NA: Salto de tiempo... Recuerden que serán cinco partes. Ya con el anterior hubo un poco de humor, ¿qué tal drama? Sigan leyendo.


Hasta donde el corazón quiera

por MissKaro


Dos: Habla el corazón a gritos


Acuclillada y con la respiración acelerada como si hubiera corrido un maratón, se ocultó lo más que pudo detrás de los altos setos verdes, con la atención puesta en Irie-kun, esperando hasta que llegara el momento indicado para salir de su escondite.

Contuvo un grito de emoción, se sentía una de esas espías secretas que aparecían en la televisión.

Sólo que ellas no llevaban uniforme ni eran tan patéticas como ella.

—¿Estaré haciendo lo correcto? —se preguntó en voz baja, arrugando la nariz al ver que otro de los compañeros de Irie-kun se acercaba a la banca del patio en que se encontraba sentado, un sitio un poco retirado de la vista de todos, pero que los demás conseguían hallar para acudir al castaño. —¿Por qué te ocultas, Kotoko? No estás haciendo nada malo —razonó mordiéndose con fuerza el labio, indecisa, aunque no lo suficientemente fuerte como para sacar sangre.

No hacía nada malo. Sin embargo, tal vez Irie-kun pensaría lo contrario y no quería enfadarlo.

Pero podía ser que lo hiciera.

En ese punto, debía ser experta en evitarlo, mas no lo era; al contrario, había algo en ella que le hacía obtener los más altos honores a la hora de molestar a alguien tan frío como él, por mucho esfuerzo que pusiera en no hacerlo.

Si salía de donde estaba ahora, y veían lo cerca que estaba de él, Irie-kun se enfadaría con ella… de nuevo.

¿O de qué otra manera podía pensar?

Eso le puso a reflexionar sobre la situación…

Siempre que podía, Irie-kun se dedicaba a hacerle la vida imposible, la mayor parte de las veces cuando no había testigos presentes en casa.

—Casa —susurró por lo bajo, con una sonrisa alegre.

Ya se había acostumbrado a llamarle su casa al antiguo hogar de los Irie, que compartía con ellos desde hacía año y medio, desde que les comunicaran a ambos que estaban comprometidos en matrimonio por decisión de los tres adultos.

Habían llegado a ese acuerdo queriendo ser una verdadera familia, emparentando en la próxima generación a través de los nietos que pudieran surgir de la unión Irie-Aihara. Otro motivo era que los padres de Irie-kun temían que él se quedara solo, pues veían con dificultad que él escogiera una novia, a pesar de tener un aspecto y cualidades capaces de atraer a cualquier mujer. Aparentemente, si ellas intentaban acercarse, él las alejaría en menos de un parpadeo, y querían tener nietos de parte de su hijo mayor, que se haría cargo de Pandai en el futuro y necesitaría por quien volver a casa y trabajar arduamente.

Que ella pudiera encontrar un hombre con el cual casarse no lo dudaban, era una muchachita muy dulce, bonita y animada, que cualquier joven sería afortunado de llamarla su esposa; pero su padre temía que su falta de habilidades culinarias (y otras más), alejara a sus pretendientes y pudiera quedarse sola el resto de su vida (que su padre no tuviera fe en ella, le bajaba la moral). Emparejándola con Irie-kun, su padre se aseguraría de que tenía a su lado a un hombre digno que la respetaría a pesar de todos sus males, uno que por su inteligencia y buena posición podía darle un futuro seguro, lo más importante de todo.

Los dos hombres eran prácticos, así que Noriko-san fue quien había propuesto que también la unión serviría para ver a sus hijos felices, así como que la convivencia previa al enlace les daría la oportunidad de enamorarse, porque ella los creía capaces de hacerlo. Su intuición se lo decía a gritos.

Después de todo ese tiempo, sus preguntas, dudas y quejas habían sido respondidas con toda la calma del mundo y les había quedado la certeza que los mayores habían discutido hasta el más mínimo detalle, ninguno de los cuales había sido posible de refutar de parte de Irie-kun, que sabía vivía frustrado ante la perspectiva de no salir de esa situación acabado el plazo que le habían dado sus padres para que ella decidiera si casarse con él o no.

Ella, por su parte, se consumía en la incertidumbre sobre la decisión que tomar en la primavera siguiente, antes de entrar a la universidad.

