Letanía de rigor: Los personajes aquí incluidos de Lost Canvas y Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Shiori Teshiriogi y Masami Kurumada. No hago esto con fines de lucro solo es un momento de ocio juvenil. Reinos y personajes fantasiosos, esos si son míos.

Agradecimientos: ¡Muchas gracias a Nina789 y HolyOak por sus comentarios! Y a todas las bellas personas que se toman el tiempo de leer y marcarlo como favorito.

Otra letanía: Se acepta cualquier tipo de corrección o critica sea buena o ácida.

Las crónicas obscuras de un Dios

Capítulo 2: La alianza de la luz, la guerra y la oscuridad

La cordura era algo que estaba perdiendo. Las situaciones asfixiantes dentro de la vida humano-cotidiana colmaban su paciencia, sin embargo, esas mismas situaciones sacaban adelante las finanzas del santuario y las de su empresa mortal.

Esta vez, dejo que el peso de su espalda recayera por completo en el respaldo de la silla. Intentaba no ser grosera pero muy pronto estallaría en cólera. La insolencia que podía mostrar un ser humano era tal, que hasta los Dioses más pacientes descubrirían sus límites.

Las manos antes quietas ahora buscaban con desesperación algo con que entretenerse. El dichoso vicepresidente intentaba por todos sus medios desacreditar las acciones tomadas por parte de la Diosa encubierta bajo el cuerpo inocente de una chiquilla de quince años.

Tatsumi volvió a comparar las últimas graficas del mes con las anteriores. Si bien las cosas no marchaban como querían, la pequeña Saori había logrado mantener a flote las finanzas y al mismo tiempo evitar que se despidiera gente.

La Diosa miro una vez más con fastidio al vicepresidente. Si aquel personaje de lentes y ojos rasgados pudiera quitar de sus manos todo lo que su presunto abuelo le heredara, sería feliz. Desgraciadamente el Señor Kido dejo muy en claro que todo lo que el poseía pertenecía a su única nieta.

-¡Pero no podemos dejar que una pequeña de quince años maneje una empresa como una fábrica de chocolates!-Contesto al borde de la histeria Souji Akenaro, el dichoso vicepresidente.

Atenea casi estallo en risa, si aquel tipo supiera su verdadera identidad acabaría muerto. El pobre Mayordomo volvió a explicar cada una de las acciones que la pequeña niña había llevado a cabo. La Diosa de la sabiduría solo se limitó a contener su repentino ataque de risa y centrarse en sus ahora recién descubiertos "sentimientos inmortales"

Era un completo extraño en medio de un mundo diferente. Si bien Japón fue su hogar por trece años, ahora todo había cambiado. Era una Diosa reencarnada que despertó por completo ante una realidad abrumadora.

Cuando su mente y alma se sincronizaron al cuerpo mortal, la prisión en la que Ares había logrado sellar parte de sus recuerdos se rompió; dando paso al completo dominio de su cosmos divino. Su despertar sucedió justo cuando Apolo lanzo su ataque. Todo lo demás fue un caos en cuanto las cosas tomaron su cauce normal.

Rápidamente volvió a la realidad. Su tiempo era muy valioso como para desperdiciarlo en una junta absurda. Sus deberes no solo se limitaban a proteger la tierra. El entrenamiento del futuro caballero de Aries y la posible liberación de las almas y vidas de sus trece guardianes y su Patriarca estaban en juego. Y además, tenía una cita muy importante en el castillo Heinstein.

-Señor Akenaro agradezco su preocupación, pero mis acciones contradicen sus argumentos-Atenea se levantó de su silla- Si no tenemos nada más que tratar temo que me veré obligada a dejarlo en manos de mi tutor. Mi educación es muy importante y no creo que el rector de la universidad de Grecia tome en cuenta que sea rica.

Sin mirar a ninguno de los presentes la Diosa paso de largo. Tatsumi miro con sorpresa a la chica. Su edad mental no correspondía a la edad que aparentaba, aun así, seguía siendo la pequeña que Mitsumasa Kido dejara a su cuidado.


Shiryu sonrió al ver la escena ante ellos. La explanada del templo central se había convertido en un salón de clases improvisado. Tanto Marín como Seiya se sumergieron en una especie de mundo alterno donde nadie más estaba. El problema es que la Koree estaba a punto de perder los estribos con el caballero de Pegaso.

