿Qué somos?. ¿Alumnos de segundo en su primera visita a Hogsmeade?
- No, sólo adultos que pierden los nervios con mucha facilidad. Me sentiría más tranquilo si os acompañan Marlene y Giselle, ellas serán capaces de mantener la cabeza fría cuando vosotros la hayáis perdido –por su tono, Dumbledore no iba a ceder en ese punto.
- También sería buena idea que se les unieran los Prewett si mañana han vuelto de su misión –sugirió Emmeline Vance.
- Perfecto. ¿Todos de acuerdo? –unos "sí" que sonaron a "si no hay más remedio" fueron la respuesta–. Pues con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho. Estaré aquí para despediros...
Todos se levantaron despacio excepto Bell, que lo hizo a tal velocidad que más querría para sí un correcaminos.
- ¿Dónde está el fuego? –preguntó James, que aún no se había levantado cuando ella ya se había puesto la gabardina y el sombrero.
- Dejé el horno encendido –y con esa poco creíble excusa (el horno de Bell llevaba cerca de tres meses roto) y un "hasta mañana", la rubia se desapareció.
- ¿Qué crees que se trae entre manos? –le preguntó a Sirius divertido.
- Ni idea –el moreno se encogió de hombros y James notó que su amigo no estaba para bromas, si acaso para un par de copas en solitario. Ni siquiera respondió a las indirectas de Hestia, que estaban poniendo a Giselle de los nervios, sino que se desapareció sin despedirse de nadie.
- Le estamos perdiendo a él también –se entristeció Jesse.
- No mientras yo esté aquí para evitarlo –casi juró James.
&·&·&
Bell se apareció en el lugar en el que había estado antes de recibir un sinfín de toques en su varita: enfrente del Admiral Arms.
Dado que a sus amigos no parecía preocuparles de dónde sacaba Joy el dinero, Bell había decidido seguirla sólo por asegurarse que no estaba metida en algo peligroso... Pero dado que estaba dentro de un antro de vampiros, estaba metida en algo muy peligroso.
Sabía lo que era el Admiral Arms porque Remus se lo dijo en un soleado día, casi en otra vida... Bell sacudió su rubia cabellera y alejó al licántropo de sus pensamientos. Tenía que estar concentrada para que si Joy salía no la descubriese.
Eso contando con que la morena no se hubiera ido mientras ella estaba en la reunión.
Pero no, obviamente Joy era muy consciente del tiempo de que disponía porque salió justo en aquel momento. Parpadeó, como si la poca luz del sol que había hiriera sus ojos, y sacó unas gafas oscuras para protegerlos.
Luego consultó su reloj, torció la boca al ver lo tarde que era (no era tan consciente del tiempo, por lo visto) y tambaleándose como si estuviera borracha o colocada o ambas cosas a la vez, avanzó hacia una cabina telefónica que había justo enfrente del antro.
Bell se camufló a sí misma y a su vuelapluma con un hechizo, se acercó a la cabina y se dedicó a tomar nota de una conversación que debía ser muy truculenta para no ser realizada desde el teléfono de casa.
Joy estaba impacientándose, los dos pitidos de señal que había recibido se le antojaban mil, era uno de los efectos de la sangre de vampiro que acababa de tomar de Nyall, todo iba demasiado lento.
- Lynn Worstblood, diosa de la lujuria y el desenfreno al aparato –finalmente alguien descolgó el dichoso cacharro y contestó una voz ronroneante que a Bell le resultó familiar. ¿Pero de que iba conocer ella a una Worstblood?
- No tengo tiempo para jugar, Lynn –Joy dijo su nombre como si le pareciera gracioso llamarla así.
- ¿Qué te pareció July Worstblood? –pero ella sí las tenía, dado que ignoró la advertencia de la morena.
- Pensé que la habías sacado de un tugurio de striptease de mala muerte de Miami.
- En realidad es mi profesora de aerobic strip, así que tan desencaminada no ibas –reconoció la tal Lynn.
- ¿Aerobic Strip? Por favor no me digas que practicas eso –pese a que era el deporte de moda, Joy despreciaba el aerobic strip. Lo consideraba aún mas vulgar que llevar zapatos de tacón con chándal.
- ¡Pues claro que lo practico! .¿No te has dado cuenta que las mujeres con mejor físico del mundo trabajan de strippers? Está claro que hay relación entre su físico y su trabajo...
- En eso estoy de acuerdo contigo: creo que entre tu físico y tu trabajo hay relación. Pero no te he llamado para discutir eso –Joy remarcó el cambio de tema con un cambio de tono de burlón a serio–. Te tengo dos noticias: una normal y una malísima.
- ¿Cuál es la normal?
- Pensé que querrías que te fuera confirmado que Sheila está en Viena –si debía de quererlo, porque hasta Bell notó el suspiro de alivio al otro lado de la línea.
- ¿Y la malísima?
- ¿Adivina cómo lo sé? –le retó Joy.
Lynn debió de adivinarlo y no le gustó nada, porque se escucharon varios "joder" en muy diversos idiomas. Joy esperó pacientemente que la joven se calmara antes de soltar su última bomba.
- Y adivina ahora cómo habrán adivinado lo que Sheila busca en Viena.