Su corazón le gritaba porque aceptara y se moría por hacerlo, pero su a veces atolondrada razón le decía que estaba mal que obligara a casarse con ella a un hombre que claramente no la quería, es más, que estaba segura le odiaba con todas sus fuerzas, aunque ella no fuera la culpable de esa situación.

Estar muy cerca de Irie-kun era a veces una pesadilla, contadas eran las ocasiones en que podía decir que su interacción se considerada buena. Claras eran las veces que para convencer a su madre de que se llevaban bien, era tutor de ella para los exámenes —lo que había mejorado considerablemente sus calificaciones—; le sacaba de situaciones peligrosas como en las vacaciones de verano del año anterior en que salieron todos juntos a la playa y estuvo por ahogarse a causa de un calambre, o como cuando se desmayó del dolor en la salida del metro la vez que sufría del apéndice y él la llevó al hospital acompañándola en silencio hasta que sus padres llegaron; o se mostraba cordial y amable en las celebraciones especiales. Esas veces estaban muy presentes en su cabeza, porque eran muy pocas.

Las demás, eran un tormento.

Se mofaba de ella, le repetía que era una tonta o le hacía sentir fea con los comentarios mordaces que le hacía. Le despreciaba simplemente por existir, con esa actitud tan altiva y menospreciable que tenía él, mirando todo con desdén.

Ella en un principio había tratado de ser su amiga, siendo muy amable con él sin indicios de que tenía sentimientos escondidos (que era un milagro los demás no adivinaran; en realidad, que nadie lo supiera hasta ahora), pero él había cortado de raíz cualquier acercamiento que pudiera tener, dejándole claro que no quería ser su amigo, mucho menos su futuro esposo, para que no se le relacionara con su evidente idiotez.

Ni que fuera para tanto; era torpe y distraída, pero tenía buenos sentimientos y eso debía contar, ¿no?

Bueno, para alguien tan frío, seguro que valía tanto como una cucaracha aplastada.

Suspiró abatida, cada pequeño gesto que ella quería tener con él, Irie-kun lo observaba con displicencia, y al final, a solas, le recordaba que por honor y educación aceptaba todo ese circo de sus padres, pero se arrepentiría si se veía obligado a llevarlo a la conclusión que querían ellos.

Llegado a ese punto, no entendía cómo su corazón se negaba a dejar de quererlo; ¿era masoquista o qué? ¿No podía aceptar que él no tenía ni una mínima pizca de consideración con ella? ¿Que no la quería? ¿Que no le importaba todo lo que estuviera relacionado a ella?

Pero cuando tenía esos pensamientos sombríos, como ahora, se convencía de que él lo hacía porque estaba obligado a ella por ese trato entre sus padres, así que por eso había optado por planear confesarle sus sentimientos en una carta, que le entregaría en la escuela, donde no hubiera relación alguna con lo que ocurría en casa, donde sus padres ni se darían por enterados.

El problema era que no se hablaban en el instituto, ya que él le había advertido que no se acercara más de un metro de distancia porque quería mantener las apariencias, "o lo lamentaría".

Eso le dificultaba la tarea, pero no la hacía imposible. Simplemente bastaba con que lo encontrara a solas y nadie los viera, y pudiera entregarle la carta… tal vez hablar un poco. ¡Y listo!

¡Sólo que Irie-kun nunca estaba solo!

Y cuando decía nunca, era nunca. ¿Dónde quedaba la soledad de la que él disfrutaba? Parecía que cada pequeño segundo del día escolar estaba rodeado de gente, fueran alumnos o maestros, ¡hasta la bibliotecaria!

Había pensado seriamente en que tendría que abordarlo en el baño, pero esa era la última opción que tenía si todas las demás no funcionaban.

Pensó en la carta que había escrito. No la sacaría de su chaqueta del uniforme para que no se ensuciara, pero no lo necesitaba, era la primera cosa que realmente se había aprendido de memoria, la conocía letra por letra.

Hola, Irie-kun. Espero no te moleste recibir esta carta.

Es difícil poder hablar contigo sin que el tema del matrimonio salga a relucir, pero quiero intentarlo.

Tengo que confesarte que desde que diste tu discurso en la ceremonia de inauguración te he admirado por tu inteligencia, y también por ser un chico tan genial, que me siento muy afortunada porque nuestros padres me hayan considerado capaz de ser tu esposa.