El dragón miro de reojo a Ikki. El fénix andaba despistado y hoy no era la excepción, no podía decir que eran muy amigos; pero últimamente, se estaban volviendo más cercanos. Las pláticas con monosílabos comenzaron a aumentar, y sin que los dos se percataran, la vida de sus medios-hermanos salió a relucir.

No era un secreto para ellos, pero tocar el tema era muy incómodo. Si bien el único que se atrevía a decir lo que sentía era Ikki, Hyoga se estaba uniendo al club. El mismo caballero de cisne pregonaba a los cuatro vientos que solo reconocía al difunto Caballero de Acuario como su verdadero padre.

Por más que Shiryu se esforzara en comprender la situación, no entendía como rayos una sola persona podía fastidiar la vida de cien más, o unos cuantos (la mayoría de sus hermanos ya eran alimento de la tierra) y más si ese "Hombre" era su propio progenitor. Es decir ¿Cómo demonios dejas que tus hijos se vayan a matar por una armadura?

Shiryu se consideraba a sí mismo como una persona que no guardaba rencor. De una u otra forma le profesaba cierto respeto a Mitsumasa, al fin y al cabo fue el instrumento para llegar a este mundo y cumplir con su destino. Pero, es lo único que tendría, respeto y nada más.

-¿Y bien?-Shiryu comenzó la caminata de regreso hacia el salón Patriarcal mientras, el Fénix lo seguía.

-No tengo idea. . .-Susurró Ikki.

-¿De los reportes o de tu cerebro?-Shiryu frunció el ceño-¿Estas bien?

-¿Cuándo te convertiste en el hermano mayor?-Ikki lo miro estupefacto.

-Desde que soy el más racional de los diez-El dragón sonrió triunfal.

-Como digas papa Jepeto-Ikki Puso los ojos en blanco- En fin ¿Si te digo dejaras de fastidiarme?

-¿Desde cuándo somos amigos?-Contra pregunto Shiryu encantado por sacar de quicio a su hermano.

-¡Desde que metes la nariz en lo que no te importa!-Escupió el fénix fastidiado.

-Como sea ¿Me dirás?

-Atenea trama algo y temo que no será de nuestro agrado-Ikki se cruzó de brazos como si acabara de descubrir un gran misterio.

-Nada de lo que haga será de nuestro agrado-Shiryu miraba a su hermano estupefacto-Es Atenea, la Diosa de la guerra limpia y la estrategia ¿Qué más podíamos esperar?

-¿No se te hace raro que nuestra grandiosa señora este más ausente que de costumbre?-El Fénix entrecerró los ojos.

-¿Ausente?-El dragón pestañeo un par de veces tratando de encontrar sentido a las palabras de Ikki-¡Pero si acaba de partir apenas ayer! Desde hace como siete meses que no sale a menos que sea por la empresa o la fundación.

-¡Ha!. . . ¡Vamos lagartija con alas! ¡Atenea actúa más raro desde hace cuatro días!-Ikki se interpuso en el camino de su hermano-¿No viste como se fue de repente en la demostración? Y por si fuera poco ¿Desde cuándo sus visitas a su empresa contemplan las paradas en Alemania?

-Se a lo que te refieres -Shiryu contemplo las losas bajo sus pies-Y sé que trama algo, pero, no podemos hacer más que esperar a que el momento llegue y nos lo diga.

Ambos volvieron la cabeza a la explanada del santuario. Marín acababa de asestarle un golpazo en la cabeza a Seiya y el comenzó a revolcarse en el suelo. Shun miraba de Marín a Seiya no sabiendo a quien calmar primero.

-Llegara el momento en que la misma Diosa nos lo diga-Shiryu reanudo su camino.

-Y espero poder estar preparado-Ikki siguió a su hermano.

-Preparados-El dragón negó las palabras de Ikki-Recuerda que somos más.


Kiki intentaba no mover los pies de un lado a otro. La mirada penetrante del juez de Wyvern lo tenía con los nervios crispados pero, él era un futuro caballero Dorado al servicio de la Diosa Atenea y no permitiría que Radamanthys viera lo nervioso (¡Aterrado!) que se sentía.

A estas alturas, el pequeño se arrepentía con todo el corazón por haber escuchado una conversación en la que no tenía que estar presente. Su "astucia" lo había llevado a convertirse en el caballero afortunado en ser el guardián personal de la Diosa. Sería su guardaespaldas durante todo el trayecto de Japón hacia Alemania y de ahí, directo al Santuario.

