Las estrellas también lloran
Derechos: Los Vengadores, Thor, Loki y los mitos nórdicos no son de mi propiedad.
Resumen: Heimdall se convierte en padre y guardián de la reencarnación de Loki, abandonando por él sus deberes con Asgard. Los Vengadores se convierten en sus aliados en el cuidado del pequeño para evitar que termine en el mal camino, pero para ello todos guardaran el secreto de Thor, pues el pequeño con sólo oír los truenos a lo lejos siente temor y aunque no lo conoce tiene pesadillas con un hombre de grandes espaldas cabellos rubios y ojos cerúleos.
Nota: Aparecen personajes de Los vengadores como de Thor, pero siendo Thor un vengador no creo que sea un crossover, si estoy equivocada sois libres de decírmelo para que lo mueva de sitio.
Agradecimientos: A todos las que habéis comentado, puesto en favoritos, o seguido, porque no me lo esperaba y me hizo feliz. Y también a los que leen y no dicen nada, porque también me hace feliz.
Si todo va bien subiré un capítulo a la semana.
Os dejo leer, espero que este capítulo también os guste.
Tres hombres y un bebe
Los regresos tras atrapar al chico malo y dejárselo a SHIELD envuelto para que se lo llevara solían ser fáciles, pero siempre hay una vez que incumple las demás. El capitán se niega a ir volando con el niño, tampoco quiere saber nada de helicópteros y miradas atentas por parte de SHIELD al pequeño en sus brazos.
– Por todos los vikingos desconsiderados Cap, ¿cómo se supone vamos a ir a casa?, ¿en metro? – