.:Noche Buena:.
You're the closest to heaven that I'll ever be and I don't want to go home right now.
Definitivamente la noche anterior sumó otro fracaso al historial, por millonésima vez Dark escapó y por centésima vez, gracias a la intromisión de la Harada menor. Aunque cosas buenas salieron del intento fallido; ahora Satoshi sabía que fue una pésima idea dejarse llevar por su otra mitad. El riesgo potencial en el que se encontró Risa le hizo ver que con Krad al mando, las cosas pueden resultar bastante peligrosas, ¿qué hubiera sucedido si él no hubiera retomado el control? ¿Krad habría abandonado el ataque a Dark o simplemente la castaña hubiera sido el postre para aquel monstruo? Fuera cual fuese la respuesta, algo estaba claro, para terminar con el duelo entre su familia y la de Daisuke, deberían enfrentarse y para que el encuentro corriera sin daños a terceros debía planear cada detalle y por supuesto debía volver hacer un trato de muerte.
El desayuno le supo insípido y sin chiste. De haber sido por su voluntad lo hubiera evitado, pero los años de experiencias como la pasada le sirvieron para saber que cuando se enfrenta a Krad, los daños pueden ser bastantes, así que no debía dejar pasar ninguna fuente de nutrientes. Desgraciadamente para él, el dolor físico no era la única molestia a enfrentar aquella mañana.
– ¿Otro fracaso Satoshi?- preguntó el comisario Hiwatari.
–Creo que eso lo sabes tú mejor que nadie, como jefe de policías debiste leer el informe- respondió su hijo.
–Pero me gustaría escuchar tu versión, ya que el informe reporta nuevamente la aparición de un ser rubio y de alas blancas, ¿sabías que ya hasta lo consideran el cómplice del ladrón fantasma?- dijo bebiendo un sorbo de su café.
–Pues el informe está en lo correcto a excepción de la parte del cómplice y creo que eso lo sabes de antemano, así que dime ¿qué es lo que realmente te preocupa? Que siga tan lejos como al principio de atrapar Dark o que me esté llevando mucho mejor con mi otro yo.
–Me temo que estás tan perdido como de costumbre, a mí ninguna de tus teorías me preocupa o afecta, todo lo que dijiste sólo te concierne a ti y a los tuyos. Y como sé que al único que le preocupa el caso de Dark es a ti, es mi deber mencionarte que la gente ha comenzado a cuestionarse sobre tu posición en el cargo- el mayor de los Hiwatari hizo una pausa para cerciorarse que su hijo adoptivo lo siguiera a lo largo de su discurso, al notar que el peliazul miraba atento su plato con fruta decidió continuar –muchos creen que el estar cursando nuevamente la preparatoria y siendo un jovencito de diecisiete años puede estar afectando tu visión para los casos, lo cual repercute directamente en la seguridad de la ciudad.
–Algo me dice que los únicos en quejarse han sido los magnates de los que estás rodeado y es comprensible, ya que cuando tu fuente de ingresos es el tráfico de arte, tu preocupación principal debe ser la competencia- con estas palabras el ojiazul cortó el discurso de su 'padre'. Pero el mayor no pareció molesto ante tal acto del joven, al contrario lo incitó a continuar con una mirada y no desaprovechando la oportunidad el chico de anteojos así lo hizo –así que me tiene sin cuidado lo que piensen, además dudo mucho que alguien quisiera mi puesto y más sabiendo que el trofeo que se exige es tan grande. Si son todos los temas a tratar, me retiro que llego tarde a la escuela- concluyó, levantándose de su lugar y alejando el plato que minutos antes degustaba.
–Tienes razón hijo, la escuela es muy importante- comentó el moreno con una sonrisa tonta, la cual sólo molestó aún más al portador de alas blancas –y no olvides tener cuidado con quien haces tratos, ya que eso te puede costar la vida y no queremos que la descendencia Hikari se pierda.
–Finalmente sacas tu preocupación verdadera- susurró rabioso para sí, el peliazul no le daría la satisfacción a su falso padre de verlo molesto.
