Disclaimer: Los personajes son de S.M, la historia es mía, y cualquier parecido con otra es mera coincidencia.


Summary: Bella ha vivido toda su vida rodeada de vampiros hasta que decide irse a vivir con su padre a Forks. Aunque puede que entre tanto humano, encuentre a alguien con quien pasar el resto de la eternidad. AU EdxBe


Capítulo 1.

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Música: Be There by Howie Day

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-¡Isabella! -gritó Senna, dirigiéndome una mirada furiosa-. ¡Sal de debajo de la cama ahora mismo!

-No. -respondí, terca. Había heredado eso de mi padre, y bien orgullosa estaba de ella. Senna bufó con irritación y tiró a un lado el vestido que había estado intentando ponerme.

-Eres realmente irritante -maldijo por lo bajo, aunque pude escucharla. Tapé mi boca con la mano, pero escuchó mi risa y salió de mi habitación dando un portazo. Justo después, Senna llamaba a Daniel con voz furiosa. Luego, le regañaba por meterme la estúpida idea de esconderme debajo de la cama -ella podía levantarla con facilidad y sacarme de allí, pero no se lo perdonaría nunca. Y bueno, ahora Dan se dirigía a mi habitación para negociar conmigo.

Tks, como si no ocurriera lo mismo todos los días.

La puerta se abrió silenciosamente y de repente vi la cara de Dan al revés, lo que provocó que la risa volviese a mí. Él comenzó a negar la cabeza intentando ponerse serio, sin conseguirlo. Silenciosamente se tumbó en el suelo y reptó hasta ponerse a mi lado.

-Bells, te dije que no volvieras a esconderte aquí, eres muy predecible -me regañó juguetonamente-. La próxima vez inténtalo en el armario.

-Vale -respondí con una sonrisa. Él chocó ligeramente el hombro con el mío y me sacó de allí.

-Ahora, ponte el vestido para no enfadar a Senna -pidió con voz melosa. Me crucé de brazos y negué fervientemente con la cabeza.

En un abrir y cerrar de ojos Daniel desapareció.

-¡Senna, es toda tuya! -gritó con voz de pito. Mi amiga se apareció delante de mí frunciendo el ceño y con una mirada letal. Pero yo sonreí al estilo 'Cheshire' y me arrimé a ella.

Abracé su cuerpo frío y duro como el mármol. Suspiré, sintiéndome como en casa. Ese contacto que a la mayoría de los humanos les ponía los pelos de punta, a mí me hacía sentir protegida. Senna se rindió ante mi muestra de cariño y me devolvió el abrazo.

-¿Puedo ponerme un short? -pregunté bajito. Al ver que no respondía la apreté más fuerte -sin tan siquiera hacerle cosquillas-. Por favor. -añadí.

Gruñó, dirigiéndose a mi armario y sacando unos pantalones y una blusa. Los cogí intentando ocultar mi sonrisa. Siempre conseguía hacerla ceder. Senna me miró con desaprobación y se fue para que me cambiase.

Cuando estuve lista bajé despacio las escaleras y me dirigí a la cocina, dónde me esperaba un abundante almuerzo. A pesar de que le repitiera a mi madre que no hacía falta tanta cantidad, ella insistía en que era la comida más importante del día, así que tenía que tragarme tres tostadas con mermelada, un zumo de naranja, un cuenco de cereales con leche y una fruta. Y luego se extrañaba que no comiera nada a mediodía.

Dan estaba viendo la tele, a su lado, Kachiri leía un libro. Me dirigí hacia ella, pues no la había visto desde hacía dos días, cuando salió de caza con Senna, y le di un beso en la cabeza. Vi como sonreía por el rabillo del ojo, lo cual era como un 'yo también te extrañé'. Me senté y comí todo lo que pude.

Mi vida era monótona, pero no aburrida.

Vivía en medio del Amazonas, en una enorme mansión de tres pisos. ¿Qué cómo había llegado hasta aquí? Sencillo.

Mi madre, Renée, se casó al salir del instituto con su primer amor, mi padre, Charlie. El problema fue que ella no soportaba Forks, y terminó distanciándose de él. Embarazada de mí, huyó de aquel pueblo.

Pero no contó con tener un accidente de coche, dejándola paralítica de cintura para abajo. Daniel, un nómada de doscientos años, pasaba por aquel lugar en el momento del accidente y salvó a mi madre. Como antes cazaba humanos, el olor de la sangre casi lo hizo enloquecer, pero al darse cuenta de que Renée estaba embarazada se contuvo. Así que hizo lo primero que se le pasó por la cabeza: llevarla al hospital.

Phil tenía ciento cincuenta años y estaba de guardia cuando Dan apareció con mi madre. Se enamoró de ella nada más verla y cuidó de Renée y de mí hasta que logró recuperarse del golpe. No hacía falta decir que mi madre correspondió a sus sentimientos y, a pesar de no tener movilidad en las piernas, volvió a huir con él hacia Canadá. Daniel los siguió.

Así que allí estaban, dos vampiros -uno vegetariano y el otro en proceso de ello-, y una humana embarazada y paralítica. Como Phil sabía que si los Vulturis -escalofrío- descubrían que Renée sabía sobre ellos, la matarían, decidió transformarla cuando diera a luz.

Siete meses después, nacía yo. Mientras mi madre yacía gritando de dolor en la cama, Dan y Phil coincidieron en que teníamos que escondernos. Entonces Daniel se acordó de su amiga Zafrina, que vivía en el Amazonas. Me llevó por medio mundo hasta llegar a dónde me encontraba ahora: en casa.

