¡Hola a todos! ¿Qué tal están? Espero que muy bien. Bueno, este es mi primer fanfic de Saint Seiya. Agradezco mucho a las personitas que se han tomado la molestia de leer y comentar esta historia. Enserio, muchas gracias. Pondré mi mayor esfuerzo en esta historia para que sea de su agrado. Sin más que decir, dejaré el disclaimer por aquí e iniciaremos este capítulo.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada. Solo me pertenece la temática de esta historia y los OC. Que en ella irán apareciendo.

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Capitulo 1: Estrellas y contenedores

La noche caía sobre el Santuario, en una atmósfera de aparente calma y tranquilidad. El tiempo transcurrido desde la devastación de la guerra y la acalorada audiencia en el Olimpo, solo 3 años. Los templos con mucho esfuerzo, se habían vuelto a alzar de sus ruinas y eran custodiados por los nuevos caballeros de oro nombrados por la diosa. Aquella noche, mientras hacia la guardia que se le había encomendado, su cosmos se comportaba de forma extraña. Intentó respirar profundamente para calmar la ansiedad que sentía, la cual inexplicablemente había surgido desde que Athena había regresado de la audiencia en el Olimpo. Las buenas noticias se habían expandido y era alentador, o más que eso aún, saber que los dioses habían estado dispuestos a perdonar sus actos. Sin embargo, pudo captar en el rostro de la muchacha de cabellos lilas, preocupación y un cierto toque de incertidumbre. Estaba feliz de que la humanidad y sus caballeros estuvieran a salvo, de eso estaba segura, pero también había algo que evidenciaba que la conversación no había terminado solo en eso. Los pasos combinados con el sonido del metal que cubría su cuerpo, resonaban en el silencio mientras sus ojos aperlados se mantenían al tanto. Su compañero, Ichi, se hallaba en los accesos principales del Santuario; por su parte, June y ella se encontraban haciendo rondas por el coliseo. Una brisa suave y fresca, le hizo sentir un escalofrío a la vez que sus cabellos de tonos azafrán se mecían ligeramente. Nuevamente, aquel sentimiento de ansiedad le recorrió y decidió que lo mejor, sería buscar a June, para que intentara ayudarle a saber qué es lo que le ocurría. Antes de siquiera avanzar, una estrella surcó el cielo dejando a su paso una estela luminosa. Se quedó pasmada por unos minutos y sin poder oponer resistencia y hacer uso de razón, se adentró en aquella parte del Santuario que aun se mantenía con evidentes daños en su estructura.

-¿Qué sería aquella estrella?-Susurró para si la joven mientras caminaba a paso lento, manteniéndose alerta en caso de que se tratase de una trampa.-Su brillo, era hermoso, como si fuera el de una piedra preciosa. ¿Pero qué es eso?

En medio de aquellas ruinas, la estrella ahora convertida en una esfera luminosa, levitaba mientras desprendía un cosmos poderoso. De inmediato, la muchachita quiso ponerse a la defensiva, pero algo le hizo dudar. Con trabajo, percibió que el cosmos no era agresivo, parecía ser pacífico. Sin embargo, las dudas no le asegurarían si era algo prudente o no dejar aquella esfera ahí. Quizás debía ir en búsqueda de Kiki y entre los dos, llevar dicho objeto, si así podía llamársele, ante alguien calificado. Pero la esfera de energía, comenzó a acercarse a ella como si la estuviese analizando. Con cierto temor, retrocedió pero la esfera comenzó a aproximarse un poco más. Siguió retrocediendo hasta que chocó contra una de las columnas. Tenía más opción que atacar para huir en aquel momento. Esto ya no le estaba gustando:

-¡Fuego angelical!-Exclamó emitiendo aquella técnica, que aunque bien no era propia de la armadura de Pyxie, se había esmerado por heredar por parte de su antecesor. Sin embargo, el ataque, lejos de ahuyentar aquella esfera, solo la atrajo más.-No le ha hecho nada…

No lo pensó dos veces e intentó salir corriendo del lugar. Comenzó entonces a moverse tanto como sus piernas le permitieran, pero de repente, el cuerpo comenzó a pesarle. Sintió sobre ella una fuerza abrumadora que alentaba su velocidad, como si quisiera retrasar sus planes. Sin poner atención, dio un tropiezo en el escalón que la separaba del camino de vuelta al Santuario, cayendo de forma estrepitosa y de cara al suelo. Sus párpados lucharon por mantenerse abiertos y su voz por emitir un grito de auxilio, pero simplemente quedó atascado en su garganta. Antes de cerrar los ojos, pudo ver frente a ella dos siluetas borrosas y distorsionadas; extendió su mano con el afán de arrastrarse siquiera pero sus fuerzas se esfumaron de un momento a otro:

-No te haré daño, tranquila.-Dijo con voz melodiosa una de las dos siluetas. En aquel timbre de voz, se denotaba la preocupación y al mismo tiempo, como trataba de transmitirle seguridad.-Puedes bajar la guardia conmigo. Siento, que te hagamos pasar por este método, no es mi intención ser cruel contigo.

-Denka. caballero femenino de Athena, en el rango de plata con la armadura de Pyxie.-Exclamó ahora la segunda silueta. Por su timbre, supuso que se trataba de un hombre.-Ahora la humanidad necesitará de ti. Si actúas de forma correcta y como se te indica, la vida continuará. De lo contrario, me encargaré de que perezca todo lo que Athena ha protegido. Confió en que harán un buen trabajo.

-Así será, confíe en mi.-Finalizó la voz femenina y Den perdió conciencia de lo que estaba ocurriendo.

