Título original: Survival of the Fittest

Autor: Marnie

Traductora: Yoyi-Yi

Idioma original: Inglés

Resumen: Rush y Young, solos en el planeta de las lagartijas vampiras. ¿Qué podría salir mal?

Estatus: Completo (11/11)

Notas de traducción: Por favor, nótese que no es una traducción literal. La traducción está hecha en lo que yo llamo castellano, es decir español peninsular/europeo, por lo que es posible que, para aquellas personas que no estén familiarizadas con él, les resulte extraño. Esta traducción se ha realizado con el permiso del autor del fic.


Capítulo 2

Rush fue el primero en despertar. Las luces de emergencia parpadeaban, no se oían los motores. Olía a metal quemado y aislante quemado y sangre. Hizo recuento.

Se encontraba sobre su consola, cabeza abajo, brazos colgando, la punta de sus dedos rozando el suelo. Polvo y grasa y metal bajo sus manos, fascinándole levemente antes de que identificara la hiper-consciencia como un problema y se lo guardara en su fuero interno. Tenía magullado por todo el pecho. Notaba sensible la zona del estómago, pero no había hinchazón, calor – nada roto.

Levantándose de encima del monitor, se dejó caer en su asiento. Sin trauma craneal, ambas piernas parecían responder correctamente. La espalda le dolía, pero no más de lo que cabría esperar tras ser lanzado contra el borde de una mesa a gran velocidad. Buscó heridas con las manos. La sangre no era suya.

Perfecto. Una cosa menos de la que preocuparse.

Parpadeó varias veces para conseguir enfocar, se levantó con esfuerzo, sentándose en la silla del piloto, presionando interruptores de luces, energía y soporte vital. Las luces de emergencia oscilaron encendiéndose y apagándose de nuevo. Nada más sucedió. Por lo que podía ver de los interruptores, todos los relés estaban quemados de forma irreparable.

Varios recuerdos le golpearon en forma de diluvio arrollador de información, casi como si estuviera allí de nuevo, saliendo del fenómeno directamente en la atmósfera de un planeta, viendo cómo Young maldecía y luchaba por hacerse con unos controles que no respondían, llamaradas pasando a la velocidad del rayo por la pantalla, mientras trataban de hacerse con un vehículo que estaba cambiando rápidamente en un meteorito incontrolable.

No iba a negar que creyó que no lo conseguirían. Estaba tan acostumbrado a que Young fallara en todo aquello que hacía como para pensar que aterrizarían de una pieza. Pero quizás el hombre tenía habilidad, si se le empujaba al extremo. Incluso él conseguía no ser un completo inútil de vez en cuando, aunque Dios sabía que él había hecho un mayor y minucioso intento que nadie que Rush conociera.

Hablando de Young, obviamente había salido despedido de su asiento cuando la nave se estrelló de plano contra esa pequeña colina. Debió golpearse la cabeza contra el muro y ser lanzado hacia la parte trasera de la nave como cemento en una hormigonera. Era visible, en la escasa luz, que yacía desmadejado en la esquina más apartada de la zona de carga, una raya oscura en la pared mostraba cómo se había ido deslizando hasta descansar en el suelo.

No estando seguro ni al ochenta por ciento de sus actos, Rush se aproximó, cogió a Young por las axilas y arrastró su inmóvil cuerpo al centro de la nave donde la visibilidad era mayor. Sus ojos estaban cerrados, la cara roja y húmeda, pero su respiración era firme y el pulso fuerte.

Mirando hacia abajo, la sensación de piel cediendo indefensamente bajo sus dedos, Rush consideró los beneficios de una vida sin Young. Lo único que debía hacer era presionar un poco más fuerte y su inconsciencia pasaría indolora e inrastreablemente hacia la muerte. Scott tendría que ser el mando militar y el pobre chaval era como un corderillo condenado en comparación con la mano dura de Young. Deshacerse de Young haría que los militares volvieran donde debían estar: bajo el control de mentes más capaces, un recurso útil en vez de una espina en su costado.

