Disclaimer: nada de esto es mío.
Notas: jo, dos meses sin actualizar esta historia. No creo que nadie se acuerde de qué iba, ¿no? En fin, más vale tarde que nunca, dicen. Así que aquí está; espero que resulte un poco más interesante que la primera parte, o que -por lo menos- haya merecido un poco la pena esperar. Reviews serán bien recibidos, y probablemente hagan espabilar a la autora.
Switch
Se sentía realmente extraña –extraño, ahora-, durmiendo en esa cama. Para empezar, por ejemplo, estaba los ruidos; en el cuarto de las chicas no solía escucharse nada, a esas horas, pero aquí… aquí era distinto. Sirius hablaba en sueños; Peter roncaba un poco. Y James… James parecía estar jugando un partido de quidditch. Uno bastante movido.
Por supuesto, podría ser peor. Podrían haberse olvidado de ella –de él- y haber empezado a… bueno, a eso. Lo había leído en miles de libros, lo de que los chicos se tocaban antes de dormir. Como muchas chicas, había pensado, pero se lo imaginaba todo más ruidoso. Y, a pesar de todo lo que había compartido con James –que, pensándolo bien, tampoco era tanto-, creía poder sobrevivir sin saber ese tipo de cosas sobre Sirius. O Peter. O cualquier otro chico. Remus incluido.
Cerró los ojos. Una semana, llevaban así, y nada había cambiado. Bueno, o quizás un poco sí. La gente, por ejemplo, había dejado de mirarles, a Remus y a ella como si les hubiese crecido otra cabeza; conseguían comportarse con normalidad, o casi, la mayor parte del día. Pero James estaba raro, y Lily no sabía por qué. Bueno, seguramente el que tu novia ocupe el cuerpo de uno de tus mejores amigos debía de ser desconcertante, claro, pero era algo más. Ni siquiera la miraba, a veces.
Sirius no se lo había tomado tan mal.
Un ruido al otro lado de las cortinas la obligó a abrir los ojos; la voz de Sirius la sobresaltó.
-¿Puedo pasar? –y debería haber dicho que no, por supuesto, pero abrió la cortina y le hizo un hueco, y le sintió, más que verlo, tenderse en el colchón y acercarse poco a poco, el cuerpo cálido y un poco tenso, la respiración fuerte, cansada.
Casi sin darse cuenta, le acarició un poco la cabeza; Sirius olía bien, a hombre y a sueño y a sexo –sobre todo a sexo-, y Lily lo acercó a su cuerpo casi sin quererlo.
-Te echo de menos -murmuró el moreno; Lily supo que no era para ella, esa frase, aunque se lo susurrara al oído, que iba dirigida a otro. Y eso estaba bien, por supuesto: el cuerpo de Remus, la cama de Remus, el beso…
Los labios de Sirius eran suaves, lentos, sensuales; Lily abrió los suyos –los de Remus- sólo un poco, le dejó explorar su boca antes de reaccionar, y besar también. Gimieron juntos; las reacciones eran extrañas, en este cuerpo, más súbitas, pero igual de intensas. Se exploraron uno al otro, y Lily mordió la almohada para no gritar, gruñir, aullar, y se sintió sucia y traidora y se durmió abrazada a Sirius.
Y podría haber sido un sueño, pensó, al despertar, ojos aún cerrados. Podría haber sido un sueño, demasiado vívido quizás, si todo en ella, esa mañana, no oliera tanto a Sirius.
La vida no era fácil siendo un hombre lobo. No, la vida no era fácil, y Remus estaba perfectamente acostumbrado a ella. Además, no había muchas cosas que pudieran ser peores que transformarte en un bicho peludo y destrozarte a ti mismo una vez al mes, ¿no?
Ah, pobre ingenuo.
A la semana y media del-Cambio-Que-No-Debía-Ser-Nombrado, más o menos, Remus Lupin descubrió que había cosas aún peores que la licantropía. Un buen ejemplo: las hormonas.
-Esto es horrible –murmuró el cuerpo de Lily Evans, golpeándose la cabeza repetidamente contra la mesa del Gran Comedor sin razón aparente. El cuerpo de Remus Lupin le dirigió una mirada compasiva desde el otro lado de la mesa, sentado junto a Sirius. Su Sirius, pensó, sin avisar, el cerebro alojado en el cuerpo de la pelirroja-. Genial –musitó-. Ahora, celos.
-Relájate un poco, ¿quieres? Estás llamando la atención de todo el mundo –protestó James. Eso, obviamente, le sentó bastante mal a Remus/cuerpo de Lily, que gruñó y se levantó de la mesa con lágrimas en los ojos.
-Piérdete, Potter –casi gritó. Y entonces sí: medio Gran Comedor se volvió hacia ellos, algunos con suspiros de alivio (ey; que Lily Evans hubiese decidido salir con James Potter era, para muchos, un signo de que el Apocalipsis estaba cerca. A lo mejor ahora se retrasaba), otros con expresión de asombro. Agobiado y furioso –sin motivo claro-, el cuerpo de Lily Evans salió dando un portazo. Una hazaña considerable, si se tiene en cuenta que las puertas del Gran Comedor sólo las podía abrir Hagrid, con mucho esfuerzo.
