Sherrinford pasó gran parte de su vida en la capital y contario a lo que se pensaría, en la capital el sometimiento de los omegas era común y normal, pues su estatus no pasaba de ser un bonito adorno y dar a luz a los hijos que su alfa quisiera, muchos decían que los omegas estaban protegidos por las leyes, sin embargo la realidad era otra, lo único penado era golpear a un omega, pero la humillación, la violencia psicológica y la represión no eran tomados en cuenta.
Cuando Sherrinford regresó a su hogar y vio la forma de ser su hermano omega, le pareció desagradable y al saberse dueño de todo no se contuvo en hacérselo saber, lo que no esperó fue la reacción tan desinteresada de su hermano menor y la tranquila resignación de Mycroft.

-¿Cómo es posible que le consecuentaran esa actitud? Parece un animalillo salvaje –Le dijo cierto día al pelirrojo.

-¿Y eso te molesta por qué…? –Le preguntó con una ceja alzada.

-Porqué nunca podremos encontrarle un buen alfa que se encargue de él- Contestó.

-Padre designo una parte para…

-Padre ya no está aquí y no voy a mantener a un omega salvaje ¿Cuándo se ha visto semejante cosa? –Le interrumpió escandalizado.

-Sherrinford, creo que estas exagerando, las cosas no son como tú piensas, lo que suce…

-No quiero oír una palabra más Mycroft – Le volvió a interrumpir- Y te lo advierto, si te pones en mi contra te largas de ésta casa –Le amenazó.

-Si me voy es con Sherlock –Dijo firme.

-Oh, querido Mike –Una sonrisa cruel se instaló en su cara- Yo soy el mayor, el tutor legal de Sherlock, el heredero mayoritario y además, soy alfa ¿A quién crees que apoyará la justicia?...

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John Watson llegó a aquel poblado con la intensión de sanar su alma, la vida lo había forzado a tomar decisiones que no quería tomar y que solo le trajeron dolor y sufrimiento, necesitaba alejarse de todo y darse un respiro; recordó que la familia materna de su padre tenía una pequeña casa en un poblado alejado de la vida capitalina, llevaba muchos años deshabitada pero seguía siendo heredada a los descendientes, en éste caso, él era el último de su familia y por consiguiente era el dueño de dicho lugar.

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John creció en una familia de omegas, su padre fue un beta del que no tenía recuerdos, pues éste falleció cuando John aún no nacía, su madre era una omega que siempre soñó con ser entomóloga (ciencia que estudia a los insectos) pero por ser omega no se le permitió estudiar, su hermana mayor era una omega tranquila, pero con un carácter firme, no era la clásica omega tierna y por último esta él, el pequeño John y la gran alegría de su madre, él era un alfa y tanto su madre como su hermana añoraban a que alcanzara la madurez para así poder liberarse del yugo de su tío.

En esta sociedad, un omega debía ser "cuidado" por un alfa de la familia siempre, aunque en muchos casos más que cuidarlos los sometían o trataban de conseguirles matrimonios ventajosos para su propia conveniencia y no para los omegas, ellos no eran libres de poder decidir por sí mismos, por eso, cuando el omega era un infante, estaba sujeto al familiar más cercano que fuese un alfa. Ella Smith, la madre de John fue hija de un par de betas, por eso su tutor legal fue su tío, un alfa arrogante y violento.

Cuando Ella se casó con Patrick Watson, solo adquirió el apellido de su marido, pues él era un beta, así que su tutoría seguía a cargo de su tío y algunos meses después, su hija Harriet, al nacer siendo omega correría con la misma suerte de que ella. Un par de años después se embarazó de su segundo hijo y algunos meses después su amado marido fallecería en circunstancias sospechosas.

John creció con la fuerte convicción de proteger a su madre y a su hermana, nunca estuvo de acuerdo con la forma de pensar de su tío abuelo y eso lo llevo a tener fuertes confrontamientos con él desde muy temprana edad.

Cuando John alcanzo la madurez de alfa, automáticamente tomo la tutoría de su madre y de su hermana, les dio todas las libertades que quisieron y sin temor a equivocarse podría decir que fue la época más feliz de su vida, su casa estaba llena de vida y las risas de su madre y hermana iluminaban sus días.

Pero la guerra se desató y tanto él como su tío, así como todos los alfas de baja posición económica de la región fueron llamados a formar filas y el gobierno absorbió los cuidados de los omegas.

El campo de batalla resulto ser lo más cercano al infierno, John se esforzaba al máximo por que debía volver por las dos omegas que le esperaban y con ese pensamiento en mente, un caluroso día de febrero, cayó al suelo, víctima de un certero disparo en el hombro.

Cuando despertó, descubrió con horror que había estado en coma durante más de dos meses y que sus placas se habían perdido durante el traslado, oficialmente nadie sabía quién era él.

Cuando puso un pie en su antiguo hogar su corazón se desgarró, pues le informaron que su madre falleció de un infarto fulminante cuando le informaron que él había muerto y su hermana había sido forzada a casarse con un alfa que fácilmente le doblaba la edad, Harriet no pudo soportarlo y en la tercera semana de matrimonio se suicidó.

John se derrumbó, se sintió inútil por no haber podido proteger a sus dos omegas, por no poder mantener esa promesa de felicidad por siempre y por un instante, se sintió perdido.

Pasado el tiempo de duelo, John decidió evocarse al estudio que a su madre tanto le apasionaba: la entomología. Leyó los libros que tan ávidamente su madre devoraba y de entre todos los seres de ocho patas que estudió, ninguno le causo más interés que las siempre trabajadoras abejas.

John creía que la sociedad estaba mal por considerar a los alfas como seres superiores, pues a su forma de ver la vida los omega eran seres maravillosos, capaces de dar vida, con almas bondadosas, él pensaba que los omegas eran fuertes, pues podían dar a luz aún presas del más intenso de los dolores y nunca dejaban de estar al pendiente de sus hijos, John creía que aquellos que daban vida eran la cúspide de la pirámide social y merecían ser respetados y amados.

Con todas esas ideas arremolinándose en su cabeza, el descubrir la forma de organización de las abejas, automáticamente se sintió atraído hacia ellas, hacia su trabajo en equipo, pero sobre todo se sintió atraído hacia la forma de organización en la colmena, siendo la abeja reina la que estaba, de cierto modo, al mando, "Como debe de ser", pensó.

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John había comenzado una pequeña colmena en su antiguo hogar, sin embargo previendo que ésta podría crecer, decidió mudarse al campo.

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Así fue como llego a la famosa casa en la colina, sin saber que su vida estaba a punto de cambiar, una vez más…
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