El pequeño Lemuriano se cuadro lo más que pudo en el enorme sillón. Las puntas de sus pies apenas si alcanzaban a rozar la alfombra felpuda. La sala en la que se encontraban contrastaba chocantemente con todo el castillo.

Las paredes estaban pintadas con un inmaculado blanco. Los sillones forrados en terciopelo azul claro y con cojines de color violeta, eran bastante cómodos. Una curiosa mesa de cristal ovoide y base de acero, sostenía en su centro un enorme jarrón con hortensias y jazmines. Livianas y frescas cortinas de colores claros ondeaban con las frías corrientes que entraban por los enormes ventanales.

El castillo Heinstein parecía un lugar lúgubre y triste, pero, extrañamente, la sala de estar tenía un ligero toque de paz y alegría. Como un rayo de luz en medio de la oscuridad. O al menos, esa era la impresión que tenía Kiki.

Una sonrisa mal disimulada del siempre estoico y serio rostro del Juez de Wyvern y una amplia carcajada de Liam, guerrero solar de Apolo, hicieron que el niño los mirara con cierto recelo.

-Es una sala muy pintoresca comparada con todo el castillo, ¿No crees caballero Dorado?-Dijo Liam mientras se acomodaba mejor en el sillón que estaba frente al pequeño-Estamos en una especie de isla.

-Eh. . .Si, tiene razón señor, ¡Es muy alegre!-Kiki se animó a entablar aunque sea una muy corta conversación con el guerrero de Apolo, parecía una buena persona-Pero es una interesante combinación de colores.

-Yo diría que muy peculiar-El caballero de Apolo extendió sus mano para saludar al pequeño-Me llamo Liam.

-Yo soy Kiki-El pequeño devolvió el gesto.

-Curioso nombre-Liam miro disimuladamente al Juez que seguía como piedra, ignorándolos por completo-Lemuriano ¿Cierto?

-Sí, soy de Lemuria.

-Un lugar muy difícil e increíblemente bello, si sabes apreciar los detalles.

-¿Usted conoce Lemuria?-Pregunto Kiki con el característico brillo de curiosidad sana en un niño.

-Más o menos-Dijo Liam encogiéndose de hombros-Larga historia.

-Es un largo día.

Tanto Kiki como Liam miraron con asombro el serio rostro del Juez. Tal parecía que se estaba esforzando por ser "amable" con ellos. O también podría ser que su curiosidad era más grande que la arrogancia que destilaba.


En otra de las grandes estancias del castillo Heinstein, específicamente la biblioteca, Minos miraba atentamente cada uno de los movimientos de Perséfone. O su imaginación le estaba jugando sucio, o la Emperatriz estaba realmente asustada.

Cuando la desafortunada guerra acabo, Perséfone, utilizo parte de su cosmos en recuperar sus almas y revivirlos en verdaderos cuerpos mortales. Estaban viviendo, después de muchos siglos de no ver el sol, tratando de adaptarse al nuevo mundo. Volver a la vida implicaba la tediosa necesidad de comer, bañarse, ejercitarse, marcar limites en sus entrenamientos, y nuevamente, volver a estudiar.

Además, tenían la descomunal tarea de recomponer parte del orden en el Inframundo. Para gracia y deleite personal de él y sus tres hermanos (contando a René), la Reina de la oscuridad decidió dejar encerrados a los Dioses gemelos como castigo por apoyar a su marido en la dichosa guerra santa.

El Juez de Grifo miro disimuladamente a la Deidad de la Sabiduría. La pequeña que se había aparecido en la guerra santa no parecía ser la verdadera Diosa pues para el caso, ni el cosmos, ni el carácter, eran los mismos. La antigua Atenea y que solía llamarse Sasha, peleo hombro con hombro junto a los Dorados y su Cosmos- energía era sorprendentemente avasalladora.

El impacto de saberse derrotados, por pura chiripa (como diría el espectro de Pharaoh) los dejo más que humillados. Aunque sabía, que el verdadero motivo por el cual la pequeña Saori gano, se debía a que él abrió una pequeña fisura.

¿Qué serias capaz de hacer por la persona que amas?

Esta simple y sencilla pregunta vanamente mortal, tenía la respuesta más simple y vanamente sentimental. Haría todo, ni más ni menos. El era capaz de matar al mismo Zeus por ella.

