HOTTER THAN A FEVER


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa Stephenie Meyer. Algunos –y se que notarás cuales, son de mi autoría. La historia me pertenece en su totalidad.


Lunes (Black Light)


Bella POV:

Lunes.

¿Quién no odiaba a los lunes?

Yo los odiaba, los odiaba con toda mi alma ya que no tenía ninguna esperanza de que el fin de semana llegara rápidamente.

Los sigo odiando.

Los lunes, me levantaba alrededor de las seis de la mañana, para estar lista y presentable a las siete en la cafetería del señor Howe. La blusa negra y ceñida que usaba como uniforme, complementaba al mandil rojo atado a mi cintura y a mis cómodos zapatos de piso.

—¡Bella, la orden de la mesa ocho! —Gritó Paxton a través de la ventanilla que daba a la cocina.

Paxton era un joven de más o menos, veinticinco años. Con ojos verdes asombrosos y un físico aún más impresionante. Sin embargo, la vida no había sido buena con él y después de quedar huérfano a los doce, su historia había sido similar a la mía. Solamente que él había huido para no ser encerrado en un orfanato. Él, como todo un ejemplar de un sobreviviente a la voracidad de la gran ciudad, era posiblemente la persona que más me entendía en todo el mundo. Y por supuesto, a la que más yo admiraba. Paxton entró a trabajar en "Delicious", mejor conocida como "La cafetería del señor Howe" poco después que yo. Más mientras que yo atendía a los comensales y aguantaba sus no muy agradables tratos, él le agregaba la porción de grasa correspondiente hasta al agua. Porque claro, la cafetería del señor Howe no era la cafetería del señor Howe sin al menos un vaso grasiento o panqueques bañados en aceite. Aunque estos últimos no necesitasen aceite.

Tal vez, esa era la receta de su éxito: Aceite requemado.

Tomé los platillos y dejé otra orden pegada en la pared. Paxton me sonrió forzadamente pues, lo sabía… ya se había asqueado de aquel olor tan penetrante. El de la puta grasa. Me encogí de hombros y me apresuré a dejarles la comida a los señores que ya tenían mala cara, pues querían ser los primeros en ser atendidos…

…cuando eran los que menos propina dejaban.

Artie Howe estaba sentado en la mesa del fondo del restaurante-cafetería. Tenía un sinfín de papeles esparcidos en ésta y tecleaba con cizaña en su portátil. Su tercer café de la mañana ya se habría enfriado y estaba segura que, aunque supiera que no se lo tomaría, mandaría a recalentarlo para dejarlo enfriar otra vez. El señor Howe llevaba la contabilidad de su negocio y era demasiado estricto con el dinero, más ahora que su nueva pareja; la señora Stanley, metía mano a la caja cada vez que éste no veía.

Seguí atendiendo a los comensales. Cada vez mi sonrisa era más forzada y mi rostro era más cansado, llegaba un punto en la tarde en la que prácticamente tiraba los platos a la mesa. Más la gente no se quejaba porque Artie Howe los ignoraría y ellos no querrían dejar de comer su grasiento desayuno.

Así que cuando se indignaban, solo no dejaban propina.

Malotes.

.

.

.

El turno se extendió hasta la una de la tarde, que era la hora en la que llegaba el otro "escuadrón" del señor Howe y cambiábamos papeles. La cafetería cerraba a las siete, pero los empleados de la cafetería eran en su mayoría jóvenes que necesitaban soldar deudas, como estudios o alguna con el hospital… o esas cosas de la vida. Así que el buen señor, aceptaba más personal en horarios distintos, para que nos acomodásemos a nuestras necesidades.

Aunque yo necesitaba el dinero del turno completo, Marianne Gottfried; la chica que seguía con mi turno, lo necesitaba más. Así que solo callaba y me conformaba con las pocas propinas, el sueldo correspondiente y mi turno nocturno en el Black Light.

Cantaba en un bar indie, en Manhattan. Era concurrido y agradable. A diferencia de mi trabajo matutino, no me pesaba prepararme para el nocturno. Aparte, Rosalie era la "bargirl" del lugar y Jazz algunas veces iba y se subía a tocar una que otra canción. Sin embargo, los mejores días eran en los que James me llamaba para alguna que otra carrera clandestina.

La paga era muy buena, más las oportunidades eran pocas. James tenía un "equipo" de corredores clandestinos. Ellos sabían lo que hacían e invertían demasiado dinero en ello, era por eso que solamente de vez en cuando, James me daba la oportunidad de divertirme a lo grande y ganar dinero por ello.

Era buena. Dentro de lo que cabía.

Me despedí de Michelle y esperé en la parte trasera por Paxton.

—Estoy listo —Paxton se acercaba, cerrando su chaqueta.

—Pensé que alargarías el turno, me dijeron que Nick no se encontraba bien hoy —señalé, mientras comenzábamos a caminar al subterráneo.

—Sí, no se encontraba bien. Pero el señor Howe decidió hacerse cargo de ello… a veces es un poco tacaño —dijo haciendo una mueca.

Reí, porque aunque tenía pinta de ser buen hombre, Artie Howe tenía algo más pesado que su gran barriga: Su tacañería.

Bajamos los escalones en silencio.

—¿Hoy irás al Black? —preguntó con curiosidad.

—Sí —respondí asintiendo con la cabeza—. ¿Te pasarás por ahí?

—Sí, supongo —Paxton se encogió de hombros—. No tengo nada más que hacer por hoy. Desde que hubo recorte de personal en mi otro trabajo, no he tenido suerte para reemplazarlo… o al menos conseguir un trabajo de tiempo completo.

—¿O sea que si lo consigues, dejarás la cafetería del señor Howe?