Al principio, las tres vampiras rehusaron de mí. Pero se encariñaron conmigo y con Renée y Phil, y nos acogieron con los brazos abiertos. A partir de entonces, sólo cazaban animales para mi seguridad. Había escuchado mencionar a Zafrina algo sobre unos Cullen, también vampiros, que seguían la misma dieta. Su patriarca, Carlisle, era médico, ¡cirujano! Era el ídolo de Phil, que quería seguir sus pasos con devoción.

Diecisiete años después de aquello, vivía recluida en la selva junto con seis vampiros -aunque a veces me llevaban a un pueblo que había cerca-, y la verdad, me sentía más cómoda y segura a su alrededor que con los humanos.

Ellos eran mi familia, y pronto pasaría el resto de mi eternidad a su lado. A pesar de que mi madre insistiese en que viviese mi vida humana un poco más, ¿para que esperar? Nada me ataba, sólo me sentía como un estorbo.

Daniel me distrajo de aquellos pensamientos cuando me lanzó una bola de papel a la cabeza.

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Me quedé dormida en el regazo de mi madre, que acariciaba mi cabeza lentamente, mientras veíamos una película. Pero aún así pude escuchar su conversación con Phil.

-Vamos, cariño -decía él-. Quiero enseñarte Irlanda -gimoteó en voz baja.

-No, Phil, ya tendremos tiempo de viajar cuando Bella se convierta, pero ahora es humana -replicó mi madre-. Esperaremos. Tenemos toda la eternidad por delante para disfrutar. -sonrió, dejando un casto beso en sus labios.

Él suspiró con rendición y acarició también mi cabeza.

-Esperaremos.

Pero yo ya había tomado mi decisión. Odiaba ser un lastre para mi familia vampírica, y mucho más para mi madre. Por lo que no dudé cuando anuncié que quería pasar una temporada con Charlie.

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-Voy a echarte mucho de menos -gimoteó, apretándome más fuerte aún. Luego, se echó a llorar teatralmente-. ¡No te vayas! -chilló, sorbiendo sus invisibles mocos. Con una sonrisa, palmeé su mejilla y le di un beso en la nariz.

-Sobrevivirás sin mí, Dan -dije mirándolo con ternura. Él había sido el que peor se había tomado la noticia. Primero gritó, luego se enfadó, luego lo negó y cuando se resignó, intentó sabotear mi maleta. Zafrina tuvo que mantenerlo alejado para que me dejase recoger en paz. Y ahora lloraba.

-¿Pero con quién me voy a meter si no es con mi Pikachu? -masculló él, mirándome a través de las pestañas con cara de perrito abandonado.

-Disfruta de la naturaleza, los árboles te echaban de menos. Están muy celosos -bromée.

Él volvió a gimotear y me estrujó contra su pecho.

-La vas a lastimar -gruñó Kachiri, sacándome de entre sus brazos para luego apretarme dulcemente contra ella. Rodeé su cintura y le di un beso en la mejilla.

-Te echaré de menos -susurré, viendo ya un poco aguado.

Senna fue la siguiente, y cuando yo no pude contener las lágrimas, creí distinguir en sus dorados ojos un poco de agua. Luego, Zafrina me abrazó por largo rato recordándome lo que me habían dicho desde que les dije: que tuviese cuidado y blablabla.

Era normal, nunca había salido de aquel bosque salvo para ir al pueblo, y ahora me iba a otro continente junto con mi padre humano, y a un instituto de verdad. Muchos, muchos humanos. Y, sobre todo, les aterraba la idea de que me encontrase con algún otro vampiro. Pero eso era muy improbable, en Forks nunca pasaba nada.

Me solté de mi tía preferida -porque así era como veía a Senna, Kachiri y Zafrina-, y me giré hacia mi madre, que sollozaba sin lágrimas entre los brazos de Phil.

-Mamá -se me quebró la voz y la abracé con fuerza. Debíamos de dar una imagen cómica en el aeropuerto, pero sabía que no me miraban a mí, sino a los vampiros, asombrados por su belleza.

Daniel era enorme, con unos músculos igual de grandes que mi cabeza. Piel pálida, ojos dorados y pelo rubio rojizo todo alborotado. Su sonrisa se extendía por todo su rostro y era contagiosa.

Kachiri, Senna y Zafrina eran altas, muy altas. Con la piel pálida, ojos dorados y cabellos negros que les llegaban hasta la cintura. Zafrina tenía el don de crear visiones en los demás -cosa que nunca pudo hacer conmigo, pues tenía una especie de escudo mental.

Renée, mucho más bella que cuando era humana, con su cabello marrón como el mío. Y Phil, moreno, de pelo liso y una belleza de persona, era como mi segundo padre. Pude abrazarle a medias, pues mi madre no estaba dispuesta a soltarme.

-Vamos, Renée -razonó con ella-. Debes soltarla para que coja el avión.

Mi madre sollozó más fuerte y me apresuré a hablar.

-Prometo llamaros cuando aterrice -les aseguré, secándome las lágrimas con el suéter que llevaba puesto-. Y les enviaré e-mails todas las semanas.

Una voz de mujer anunció por los altavoces mi vuelo, y con una última imagen de mi familia abatida, me di la vuelta y subí al avión que me llevaría a mi nuevo hogar.

-Forks, allá vamos -murmuré amargamente. Sólo espero que no sea aburrido, pensé.


No me convence mucho el primer capítulo, ¿debería haber escrito un poco más? De todas maneras, me pondré cuando pueda en el siguiente cap y os lo traeré.

Besos.

JaZmiN Cullen