Con pasos firmes y llenos de furia, salió de la ostentosa casa de los Hiwatari, para el chico de mirada celeste, le costaba llamarla su hogar, ya que él lejos se sentía de pertenecer a la exclusiva familia Hiwatari, que para la sociedad parecía ser digna de una historia y nobleza inquebrantable, pero él conocía los desesperados deseos de los miembros de tal familia. Los Hiwatari tenían un pasado tan antiguo como los Hikari, tanto así que la relación entre ambas familias siempre estuvo entrelazada, los primeros deseaban el don de los segundos. Aquella habilidad de crear las más hermosas piezas de arte, la habilidad de sacar la belleza hasta de una simple roca. Por años los Hiwatari crearon un imperio a base de dinero y poder, pensaron que con esto sería suficiente para convencer a los Hikari de brindarles sus conocimientos y prestarles su don, pero ellos simplemente nunca accedieron a tales demandas, sin importar lo intimidados y acosados que se sintieron por años.
–Los Hiwatari jamás se rendirán, su obsesión y avaricia es enorme- comentó una voz dentro de la cabeza del comandante.
–Mira quién habla de obsesiones y deseos asesinos- comentó irónico Satoshi.
–Vaya amanecimos de muy mal humor, pensé que años de lidiar con su padre le dieron cierta inmunidad, eso y que usted ya conocía de antemano sus intenciones cuando lo adoptó.
–Y yo pensé que años de vivir juntos te habían enseñado que el único culpable de mis desastrosas mañanas eres tú y Kei Hiwatari sólo ayuda a terminar tu trabajo de arruinarme mis míseros días.
–Jajá- rió con fuerza Krad, aquella risa que tanto odiaba el portador de tal monstruo –en fin, lo que hagan esos pseudos apreciadores de arte no me interesa, así que mejor hablemos de negocios.
Bingo, pensó el descendiente de los Hikari, sabía de antemano que un ser tan egoísta y vil como lo era el ángel blanco, no dejaría la oportunidad de cobrar sus caros favores y la noche anterior a pesar de no haberse cumplido el trato -atrapar y sellar a Dark a cambio de su cuerpo- Krad buscaría la forma de cobrarse, pero pareció que el rubio olvidó con quién trataba.
–Si tu motivante charla concluirá en cobrarme, de una vez te advierto que no te pagaré nada, por obvias razones, pero la más importante; Dark sigue libre- definitivamente el peliazul no se dejaría ganar.
–Bueno eso me quedó claro ayer, ya que claramente existió una oposición de su parte, justo cuando la enamorada de Dark apareció- el ojiazul se tensó y su interlocutor continuó –sólo quiero avisarle que estoy dispuesto hacer otro trato cuando guste, mi oferta seguirá en pie, pero debo advertirle que si no se da prisa el pago por el servicio puede cambiar- aquellas fueron las últimas palabras durante el trayecto a la limosina que tomó el comandante.
Pensar en la sólo idea de tener que lidiar con aquellas escenas por los siguientes años de su vida, le resultaba tan escalofriante, no deseaba seguir alargando su agonía pero sabía que para sellar a Krad y Dark, no bastaba con el viejo método implementado por los Niwa: dejar que su doncella eligiera cual parte debía permanecer en este mundo. Ya que a consideración del ojiazul aquella familia de pelo escarlata había corrido con suerte; en todas las ocasiones. Irónicamente Dark y el miembro de la familia Niwa en turno, terminaban enamorándose de la misma persona y para la suerte de los segundos aquella persona terminaba aceptándolos, dejando así temporalmente sellado al ladrón fantasma. Según dictaminaba la ley natural de la maldición que los acogía y una vez que alguna de las partes de 'alas negras' fuera sellada, la otra también lo haría, al menos hasta la siguiente generación. Pero en esta generación existía un problema, Niwa y Mousy estaban enamorados de diferentes personas, las gemelas Harada. El enorme problema radicaba en la parte mágica, ya que si Dark se mostraba ante su 'amada', tal cual él era y ella lo aceptaba, el que quedaría sellado sería Daisuke. Lo más grave del asunto era que conociendo a la menor de los Harada aceptaría sin dudar al monstruo de alas negras.
–Ese maldito suertudo- susurró Satoshi, justo antes de que su chofer le divisara que habían llegado a su destino.
El peli azul bajo de su auto negro, mencionándole al chofer que lo vería a la hora de la salida. Cerrando la puerta tras de sí, se alejó con dirección al enorme edificio que era su preparatoria. Aquella no representaba gran diferencia a comparación de la escuela secundara donde cursó e incluso sus compañeros seguían siendo los mismos. Justo al llegar a la zona de casilleros donde intercambiaría sus zapatos negros, por las blancas zapatillas reglamentarías, como una escena típica de varios años, su pequeño lugar asignado estaba a reventar de pequeñas hojas de diversos colores, con un solo mensaje en común; una cita con él. Y como siempre con una misma respuesta, ignorándolas. El ojiazul jamás se había dado la oportunidad de salir con nadie, no quería enamorarse, no quería involucrar a nadie con él y su monstruosa contraparte.