—Mi economía es malísima, Bella. No tengo el mejor estilo de vida gracias a eso y estoy seguro que nunca la tendré. Pero en serio, en serio necesito el dinero que un turno bien pagado te da. Debo dos meses de renta y el dueño del edificio está muy disgustado por ello —me sentí mal al mirar el rostro de Paxton.

Aquella pesadez y mortificación que sus ojos destilaban, no me gustaban para nada. Pax había pasado por mucho ya.

—Podría conseguirte algo —murmuré, metiéndonos en el vagón.

—No te ofendas pero… ¿tú? —rió quedito.

—Gracias, Pax —me indigné. Más fue poco para no seguir con mi parloteo—. Podría ayudarte, vería si en el Black hay algún puesto.

Paxton torció el gesto.

—James me llamó hace unos días, quiere que corra en las carreras de otoño. Stefan se fue y… —él suspiró—. No quiero Bella, no quiero volver a eso. Hace un año que mi vida ha tomado un rumbo… sano. O más o menos sano. No quiero volver a aquellos rumbos otra vez.

Me sentí avergonzada porque, yo había caído en las redes de la debilidad y la desesperación. Cuando mi cartera gritaba porque moría, yo tomaba un coche y ganaba dinero a cambio.

Más era ilegal y peligroso. Era una jaula sin salida. Una vez dentro, no podría salir. Todas aquellas personas que me rodeaban, voltearían la cara una vez que las necesitara. Estaba segura que los favores de James serían cobrados tarde que temprano y quien sabe cómo.

Por eso Paxton había decidido salir del hoyo. Le costó mucho, luchó, se cayó y volvió a luchar. Tuvo que ocurrir un fatídico accidente que dejó a Pax cuatro meses en cama, para que lo dejaran salir de la Jaula. Claro, después de todo les era inservible. Pero yo no era tan fuerte como Paxton. Yo era débil y no encontraba las fuerzas suficientes para salir.

—Sí —murmuré—. Supongo que entiendo tu punto.

—¡Oh! Bella, jamás fue mi intención ofenderte, yo…

—No, Pax. Tienes razón. Que yo lo haga no quiere decir que sea correcto —me erguí sobre el asiento del subterráneo y suspiré pesadamente—. A veces quisiera ser tan fuerte como tú…

—Cariño… —susurró y sin más me tomó de los hombros para aprisionarme en su pecho.

La colonia con aroma fresco y masculino, todavía se podía oler en la playera de Paxton. Aún cuando estuvo metido en aquella olorosa cocina. Me recargué más contra su pecho y dejé escapar un suspiro entrecortado. Pax se limitó a acariciar mi espalda.

—Nada es imposible, si en serio lo deseas —murmuró en mi oído, haciendo que me apretará más contra él.

El resto del trayecto a Bronx lo pasamos en silencio. Nos bajamos en la estación 138, la más cercana a Mott Haven y caminamos el resto del camino. Yo vivía cerca del jardín comunitario Padre Plaza*, Paxton aún tenía que caminar una calle arriba para llegar a la 140, en dónde estaba su edificio.

Nos despedimos con un "hasta luego" y cada quien retomó su rumbo. Yo escaleras arriba y Paxton calle arriba.

Subí las escaleras y me apresuré a abrir. King salió de la habitación, moviendo la cola y con la lengua de fuera. Cerré casi de un portazo y me puse en cuclillas, a la altura de mí bebé y jugué con sus grandes orejas.

—Hola cariño, ¿Me has extrañado? —pregunté. King ladró y se retiró hacía la cocina a husmear.

Entrecerré los ojos y le gruñí.

Era un maldito interesado.

Mi móvil sonó cuando entraba a mi habitación. Antes de tirarme a la cama, respondí.

—Rose —dije, sabiendo que el tono que sonó, era el que mi rubia amiga había configurado exclusivamente para ella.

—¡Bells! ¡Hola! —Saludó con entusiasmo. Rápidamente me levanté de la cama.

—¿Has tenido sexo? —indagué.

—No, Bella —bufó. Rosalie nunca bufaba—. ¿Por qué preguntas eso? —No dije nada— ¡Bien! ¿Sí? ¡Tuve sexo todo el domingo y Emmett se acaba de ir hace veinte minutos!

Me reí a carcajadas. Rosalie podía ser una persona imponente y peligrosa. Hermosa y letal. Sin embargo, tenía un gran defecto: No sabía mentir. La pobre chica podría estar horas y horas tratando de convencer a un niño de seis años que el cielo era azul por el reflejo del mar… Y este jamás caería.

—¡Dios! ¿Todo el día? ¡Guau, Rosalie! Me impresiona que aún tengas fuerzas para marcarme y hablar conmigo.

—Tonta —rió por lo bajo—. Tenía que llamarte y hablar de esto con alguien. Tanya seguramente me diría que le aprisionara porque es guapo y esas cosas superficiales. Pero es que… ¡Emmett es tan lindo! —Dio un sonoro suspiro.

—¿Emmett? ¿El chico grandotote de la fiesta del sábado? —pregunté entre curiosa e incrédula.

—¡Sí! Ese mismo Emmett —dijo entusiasmada—. Emmett Cullen.

Iugh, Cullen.

—Oh, vaya… ¡Pero qué pequeño es el mundo! —Exclamé— Jamás pensé que te enrollarías con él. Quiero decir… en la fiesta estuvieron juntos y todo pero…

—¡Es que Bella! —Rose, no grites. No grites— No es solo un "enrollamiento"… es ¡Diferente!

—Rosalie, no grites por el puto teléfono.

—Bien, bien —suspiró.

—Aparte… ¿Cómo sabes que es más que un "enrollamiento"? Veinte horas de sexo salvaje no marcan la diferencia.

Aunque a todos les caerían muy bien.

—No fueron solo veinte horas —murmuró Rosalie, queriéndome corregir.

—Bueno… tú sabes a lo que me refiero.

