||…o…||*||…o…|| ¡A nuestro modo! ||…o…||*||…o…||


Disclaimer; Naruto y sus personajes no me pertencen, al contrario, la trama si es de mi invención.


Unión Inuzuka.


Ese definitivamente había sido un muy buen día, bastante bueno, no muy caluroso, con brisa fresca, sus alumnos no le habían hecho renegar y en su casa su hermana lo esperaba con alguna comida deliciosa. Oh si, un muy buen día. En especial porque era viernes y el fin de semana al fin empezaba. ¿Lo mejor de todo? ¡Allí estaba Tsume, lista para que la fastidiara un rato!

-Ni se te ocurra decirme "Hey, cachorra" porque te pateare el trasero- Le advirtió antes de que siquiera la saludara.

Tsume, a sus dieciséis años era hermosa, había que admitirlo, pero no muy femenina.

-¡Pero si eres tan solo una cría!- La provoco, intentando enfadarla.

Tsume ni siquiera se volteo, seguía en la esquina esperando que los tres carros de verdura terminaran de pasar para poder cruzar la calle.

-Cállate, que yo sepa no te he silbado- Ladro ella, aun sin mirarlo.

-A alguien le mordieron la pata esta mañana- Se mofo.

Lo admitía, tenia un fetiche con aquella muchacha ¡Adoraba hacerla rabiar, era su pasatiempo favorito desde que tenia uso de razón! ¡Que recuerdos, cuando el tenia trece y ella cinco y la hacia llorar! Aunque claro, ahora era toda una chunin y no iba a ponerse a llorar, por lo que ahora le gritaba.

-No fastidies ¿No tienes que ir oliéndole el trasero a alguna de tus perras enceladas?

-EN eso estoy- Contesto y logro que Tsume me girara para frunciere el cejo.

¿Por qué Tsume insistía en cortarse el cabello cuando le llegaba a la cintura? ¡Si era lo único femenino que tenia! Es decir, ella tenía un carácter bastante malo, sus ojos eran intimidantes y por dios, toda ella decía "aléjate". Lo único que rescataba de aquella muchachita era que, a pesar de su corta edad, tenia todo bien puesto. Muy bien puesto;

Pequeña, menudita, como le gustaban las mujeres, con más delantera que la mayoría, cintura estrecha que se perdía entre la tela, un trasero perfecto y levantado, piernas torneadas y aunque pocos lo notaran, muy fuertes.

Podía patearle el trasero a cualquiera, menos a el.

-Deja de babearte o te daré un golpe ¡Deja de mirarme como un pervertido!- Gruño, ¿Por qué mierda tenia estancarse el trafico justo en esa esquina?

-Creciste- Dijo- Unos centímetros, pero para ser tu, vas progresando… cachorrita.

-¡Ya estuvo!- Grito y salto encima de el, tirandolo al suelo- ¡Deja de llamarme cachorra que no soy ninguna cría y puedo partirte la cara y si me sigues jodiendo lo haré!

-Atrévete- Le gruño y ella sonrío.

A eso le llamaba Shippou un golpe bien calzado ¡Vaya que sabia golpear aquella mocosa! Tsume me paro, recogió sus cosas ante la mirada atónita de la gente y se cruzo de esquina. Idiota, bufo. Shippou se levanto, riendo de diversión ante la mueca tan graciosa de enfado que el aun aniñado rostro de Tsume mostraba. Su risa solo logro irritarla más.

-Le daré el maldito reporte más tarde- Gruño y emprendió el camino a casa.

No le gustaba Shippou, se dijo, no podía gustarle ese pedazo de idiota que le jodia la vida desde que tenia uso de razón. No el, no ese estupido, ni entonces ni nunca ¡Era casi diez años mayor que ella!

El joven la siguió, le encantaba esa chica, lo admitía. Siempre le habían gustado las mujeres difíciles, aunque ella ni siquiera era una mujer, era una niña. Una niña atrapada en un cuerpo de mujer. ¡Y que cuerpo, hombre! La siguió a prudente distancia hasta que estuvieron en el bosque de sus territorios, donde dejaban a los lobos correr libres.

-¿Tienes un problema conmigo, o que, idiota?- Pregunto, poniendo sus manos en sus caderas.

-No, ninguno- Respondió sonriente, cruzándose de brazos.

Ya lo había dicho en voz alta, era líder de su clan, podía hacer lo que le viniera en gana. Y si quería salir con una chica ocho años menor que el, lo haría, porque no era una chica, era Tsume. Esa chica que estaba a punto de darle otro puñetazo. Soltó una risita, la ponía incomoda y por eso se ponía en posición defensiva. Adoraba ponerla nerviosa.

-¿Cuándo aceptaras que te lleve a cenar?- Pregunto.

Tsume alzo una ceja, que le gustara no significaba que lo dijera en voz alta y que cayera redondita a sus pies ¡Ni en un maldito millón de años!

-Shippou, no voy a ir a cenar contigo- Le dijo- Deja de seguirme, no me jodas.

-No te jodo, te encanta que te siga… anda, admítelo- Bromeo.

Ella estaba de espaldas a el y se dio el gusto de sonreír, no era una histérica ni nada, el coqueteo no le gustaba, y ella era más directa. Pero si, amaba que el la siguiera, le encantaba que la fastidiara y sobre todo y por más raro que sonara, pelear con el era lo mejor del día.

-¿Si ceno contigo me dejaras de joder por lo menos una semana?

-Puede que si- Ella gruño- Bien, tres días, solo eso te prometo.

-Por tres días solo tomare el te contigo, y en tu casa, no quiero que me vean con un idiota- Ladro y siguió su camino.

Milagrosamente Shippou no la siguió.


