Skandar nos miraba extrañado, tenía sentido. No nos entendía. Enseguida se nos acabó el descanso y tuvimos que volver a clase. En nuestro caso debíamos ir al gimnasio, tocaba educación física. Una de las asignaturas que mejor se me daban. Recogimos todo lo que había en la mesa y nos dividimos en llegar a los vestuarios. Era lógico que no podíamos cambiarnos en el mismo lugar que los chicos. La gente fue llegando a medida que los minutos iban pasando, pero no se hicieron demorar demasiado. Una vez estuvimos todos juntos el profesor nos hizo correr durante diez minutos para ir calentando y después de estirar un poco los músculos empezamos con el deporte de ese trimestre. El fútbol. Para ello debíamos salir al patio del colegio. Nos repartimos en dos equipos, Laura iba conmigo. El partido empezó bastante bien, mi equipo iba ganando uno a cero. Llevaba controlada la pelota delante de mí, me iba acercando a la portería contraria. Estaba a punto de chutar y una pierna desde la derecha se me llevó la pelota hacia atrás. Me paré en seco y me giré. Skandar se había apoderado de ella y corría hacia el otro lado del campo. No iba a permitir que marcara así que eché a correr detrás de él con el fin de recuperarla. No había llegado aún a portería y marcó. Íbamos empatados. El balón se volvió a poner en juego con la pelota en posesión de mi equipo. Pablo, uno de mis compañeros me la pasó. Miré a mis lados, vi a Skandar corriendo hacia mí. No, ahora no iba a dejarle quitármela de nuevo. Corrí aún más rápido pero intentando no tropezarme. El chico inglés volvió a hacer el movimiento de antes pero fui más rápida que él y chuté haciendo que la pelota entrara en la portería. Skandar no pudo frenar el impulso que había hecho al intentar robarme el balón y cayó al suelo provocando que yo lo hiciera también quedando debajo de él. Me presionaba contra el suelo quedando muy cerca de él. Hasta entonces le miraba a los ojos pero dejé de hacerlo al sentirme un poco intimidada. Se dio cuenta de mi reacción y se levantó enseguida. Me alargó el brazo para ayudarme a que me levantara. Junté mi mano con la suya y sentí un escalofrío al hacerlo. Algo muy extraño. Una vez estuve en pie se disculpó con un: I'm Sorry. Me fijé en él, había algo que me atraía pero no de la misma forma que con Marcos. Era… diferente. Iba a girarme para seguir jugando pero miré la cielo. Estaba completamente cubierto por enormes nubes grises. No tardaría en llover. El profesor se dio cuenta también y nos mandó ir a las duchas. No hablé hasta que estuve cambiada. Laura entonces se estaba peinando ante el espejo. Las demás chicas ya habían salido. Se giró al terminar y me sonrió abiertamente. - ¿Has disfrutado el partido? - Bueno… Hemos ganado. - Me refiero a la caída. No te hagas la tonta. - A mi no me gusta el chico nuevo. - Pero te gusta Marcos. - No. - Sí, sí te gusta. - No. - Sí. - Me voy, adiós. Recogí rápido mis cosas y salí corriendo del vestuario con tal de escabullirme de esa incómoda conversación. Aunque bastante ridícula. Me negaba a que Marcos me gustaba, cosa que era verdad. Y Skandar me atraía. Pero no me gustaba hablar de eso. Al salir me choqué con alguien que pasaba por el pasillo. Menuda casualidad, era el inglés. Justo entonces salió Laura detrás de mí. Le vi la enorme sonrisa que llevaba en la cara. - I'm sorry again- se volvió a disculpar. - Don't worry- me giré para mirar a mi amiga- I must go. See you tomorrow. - Bye- con una sonrisa tan grande como la de Laura. Mi compañera se despidió de él con la mano y anduvimos hasta la salida, pero llovía. No podíamos salir en medio de la lluvia y menos sin llevar paraguas. Entonces me acordé de mi "cita" con Marcos. Seguramente si la lluvia no cesaba no podría acompañarle a comprar el equipo de esgrima. Esperé a que saliera de clase para comentárselo. Laura se tuvo que ir antes, así que me quedé sola esperándole sentada en uno de los bancos de recepción.
La
gente iba saliendo y me fijé bien si veía a Marcos, pero el chico
no aparecía por ningun lado. Al final, pasados quince minutos, dejó
de salir más gente. El edificio estaba vacío a excepción de los
otros como yo que se habían olvidado el paraguas. No supe donde
estaba, me extrañó no verle y menos que no me esperara si se
suponía que habíamos quedado para ir juntos. Me levanté
volviéndome a colocar la mochila en la espalda y salí a la calle.