—Jamás entenderías a lo que me refiero. Creo que tu solo amas a King —bufó.

—¡¿Amas a Emmett?! No me jodas, Rosalie. Solo te has revolcado con el por más de veinte horas, eso no es amor —gruñí.

—Sí, sí… tu perro solo está contigo por interés —reí ante su contraataque. Solo Rose podría decir esas cosas—. Como sea nena, no te llamaba para eso. Lo que ocurre es que no me podré ir al Black contigo…

—¿Por qué? —Pregunté de pronto, levantándome de la cama y comenzando a caminar por la pequeña habitación— ¿Ha ocurrido algo? ¿No irás a trabajar?

—¡No! No es eso, no es eso —interrumpió rápidamente—. Iré. Pero Emmett quiere ir un rato, le comenté que cantabas y a veces alguno que otro chico tocaba una canción. Le dije que el Black era un lindo lugar y bla, bla, bla… esas cosas promocionales. Así que me dijo que iría hoy por la noche. Pasará por mí… aunque le puedo decir que pasemos por ti, si gustas podríamos…

—¡No, Rose! —No, definitivamente no. Aquello sería incómodo en exceso— Te veré allá. Creo que Paxton irá un rato, así que le llamaré para que nos vayamos juntos.

—Bien… —no la escuché muy convencida. Más no dije nada. Una parte de mí, la parte celosa y posesiva estaba muy enojada porque Rose había roto nuestra tradición por un tonto chico— Nos vemos allá ¿Vale?

—Seguro —respondí—. Chao, linda.

—Bye, Bells —contestó—. ¡Y lo siento! —gritó, antes de colgar.

Comencé a preparar las cosas para la noche.

El Black Light había sido el primer lugar en el que había trabajado aquí, en New York. Prácticamente fue por el Black, que pude mantenerme en los primeros meses. Sin el buen salario y los buenos horarios, no sé que hubiera sido de mí.

Conocí a Rosalie mucho antes de ingresar al Black. Rose había dejado la universidad y cuando nos conocimos, ella estaba en su proceso de: "Encontrarse a sí misma". Nos topamos con el Black de casualidad y ella pidió el empleo para bargirl. Yo, para mesera. Más mi mala —o buena— suerte se hizo presente, echándome en cara que la dueña ya había conseguido a los meseros faltantes.

Sin embargo, ella y la vida me dieron una segunda oportunidad: La vocalista que tocaba entre semana había dimitido. Estaba en mí el quedarme o no. Nunca fui de las chicas que disfrutó cantar… o que consideraba hacerlo bien. Creo que ni la ducha me había escuchado cantar. Más estaba en quiebra, no tenía dinero ni comida, mis fondos se agotaban y no quería vivir en la calle: Así que canté y quien sabe como jodidos logré quedarme. Meses más tarde pedí empleo con el señor Howe y lo lindo de la historia se terminó.

Adoraba estar en el Black. Le tenía mucho aprecio y cariño. Trabajaba de lunes a viernes de las diez de la noche a la una de la mañana. Las canciones eran buenas, los chicos de la banda: Tyson, Fred y Jeremiah, eran buenos también. A veces me reunía con ellos para ensayar una que otra canción. A veces simplemente tocábamos lo que salía… y salía perfecto. Los sábados y domingos, tocaba otra banda. Claro, una que atraía a más público. La chica era rubia, voluptuosa y cantaba maravilloso. Los chicos eran guapísimos y tocaban mejor de lo que se veían.

Tenía que aceptarlo, habían herido nuestro ego.

Pero ¿Qué puedo decir? Nathalie fue demasiado considerada al contratarme, dado que yo no tenía ninguna puta experiencia como "cantante".

Después de vaciar mis dos cajoneras, terminé por decidirme por unos ajustados jeans y una desgastada playera negra. Supuse que unos converse negros y una chaqueta de cuero, le vendrían bien al conjunto. Fruncí el ceño cuando me di cuenta que el cierre de mi chaqueta se había estropeado.

Tendría que pedirle a James que me dejase participar en alguna carrera si quería ropa nueva.

James.

Mierda.

La conversación con Paxton se me vino a la mente.

Yo acudía a James cada vez que el dinero me faltaba. No era como aquellas chicas sin estudios que pasaban dificultades económicas que las obligaban a reñir y reñir a la vida. Yo tenía una salida segura. Yo tenía una alternativa que, sabía, no fallaría. Tenía un auto y a personas que pagaban por verme correr y ganar una carrera.

Yo vivía en esa jaula.

Pero vivía segura y sin dificultades.

Más… ¿Qué ocurriría cuando quisiera salir? Cuando quisiera formar una familia. ¿Qué ocurriría cuando me enamorase? ¿Me enamoraría? Y si lo hacía ¿Podría estar con esa persona? Nada dentro de la puta jaula era fácil. James había hecho demasiado por mí y como todo en ese mundo, algún día, él me pediría algo a cambio. No podría arriesgar a una persona amada a esos peligros.

Esos tipos de peligros por los que muchos morían al día.

Esos tipos de peligros que no bromeaban.

¿Querían algo? ¡Bam! Justo al blanco. Tiro limpio y nadie culparía a nadie.

"Huérfanos, siempre son los mejores", dijo James alguna vez.

Pero… ¿Y si llegaba el día en el que no quisiera estar sola?

Edward POV:

—Lo sé, lo sé —repetía una y otra vez.

—¡Lo prometiste, Edward! —sus ojos azules estaban hinchados por el llanto. Odiaba verla así.

Kate cubría su cuerpo con una sábana blanca. Era hermosa a pesar de ello. Su cabello castaño llegaba un poco más debajo de sus hombros y este hacía que sus ojos se viesen más profundos.

Sus ojos…

—¡Edward! ¿Me estás escuchando si quiera? ¡Estoy harta, harta de esto! —protestó, tomando la sábana y marchándose al baño.