No le importo, ni le importaba si el Inframundo era destruido por su supuesto desconocimiento sobre el muro de los lamentos. El efecto que este tiene sobre las personas que no están bendecidas con la sangre de un Dios es la destrucción total del cuerpo mortal y la pérdida del alma.

En esta ocasión "olvido" que tenían que ungirse la sangre de Hades para pasar por la híper-dimensión sin ser seriamente afectados. Eran semidioses, hijos de Zeus, pero con una parte mortal y corrían el riesgo de perderse. El señor del Inframundo había llegado a la sabía conclusión de no arriesgarlos aunque fueron los hijos mortales de su hermano menor.

El trato al cual logro llegar con la Diosa de la Sabiduría se remontaba a la anterior guerra santa. Un trato de por más escabroso y que los involucraba a los dos al estar, prácticamente, cometiendo un acto de doble traición en contra de sus propios bandos.

No necesitaba ser todo un Dios o Semi-Dios para reconocer que el caballero Dorado de Piscis era el alma de Itone, su único y verdadero amor. Desgraciadamente ambos no compartieron las mismas ideas y acabaron destrozándose tanto física como moralmente.

Albafika era ni más ni menos que Itone bajo el cobijo de un cuerpo y pensamiento enteramente masculino, pero que no lograba ocultar lo hermoso que eran sus sentimientos. Justamente por esta razón, en la época del mito, Minos había decidido alejarse de ella y no involucrarla en los abismos más oscuros al ser el Juez del Inframundo. Aceptaría todo menos, arrastrarla a la oscuridad y eso implicaba. . .Olvidarse para siempre de Itone.

Si Atenea era capaz de liberar y poner a salvo lo único que realmente amaba más que cualquier otra cosa en el universo, él estaba dispuesto a no mover ni un solo dedo en las guerras santas futuras, y lo cumplió. No regreso aun cuando pudo volver a la vida después de que Albafika lo asesinara, ni cuando los mocosos lograron entrar y pasear libremente por Giuddeca. Así mismo, no represento ningún obstáculo a la hora de dejar que el caballero de Cisne entrara por la híper-dimensión.

El cómo es que el alma de Itone acabo sirviendo a la Diosa de la sabiduría era una pregunta que necesitaba responder. Aunque le llevara otros tres siglos, estaba completamente seguro que descubriría la respuesta para bien o para mal.

Los orbes grises brillaron con diversión al hacer contacto con la mirada amatista. Minos medio sonrió, afortunadamente tenía frente a si a la verdadera Diosa Atenea. No necesitaron más que medio segundo para comprender que ambas partes habían cumplido al píe del cañón los términos de su trato.

Al fin y al cabo, Albafika era más que un caballero o el alma reencarnada de Itone. Su felicidad y bienestar eran lo más importante.

Atenea volvió a enfocar sus ojos grises en los plateados. El flujo de información era de suma importancia, pero no tendría otra oportunidad de encontrase cara a cara con Minos. Un pequeño gesto de sorpresa se vislumbró en el rostro de la Emperatriz al percatarse que la Diosa de la Sabiduría desvió por un segundo la mirada y le sonrió al Juez de la Nobleza.

-Cada uno de los estratagemas de Zeus tienen un camino en común-La Emperatriz dejo de mirar a la Diosa para contemplar la copa de vino frente a ella-Aniquilarte.

-Tu, Poseidón y Hades supusieron un gran obstáculo en su plan maestro-Apolo le mostró a la Diosa de la Sabiduría otro de los pergaminos que tenía bajo su poder-Solo ustedes tres tienen un dominio total en cuanto a las tres dimensiones primordiales.

-¿Quieres decir que Zeus busca tener en sus manos los tres báculos?-Atenea contemplo extrañada la escritura que tenía el pergamino.

-No podía simplemente pedírselos y que ustedes de buena voluntad se los entregaran-Perséfone apareció un báculo hermosamente labrado en un metal negro y con una gema morada en forma de flama, al igual que Nike, una media luna enmarcaba dicha piedra-El báculo de las almas, el símbolo de poder en el Inframundo. Y el tridente de Poseidón, dominio absoluto sobre las criaturas del mar ¿No sería extraño?

-Si unimos el rayo de Zeus, el báculo de Hades y el tridente de Poseidón se crea el arma más poderosa capaz de derrotar a los Titanes-Razono el Dios solar mientras una sombra de alarma cubría su semblante-¿Sabes lo que puede pasar si en vez del rayo de Zeus sea Nike la que ocupe su lugar?