Una vez en su aula, tomó su asiento en la última fila, justo detrás del que ocupaba su pelirrojo amigo. Desde que el chico de ojos escarlatas 'formalizo' su relación con la mayor de las gemelas, éstos trataban de pasar el mayor tiempo posible como una pareja normal, así que Riku tomaba asiento junto a su ahora novio y desde que su gemela recibiera -dos semanas atrás- un ultimátum por sus bajas notas en matemáticas, física y todas las materias que con llevaran números -exceptuando cocina, en la cual era increíblemente igual de pésima- el profesorado, bajo órdenes de los señores Harada, decidió colocar a Risa cerca de su hermana para así evitar que perdiera el semestre y gastara sus vacaciones de invierno en cursos de regularización; esta última razón motivo a que el cambio fuera tomado con una mejor actitud. Pocos minutos pasaron antes de que la única persona que Satoshi podía llamar amigo apareciera.
–Buenos días Hiwatari- saludó Daisuke con su enorme sonrisa característica.
–Buenos días Niwa.
–Oye, sobre lo de anoche, ¿te encuentras bien?- comentó el pelirrojo en un tono de voz sólo audible para él y su amigo, siempre con un sentimiento genuino de preocupación en sus palabras.
–Niwa, yo soy el que debería preguntártelo y también debería disculparme- respondió un avergonzado comandante –Casi te mató, otra vez- al chico de alas blancas lejos estaba de preocuparle la seguridad de un ser como lo era Dark, lo que realmente aborrecía de su misión de aniquilación, era ver envuelto al chico de alborotados cabellos rojizos, ya que a él era al único que podía considerar como amigo; era la única persona con quien se sentía identificado, la única persona que podía comprender su situación.
–Claro que no- negó gentilmente, él entendía la preocupación de aquel chico con gafas –tú eres el que más sufre, en todas formas, ya que enfrentar a Krad no es sencillo.- Pero antes de poder agregar algo más su castaña novia apareció.
–Hola Daisuke-kun- comentó Riku con una hermosa y gran sonrisa –buenos días Hiwatari-kun- saludó a su compañero, sin perder su alegría.
–Buenos días Harada-san- respondió el aludido.
Al peliazul le agradaba bastante la mayor de las Haradas, era una persona sencilla y discreta; buena estudiante, una cocinera regular y excelente deportista. Además como novia del tímido Daisuke no era tan diferente. A Satoshi le agradaba la relación que mantenían, ya que ambos chicos no eran como muchas parejas que rondaban la escuela, las cuales se la pasaban besándose todo el tiempo y hablando de una manera infantil bastante estúpida. Ambos jóvenes eran discretos y hasta cierto punto pudorosos.
Era una costumbre que una vez llegado la castaña de pelo corto, Daisuke perdiera la noción de que los demás existían y ella no era la excepción. Pero aquella mañana algo cambió, ya que Satoshi notó que la mirada que intercambio con Riku, fue más larga de lo habitual. Usualmente ella le saluda, él responde y ella vuelca su atención a su compañero de enfrente. Ahora ella saludó, él respondió y ella le siguió mirando con una clara intención de preguntar algo más, pero simplemente no pudo, gracias a la intervención de su novio.
–Riku-san, te pregunte cómo te fue ayer con las asesorías para Risa-san.
– ¡Ah! Lo siento no te escuche, bueno me fue como de costumbre- dijo con pesadez, redirigiendo su atención hacia el chico que le preguntó.
Aquel extraño momento que compartió con la castaña de pelo corto, fue bastante extraño. Aquel simple gesto inofensivo le preocupo bastante. El comandante no creía que fuera casualidad la reacción de la chica y aquello se confirmó con la llegada de la gemela menor. Risa repitió su nuevo ritual adquirido, una vez que se encontró entre ellos. Común mente la castaña de pelo largo sólo saludaba con una sonrisa discreta al novio de su hermana y al chico de cabellos celestes le dedicaba un seco "buenos días", sin siquiera mirarlo. Pero aquel día no fue así. La Harada menor en cuanto entró a la habitación, no despegó su mirada de la figura que representaba Satoshi. Cuando estuvo frente a él le dedicó su clásico saludo, con la excepción de que en esta ocasión ella quería una respuesta de su parte, la cual sorpresivamente para el mismo Hiwatari le dio.