¿Harta?

—¡Espera, Kate! —la tomé por el brazo y la detuve. Ella me miró con dolor— No estaba en mis manos, Kate. No sabía que Ángela regresaría hoy. ¡Pensé que lo haría dentro de unos días más! Lo juro…

—Ese no es el caso, Edward —musitó, apoyándose en su pie izquierdo—. Ángela esto, Ángela aquello ¿Cuándo seré yo? ¿Cuándo terminarás con esto?

—¿Terminar con qué, Kate? —pregunté, incrédulo.

—¡Con esto, Edward! Estoy cansada de esconderme, de tener solo las sobras de ti. De tu tiempo, de tu cariño… ¡Edward, te amo! —chilló.

Mi corazón se estrujó. No podía responder a ello. No podía corresponder a sus sentimientos. La quería, quería a Kate Lynn. Era por ella que no había perdido la cordura… creo.

Kate era mi confidente y amiga. Mi cómplice y consejera. Mi amante. En todo el sentido de la palabra. Ella no se merecía esto, era maravillosa y hermosa. De cabello castaño y unos impresionantes ojos azules que te hacían perder el habla. Kate era hermosa en cuerpo y alma y yo la había arrastrado hasta aquí.

Pero ¿Dejaría a Ángela por Kate?

Egoístamente no.

Ángela era mi puerto seguro y por muy tétrico que sonase, así funcionábamos. ¿Amaba a Ángela? No lo sé. Probablemente no, pues buscaba a otra mujer cuando Ángela simplemente me sacaba de quicio.

Pero regresaba a ella. Siempre lo hacía y Kate, desgraciadamente, no sería por quien no lo hiciera más.

—Kate… yo… yo… —tartamudeé.

—Déjalo, Edward… solo, ve por Ángela. No la hagas esperar —un suspiro entrecortado salió de sus labios.

—¿Te veré después? —era algo estúpido preguntarlo. Kate estaría en todo su derecho de mandarme a la mierda… más para mi tranquilidad, ella asintió.

Lo lamenté por un segundo, porque Kate valía más que eso. Sin embargo, si ella no era la que me dejaba ir… yo no lo haría, no por ahora.

… … …

… … …

… … …

—Entonces, ¿Todo se resolvió? —le pregunté a Ángela.

—Sí, solo había sido un susto. Por suerte, el señor del otro auto se hizo responsable de todo. Solo fue un empujoncito —respondió.

—Bien, espero que tu madre se encuentre mejor. Alice me comentó que tuvieron que ponerle collarín —hice una mueca.

Ángela miró algo en su móvil antes de responderme.

—Sí… bueno, fue por el impacto. Pero solo tendrá que usarlo unas semanas.

—¿Le enviaste mis saludos? —inquirí.

—Claro, amor. Dice que tenemos que irla a visitar pronto.

—Lo haremos —prometí, mirando la carretera.

El camino lo transcurrimos en silencio. No había mucho que decir. Esos momentos incómodos, muchas veces eran partícipes en nuestras conversaciones. Sin embargo, antes de llegar al departamento de Ángela, recordé algo que tenía que comentarle.

—Mamá dijo que haría una parrillada este jueves. Ya sabes, el aniversario con papá, sin embargo le he dicho que serás tú quien confirme tu asistencia. Sé que has perdido días en la universidad por esta ausencia y no quisiera comprometerte si tienes cosas más importantes que hacer. Tengo entendido que tienes que ponerte al corriente ¿No? Aparte, tú sabes cómo son esas cosas de las parrilladas de mamá: Sin sentido. Más a ella le gustaría verte ahí, estoy seguro. ¿Te comentó algo? Entonces… ¿Qué dices? ¿I…?

Callé abruptamente cuando enfoqué mi vista en Ángela y noté que, probablemente no hubiese escuchado nada de mi discurso e intento de conversación. Ella estaba ensimismada escribiendo algo en su móvil, tratando de contener la risa y negando con la cabeza cada tantos segundos.

—¿Ángela? —traté de llamar su atención. Sin éxito— ¿Ángela? ¡Ángela! —elevé la voz, chasqueando los dedos.

—¿Qué? ¿Por qué gritas?

—¡Mierda! ¡Te estoy hablando como idiota y tu solo le prestas atención al teléfono! Estoy tratando de mantener una conversación contigo pero parece que el móvil, es más importante.

—Calma, Edward. ¡Lo siento!

—Lo siento… perfecto —murmuré, enfurecido.

—¡Edward! Lo siento, en serio.

—Como sea.

—¿Ves? ¡Estoy tratando de arreglar las putas cosas y tú me pasas de largo! —chilló.

—¡No quiero que arregles nada, mierda!

—¡No se puede hablar contigo, en serio!

—¡No! ¡No se puede hablar contigo! No quiero que arregles nada —enfoqué mi vista en la carretera, perdiéndome en el pavimento y en los demás autos, que en estos momentos parecían de lo más interesantes.

—¿Entonces, cómo? —Ángela se acomodó en su asiento y pude ver de reojo, como cruzaba los brazos— ¿Así se queda? ¡Déjalo Ángela! ¡Mañana vendrás y reclamarás por ello!

—¡Oh, vamos! ¿Yo? ¿Reclamarte a ti? ¡Invéntate otra excusa, Ángela!

Estacioné el auto frente al edificio en dónde compartía un piso con mi hermana.

—Hablamos después —sentencié.

—¡No! No hablaremos cuando tú quieras, hablaremos cuando yo quiera —declaró, bajándose del auto y cerrando la puerta con un portazo.

Me bajé tras de ella para ayudarla con su equipaje. No importaba cuando peleásemos, no dejaría que batallara sola. Aparte, así no tendría que llamarme después para que le llevara el equipaje que dejó en mi auto.

En la parte trasera del coche, Ángela le gruñía a las dos maletas.

—Te ayudo —murmuré, tratando de tomar una de estas.

Estaba muy enojado, sí. Pero ¿Qué más da? Siempre era yo quien terminaba tragándose su orgullo.

—No —refunfuñó ella—. Solo aléjate y hablaremos después.

Fruncí los labios y no dije nada más. Cerré la cajuela y vi como el portero llegaba a socorrer a Ángela. Ella le agradeció con un asentimiento de cabeza y yo me metí al auto.

Le di un golpe al manubrio.

¡Bien, Edward! ¡Bien! Primero Kate y luego Ángela. ¿Quién sigue ahora?

… … …

… … …

… … …

El timbre sonó y yo solo pude hundir mi cabeza en mi almohada. Ahora sabía porque la gente odiaba los lunes.

Justo hoy era cuando había pedido el día libre… para pasarlo con Kate.

Más todo se había arruinado.

¿Por qué putas Ángela tuvo que volver antes? La extrañaba, un poco, sí. ¡Pero no en esos momentos! No cuando le había prometido a Kate que estaría los dos días siguientes. Solos y sin interrupciones.

El timbre volvió a sonar y bostecé antes de levantarme e ir a abrir la puerta. El departamento estaba oscuro, solo las luces del desayunador estaban prendidas. Las cortinas estaban abajo y nada de claridad se filtraba por ellas. Tal vez porque eran oscuras o tal vez porque había anochecido.

¿Dormí mucho?

Emmett estaba en mi puerta, con mi correspondencia.

La arrebaté de sus manos y lo hice pasar.

—¿Qué quieres? —pregunté, caminando hacia al el sofá y dejándome caer.

Deudas, deudas, invitaciones, más deudas…

—¿Discutiste con Ángela? —fue directo. Elevé mi mirada y me topé con el rostro de mi hermano.

Con su ceño fruncido y sus codos en las rodillas.

—Alice no pierde el tiempo —contesté, botando los sobres en la mesita de centro.

—Es su mejor amiga, Edward. Aparte, viven juntas, son mujeres ¿Qué más querías? —explicó.

—Da igual. Odio que Ángela meta a otros en nuestros problemas. Es una relación —reclamé—. De dos —subrayé al final.

—Bien. No me meteré.

—Gracias —murmuré. Lo miré detenidamente y noté que vestía un poco más formal que de costumbre— ¿Saldrás? —me levanté del sofá y me encaminé al refrigerador, sacando una botella de agua.

—Sí… Iré al bar en dónde trabaja Rose —masculló, inclinándose hacia la mesita de centro, husmeando entre mi correspondencia.

—Oh… ¿Rose? —Pregunté un poco desorientado— ¿Rose rubia y de la fiesta? ¿Esa Rose?

—Sí, esa Rose —di un sorbo a la botella y él me miró, levantándose de un salto y apuntándome con el dedo—. ¿Por qué no vienes? ¡Sí! Eso servirá para sacarte de tu puta depresión.

Rodé los ojos.

—No estoy sumido en depresión, Emmett —dejé la botella en la barra y me apoyé en esta—. Pero no quiero salir a ver cómo la rubia y tú se comen las caras.

—Se llama Rosalie y no nos comeremos las caras —replicó, demasiado obviado—. Rosalie estará trabajando e iré un rato, hasta que termine su turno. Una banda toca ahí y dicen que es muy buena… pasar un rato agradable entre hermanos ¿Qué dices?

Bufé y miré a mí alrededor. Salir y escuchar las estupideces de Emmett sonaba mucho mejor que quedarse en mi departamento, lamentándome por haber arruinado el día con Kate y haber discutido con Ángela.

—Bien… ¿Qué hora es?

—Cuarto para las nueve ¿Por? —¡¿Cuarto para las nueve?! Mierda que dormí.

—Uh… iré a darme una ducha. No tardo —anuncié.

—¡Seguro! Quedé de ver a Rose a las nueve y media. ¡Date prisa!

Comencé a desvestirme antes de llegar al baño de mi habitación y una vez desnudo, me metí bajo la fría regadera. El agua me hacía tiritar, pero me despertaría con ello, así que no subí la temperatura. Tomé el jabón de baño y lo pasé por mi cuerpo, recordando más o menos a qué hora había llegado a casa.

¿Tendría que hablar con Kate? ¿Resolver las cosas con Ángela?

Suspiré. Se suponía que me había dormido para no pensar más en ello. Pero ahora, despierto y con "energías renovadas", pensaba el doble de tiempo en el asunto. No quería perder a Kate, pero Ángela era… Ángela.

¡Dios! Aquello sonaba tan canalla.

Negué con la cabeza y terminé de enjuagarme el champú. Pensar en ello sería una mierda. Solo me estresaría y mandaría a Emmett a volar. Cerré la regadera y me sequé con la toalla que estaba colgada en el gancho. Secar mi cabello era más interesante que pensar en cómo irían las cosas mañana. ¡Y el jueves! Oh, mierda. El jueves vería a Alice y a mi madre. Mi cabeza quería explotar anticipadamente. No me quería imaginar el remolino de preguntas en el que me vería envuelto.

Puta Ángela bocona.

De mi familia, nadie sabía que estaba con Kate. Obviamente. Alice era la mejor amiga de Ángela, y aparte jamás le diría que le era infiel a mi novia, fuese o no su mejor amiga. Emmett vivía sumido en su mundo y mis padres no eran una opción. Por otro lado, mis amigos estaban descartados. Nunca le contaría a Jacob aquello, más ahora que estaba estúpidamente ilusionado con el tema del amor y del matrimonio con Leah. Y aunque sabía que a Leah no le agradaba Ángela, no me desahogaría con ella por el simple hecho que no era demasiado cercano a ella…

Y porque simplemente no estaba bien.

A mi culpa tendría que agregarle la certeza de que Ángela no me era infiel. Lo sabía y posiblemente ella si sabía que yo sí le era infiel.

Probablemente ella si me amaba.

—¿Listo? —Emmett apagó la televisión cuando entré al living, poniéndome el reloj en mi muñeca.

—Sí —respondí. Apagué las luces correspondientes y tomé mis llaves, junto con mi billetera. Decidí dejar el móvil.

Cuando llegamos al estacionamiento, Emmett señaló la camioneta Cadillac*que se encontraba a un lado de mi auto. Silbé por lo bajini.

—No sabía que te había llegado ya —murmuré, acercándome al imponente auto y mirándolo embelesado—. Es impresionante, hermano.

—Lo sé —soltó con una risotada—. Llegó hoy por la mañana y estaba con Rose cuando me llamaron. ¡Dios! Creo que ya la amo más que a mi vida.

—¿A Rose? —pregunté mirándolo con los ojos entrecerrados.

—¡No, hermano! A mi camioneta —me corrigió, fingiendo estar ofendido—. Como sea. Deberías seguir mis pasos y cambiar tu cacharro —sugirió, señalando a mi auto.

Un Volkswagen Passat CC* del año pasado era lo que usaba para transportarme. Me gustaba y aún parecía ser nuevo, puesto que era muy cuidadoso con él.

—No veo por qué cambiarlo aún, me gusta —repliqué.

—Sí, sí, claro. Anticuado.

—¡Oye! Hasta ayer tú lo eras, Emmett.

—Sí, sí —hice amago de subir a mi auto y la voz de mi hermano me detuvo—. ¿A dónde vas? ¡Estrenaremos a mi bebé!

—¿Y regresarme en taxi porque te has ido a follar con Rosalie a quien sabe qué lugar? ¡No, gracias! Tú me guías, hermano.

Emmett negó con la cabeza, pero rió y no hizo nada por desmentirme. Mierda, había dado en el clavo. Mi hermano salió del estacionamiento y yo lo seguí. Noté que ya pasaban de las nueve y media, por lo que me reprendí mentalmente.

Ya qué. Unos minutos más, unos minutos menos. Sobrevivirán.

Puse música y me resigné a pasar el resto del trayecto con Rihanna de fondo. Estúpida radio y estúpida música. Pronto recordé que a Kate le encantaba aquella molesta música.

Gracias al cielo y a los astros, llegamos pronto al bar.

Para ser lunes se notaba concurrido. La fachada decía en letras plateadas "Black Light", con algunos detalles muy tediosos de describir. La pared por fuera era en ladrillos y tenía dos grandes ventanales que dejaba ver parte del interior. Noté que Emmett se estacionó cerca y aparqué mi auto detrás del suyo. Miré el reloj.

9:56 p.m.

Algo tarde.

—Vamos, entremos —me apuró él.

El letrero de la puerta decía "Abierto" y "Empuje". También había algunos carteles promocionando bandas musicales y concursos del mismo género.

Por dentro, el lugar era aún más agradable.

El bar estaba dividido en partes. Al entrar, unas escaleras de caracol salían de la derecha. Supuse que arriba era algo así como un lugar "más privado". Mesas y una barra se extendían. La barra tenía muchos banquillos y todo era rústico. Al fondo, las luces neón predominaban y un escenario yacía frente a varias mesas. Una segunda barra detrás de las mesas y esta vez, eran sillas altas las le adornaban.

Eran dos mundos diferentes en un solo lugar.

Avanzando hacia el fondo del local, noté que la primera barra tenía el título de "Indie Light" y la segunda tenía grabado "Neon Heart".

Hice una mueca de aprobación. Sí, era agradable.

Emmett se sentó en una mesa frente al escenario y pronto vi a una cabellera rubia acercándose a esta.

—¡Emm, viniste! —Emmett se levantó y abrazó a Rosalie.

Me acerqué a la mesa y tomé asiento sin decir palabra.

—Te dije que lo haría —musitó mi hermano. Su voz salió amortiguada pues aún tenía el rostro escondido en el cuello de Rose.

Carraspeé.

Rosalie se separó de mi hermano y me miró con sorpresa.

—Oh… ¡Hola! —saludó con entusiasmo.

—Rose, él es mi hermano…

—¡Edward! ¿Cierto? Sí, te recuerdo de la fiesta —extendió su mano y yo la estreché—. Rosalie Hale, pero dime Rose.

—Edward Cullen —me presenté "formalmente"—. Pero llámame Edward.

La rubia sonrió y asintió, para después, dirigir su mirada a Emmett.

—Iré a la barra —besó a Emmett y yo desvié la mirada, incómodo—. Disfruten el show —dijo esta vez a los dos—, Bella y los chicos no deben tardar en salir.

—Claro, nena. Aquí estaremos —Rosalie se fue y Emmett se sentó—. Maravillosa ¿Uh? —asentí poseído.

Mi mente estaba en otro lado. ¿Dijo Bella?

¿Bella castaña? ¿Bella ojos bonitos? ¿Bella Blue Lagoon? ¡¿Bella follada de la fiesta?!

¡Mierda, mierda!

¡No, no, no!

Inevitablemente, comencé a recordar aquella noche.

Sus gemidos y su caliente cuerpo. Sus jadeos y su… ¡Oh mierda! La chica era sexy. Sexy, caliente y follable. Me comencé a excitar y sentí como mi miembro crecía y mis pantalones se hacían apretados.

Fruncí el ceño y me erguí y me acerqué a la mesa para que no se notara mi creciente problema.

Emmett veía la carta de bebidas.

—Creo que pediré un… Highlife* —murmuró Emmett.

Lo miré raro.

—¿En serio? —una mesera llegó y pidió por nuestras órdenes.