Pero también había desventajas. Primero, él no sabía cómo de jodida estaba la situación, un hombre con una pistola podría ser de utilidad. Segundo, cuando consiguiera volver a la Destino, y se negaba a creer en otro posible final, si volvía solo la tripulación le condenaría, con o sin pruebas. Tercero, se rehusaba a ser el jodido salvaje que era Young. No iba a abandonar la alta moral en la que se había finalmente adoptado, y debían de haber formas más civilizadas de deshacerse de Young, si seguía siendo necesario.

El pelo negro de Young estaba pegajoso por la sangre, pero había empezado a endurecerse y la fina capa ensangrentada sobre su cara se estaba secando. La herida debía de estar cerrándose. Agradecido por ello Rush dejó de tocarle, rodando sobre sus rodillas. Mientras lo hacía escuchó el ruido por primera vez. Un ligero repiqueteo de arañazos, como si de garras de gato se tratase en el casco metálico de la nave.

Se levantó, demasiado deprisa, mareos y náuseas casi insoportables, dolor de cabeza punzante como si una aguja presionara sobre un ojo cuando alzó la cabeza para fijar su mirada en el techo.

Nada visible, sólo el correteante repiqueteo. Fuera de la nave las luces brillaban débilmente, casi sin gastar energía, iluminando a la nada en la pantalla. Nada, era eso hasta que algo con la forma de un torpedo, negro azabache o cuero mojado, voló directamente hacia el sensor. Vio una breve pesadilla de tentáculos alrededor de una afilada boca, mordiendo el metal, succionando, retorciendo su poderosa cola intentando moverse hacia delante y a través del casco de la nave. Aunque sabía que lo que estaba viendo eran sólo imágenes pixeladas de una cámara exterior, que 12 cm de placas de metal les separaban a él y a la criatura, aún así retrocedió.

–¡Mierda!– No habría movido ni una pestaña por ella en aquellos días, pero aún así el recuerdo de una de esas cosas chocando contra el pecho de Chloe, retorciéndose has estar por completo dentro de ella para alimentarse -Dios, eso era más que suficiente para hacer que quisiera marcharse. –Mierda.

Golpeó con sus manos los controles inactivos, desagradablemente inútil máquina, y alzó la mirada al techo, desafiando al tipo de dioses que habían decidido que esta debía ser su vida. –¡No! Dejamos este lugar atrás, en otra galaxia. Hicimos caso de la advertencia y no vinimos nunca. No podemos estar aquí. ¿Es que es algún tipo de broma cósmica? Por que yo no le veo la gracia.

–Rush...

Hablando de desagradablemente inútil. Young estaba de vuelta. Había rodado sobre sí mismo, poniéndose de manera temblorosa de pie, apoyándose en la moldura de uno de los pilares de la nave, sus dedos dejando rojo sobre dorado. Tenía el atrevimiento de parecer molesto, como si algo de esto fuera culpa de Rush.

–Rush, cállate y cálmate.

Fue como tirar un carbón ardiendo sobre un bidón lleno de petróleo. La explosión fue gloriosa, dejando atrás miedo y reflexión y precaución, todo a la vez, un bendito, bendito alivio de todo lo que había estado sintiendo antes. Se aproximó, golpeando a Young con dos dedos en el pecho. –No me digas que me calle. Eres tú quién nos ha traído aquí. Tú nos dejaste atrapados en esa cosa, porque entre todo lo que no eres capaz de hacer resulta que no sabes manejar una nave espacial como Dios manda.

El golpe impactó, mandando una satisfactoria ola de choque al brazo de Rush. Pero Young ni siquiera retrocedió, simplemente lo recibió, sin mostrar emoción alguna, impasivo, inmóvil como siempre. Era como hablarle a una roca. Sin final, frustrantemente enloquecedor. Cambió su táctica para conseguir una respuesta, empujó a Young con ambas manos, mandándole hacia la pared de forma inestable. Young volvió otra vez a su sitio, y entonces, el destello de esa fría sonrisa que le indicaba a Rush que por fin estaba sacándole de sus casillas.

