Capítulo II
Naraku llegó a las barracas y ahí fue hasta su pieza; sacó algunas cosas para curar al niño y un antídoto contra el veneno de su señor que ya lo estaba adormeciendo. Sus soldados al verlo tambalearse, se acercaron…
–¿Capitán está bien?
–Sí, se molestó el Lord.
Los soldados no dijeron más, pues con eso había explicado todo. Algunos se atrevieron a mirar dentro de la habitación del hanyō pelinegro y notaron al niño:
–¡¿Capitán quién es ese niño?!
–Es… mi mascota.
Los oyentes se retiraron festejando la broma de su superior. Naraku curó al niño y tomó el antídoto.
–Dormir nos ayudara a los dos.
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Sessōmaru regresó al salón dónde recibía a los consejeros y allegados, más en ese momento estaba vacío por lo que se permitió sentarse entre cojines y pensar en la situación tan bizarra.
Su padre había muerto por culpa de la madre de ese mocoso y es que el gran Inu-no-Taisho optó por dejarse matar antes de asesinar a los hombres y solo porque esa mujer se lo pidió, esa había sido –en opinión de Sessōmaru– la peor estupidez que haya existido. Por eso mismo él no pensaba ayudar a un hanyō que era tan débil e idiota como su madre.
Sessōmaru estimaba la pureza de los yôkai completos y si bien aún tenía a su servicio a Naraku era solo porque este resultaba ser una buena arma y nada más.
El Lord optó por descansar y no permitir que nada de eso le robara el sueño. Tenía un viaje al otro día que no pospondría.
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A la mañana siguiente, Sessōmaru comió lo que el sirviente le servía, mas detuvo los murmullos de este.
–Deja de hablar de esos hanyō que me amargaras los alimentos.
–Perdón, mi amo.
El Dai-Yôkai se levantó, se colocó la armadura y salió de su habitación. Caminó por los pasillos y llegó a las afueras del palacio; buscó con la mirada a Naraku y al no verlo llamó a otro de sus capitanes.
–¿Y Naraku?
–No ha venido a entrenar mi lord.
Sessōmaru no agregó más, pero su gente lo conocía perfectamente para saber que estaba molesto. En cuanto el capitán Takeshi* vio entrar al Lord a su palacio, corrió a las barracas donde Naraku vendaba una de las manos del niño.
–Lord Sessōmaru te buscaba.
–¡Oh por Kami!… me matara por no estar presente.
Naraku terminó de cambiarle el vendaje a InuYasha y se levantó de la cama de madera.
–Quédate aquí y no salgas, regresare….
El hanyō pelinegro salió y el bebé sintió miedo, pues ahí tampoco parecía ser bien recibido. Con cuidado se bajó de la cama y salió del lugar alcanzando a ver que su salvador entraba en la gran casa. El niño caminó sigiloso –como había aprendido a pasar desapercibido– y buscó un lugar por donde entrar al lugar.
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El Lord vio como el hanyō Naraku entraba y se colocaba detrás de los consejeros.
–Hoy saldremos rumbo al bosque del oeste, iremos a ver al Ōnoki.
–¿Quién lo acompañaran mi señor? –preguntó uno de los presentes.
–Uno de los capitanes será Takeshi y el otro…
Sessōmaru detuvo su discurso al ver a Naraku o detrás de este…
–¿Que hace eso aquí?
Los presentes giraron a ver en dirección donde miraba el Lord y Naraku sintió miedo, pues era hacia él… giró la vista y…
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InuYasha logró encontrar un hueco entre el papel roto y la madera de una de las puertas más alejadas, entró por ahí y usando su olfato buscó el olor de su salvador o de la única persona que no lo trató de matar. Caminó por los pasillos escondiéndose, hasta que dio con este. El pequeño llegó hasta el salón y abrió con cuidado colándose veloz. Ahí, detrás de mucha gente, su amigo esperaba… ¿Qué? No lo sabía. InuYasha se colocó lentamente detrás de Naraku…
Sessōmaru se levantó y con paso elegante y tranquilo salvó la distancia que lo separaba de Naraku y de ese otro hanyō.