-¿Qué se supone que le pasa? –murmuró James, mirando fijamente a su pelirroja favorita que, en esos momentos, no era ni pelirroja ni mujer.
-Pues… -y se paró a pensarlo un momento- ¿Qué día es hoy?
James se lo dijo. El cerebro de Lily Evans envió una señal de alarma.
-Le va a bajar la regla –informó.
La expresión de los presentes Merodeadores habría sido digna de foto.
Remus, mientras tanto, había conseguido llegar al baño de Myrtle sin echarse a llorar -las lagrimillas de rabia que se le habían escapado no cuentan-, y estaba bastante frustrado. O frustrada. Para empezar, se sentía húmedo, por debajo. Para seguir, estaba de muuuuuy mal humor, y, cuando uno es un licántropo acostumbrado a expresar más o menos lo mismo que expresa la Monna Lisa, eso es bastante irritante.
Por último, estaban las ganas de llorar. Por favor, si hacía diez años que no lloraba –y la última vez que lo hizo tenía un buen motivo; probad, si no, a que os muerda un hombre lobo. Veréis cómo se os saltan las lágrimas-, y ahora no era capaz de parar. Se preguntó cómo narices lo haría Lily, si a ella también le pasaban estas cosas. Supuso que sí; por eso la pelirroja estaba siempre de mal humor.
-¿Qué haces aquí? –inquirió una voz tras él. Remus se volvió- Este es mi baño, ¿sabes? –por supuesto, añadámosle a la frase un par de hipidos, unos sollozos y algo de moqueo, y el hecho de que no era ni más ni menos que un fantasma quien la pronunciaba. Una fantasma, para ser más concretos.
-Yo…
-¿Tú también estás llorando? –como si no fuera obvio, pensó Remus, de pronto bastante furioso. Irracionalmente furioso, por cierto. Malditas hormonas- Pues tienes que buscarte otro sitio, porque aquí ya estoy yo. Además, ver llorar a la gente me deprime –comentó Myrtle, lanzándole una mirada envenenada entre sollozos. Cómo lo hizo, es difícil de explicar.
-¡Déjame en paz!, ¿quieres? –y, para sorpresa tanto de la fantasma como de sí mismo (de su mente, al menos; su cuerpo estaba demasiado lleno de hormonas como para sorprenderse), Remus Lupin rompió en llanto.
Sin comerlo ni beberlo, Myrtle la Llorona se encontró, por una vez, sirviendo de consuelo.
-¿Habéis visto a Lily? –preguntó Lily (en el cuerpo de Remus) durante el almuerzo. Los otros Merodeadores negaron con la cabeza.
-Hemos estado contigo todo el día –le recordó Sirius-. Es obvio que no la hemos visto.
Y, bueno, algo de lógica tenía, pero Lily no podía evitar sentirse preocupada, ¿no? Al fin y al cabo, era su cuerpo del que estaban hablando, y Remus no estaba acostumbrado a los cambios de humor (un poco bestias) que le sobrevenían a dicho cuerpo en… cierto período del mes, y a saber si no hacía alguna burrada de la que luego se arrepentiría ella, cuando todo volviera a la normalidad. Si es que eso ocurría.
-De todas formas, no te preocupes tanto, preciosa –empezó James. A su alrededor, la gente empezó a mirarle de forma extraña-, ehm, precioso –ahora, la mirada extraña se la echó la propia Lily-, ehm… Déjalo –terminó, colorado como un tomate. Es más complicado de lo que parece, eso de vivir con una novia que no es tu novia y un amigo que sí que es tu novia. En fin, a lo que íbamos-. Lo que quiero decir es que, si le ha pasado lo que tú ya sabes…
-¿El qué? –preguntó Peter, oportuno como siempre.
-Bueno, eso.
-No me lo aclaras, Cornamenta.
-Pues… esa cosa, ya sabes –James se estaba poniendo peligrosamente rojo. Le quedaba bastante bien, en opinión de Lily; claro, que nadie le había preguntado. Pensándolo bien, hacía mucho que James no le preguntaba nada sobre el asunto; estaba empezando a mosquearse. Era raro. Incómodo. Casi tanto como el dormir abrazada a Sirius (algo que, en realidad –y mientras nadie lo viera- no tenía por qué haber pasado, ¿no?).
-No lo sé, James –y aquí ya fue demasiado evidente, eso de que se estaba riendo de su amigo. Cosa que el otro no parecía notar.
-Pues… pues… es la… ehm…
-Oye, James –interrumpió Sirius de pronto, sobresaltándoles a todos-, he estado pensando, ¿sabes? –y esto de por sí ya era un logro, claro; ahora sólo faltaba que tuviese sentido, y Sirius Black estaría definitivamente raro- Si Remus pasa por lo del período, ¿eh?, entonces Lily tendrá lo otro, ¿no? –sí, eso de que tuviera sentido era, definitivamente, demasiado pedir.