—Quiero un Highlife —pidió mi hermano.

—Yo… —miré la carta y la boté poco después— Heineken.

La mesera anotó todo y tras asegurarnos que regresaría en unos minutos, se fue.

—¿En serio? ¡La casta tiene gran variedad de cócteles y tú elijes una puta cerveza! —bramó mi hermano.

—¿Y qué? Prefiero una puta cerveza a beber coñac con sirope —me burlé.

Los acordes de una guitarra nos sacaron de nuestra infantil discusión.

La banda estaba lista en el escenario. Bella, vestía totalmente de negro y estaba sentada en una silla alta, uno de sus pues colgaba y se balanceaba de atrás hacia adelante y el otro descansaba en el travesaño del asiento. Noté también que usaba unos converse negros.

Se veía toda despreocupada y muy distinta a la fiesta.

Se veía natural y me gustó… supuse.

Las manos de Bella rodearon el micrófono, el cual estaba a su tamaño gracias a la base.

Am I better off dead? Am I better off a quitter? They say I'm better off now than I ever was with him. As they take me to my local down the street. I'm smiling but I'm dying trying not to drag my feet*(1) —era una canción tranquila y con buen ritmo. Algo triste o desesperante. Más sin embargo, tenía un buen tono para ser una canción de fondo.

Aparte, Bella cantaba demasiado bien.

Su timbre no era chillón o rasposo. Era neutro y se adaptaba a notas graves. No sabía mucho de términos musicales, pero consideraba tener un buen oído y Bella definitivamente tenía buena voz.

Nunca había escuchado la canción, pero pronto me encontré moviendo mi pie al ritmo que marcaba la batería.

And my mates are there, trying to call me down. 'Cause I'm shouting your name all over town, I'm swearing if I go there now. I can change your mind, turn it all around. And I now that I'm drunk, buy I'll say the words. And he'll listen this time even though it's lust. Dial his number and confess to him I'm still in love… But all I heard was nothing!*(2) —Bella echó su cabeza hacia atrás cuando terminó, hacienda que su cabello cayese en cascada.

Los aplausos no se hicieron esperar y Bella tomó el micrófono, desprendiéndolo de su base y mirando al público con una sonrisa.

—Gracias, gracias —ella bajó la mirada con una sonrisa bailando en sus labios—. Uhm, gracias también, por acompañarnos en el Black Light una noche más. Estamos felices de servirles y de hacerlos entretenerse, divertirse y alegrarse un poco en esta noche de… eh sí, lunes —unos cuantos reímos—. Estamos abiertos a peticiones y cambio de género a gusto del público —tomó la base y la acercó de nuevo, poniendo el micrófono otra vez ahí—. Espero sigan disfrutando. Soy Bella, ellos son "The Brewing*" y esto se llama: The Sun*.

Así como esa canción, otras más siguieron y siguieron. Las Heineken y las bebidas estúpidas de Emmett, también. Al cabo de hora y media, la primera ronda terminó y anunciaron que tomarían un descanso de treinta minutos. Dejaron música suave y desaparecieron, yéndose a unas mesas del fondo.

Puedo jurar que respiré tranquilo. Probablemente Bella me habría visto o reconocido, probablemente me había olvidado. Agradecí que ni siquiera me mirara.

—Iré al baño —avisé a mi hermano, levantándome de la mesa.

—Claro —él dio un trago a su bebida e hizo una mueca.

Me reí de él mientras me alejaba.

Las cervezas comenzaban a hacer estragos en mi vejiga, así que me apresuré a entrar al baño de hombres. No tardé demasiado. Bajar, vaciar y subir. Todo según mi padre me lo explicó cuando tenía dos. Lavé mis manos y salí del baño, sin fijarme quien iba pasando.

—¡Auch! —se quejó alguien.

La puerta había golpeado al brazo de la persona, quien se sobaba con ganas.

—¡Oye! Lo siento —me disculpé, haciendo una mueca.

Y la mueca se agrandó más cuando noté que se trataba de Bella-la-follé-y-la-boté.

¿En serio? ¡Puta mierda! ¡Puto lunes!

La mirada de Bella se envenenó enseguida y entrecerró los ojos.

—Cullen —gruñó.

—Bella —saludé, tratando de que esta vez, no fuese un canalla.

Bella era la chica que me había gustado en la fiesta del sábado. Era la chica linda y lista que me había prendado. Cuando la vi, me di cuenta de lo hermosa que era. Cuando charlé con ella, todo se duplicó. Era perspicaz e inteligente. Cuando la follé, se triplico. Era ágil y caliente.

Pero era solo una chica más.

Me había comportado como un maldito gilipollas, tal vez. Pero aquello no descartaba el hecho de que era solo una chica más. Probablemente si tuviera que elegir entre las bellezas que he conocido a lo largo de mi vida, Bella figuraría entre las primeras cinco. Más si tuviese que elegir entre la chica con la que pasaría el resto de mi vida, Bella ni siquiera figuraría en el tema.

Una chica más.

—Oye… —comencé a hablar— Dado que…

—Lo siento, te mentí. No tomo la píldora.

Mis ojos se desorbitaron.

Espera… ¿Qué?

—¿Qué putas has dicho? —siseé.

Bella se rió con burla.

—Deberías de haber visto tu cara —se carcajeó, señalándome.

Como una puta niña de seis años.

—¡¿Qué te ocurre?! Con eso no se juega, Bella —siseé, furioso.

—¡Oh, vamos! ¿En serio te lo creíste? ¿Crees que me dejaría embarazar por un gilipollas que trata como prostitutas a las chicas? ¡Vamos! Sabes más que eso.

Le miré, incrédulo.

—¿Todo eso es por aquella noche? ¡Bella! ¿Qué? ¿Pretendías que declarara mi amor por ti y…?