El silencio fue lo único que obtuvieron como respuesta por parte de la Diosa Atenea. La mirada gris contemplaba sin ninguna emoción la cara de pánico de ambos Dioses. Los minutos trascurrieron eternos solo Apolo y Perséfone parecían agitados, irónicamente, Atenea estaba tranquila. Inclinando ligeramente su cuerpo hacia el lado derecho de la silla, la voz templada y suave de la Diosa de la Sabiduría se escuchó como la caricia de un fresco viento del norte.

-Nike representa Victoria-Atenea desvió la mirada para posarla nuevamente en las amatistas del Juez de Grifo que permanecía a un lado de la Emperatriz-El báculo de las almas contiene la poderosa energía oscura de los Titanes caídos en la Titanomaquia, y, el Tridente de Poseidón, parte de su Cosmos-energía. Los mares ocupan la mayor parte de la tierra. Ustedes díganme ¿Qué creen que pasaría?

-Lo inimaginable-respondió Perséfone.

-¿Qué opciones tenemos?-El Dios sol contemplo con melancolía el atardecer que se filtraba por los ventanales de la enorme biblioteca.

-Someternos y entregarle los báculos a espera de clemencia-Atenea sonrió con sorna- O romper por una vez sus reglas y escupirlas en su cara.

-Te recuerdo hermana, que no es otro Dios sediento de poder-Apolo apretó los puños de sus manos hasta dejarlos blancos- Es Zeus, Rey absoluto del Olimpo, contra quien levantaremos nuestro puño.

-Y nosotros no somos unos simples Dioses a los cuales podrá aplastar-Atenea volteo hacia a Apolo, su mirada gris destilaba ira-¡Tu mejor que nadie sabe que es mejor morir luchando que pedir de rodillas!

-Siento decirte, Señora de la guerra limpia, que no puedo ofrecerte más que información y apoyo de las tropas del Inframundo-Perséfone intervino al ver una posible discusión entre Apolo y Atenea-Mi poder se limita a crear vida a partir de la nada, solo una reducida parte de Hades reside en mí, lo suficiente como para tomar el control del Inframundo-Un suspiro abandono el pecho de la Emperatriz-No soy un Dios capaz de levantar una lanza o pelear sin que salga seriamente lastimada. No soy un Dios guerrero, siento decepcionarlos.

Los rasgos tensos de la Deidad de la Sabiduría se suavizaron. Permaneció unos instantes más con la mirada puesta en Apolo. Con un ligero movimiento de negación, la sonrisa de Atenea calmo el profundo pesar de Perséfone.

-Es más que suficiente Emperatriz del Inframundo. Crear vida es más valioso que levantar una lanza. Lograr que los capullos florezcan en un cielo sin sol ni estrellas-Las manos de Atenea alcanzaron las de la Emperatriz, entrelazándolas con las suyas- Es la cúspide máxima que cualquier Dios añoraría. Tienes un sentido de comprensión que yo aún no poseo. Considérame más que una aliada.

-Te considero más que una aliada-Perséfone sonrió con extrema dulzura.

-Entonces. . .-Apolo se apresuró a servir más vino en las tres copas semivacías- Aliados.


Aiakos caminaba con prisa hacia la entrada principal del castillo. No hace mucho que Apolo y Atenea se habían retirado a sus respectivos santuarios, dejando en un completo estado de incertidumbre a todo el Inframundo.

La reunión convocada por la Emperatriz era de carácter urgente, y el juez estaba a más de dos kilómetros de distancia en el poblado aledaño de Siegen, reuniendo valiosa información. Las ropas que ahora cubrían su muy bien trabajado cuerpo, no hicieron otra cosa más que llamar la atención de sobremanera hacia su persona. En esos momentos necesitaban pasar lo más inadvertidamente posible. El pantalón de mezclilla negro junto con la camisa azul cobalto con pequeñas líneas grises verticales no hicieron más que despertar el lascivo en mujeres y hombres por igual. Acababa de sentir en todo su esplendor el acoso colectivo de las multitudes.

No era que esto le molestara al contrario, pero una cosa era molestar y fregar por fregar a las personas y otra muy distinta que las personas lo vieran como el posible bocado que saciaría su hambre. . .de lujuria.