¿No lo estoy haciendo bien, verdad?

Debo asegurarte que no tengo intención de obligarte a nada que tú no quieres, aunque tengo la esperanza de que pudieras darnos una oportunidad para conocernos, por lo menos como amigos.

No quiero nada más de ti de lo que los dos estemos de acuerdo, únicamente quiero ser sincera contigo y expresarte los sentimientos que guardo en mi corazón. No te pido que me correspondas, sólo quiero que lo sepas:

Irie-kun, te quiero.

Se había esforzado mucho por cuidar que la carta fuera escrita correctamente, sin faltas ortográficas, y tuviera un aspecto pulcro, que sabía él apreciaría. Puso mucho esmero en esa carta, y esperaba que él la leyera. Había cuidado cada pequeño detalle, era su primera carta de amor, sus sentimientos habían quedado al descubierto en ella y eso la hacía un enorme tesoro.

Temblaba de emoción con solo saber que la tenía en su bolsillo y que pronto, muy pronto, Irie-kun la tendría en sus manos.

Su corazón había decidido primero por ella. Estaba dicho, se la entregaría. Y que Kami la ayudara para lo que viniera después. ¡Ay, si ya se imaginaba a sus hijos!

Vio que Irie-kun finalmente, finalmente, se quedaba solo, y con rapidez arregló su cabello pelirrojo, un poco alborotado por la brisa otoñal, aunque la cola alta que se había hecho esa mañana seguía intacta.

Inspiró profundamente.

—Sé que estás ahí. —Se quedó helada con la voz fría de Irie-kun, que se puso en pie con toda la calma del mundo, sin dignarse a mirarla.

Ella se irguió y alisó su falda, encontrando el pequeño espacio entre los setos para llegar a él, un poco alarmada al ver que se alejaba; lento, pero lo hacía.

Tenía que aprovechar esa oportunidad única.

—Kotoko, ni se te ocurra acercarte, ¿lo entiendes? —dijo él sin detenerse, mientras ella lo seguía a unos pasos, determinada a darle la carta.

—Pero… quiero... yo… —replicó balbuceante, con la respiración acelerada. Él sí que avanzaba rápido. Y ella que no hacía deportes. —Eh…

—No hay nada que pueda prevenir de ti que me importe —la cortó él avanzando por el pasillo desierto. Ella se detuvo un momento viendo cómo se alejaba, llena de impotencia y un poco dolor en su pecho por su indiferencia, aunque a ella ya estaba acostumbrada. Quizá, al final de cuentas, era una mala idea…

¡No!

Iba. A. Entregarle. Su. Carta.

La sacó de su bolsillo y caminó nuevamente con la chaqueta azul del uniforme de Irie-kun como único objetivo, siguiéndolo a través de los pasillos vacíos, sin llamarlo, pero sabía que él era consciente de que iba tras de él, porque la miró de reojo antes de disponerse a doblar a la derecha.

—Irie-kun —llamó entonces, sintiendo que su corazón latía desbocado y que en su estómago un millón de mariposas hacían una danza loca, al ritmo de su respiración acelerada.

Era ahora o nunca.

Él se detuvo. Ella escuchó murmullos a su alrededor y tragó saliva dificultosamente.

No se había dado cuenta que llegaron a donde estaban unos cuantos estudiantes, que los miraban con curiosidad, en especial al objeto que ella tenía entre sus manos. Probablemente eso hizo que Irie-kun se detuviera. La cortesía.

¡Rayos!

Pero ya podía echarse para atrás. Sería objeto de burlas si se arrepintiera.

—Quiero darte esto —dijo fuerte y claro, haciendo oídos sordos a los murmullos que los rodeaban, esperando que Irie-kun tomara el sobre y pudiera irse a mojar la cara, debía tenerla muy roja, la sentía muy, pero muy caliente.

Irie-kun la miró por sobre su hombro con expresión vacía, observando su cara un instante antes de volverse al frente.

—No lo quiero —respondió secamente y comenzó a andar de nueva cuenta en el pasillo.

Algo dentro de ella se rompió en aquel instante.

Ni siquiera había mirado su carta.