Había dejado de llover así que podía volver perfectamente a casa
sin tener que mojarme.
Eran
las siete de la tarde cuando mi madre me pidió que fuera a por un
recado al supermercado del barrio. Esa vez me acordé de coger el
paraguas antes de salir. Las calles estaban todas encharcadas y tuve
que ir con cuidado de no meter el pie en ninguno de los grandes
charcos de la acera. Por suerte no tuve que andar mucho, quedaba a
diez minutos de mi casa. Era una tienda pequeña pero lo importante
es que tenía de todo y los precios eran bajos. Como supuse la tienda
estaba bastante llena, era de esperar que por la tarde hubiera gente
comprando. Fui directa al pasillo de productos de limpieza. Ya había
estado varias veces antes allí así que no se me hizo muy complicado
encontrar lo que buscaba. El pasillo era algo estrecho y había que
ir con cuidado de no tirar nada de los estantes repletos de
productos. Iba mirando todas las marcas que había de detergente,
algo que no debía haber hecho. Me topé con alguien que iba haciendo
lo mismo que yo. Alcé la vista, era una mujer mayor por lo que me
disculpé enseguida y me aparté para que pasara. El detergente que
yo buscaba se encontraba al final del pasillo en el último estante,
el de más arriba. Demasiado alto para mi estatura. Me puse de
puntillas para intentar cogerlo pero lo único que conseguiría así
sería tirarlo todo al suelo. Entonces noté a alguien a mi lado, era
normal notar eso. Estaba en un supermercado. Pero igualmente me giré
y me alegró verle allí. Era el chico nuevo, Skandar. Sin que yo le
dijera nada me cogió el envase del detergente y me lo dio.
- Here
you are.
- Thank
you. –fué
lo mucho que supe decirle.
Me
acordé entonces de lo que le había dicho esa mañana en clase.
Quizá le iría bien que le diera clases de español, total, a mi no
me importaba ayudarle.
- Do
you remember this morning I've said to you...
–me cortó.
- Oh,
yes. To teach me spanish –asentí con la cabeza- I think is a good
idea.
- Are
you going to do something tomorrow afternoon?
- No,
I'm not. We
can do it tomorrow after school.
Después
de la escuela no había nadie en mi casa, así que estaba bien que
viniera entonces. Después de hablar con él me fui a pagar a la
caja. Durante el camino de vuelta pensé en como le enseñaría a
hablar español, es complicado aprender otro idioma y más enseñarlo.
Mis padres estuvieron de acuerdo a que Skandar fuera a casa el día
siguiente.
En
toda la tarde no recibí ningún mensaje ni ninguna llamada de Marcos
explicándome que es lo que había pasado. Tuve la oportunidad de
preguntárselo la mañana del siguiente día. En la hora del almuerzo
vino a la mesa que compartía con Laura y Skandar.
Se
disculpó diciéndome que había estado en la biblioteca toda la
tarde haciendo un trabajo para la escuela y que no pudo avisarme
porque no tenía mi número de teléfono. Quedamos de ir otro día,
el sábado.
La
mañana transcurrió bastante deprisa, Skandar ya se había adaptado
al colegio y empezaba a entender alguna que otra cosa. Al terminar
las clases me despedí de Laura y mi alumno de español y yo
anduvimos hasta mi casa. Durante el camino no hablamos de nada,
tampoco es que nos conociéramos mucho. La casa, como yo esperaba
estaba vacía. Mis padres estaban trabajando y mi hermana tenía
clases de danza después de la escuela. Abrí la puerta con la llave
y pasé primero. Después de colgar los abrigos en el perchero de la
entrada llevé a Skandar hasta el salón. Se sentó en el sofá
mientras yo iba a la cocina para algo de beber, sería una tarde muy
larga. Cuando volví a la sala donde estaba el chico dejé los dos
vasos en la mesita de enfrente y me senté a su lado. No sabía como
empezar, pero me acordé de mi primera clase de inglés. Me enseñaron
los números, el abecedario, los animales y varias frases.
Empecé
con enseñarle palabras básicas: buenos días, como estás… Yo le
decía la frase y luego él la repetía, pero cada vez que lo hacía
nos poníamos a reír. No sé exactamente cuanto tiempo pasamos
sentados en el sofá riéndonos, pero aún estábamos así cuando el
resto de mi familia llegó a casa. Entraron en el salón y saludaron
al chico. Skandar se levantó y les devolvió el saludo educadamente.