La posible alianza con la Diosa de la Sabiduría parecía una broma de mal gusto, pero con todo lo que estaba por suceder, ahora el Juez lo veía como algo realmente necesario. Inconscientemente apretó más contra su pecho el tesoro recién adquirido de manera ilegal. Una parte de los pergaminos de Cronos había sido recuperada de manera sencilla pero, la faltante, requirió de las habilidades sociales de Edward, espectro de la armada de Radamanthys.

El joven espectro presento al Juez como un rico magnate de empresas petroleras y de origen Nepalés; con un claro gusto por la cultura Griega y la arquitectura Romana, dispuesto a pagar cualquier precio por los pergaminos. Ni que decir que los ojos del traficante de arte, brillaron con emoción al recibir el maletín lleno con fajos de euros y quince monedas de oro.

La ambición desmedida de algunos humanos realmente les facilito el trabajo. La Emperatriz del Inframundo les había prohibió tajantemente conseguirlos de la manera tradicional, es decir, nada de muertes ni cosmos desmedido. Soltó un suspiro de resignación, estaban actuando como caballeros de Atenea y no como la armada del inframundo.

El enorme portón de hierro forjado se alzaba frente a él de manera majestuosa, recordando los días de gloria que contemplo durante más de siete generaciones. Chesire de Cat estaba esperándolo en el umbral del portón, impaciente.

-¿Ya ha comenzado?-Pregunto el juez que no detuvo sus pasos y prácticamente, atropello al pobre espectro. Este salto con elegancia fuera del camino.

-Están esperándolo señor Aiakos-Chesire se balanceaba de un lado a otro como un gato mimoso mientras seguía al juez por el enorme pasillo que conducía al salón de fiestas del castillo-Ya todos están reunidos

Aiakos mascullo por lo bajo, tendría que presentarse con esa absurda ropa y estaba más que seguro que sería la burla de Minos y de Radamanthys por más de dos siglos. Por otra parte, la información que consiguiera de manera extraoficial revelo más que una simple y sencilla fijación de Minos hacia un humano. Acababa de encontrar la manera de chantajear a su querido hermano.

Justo cuando cruzo el umbral del magnífico salón, todas las miradas de los espectros se posaron sobre él. No necesito adivinar las palabras que secretamente intercambiaron Minos y Radamanthys, ya era el centro de atención de todo el Inframundo.


El Dios solar mantenía la expresión de seriedad en su rostro. Era la primera vez en miles de años que pisaba las extensiones del Olimpo. Su destierro fue tan repentino e injusto que no tuvo tiempo de despedirse de aquellos a los que consideraba familia. Algunos de ellos, como la Emperatriz del Inframundo e hija de la Diosa Deméter, Perséfone, mantuvieron el lazo de amistad a pesar de la orden de no volver a dirigirle la palabra.

Cuando la desafortunada guerra santa transcurrió, Perséfone se mantuvo al margen de todo el drama. Si bien era cierto que amaba a Hades, no estaba de acuerdo en todo lo que este hacía. Sobre todo, ahora que la Emperatriz creía haber descubierto el plan más siniestro dentro de las cartas jugadas por Zeus.

Las breves y esporádicas pláticas que lograron sostener a escondidas, revelaron la posibilidad de traición contra Hades, Atenea y Poseidón. Ahora que las piezas encajaban en su lugar, Apolo, pudo darse cuenta de la razón que tenía su más querida amiga. Si Zeus lograba deshacerse de los tres, ya nada podría frenarlo en su loco frenesí de poder y gloría.

Perséfone siempre paso inadvertida ante todo el panteón griego. Esta aparente indiferencia, solo era una fachada bien elaborada por parte de la Emperatriz. Por fortuna, estaba rindiendo frutos.

Si toda la maraña resultaba cierta, no solo Atenea corría riesgo de morir a manos de su propio padre; Perséfone corría el mismo riesgo por ser Emperatriz y actual regente del Inframundo. Ya ni que decir de él y su amada hermana gemela.

Las alianzas que un día pensó inimaginables hoy por fin eran una realidad. Atenea nunca fue de su total agrado. La prudencia e inteligencia que demostró solo había hecho que él se sintiera enojado y celoso contra ella.

Al suceder su destierro, irónicamente, la única de los muy pocos que le tendieron la mano fue la misma a la que odiaba. Este acto de amor fraternal fue lo que abstuvo al Dios solar de lanzar el golpe mortal hacia Atenea. Pero, a partir de ese instante corroboro las sospechas de Perséfone. Alguien quería eliminar a tres Dioses olímpicos de golpe.