Respiró con fragilidad, ahogándose en el más profundo vacío. Sombras enormes y voces llenas de crueldad se arrojaban sobre ella, arrastrándola hasta lo más hondo de un pozo sin fin. Parpadeó una, dos y tres veces. Atónita.

Quizá los susurros a su alrededor eran por el sonido que hizo su corazón al ser pisoteado por el chico que amaba y lo humillada que se sentía al pensar que él era una buena persona.

En ese momento, miles de pensamientos acudían a su cabeza, ninguno de los cuales llegaba a ser coherente o sano. La desilusión que la llenaba era incomparable a otro momento que hubiera vivido hasta ahora, sentía como si le hubiera dado una bofetada tan fuerte que la había dejado idiota, tirada al suelo como muñeca de trapo vieja. Nada la había preparado para eso, pensó que él…

¡Baka!, recordó a Irie llamándola, antes de que todo a su alrededor se cubriera de un manto rojo.

No se iba a quedar así.

Tomó una gran bocanada de aire y con su visión nublada miró al frente, enfocando sus ojos en la cabeza de Irie, que estaba perdiéndose en el pasillo ajeno a lo que había hecho con todas sus esperanzas. Con su corazón ilusionado.

Estaba hirviendo. No sintió nada más que una furia roja corroyendo sus pensamientos y recorriendo sus venas tan rápido que le hizo actuar llevada por impulso. Solo tenía presente todas aquellas veces en que él la había despreciado en el pasado, esas incontables veces que él la llamaba baka como despectivamente y esa vez en que su única carta de amor fue rechazada cruelmente sin ninguna consideración.

—¡Ey, Irie! —le gritó a todo pulmón caminando con pasos firmes hasta él, que se detuvo en seco al oír su llamado.

IRIE

Paró al metro de distancia que él había instituido entre ellos y en el silencio del pasillo se escuchó el rasgar del papel del sobre que tenía en sus manos, antes de que el sonido del papel lo reemplazara.

—Hola, Irie-kun. Espero no te moleste recibir esta carta —recitó el comienzo con extrema lentitud y su pecho se infló de orgullo al escuchar los jadeos de asombro de los demás cuando se dieron cuenta de lo que proponía.

No le dio importancia y con manos temblorosas siguió sosteniendo la carta cerca de su rostro, como si la estuviera leyendo, donde sólo a ella le quedara a la vista lo que había escrito: una sarta de tonterías que no valían la pena.

—Solo quería expresarte cómo me siento… sin que nadie lo supiera. Desde hace dos años te he admirado… después de haber dado tu discurso en la ceremonia de inauguración, pero… eres un ser tan frío y sin sentimientos que no sé cómo en el pasado pudiste haberme gustado —declaró con la voz un poco temblorosa, pero irónica, alzando la mirada para ver alguna reacción, pero él solo tenía la cabeza ladeada ligeramente y se mostraba imperturbable. Sonrió desganadamente, con el pulso de su cuello latiendo desbocado—. Quiero decirte… que te he observado y no tengo esperanzas…

De gustarte porque eres un poco hombre que no vale la pena.

Tosió durante un momento para no dejar escapar una risa histérica. A su alrededor, la tensión se respiraba y el sonido de una aguja al caer al suelo podría haberse oído sin problema.

—…esperanzas de… de alguna vez gustarte…

Como si le hubieran lanzado un balde de agua helada, la furia desapareció de su cuerpo y su cabeza reaccionó… ¿qué estaba haciendo?

En su garganta empezó a formarse un nudo y supo que debía acabar ahí, no podía hacerlo. No podía dejarse llevar por el enfado y el rencor. Estaba mal. Ella no era así. ¿Qué… qué le había hecho Irie Naoki en año y medio?

Irie finalmente la miró, tras su pausa, y en sus ojos encontró un brillo burlón y algo que no pudo descifrar, pero que estaba allí, allí en sus ojos.

Aun así, aun así él se atrevía a despreciar lo que estaba haciendo, y eso fue lo que le dio fuerzas para continuar, porque su corazón necesitaba devolverle solo una vez lo mal que ella se había sentido todo ese tiempo, mientras él se jactaba de hacerla sufrir con sus comentarios, que la hacían llorar a mares durante las noches, oculta bajo las sábanas.

Él parecía retarla a continuar, como si supiera que iba a hacer el ridículo.