June observó instintivamente el cielo cuando sintió el cosmos desprendido por aquella estrella. No era normal, algo se lo decía, su instinto bien desarrollado se lo dejaba ver. Se encaminó al Coliseo con intenciones de buscar a Den. Aquella joven de apariencia juvenil, de las pocas sobrevivientes de los caballeros de plata a las diversas batallas, entre ellas la sostenida con Hades, junto a Marin y Shaina. Cuando la conoció, era una novata en toda la extensión de la palabra. Sin mucho conocimiento de ciertos aspectos, gracias a su edad. Ahora era la dueña actual de la armadura de Pyxie, luego de que su primer armadura fuera dañada en combate de manera seria. A comparación de aquellos días, parecía tener a sus actuales 16 años, algo más de conocimiento gracias a sus entrenamientos junto a la amazona de Camaleón. Sin embargo, al llegar al Coliseo, no la vio por ninguna parte y eso hizo que sus presentimientos comenzaran a emerger. Por inercia, su vista se dirigió a aquella parte del Santuario que se mantenía en ruinas. Sin tardar, se dirigió hacia aquella parte a toda prisa, rogando que sus presentimientos no terminarán en una tragedia para la chica. A paso veloz, llegó a los escalones y comenzó a descender por ellos hasta que divisó la figura de Den en la oscuridad, inconsciente aparentemente.

-¡Den! ¡Despierta, Denka!-Exclamó June mientras sujetaba a la menor y ponía la cabellera azafrán sobre su regazo.-Anda, vamos. ¿Qué te ha sucedido?

-¿J-Ju…ne?-Musitó Den y un suspiro de alivio salió de los labios de la rubia. Poco a poco, sus ojos se abrían mientras se reincorporaba y se sujetaba la cabeza.-¿Qué hago aquí?

-Eso mismo te preguntaría yo. Sabes que Athena nos tiene prohibido venir a este lugar.-Replicó June con seriedad a lo que Den bajó ligeramente la cabeza.-Pero me alegro que estés bien. Por un momento, me hiciste pensar lo peor.

-Lo siento, no quería preocuparte June. Es solo que…-Dijo la peliazafrán dubitativa a lo que la mayor le observó de reojo.-Nada, olvídalo. Solo escuche un ruido y vine a asegurarme a que todo estuviese bien. Pero creo que resbale por los escalones y me golpee.

-Hay que regresar al Santuario, ¿De acuerdo?-Exclamó June y sin poner objeción, Den le siguió en su ascenso por los escalones.

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-Así que finalmente, ha descendido.-Dijo Artemisa mientras se mantenía con la atención puesta en la tierra.-Aun no puedo creer que mi padre le haya dado a Athena otra oportunidad.

-Se ha tardado mucho para que pudiese descender y por lo que sé, nuestro padre le acompaño para presentarle a su contenedor.-Dijo Apolo mientras hojeaba el libro que tenía entre sus manos.-Sin embargo, tu sabes la historia de la pequeña Diké. Artemisa, lo que tenga que ocurrir, lo hará y no importa que hagamos. El veredicto esta fijo.

-Solo que cuando los humanos lleguen a igualarnos, no digan que no se los adverti.-Sentenció Artemisa con un pesado suspiro a lo que su hermano se mantuvo en silencio por unos minutos.

-Diké no dejará que eso ocurra. Debe cumplir con lo acordado y dentro de su deber como diosa, debe evitar que eso ocurra y si quiere ahorrarse problemas con el Olimpo, sabe que hacer de por medio. Así que procura mantenerte tranquila. No creo que quieras problemas con nuestro padre.-Finalizó Apolo para retirarse, dejando a la diosa de la luna ahí, sin decir nada más.

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-¿Estas segura que estas bien?-Preguntó June una vez que retornaron al Santuario y llegaron al Coliseo. La menor no había dicho ni una palabra desde que habían vuelto y se mantenía absorta.

-Si, no te preocupes. Solo fueron pequeños golpes, no pasa nada.-Respondió de nueva cuenta Den con una sonrisa para tratar de aliviar la ya visible preocupación de su compañera.

-Chicas, aquí están.-Dijo Ichi llegando ante ambas a lo que ellas asintieron.-Nuestro turno ha terminado, podemos ir a descansar.

-Me parece bien, lo necesitamos. Gracias Ichi.-Dijo June para dirigir su atención a Den.-¿Vienes?

-Te alcanzó en un momento, tengo que hablar con Kiki.-Exclamó Den para recibir un asentimiento por parte de la chica y que se retirará. Su cuerpo comenzó a dolerle un poco más, pero no recordaba el porqué. Quizás si hablaba con Kiki y le explicaba lo que sentía, la sacaría de dudas.-Espero que realmente puedas ayudarme Kiki, no he querido preocupar a June.

Sin embargo, ignoraba por completo que aquel dolor no era uno cualquiera que se pudiera sanar con facilidad. El Olimpo acababa de sellar su destino temporal, de la forma que menos esperaría.

Ahora, debía acostumbrarse al contenedor que Zeus había elegido para ella. Aún se preguntaba el porque aquella muchachita, a su parecer algo poco estable, tenía que guardar su alma. Teniendo candidatas más experimentadas como la joven con la que había conversado hace pocos minutos, el rey del cielo le había impuesto a la menor de todas. Fuera lo que fuera, estaba hecho y debía adaptarse. Lo siguiente, era poner a Athena al tanto de lo sucedido pero para ello, antes debía aprender a manifestar su cosmos a través del cuerpo de aquella chica a la que llamaban Denka de Pyxie.

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Bueno, espero que les haya gustado este capítulo. Conforme avance la historia, se irán agregando todavía más cosas y situaciones.

Sin más que decir, me despido.