La Diosa de la Sabiduría fue víctima de un sello muy poderoso. La huella de Ares estaba por todos lados, aunque, Apolo percibió que recibió la ayuda de alguien más. La empatía que sintió hacia la Diosa al descubrir que fue víctima, lo convencieron de devolver el favor. Rompió el sello, liberando en el acto el alma inmortal de su hermana. Pero eso, jamás se lo revelaría a la Diosa.

Las pruebas que lograra conseguir junto con la Emperatriz del Inframundo, desvelaron la primera fase del plan más ambicioso de toda la creación. Ahora dependía de ellos tres frenar la locura que se estaba gestando.

El nuevo orden exigía que la verdadera luz del universo tomara su lugar como tal y derrocara al actual regente. Era tiempo de hacer que la maldición de Cronos cobrara vida.

La voz dulce de una mujer lo saco de sus pensamientos. Los bellos y cautivadores ojos ámbar miraron por unos segundos los puños apretados de Apolo, para después hacer contacto a los ojos azules del Dios.

-¿Llevas mucho tiempo aquí señor de la luz?-La Titánide sonrió ante el sonrojo de Apolo-Disculpa si te hice esperar.

-No mi señora-Apolo hizo una reverencia-Al contrario es para mí un honor contar con unos minutos de su atención.

-En ese caso ¿Gustarías ir a los prados de Elysium?

-Mi señora no es mala contestación- El Dios carraspeo-Pero no soy muy bien visto en el Olimpo.

-Esos son mis dominios y nadie. . .-La Titánide cambio su sonrisa por una cara de completa seriedad-Nadie se atreve a cuestionar a mis invitados.


Marín dio un respingo, tanto Shiryu como Ikki parecían sumergidos en un estado de caos en el cual ella no estaba presente. La preocupación en los rostros de ambos jóvenes acrecentó la terrible ansiedad que la acosaba desde que Atenea partiera hace tres días de manera repentina.

-¿Sucede algo por lo que tenga que preocuparme?-La Koree se acercó hasta los jóvenes que permanecían como rocas.

-Sí y no-Respondió no muy convencido Ikki.

Los dos caballeros se miraron esperando que el otro siguiera la explicación, más ni una sola palabra abandono sus labios. Marín esperaba ansiosa la explicación de los jóvenes pero no parecían muy dispuestos a hablar.

-¿Y bien?

-Bueno. . .-Shiryu parpadeo entre sorprendido y nervioso- Veras. . .

-Atenea nos avisó vía cosmos que quiere que estemos los tres reunidos en Star Hill-Ikki resoplo molesto-¡A la hora en la que llegue!

-¿Los tres?- Pregunto extrañada la Koree.

-Tu, yo he Ikki-Respondió el dragón-Dice que es de suma importancia que esto se mantenga en secreto. Nadie más que nosotros tendrá acceso a la valiosa información que trae consigo.

Ikki sintió que su corazón se acongojaba, la ansiedad empezó a carcomer su alma, busco con la mirada los ojos de Shiryu, ambos se encontraron, el mismo miedo estaba presente en el alma de su hermano. Los tres tensaron sus músculos, Ikki sin duda lamento el conocer demasiado bien a su Diosa.

Estaban en serios problemas. . .


Astrea observo cada movimiento y gesto de Apolo. Sus ojos ámbar brillaron con miedo. Si las acusaciones de Perséfone resultaban ciertas, Zeus iría en contra de los tres primordiales del universo.

Desde la creación del caos y la vida de las estrellas paralelas, el creador dispuso un orden en cuanto a jerarquías. Lo que los mortales conocían como Dioses no eran más que elementales al servicio de Ontaro. El orden estaba resguardado por tres Deidades primordiales conocidos como Promisiuz, o, los hijos de los primeros nacidos. Uno de ellos era nada más y nada menos que Némesis, la juez del primer espacio.

La Titánide camino nerviosa de un lado a otro. Ella era uno de los Titanes más cercanos a Zeus y jamás se percató de los planes del Elemental. Aunque quisiera negar los hechos las pruebas eran más que sólidas.

Apolo esperaba con vehemente respeto a que la Titánide hablara. El largo e incómodo escrutinio de ella aunado al silencio sepulcral lo empezaron a poner nervioso. Lo único que aminoraba las ganas terribles de morderse las uñas era observar el recinto.