Siguiendo la costumbre de mi madre le invitó a cenar y claro está
que no le dejó decir que no. Decidió hacer algún plato típico de
España, lo que le llevó un rato. Mientras esperábamos la cena
preparé la mesa. Pasado un rato mi madre apareció en el comedor con
un plato de tortilla de patatas. La verdad es que olía muy bien.
Enseguida nos sentamos en la mesa quedando mi padre en la punta, mi
madre y mi hermana a un lado y Skandar junto a mí en el otro.
- And
why did you come to Spain?-le
preguntó mi padre.
- Because
of work. –se
fijó en nuestras caras sorprendidas – I'm
an actor.
- Really?
Have you appeared in any film?-
le prgunté.
- Yes,
I have. In
the Chronicles of Narnia.-
llevándose un bocado de tortilla a la boca.
-
Carmen, este chico te conviene. Parece muy educado y además es
famoso –me dijo mi madre.
-
¿Qué? Mamá por favor.
-
No seas así, es guapo.
Ya
empezaba con sus intimidantes conversaciones y lo peor es que no
sabía como salir de ellas. Mi padre siguió hablando con Skandar
mientras mi hermana se reía de lo que me decía mi madre. Me negué
a todo lo que me decía mi madre, no iba a salir con el chico inglés.
Al llegar las diez de la noche, acompañé a Skandar hasta la puerta
de mi casa.
La
despedida fue algo fría. Un simple adiós y se fue.
Durante
las tres semanas siguientes seguimos quedando en mi casa para
enseñarle español. Se puede decir que aprendió rápido teniendo en
cuenta que no es nada fácil aprender un idioma en solos veinte días.
A parte de esto, cada vez fuimos intimidando más y conseguí
mantener una conversación con él durante más de dos minutos. Con
Marcos no volví a hablar desde la tarde que fuimos a comprar el
equipamiento de esgrima. Según Laura había conocido a una chica en
la academia de inglés y se llevaban bastante más que bien. A medida
que me iba distanciando de él más me acercaba a Skandar y eso hizo
que me olvidara de Marcos y de todo aquello que alguna vez había
sentido por él.
Las
clases de español ya no eran tan eficaces como antes, entonces fue
cuando Skandar decidió apuntarse a una academia de idiomas donde le
enseñaran mejor. Las clases del instituto iban avanzando y se iba
acercando la excursión del trimestre. Los profesores nos explicaron
que iríamos a visitar un sirio divertido y educativo a la vez. Un
museo. Era de esperar, los únicos sitios a donde nos llevaban eran
esos. Por suerte no duraría mucho la visita, después podíamos
volver a casa.
Eran
las siete de la mañana. Hacía bastante frío teniendo en cuenta que
estábamos a finales de noviembre. Tomé un desayuno bien cargado de
hidratos de carbono y vitaminas, y salí a la calle después de
ponerme el abrigo y colocarme la bufanda alrededor del cuello.
Llevaba algo de dinero en el bolsillo derecho del pantalón para
comprarme algo de comer y el teléfono móvil en el otro por si
ocurría alguna urgencia o me perdía (algo muy probable). En los
últimos meses me había enterado de que Skandar vivía a solo tres
calles de la mía y cada mañana me esperaba para ir juntos al
instituto. Aquella mañana también lo hizo. Me lo encontré de pie
frente a su casa con las mejillas y la nariz rojas por el frío. Me
saludó con una dulce sonrisa y seguimos andando hasta el colegio
donde nos esperaba el autobús que nos llevaría al divertido e
interesante museo de historia. Laura se sentó conmigo y Skandar
junto a otro chico de la clase en el asiento de enfrente de nosotras.
El trayecto fue corto, tan solo tardamos media hora en llegar. Una
vez allí el guía nos llevó por todo el edificio y nos explicó
detalladamente cada sala y todas las reproducciones históricas que
se hallaban. La mitad de la clase no prestaba atención a sus
explicaciones, la otra mitad era Skandar. Parecía disfrutar con todo
aquello que había y estaba atento a todo lo que el guía comentaba.
Por fortuna, la visita terminó rápido y pronto estuvimos de nuevo
en la calle. El autobús nos recogería después de comer así que
teníamos dos horas para ir a comprar algo. Me junté con Laura y
Skandar para ir a comer a algún sitio de comida rápido. O sea,
McDonalds. Había uno cerca del museo lo que nos llevó solo cinco
minutos llegar hasta allí. No fuimos los únicos que pensamos en ese
lugar, los demás también se dirigieron hasta allí.