- ¿No dijiste que tenías sólo dos noticias? –Lynn sonó irritada, aunque no tanto como para ponerse a soltar tacos en veinte idiomas–. ¿Algo más?
- No. Sólo... Ten cuidado¿vale? –se preocupó Joy.
- Siempre lo hago –contestó Lynn con cariño, logrando que el tono le resultara demasiado familiar a Bell, pero no que lograra ubicarlo–. No te preocupes, soy realmente buena en mi trabajo... Te llamaré en cuanto todo acabe.
- Más te vale. Mucha suerte –se despidió Joy.
- Gracias. ¡Y océanos de amor para ti! –se burló Lynn.
- Vete a la mierda –se irritó la morena colgando bruscamente el teléfono, aunque no lo suficientemente rápido como para que Bell no escuchara las risas divertidas de la tal Lynn.
Tras colgar, Joy se alejó un par de pasos de la cabina, levantó su varita y llamó al autobús Noctámbulo para que la llevara a la parada de taxis más cercana. No quería que nadie del mundo mágico supiera donde vivía: si su coche y su reloj podían resultar sospechosos, su casa llevaba en la fachada un rótulo que decía "aquí hay gato encerrado".
En cuanto el autobús desapareció de su vista, Bell se quitó el conjuro desilusionador y se apareció en su casa totalmente impresionada.
Si pensaba que lo de Joy era grave, ahora sabía que era mil veces peor que grave: amantes-vampiros y llamadas a miembros de la familia Worstblood. Tendría que preguntarle a Jesse si sabía algo de la tal Lynn...
Una cosa era segura: los Worstblood estaban en Viena, sabían que Sheila también estaba y que ellos irían a por ella...
Bell se encontró a sí misma sonriéndose en el espejo: los Gryffindor no se achantaban ante un buen desafío y Viena iba a serlo. La acción que la rubia necesitaba antes de ayudar a su morena amiga a salir del pozo en el que se había metido.
Antes de pasar a cosas más serias una pregunta¿al leer lo de "amante-vampiro" alguien más que yo se acordó de una canción de Miguel Bosé¿Sí¿No? Da igual, era por saber si alguien más está tan mal como yo.
En cuanto a las cosas serias, la verdad es que quería hablaros de algunos personajes y cosillas que aparecen en este capi. (Voy a intentar hacerlo en la medida de lo posible a lo largo de todo el fict)
Benjy Fenwick. No es invento mío. Aparece en el capítulo 9 del libro 5 en la foto de la Orden de 1980. Si lo consultáis, os daréis cuenta que no va a estar mucho entre nosotros, por eso le he puesto una personalidad un poco desagradable, para que ninguna se encariñe demasiado.
Hestia Jones. Tampoco es invento mío. Es miembro de la Orden de 1995, el problema es que pensaba que estuvo en la primera Orden cuando la incluí en la historia, pero hace poco me di cuenta que no aparecía en la foto, por lo que aún no había ingresado. El caso es que Hestia ya aparecía como rollete de Sirius en "El arte de Vengarte" (capítulos 14 y 31), como esto la daba un pasado tanto con Evy como con Sirius decidí mantenerla en la historia.
En cuanto a que no aparezca en la foto, tampoco lo hacen Giselle, Will, Bell y Jesse y también los he puesto de miembros. Como tengo que justificar cuatro ausencias, no pasa nada por una quinta.
En cuanto a los nombres de los garitos de los Worstblood, Lugosi no tiene misterio, y Ank-su-namun es el nombre de la amante muerta de "La momia" y no sólo de "La momia" de Bredan Fraser, sino de "La momia" en blanco y negro.
El Admiral Arms aparece en la película de "La Reina de los Condenados". Si habéis visto esa película, contar con mi más sentido pésame. Sino la visteis, seguir así.
Viena¿por qué Viena? Principalmente porque fue una ciudad en la que me encantó estar y porque tiene algo fundamental para la trama. Dos requisitos imprescindibles para mí. Podía haber elegido perfectamente París en su lugar, pero prefería una ciudad que apareciera en menos ficts para no resultar muy repetitiva.
Y no se me ocurre nada más de este capítulo, salvo que espero que os gustara y tal.
Para el próximo e inspirada por Joy os dejó con una adivinanza¿con quién estaba hablando Joy por teléfono? Está clarísimo...
Nos vemos en dos semanas. Otras que no lo tengo muy claro. Bueno, la noche de Hallowen como muy tarde. Muchos besos de cereza. No os olvidéis de reír ni de dejar RR.
Carla Grey.
Orgullosa Lupina. MOS. Hermana de Mía, Paula & Maru Malfoy. Tía de Azi Black. Paciente de Serenity. Hija política de Veronika. Emperatriz consorte de Alonning. Ahijada del hada madrina Noriko. Prima de Miss Molko e Inna. Miembro de las 15 de Mey. Amiga por correspondencia de una miembro de LODF. Pariente de Anvy Snape. Casi pariente de Libertad, la amiga de Mafalda. Chica del espejo de lujuria de Dreaming. Hermana Escorpio de Moony Lunática. Musa de MikaGranger. Ganadora de dos premios anuales de HA. Luz al final del túnel de Deathkisse. Creadora del amor platónico de Liesl von Kaulitz. Alumna de la Casa de Ravenclaw en HA. Autora de la versión de Sirius favorita de Elarhy.