—¡No! Pero ¿"Cierra cuando salgas"? —bufó.

—¡No seas tonta, Bella!

—Eres un idiota, Cullen.

Comenzamos a gritarnos al mismo tiempo, llamando la atención de varios. Realmente no entendía muchas de las cosas que decíamos, el chiste era solo gritarnos. Entre gruñidos entendí unos cuantos "Idiota", "Cullen" y "Píldora".

—¡Arg! —Gruñó— Olvídalo.

Le miré con el ceño fruncido. Se alejó y me dejó solo, como idiota. Traté de no enojarme más de lo que ya estaba.

Nadie me dejaba hablando solo.

Bella lo hizo.

Me encaminé a la mesa que compartía con Emmett y noté que Bella iba un poco más por delante de mí. Rosalie estaba en la mesa con mi hermano.

—¡Bella! Ven, ven. Quiero presentarte a alguien —¿Y ahora qué hago? ¿Doy media vuelta y espero a que Bella se retire de la mesa?

—¡Edward! —gritó Emmett— Te has tardado, hermano —se burló.

Enfurruñado, me acerqué.

Bella me miró de reojo y frunció los labios antes de sonreír para Rosalie.

Infantil.

—¿Qué ocurre? —musitó Bella, cambiando completamente de actitud.

—Bella, te quiero presentar a Emmett —Rosalie se levantó del brazo del asiento y tomó la mano de su amiga para acercarla—. Emm, ella es Bella. Mi mejor amiga. Bells, él es Emmett, mi… amigo.

Emmett sonrió socarronamente mientras estrechaba la mano de Bella.

—Gusto en verte otra vez, Bella.

—Lo mismo digo, Emmett —Bella soltó la mano de mi hermano y sonrió a ambos—. ¡Aw! Hacen una bonita pareja —soltó, en un chillido.

Rosalie se sonrojó y Emmett volvió a sonreír con soberbia.

—¡Ah! Edward, Ángela te ha estado buscando. Llamó a mi móvil. Te dije que no dejaras el tuyo en casa, hermano —Emmett tomó asiento, mirándome penetrantemente. Yo solo pedía que pasaran desapercibido aquello.

—¿Ángela? —Inquirió Rosalie— ¿Qué no es la otra chica que conoció Tanya? —indagó, esta vez mirando a Bella.

—¡Oh, sí! Es ella —respondió Emmett esta vez. Bella solo los miraba con el ceño fruncido—. Es de hecho, la novia de Edward.

Mierda.

Puta madre.

¡No, Emmett!

Bella solo me miró de reojo, sin ser muy evidente. Su ceño estaba fruncido, otra vez. Más no dijo nada.

¿Tendría que decir algo? No.

Creo.

Más esto estaba más que cagado.

Lo adjudiqué a que era lunes. Ahora sé, porque todos odian los putos lunes.


N/A:

*Padre Plaza: Jardín comunitario ubicado en Bronx.

*Cadillac: Cadillac en sí, es una marca de automóviles de lujo. Más en el texto, se hace referencia a la camioneta Cadillac Escalade, vehículo de lujo que ronda alrededor de los $800,000/$1, 015,000.

*Volkswagen Passat CC: Es un automóvil de turísmo del segmento E producido por el fabricante alemán Volkswagen desde mediados del año 2008. Sin embargo, el de Edward es año 2012.

*Highlife: Cóctel hecho a base de coñac, almíbar/sirope y jugo de limón.

«*(1): (Traducción) ¿Estoy mejor muerto? ¿Soy mejor un derrotista? Dicen que estoy mejor ahora que cuando estaba con él. Mientras me llevan a mi local/bar calle abajo, estoy sonriendo, pero estoy muriendo, tratando de no arrastrar los pies.

*(2): (Traducción) Y mis amigos/colegas están ahí tratando de calmarme, porque estoy gritando tu nombre por toda la ciudad. Juro que si voy ahora ahí, puedo cambiarte de pensamiento. Cambiarlo todo por completo. Sé que estoy bebida, pero pronunciaré las palabras y esta vez él me escuchará. Incluso aunque arrastre las palabras. Marqué su número y lo confesé que todavía estaba enamorada, pero todo cuanto escuché fue nada.»

«Nothing/The Script»

*The Brewing: Es el nombre de la banda. Traducido sería como "La elaboración de la cerveza".

*The Sun: Canción de Maroon 5, compuesta y escrita por Adam Levine, Carmichael, Jesse Royal. Dusick, Ryan Michael, Valentine. James, Madden y Mickey.


¡Hola! Aquí Ivy de nuevo:)

Lamento mucho la tardanza pero me he visto algo revuelta con muchas cosasXD. Espero poder actualizar más seguido y así. Me esforzaré, más que ahora ya estoy de vacaciones:D!

Quiero agradecer por las respuestas que recibí en el primer cap. Tanto rws, favs y follows! Estoy muy, muy contenta con el resultado. ¡Gracias miles!

Aclarando el carácter de Edward y Bella, notarán que no son los típicos Ed/Bella de varios fics. Edward por una parte es un mujeriego al cual no le gusta que lo hagan ver como un "chico ocupado" y Bella es una chica orgullosa que no teme a mostrar sus pensamientos.

Es todo algo diferente. Así verán a varios personajes salir de los estereotipos, gg. Solo espero que les guste el resultado.

Por otra parte, subiré las fotos de los autos de los chicos y el departamento de Ed, entre otras cosas (vestuarios, personajes, etc.) al Facebook. Aún no sé si hacer un grupo o subirlas a mi cuenta. Creo que veré más adelanteXD. Acepto sugerencias.

Ivy Fawkes en Facebook:D

¿Les gustó? ¿Lo odiaron? ¿Comentarios?

¡REVIEW!:DDD

Besos y hasta pronto:

Ivy xo.