Deseaba con todas sus fuerzas odiarlo, que no le importara lo que él pensara de ella… que pudiera golpearlo tan fuerte que se borrara la petulancia de su cara. Su corazón estaba roto por él, pero aun así quedaba una mínima parte egoísta que se negaba a despreciarlo.

Ella no era así.

Le sonrió levemente, entristecida, y bajó la vista al papel, que arrugó completamente enojada, reviviendo todos los malos ratos en su cabeza, mientras pensaba en una frase que tocara una fibra sensible en él.

Lo supo entonces.

¿Para qué me ayudaste a estudiar tanto, Irie?

Su labio tembló y abrió su boca decidida. —…pero no te preocupes, no estoy enojada. Ya no, finalmente lo he comprendido… Sólo… te aseguro que mantendré tu secreto bien guardado… No queremos que nadie sepa de cuando llevabas vestido rosado —terminó guardándose la carta, obteniendo de premio que el rostro de Irie palideció de repente, alarmado, y giró su cuerpo completamente.

Pero él no pudo responderle porque ella se apartó tan rápido, perdiéndose entre los estudiantes que habían servido de público, los cuales le abrieron paso en medio de especulaciones sobre sus palabras, algunos atreviéndose a hacerle preguntas sobre cómo sabía una información tan confidencial del genio, además de querer saber de su veracidad, por la reacción de Irie.

No les hizo caso y desapareció lo más rápido que pudo, deseando encontrar un lugar en el cual pudiera desaparecer durante unas horas, para llorar en silencio.

Se tragaba las lágrimas que pugnaban por salir, no quería darles el privilegio a los demás de ver lo herida que estaba. Su corazón se sentía muerto y el aire que llegaba a sus pulmones era una burla que le recordaba lo viva que estaba.

Avanzó tan rápido, que no se dio cuenta de cuando llegó a los servicios, pero se encerró en un cubículo sin atreverse a mirar la patética imagen que reflejaría el espejo en la pared.

—Se ha acabado —masculló entre dientes, cubriéndose la cara, llena de pena.

A continuación, rompió a llorar.


NA: ¡Saludos!

Esta actualización fue un poco rápida, ¡vaya! Pero qué cambio entre la primera y la segunda parte, ¿a que sí?

Como pudieron leer, pasó mucho tiempo desde la parte anterior, y si hubiera tenido tiempo habría hecho una historia larga, sólo que el tiempo no me daría y sé que la dejaría sin finalizar. Por tanto, son libres de imaginar lo que pudo pasar en medio je,je,je.

Sin más, nos veremos hasta la próxima publicación, no sé si en "Algo tiene el destino" o aquí, ya que la inspiración es caprichosa.

Se me cuidan, Karo.


karito: Qué lindo nombre has puesto ;). Me alegra que te causara gracia; quizá ahora cambió completamente el género, pero mi intención no era hacer humor en todos jeje. Ojalá que te animes a leer hasta el final. Gracias por el review, por cierto.

lantunez: Pues qué puedo decirte, la inspiración me llegó en diciembre y decidí darle una oportunidad. No todo será humor (creo que sólo una cuarta parte de los diálogos de todo el fic lo serán), pero me daría gusto saber que leerás hasta concluir la historia. Me da gusto que el comienzo fuera bien aceptado. Gracias por tu review.

Behla: Mucho gusto, no tenía el placer de conocerte, pero me satisfizo leer tus palabras. Te confesaré que por mí esta súper bien que te vuelvas mi fan jejeje, es un halago para mi lastimado ego, más porque mencionas que retrato bien a estos dos (aunque me cuesta, voy a admitirlo), lo cual, en efecto, hago con mi mejor empeño, ya que me gusta que del otro haya alguien que se sienta complacido con lo que lee de mí. También, no te preocupes por no haber podido comentar mi otro fic, pero gracias por leerlo, confieso que yo sé lo que es ser lector silencioso. Pero bueno, también te agradezco por tu review, y espero que la actualización de "Algo tiene el destino" llegue pronto (¿lo has oído, cabeza?). Un abrazo fuerte.

anaris: Gracias por el review, y me alegra saber que te agradó, creo que el humor tiene esa característica, pero no mentiré diciendo que ojalá continúes en los demás.

Y ya me voy, porque se supone que no debería responder aquí XD