-¿Tendré qué? –inquirió la interesada, jugueteando todavía con la comida y sin probar bocado. Todo esto le sonaba demasiado raro; en realidad, todo lo relacionado con los Merodeadores lo era, en general. Raro en el sentido malo, además, y solía incluir problemas.
-Ostras, pues tienes razón –coincidió James, con la boca muy abierta y expresión ligeramente horrorizada, y luego añadió-. Eso es todo físico, ¿no?, y si han cambiado los cuerpos, obviamente…
Lily, por supuesto, siendo la chica inteligente que era, había empezado a hacerse una idea de todo esto. Es decir, ¿qué es eso que le pasa a un chico y no a una chica? En su mundo, al menos, tenía bastante que ver con cómo se levantaba algunas mañanas, en el cuerpo de Remus. De todas formas, no hacía falta que armasen tanto alboroto, estos tres, por una nimiedad así; ya había aprendido a apañárselas ella sola, gracias. No era una completa inútil.
Estaba a punto de decírselo, en serio. A puntito de meterse con ellos y reírse, y decirles que no era lo bastante mojigata como para no saber aliviarse sola cuando…
-¿Lily? –con un suspiro cansado y ligeramente horripilante, su propio cuerpo se dejó caer a su lado. Se observó unos momentos: ojos rojos, despeinada y hecha polvo. Qué desastre; tendría que enseñar a Remus a lidiar con las hormonas esas, desde luego, antes de que su cuerpo sufriera un daño irreparable.
-No me hables –murmuró la (ahora) pelirroja. Acto seguido, empezó a comer con un apetito aparentemente insaciable.
Tramaban algo. Eran tan obvios, esos Gryffindor, que Severus no se explicaba cómo nadie más se daba cuenta. Tramaban algo, entre los cinco: Potter, como siempre, a la cabeza, con Black y Pettigrew y Lupin. Y Lily… no, Lily no, Evans, se recordó. Ya ni siquiera quería (podía) llamarla por su nombre, porque no había nada entre ellos.
-Hey, Snape, ¿pasa algo? –a su lado, Wassily Proud dirigió una mirada venenosa al susodicho grupito- Dichosos Gryffindor, ¿eh?
Severus Snape asintió.
-Ehm… Lily, Remus –empezó Peter, inaugurando la reunión. Últimamente parecía más seguro de sí mismo, más confiado; probablemente la crisis por la que pasaban sus amigos (cada uno a su manera) le había obligado a valerse un poco más por sí mismo-, tenemos algo que deciros, ¿eh?
Estaban, por supuesto, en la habitación. Cómo no. James y Sirius y el mismo Peter prácticamente les habían arrastrado allí –en medio de los gruñidos y casi mordiscos de la pelirroja sobrehormonada- y les habían dejado tirados encima de la primera cama. La de Sirius, por cierto, pero eso ahora no viene al caso.
-Verás, Remus –empezó James, dirigiéndose a la pelirroja-, hemos estado pensando y, bueno, si tú estás pasando por… ya sabes –jo, y qué bien lo sabía, después de media hora llorando en brazos de Myrtle y despotricando contra el mundo en general. ¡Ah!, y desangrándose.
-Ya.
-Sí, bueno, pues… ¿Sirius? –obviamente, ni siquiera Sirius estaba dispuesto a hacer frente a la mirada asesina de su novio/a. Así que, cómo no, le pasó la pelota a otro.
-¿Pet?
Poniendo los ojos en blanco (y ocultándose detrás de James, sólo por si acaso), el otro Merodeador empezó a aclarar las cosas:
-Verás, hemos pensado que, como eso es una cosa que le pasa al cuerpo de Lily porque es, ya sabes, una chica –paró para coger aire-, pues digamos que, entonces, tu cuerpo pasará por… ya sabes, aunque sea Lily la que esté dentro, ¿no?
Cerró los ojos, esperándose un golpe, un gruñido… algo.
-Mierda –murmuró la pelirroja. Lily (en el cuerpo de Remus) los miraba a todos sin enterarse de mucho.
-Así que tendríamos que contárselo, ¿no? –inquirió Sirius, esta vez. Remus (en el cuerpo de Lily, obviamente) aceptó.
-Vale –se volvió hacia su propio cuerpo-. Ehm, Lily, verás –y todo esto le habría tomado más tiempo en cualquier otra ocasión, cuando sus nervios y su miedo al rechazo (y su gusto por el secretismo, que es guay en cierto modo) le habrían hecho tartamudear y, en general, no hablar durante medio siglo, al menos. Pero tenía la regla, y era una chica, y la luna llena era en una semana, así que mandó todas esas cosas a la mierda-, dentro de una semana te vas a transformar en hombre-lobo –comunicó.
Por una vez, Sirius no se desmayó. Pero estuvo a punto.
Danny