Naraku se inclinó hasta que su frente tocó el suelo de madera…
–Mi Lord…
InuYasha imitó veloz a su amigo y se puso en la misma posición. Sessōmaru arqueó levemente una ceja, diciendo claro y fuerte.
–Por lo menos conoces tu lugar.
Luego dio media vuelta y regresó a su lugar prosiguiendo:
–El otro capitán será Naraku, saldremos en una hora no se atrasen.
Los presentes salieron respetuosamente, y con ellos incluidos, InuYasha y Naraku. Sessōmaru vio a esos dos y se levantó poco después que estaba solo, salió por otro lugar y rodeó la casa hasta dar al patio, pero por la parte trasera y desde ahí pudo ver como el hanyō pelinegro estallaba contra el bebé:
–¡Te dije que te quedaras en la habitación! ¡Eres sordo o idiota! ¡Estuvimos a poco de ser asesinados! ¡Y todo es tu culpa! ¡Por Enma-sama debi dejarte en ese lugar!
InuYasha se cubrió la cabeza y se agachó tratando de no ser lastimado, como era en su experiencia, lo que seguía después de los gritos.
Sessōmaru se recargó en una de las columnas de madera esperando lo que sabía vendría, pues conocía demasiado bien a Naraku como para saber que las acciones que realizó fueron sin pensar y que se arrepentiría como siempre.
Por su parte Naraku lanzó el primer golpe que desestabilizó al niño y fue dar a unos metros más allá. Su furia era por la impotencia de saberse en la mira de Sessōmaru, el Lord poderoso y sin piedad. Para un mestizo como él…
Inalcanzable; cuando te dabas cuenta caías ante él, embrujado sin esperanza ninguna. Su caso era comparable a un insecto amando al sol mismo.
Los golpes eran la salida de su frustración y caerían de nuevo sobre el bebé… ¿O no?
La mano detuvo el segundo golpe y la mirada ámbar se encontró con la negra.
–Basta ya.
–Mi señor…
–Déjalo ya.
–Si mi lord.
Sessōmaru ya se retiraba cuando notó que la figura caída en el suelo temblaba. InuYasha lloraba sin hacer ruido, seguramente acostumbrado a ambos, a las palizas y a ser ignorado en su dolor. El Dai-Yôkai preguntó al ensimismado Naraku…
–¿Cuánto tiempo ha vivido solo?
–…
–Naraku…
–Lo siento mi Lord… según los informes dos meses.
Sessōmaru se inclinaba sobre el niño…
–No mi Lord, yo me haré cargo, lo sacare de su vista…
–Cállate y apártate. Lo trajiste a mi palacio y aquí mando yo.
Naraku obedeció. Estando seguro de que si alguna vez, ese ser orgulloso lo había visto más que como una basura, jamás se repetiría, pues Sessōmaru presenció como trató a ese niño que alardeó cuidaría.
El Dai-Yôkai se acercó al niño y sin avisar lo cargó sintiendo como el niño ni se movió, mucho menos trató de huir resignándose a ser martirizado.
Nadie se atrevió siquiera a mirar al Lord llevando al niño y entrando al palacio. Sessōmaru caminó hasta sus habitaciones y ahí se sentó con InuYasha entre sus brazos, sintiendo como las lágrimas del bebé seguían brotando.
–No llores más, como es y a pesar de mi indignación y por sobre mi orgullo, eres hijo de Inu-no- Taisho, el antiguo Dai-Yôkai del Ichizoku de los InuYôkai. Se fuerte.
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En el patio y como único compañero el viento, Naraku se quedó parado… Sabía que su Lord lo despreciaba y que tuvo una oportunidad de que eso cambiara un poco, pero su ser iracundo había surgido y se desquitó con esa pobre criatura que no tenía culpa de nada.
…
*Takeshi: Guerrero, audaz, soldado valiente.
Muchas gracias a:
Ying Fa Malfoy de Potter, Alba marina, MMDD y kokonimo. A mi beta Pithiz Malfoy Potter.