El edificio seguía el mismo patrón de todas las edificaciones del Olimpo. Lo único nuevo era ver tres enormes vitrales con colores tornasolados a manera de traga luz. Una estatua de un hombre con alas y desnudo sostenía en sus brazos un cántaro que vertía agua sobre una piedra obscura, a partir de ahí, el líquido corría hacia un pequeño estanque.

-Crees que Zeus tendió una trampa a Poseidón, Hades y Atenea-La Titánide paro su caminar nervioso-Hasta aquí te creo, si tus sospechas sobre los gemelos son o no verdad solo Némesis lo sabrá.

-Cabe la posibilidad de que Saga y Kanon, caballeros Dorados de Géminis, sean las reencarnaciones de Prometeo y su hermano Epimeteo-El Dios sol dejo de mirar el estanque para centrase en la Titánide-Su cosmos lo confirma.

-Los caballeros de Atenea siempre sobrepasan sus límites-Astrea encaro los fríos ojos del Dios-Puede o no ser cierto.

-Nada perdemos con intentarlo ¿Miraras a otro lado ante una injusticia?

-Mides tus palabras Apolo-Astrea se irguió poderosa ante él Dios, sus palabras fueron como hielo puro-Hasta ahora solo son suposiciones no hechos.

Astrea salvo la distancia entre los dos. Acerco sus cálidas manos al rostro de Apolo. Las puntas de sus dedos recorrieron las facciones bellamente varoniles, al llegar a sus labios se detuvo. Con suavidad atrajo el rostro del Dios hacia ella, fingiendo que depositaria un beso en sus labios.

-No es por mí, ni por ti o siquiera por Atenea. Si son ellos ¿Entiendes el riesgo que se avecina?. . .La injusticia será rebatida con la justicia y no será por nuestra mano –Astrea Medito unos segundos- Tienen mi apoyo, solo tengan en cuenta que una vez iniciado, nada podrá ser cambiado.

Apolo permaneció estático, los labios de la Titánide estaban a unos milímetros de los suyos. Claramente escuchaba las palpitaciones de su corazón a punto de salirse de control. La sonrisa de Astrea coloreo de rojo sus mejillas. Torpemente se retiró unos pasos hacia atrás mientras reverenciaba a la joven frente a él.

-Una cosa más, Némesis es hija de un primer nacido y por lo tanto no sigue las reglas establecidas por Zeus- la Titánide seguía sonriendo ante el bochorno del Dios.

-¿Eso quiere decir. . .?-Apolo respiro pausadamente tratando de equilibrar los latidos de su corazón y el rubor en sus mejillas.

-Tienen que ganarse su favor. No me busques, yo iré a ustedes cuando sea seguro.

La Titánide comenzó a retirase del lugar. Su cabello negro azulado se ondeaba ligeramente como las olas del mar en una tranquila noche de luna nueva. Apolo contemplo por unos segundos más la figura de Astrea mientras se perdía por los pasillos del recinto de Elysium. El Dios del Sol estaba enamorado de Astrea desde la primera vez que la vio.


Nota: Como podrán notar, Minos, en este Fanfic, tiene un pasado humano. De acuerdo a la gran mayoría de Mitólogos, solo existió un Minos, Rey de Creta, con muchos hijos y un buen de historias. Demasiado cruel y tirano como para ser un de los tres jueces del Inframundo (a mi parecer). Sin embargo, como diríamos coloquialmente hablando "Hay una leyenda urbana-mitológica" que reza lo contrario. Según este "mito" hubo dos reyes que gobernaron Creta bajo el mismo nombre. El primero, era el verdadero hijo de Zeus y Europa, hermano de Sarpedón, Radamantis y medio hermano de Éaco; su gobierno sentó precedentes en los demás, siendo una guía. Su esposa en esta versión era Itone, hija de Lictio, solo tuvieron un hijo llamado Licasto. Si, en este Fic, Minos era "El Rey bueno" enamoradisimo de su esposa Itone y por la cual haría hasta lo imposible con tal de mantenerla lejos del horror de la guerra. También cabe señalar que aquí, en el Fic, Lune de Balrog, es la reencarnación de Sarpedón; por lo tanto, es hermano de Minos, Radamanthys e Aiakos.

Gracias por tomarse unos minutos en esta lectura :)

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