¡Joder que solo había ido a tomar el te! Intento contenerse a si misma, pero era el maldito impulso, las incontenibles ganas. Estaba en celo y el era un macho, demonios, quería hacerlo. Quizá por eso, por estar deseosa de algo que no planeaba hacer hasta en un buen tiempo, dejo que la besara.

Y contesto, eso fue lo más humillante, no pudo contenerse y fingir enfado. Lo beso incluso contra la lógica, dejando que, como siempre, los instintos la guiaran y si bien en las batallas le salvaba el pellejo, ahora la condenaban a aceptar que si le gustaba ese idiota. Porque Shippou estaba buenísimo, para darle un buen mordisco, y eso hacia.

¡Maldito el asqueroso momento en que acepto tomar el te con el! Pasó su boca por su cuello y lo mordió, lastimándolo un poco, pero le gustaba. A Shippou siempre le había gustado que ella lo lastimase, y eso era en parte masoquismo, pero por otro lado era su modo de comunicarse.

EL jalo de su labio hasta hacerle daño y ella lo araño hasta que enterró sus uñas en su espalda. Eso llamaba el hacerlo con ganas. Nunca pensó que la pequeña e inexperta Tsume me revolcara de una forma tan salvaje. Y aunque sabía que estaba en celo, la pasión pudo más que la lógica. Porque ellos eran pura pasión, entera necesidad, el mejor de los instintos.


Tres semanas después, el pueblo entero sabia que salían, la mayoría los miro con malos ojos ¡Un adulto, un hombre de veinticuatro años saliendo con una niña, de apenas dieciséis! Sí supiesen lo que esa niña de dieciséis años era capaz de hacer en un cuarto a puertas cerradas, se burlo.

Pero lo que aquella chica salvaje le confeso, o informo, esa noche no podía estarles ocurriendo. Estaba preñada, entera y jodidamente preñada. Se echo para atrás, dejando su cabeza golpearse contra la pared, hundiéndose contra ella. Bueno, eso adelantaba las cosas y… demonios, era menor de edad y no estaba seguro si sus padres aceptarían casarla sin enterarse de la verdad.

-Mi padre dijo que si no nos casamos en dos semanas, te castrara, una lastima ¿No?- Dijo, restándole importancia.

A Tsume nunca le importo lo que los demás dijeran de ella, porque ella era demasiado individual, demasiado independiente como para necesitar de la opinión del resto de la gente. Ese día Tsume me corto el cabello a los hombros y nunca más se lo dejo crecer. Se casaron de apuro y para la desgracia de Shippou y la indiferencia de Tsume, todo el mundo lo sabía.

Lo peor, pensó el hombre, era que cuando a Tsume le preguntaban si era verdad que se caso tan rápido porque estaba embarazada ella asentía y ni se inmutaba. ¡Debería por lo menos preocuparse un poco por su honor! Pero no, ella nunca había sido así.


Lo de ellos era pasión desenfrenada, la locura de los impulsos y la necesidad carnal de revolcarse hasta que no pudieran más. Por eso mismo, su relación no duro mucho más de siete años. Shippou se fue cuando no aguanto más, Tsume era demasiado exigente, pedía a todos lo mismo que ella daba… y no podía complacerla del todo. Nunca pudo, y se harto.

Beso a su hija en la coronilla y acuno a su bebe por ultima vez, tomo su maleta y se fue. Se encontró con Tsume en la puerta y para su sorpresa ella le sonrío.

-Así que siempre tuve razón. Si no puedes aguantar a una mujer como yo no mereces ser líder, anda, vete con el rabo entre las piernas. Me encantaría decir que no tienes pelotas pero ambos sabemos que no es así- Se burlo- Anda, huye, cobarde ¿Quién es el cachorro, uh?

-Hey, cachorrita- Se mofo por última vez- A ver si algún día dejas de aullar.

La mujer sonrío, burlona.

-A ver si algún día, tienes las bolas que se necesitan, Shippou, para ser un Inuzuka.

Ninguno de los dos volvió a descubrir esa pasión inmensa y descontrolada que sintieron con el otro. Pero ambos eran demasiado fuertes, demasiado aguerridos, demasiado pasionales para estar demasiado con el otro. Por que ambos habían sido perfectos amantes, pero no funcionaban para ninguna otra cosa que no fuera aquello.

-¿Pasa algo, mami?- Pregunto la pequeña Hana esa noche.

-Nada ¿Recuerdas que te dije que hay hombres que no tienen el coraje suficiente para ser Inuzuka?

La pequeña asintió.

-Bien, tu padre era uno de esos.

Hana no volvió a preguntar por su padre, pues sabía que era un tema demaciado delicado. No, ni eso, su madre lo borro de sus recuerdos, lo anulo en su vida e hizo de cuenta que él jamáz existió. Pero si que lo había hecho, y le había marcado a fuego en el alma su presencia. Tsume de vez en cuando se encontraba mirando a Kiba entrenar, era demaciado parecido a su padre. Cada parte de su hijo varón era una copia exacta a la de su progenitor. Suspiro y aparto la mirada, la única diferencia entre Shippou y KIba, era que este último había heredado lo que más valor tenía para su madre. EL coraje.

-¡Kiba, que te he dicho que tienes que darle más impulso!-Riño, y en su mente le agradeció al bastardo que la sedujo con su experiencia.

Le había dado lo mejor de su vida, sus dos hijos. Ella crió a dos shinobis fuertes que, quizá si padre hubiera crecido con ellos, no serían así.

-¡He dicho que mas impulso, Kiba!

-¡Ya te escuche mamá!- Gruño y para sorpresa del muchacho, su madre sonrió de lado.

Había que tener coraje para pararse frente a Tsume y no huir.


Segundo Cap!

Espero que les haya gustado, besos!