–No puedes levantarte por las mañanas. No sabes pensar. Sólo Dios sabe porqué Scott te sigue como un perrito faldero. Eres completamente incapaz de tomar ni una sola decisión decente, obligándome a limpiar detrás de ti. Son tus insuficiencias las que nos han traído aquí, así que no... –puntualizó cada palabra con un empujón, sintiendo cómo funcionaba, viendo cómo la violencia salía a flor de piel con cada uno de ellos. –No...me digas... que me calle.

Regocijándose, estaba esperándolo, aún así el gancho de Young le pilló por sorpresa. Había esperado el ataque hacia su cara, pero este fue directo al estómago, sin tonterías, dejándole sin aliento con un gran "Oh" de victoria y alegría. Cogió del pelo a Young con su mano derecha, tirando de donde estaba la herida, y cuando Young gimió de dolor le golpeó la cabeza contra el pilar de la nave.

Esto era lo que buscaba.

Young se tambaleó, doblándose como si fuera a caer sobre sus rodillas. Rush cogió la oportunidad de juntar ambas manos y darle un martillazo en la nuca, pero en vez que desplomarse, Young se movió hacia delante, le agarró por las piernas y le elevó en el aire, golpeándole de espaldas contra los más que inactivos controles. Rodó hacia el suelo y perdió la cuenta de cómo iba la pelea – un intercambio de golpes y rodillas. Una de las veces le clavó el codo a Young en la boca, siendo mordido como respuesta. Otra, Young le levantó la cabeza, cogida por los pelos, y se la impactó contra el suelo dos veces, haciéndole perder el sentido.

Debió ser después de eso cuando las cosas comenzaron a ir más despacio, porque la siguiente cosa que supo fue que estaba bocabajo, con la rodilla de Young entre sus omóplatos y una mano en su cuello, sujetándole contra el suelo.

Frío metal contra su mejilla y una gran fuerza superior a la suya diciéndole que por una vez no tenía que ir a ningún lado, nada que hacer salvo permanecer ahí tirado. El pánico creció dentro de él, y todos los dolores y palpitaciones de la pelea le aseguraron que aún estaba vivo.

–¿Has terminado?

No exactamente la misma pregunta que la última vez, a menos que lo hubiera malinterpretado. Algunas veces la escueta ambigüedad de Young era difícil de descifrar. Quizás no estaba hablando de su enemistad en general, sino refiriéndose a este momento concreto – no estaba preguntando si podría fiarse de Rush en un futuro y trabajar juntos, sino preguntando si, ahora mismo, era seguro dejar que se levantase.

–Por el momento –, dijo, feliz de poder dar esta pequeña concesión a cambio de las endorfinas, la distracción y el alivio temporal.

Evidentemente, esta era la respuesta correcta. La mano y la rodilla desaparecieron de su espalda. Young cojeó dentro de su vista periférica, sentándose contra el muro con la cabeza gacha, pareciendo hosco y resentido, como un oso que ha salido demasiado pronto de la hibernación. Rush sonrió en su fuero interno. La verdad duele, ¿eh?

Young apoyó la barbilla en una mano. Los nudillos magullados. Un hilo de sangre descendía desde la línea del pelo hasta la ceja. Rush se dio otro momento de disfrute en el suelo. En el silencio, las garras o los dientes o los tentáculos de las criaturas aún se podían oír, escurriéndose de un lado a otro del casco.

–Solos en el planeta de las lagartijas chupópteras–, dijo Rush, por fin, una vez recuperada su capacidad de burla. –¿Qué será lo siguiente?

Young juntó sus manos y se pellizcó el trozo de piel donde su anillo de bodas solía estar. Estaba totalmente de vuelta, calmado y silencioso y sólido, como si su animal interno jamás hubiese existido. –Como no dejas de repetir, Rush, tú eres el genio. Así que, ¿ideas?