La interacción social se quedo en saludos cordiales. Las clases avanzaban lenta y aburridamente como de costumbre. Todo sería como en la rutina de no ser por las insistentes y -quizá un poco- acosadoras miradas de las hermanas gemelas para con Satoshi. Él aún no entendía el por qué de sus acciones. Tal vez las castañas se habían enamorado de él y deseaban invitarlo a salir. Ésa fue la primera idea que le vino a la mente, la cual descartó, ya que Riku salía con su mejor y único amigo. Aunque no podía descartar del todo la posibilidad para su hermana Risa. Si bien era cierto que aquella chica tenía fama de ser una romántica empedernida y también de ser una persona exigente en sus citas. Era sabido que aquel chico que deseara una cita con Risa Harada debía cumplir una serie de características y definitivamente Satoshi no se sentía con los requerimientos necesarios para llenar el perfil, además si se comparaba con el grandioso Dark -palabras textuales de la misma Risa- él era totalmente lo opuesto. Así que el ojiazul lo dejó pasar. Dejó que Risa y Riku lo siguieran inspeccionando.
Los días pasaban, las festividades navideñas se acercaban. Estaban a un par de días de noche buena. Cada joven en la preparatoria Azumano tenía un plan para las festividades: algunos irían con sus familiares fuera de la ciudad, otros de vacaciones a un lugar cálido, otros se quedarían en casa. Los Niwa; se quedarían a cenar en familia, como cada año. Los Harada; tendrían una cena familiar en su elegante mansión, aprovecharían el retorno de los padres de las gemelas, que regresaban de un largo viaje de negocios, justo el día de noche buena, sería una cena familiar para cuatro. Los Hiwatari; se sentarían a verse fijamente por casi tres horas sin intercambiar palabra. Las vacaciones del joven comandante iniciaron una semana atrás. Aquel último mes fue una tortura para el peliazul; ya que curiosamente el gran ladrón fantasma osó en alejarse de las cámaras y reflectores durante ese tiempo; así que el trabajo en la comisaria sólo abarcaba cosas como robos en las calles, algunos disturbios públicos y conductores ebrios. Todo aquello era una pérdida de tiempo para el chico de anteojos, gracias a su cargo debía resolver hasta los más insignificantes problemas.
La tortura de la contraparte de Krad no sólo radicaba en el ámbito profesional, sino también en el escolar; gracias a los regalos navideños de las admiradoras del chico de ojos celestes y con la nueva atención recibida por sus castañas compañeras. De todas las chicas del instituto, él podía asegurar que aquellas hermanas entraban dentro de sus 'favoritas' ya que nunca le prestaban más atención de la debida. Cada día que pasaba, la cantidad y el tiempo que aquellos enormes y marrones ojos miraban al joven de alas blancas, lo perturbaba más y más. Todo reventó cuando la menor de las Haradas, el último día de clases, antes del receso de invierno, lo interceptó.
– ¿Así que ya te vas a casa Hiwatari?- preguntó como si de viejos amigos se tratasen.
–No, voy al trabajo- respondió con duda e inseguridad.
–Ya veo, ¿saldrás de vacaciones o dónde pasarás noche buena y Navidad?- la castaña volvió a preguntar, sin siquiera analizar la respuesta que el chico le dio.
–Pues no puedo salir de vacaciones, hay algo de trabajo en la jefatura- respondió aún más confundido que antes, ¿qué pretendía aquella chica?
–Entonces supongo que no te molestaría que nos reuniéramos para Noche Buena- contestó con un tono más serio.
–Bueno de hecho, es muy probable que el trabajo sea bastante esa noche así que…
–Seré directa Hiwatari, hay algo extremadamente importante que necesito o mejor dicho necesitamos tratar contigo- interrumpió abruptamente al comandante –es sobre tu especialidad, arte.
Aquellas palabras dejaron en blanco a Satoshi, ¿acaso las gemelas por fin descubrieron su secreto y la conexión con Dark? Y de ser así ¿cuánto sabían? Algo dentro del muchacho le decía que no importa cual fuese su respuesta, la testarudez de Risa lo obligaría asistir a su encuentro. Así que simplemente aceptó. Una parte de él deseaba saber cómo lograron encontrar aquella obscura verdad sobre su pasado.
Y así fue como aquel 24 de diciembre Satoshi Hiwatari se encontraba alistándose con un pantalón y camisa blanca, corbata celeste, que hacía juego con sus ojos. La noche pronosticaba a ser fría sin llegar a cero grados, así que tomo un suéter azul rayado y emprendió el camino hacia la mansión de los Harada. El camino era tranquilo, al parecer la mayoría de las personas ya se encontraban en sus hogares disfrutando la convivencia. Satoshi aún no entendía el motivo de su reunión, pero le quedaba claro que no era una invitación a una cena navideña. La única persona que lo invitaba a tales tipos de celebraciones era Daisuke y por lo general él las rechazaba. Por lo que cuando la invitación de Risa llegó, no creyó necesario comprar algún presente para la familia de ésta, ya que definitivamente por el tono de ella, estaba lejos de ser una cordial visita social.
El reloj marcaba las 21:32 hrs del 24 de diciembre, un chico delgado y con el pelo celeste se encontraba frente a una enorme puerta con estilo clásico. Pasaron un par de minutos antes que una chica de cabello castaño, largo y lacio abriera. Ella usaba un vestido largo hasta las rodillas, de un color rosa pastel, atenuado con toques blancos y llevaba un listón blanco a modo de diadema.
–Buenas noches Hiwatari, me alegra que hayas venido.
–Al juzgar por tu tono de voz el otro día, sonaba bastante importante que no faltara.
–Así es, si no te molesta podemos pasar al salón y hablar para terminar lo más pronto posible con esto- respondió en un tono neutro.
–Vamos Risa, no seas descortés con los invitados- regañó una voz femenina tras la aludida –Buenas noches, me presento soy la madre de Risa y Riku.
–Mucho gusto señora, soy Satoshi Hiwatari, compañero de sus hijas y comandante de la policía- agregó con una reverencia.
–Si eso he oído, pero por favor pasa la cena está por servirse- dijo la Sra. Harada.
–No quiero importunarlos, sólo he venido porque tengo una plática pendiente con sus hijas-respondió Satoshi.
–Así es mamá, así que tal vez debamos empezar con la charla, además de que muy probablemente Hiwatari-kun tenga planes para este día- intervino la castaña.
–Lo entiendo, supongo que tendrás que pasar la noche con tu familia- comentó apenada la mujer.
–No realmente- el peliazul mencionó sin pensar sus palabras, para su desgracia, éstas fueron escuchadas por las dos mujeres frente a él.
–Entonces puedes quedarte con nosotros, ya habrá tiempo para las charlas después. Adelante- la mujer lo tomó gentilmente del brazo en clara señal de no aceptar un no por respuesta.
Y así fue como el joven Hikari se introducía a la mansión Harada, tratando de asimilar las rápidas palabras de la madre de las gemelas. Al entrar a aquel enorme inmueble rápidamente una sensación de calidez invadió al peliazul, algo que jamás creyó posible sentir; añoranza. A pesar de las pocas personas cerca, él podía sentir una comodidad familiar, el olor a comida lo invadió, abriendo su apetito, abriendo su deseo de quedarse. En ese momento rogaba a todos los cielos que la plática con las gemelas jamás llegara, ya que por primera vez deseaba conocer aquel ambiente social, en aquel momento se arrepintió de nunca haber aceptado las invitaciones de los Niwa. Camino al comedor pudo notar a los sirvientes a su lado, miró maravillado los deliciosos platillos; definitivamente Satoshi no deseaba volver a casa, no deseaba alejarse de ahí. Ahora en su lista de pendientes, debía agregar: 'Comprar presentes para los Harada'.
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Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Yukiru Suguisaki y a los correspondientes.
Son las 5:05 am del 25 de diciembre de 2012 (México) y pues como el capítulo tiene que ver con la fecha pues quise ponerlo en un tiempo aceptable y aquí está. Por lo mismo la corrección de los errores puede que no sea perfecta, así que no me maten :)
Creo que para este capítulo sería todo, les deseo una Feliz Navidad (por lo que queda de ella) y probablemente no suba nada hasta el próximo año y si es así de una vez les deseo un Feliz Año Nuevo!
Para las dudas ya saben que están los reviews, be happy! :D
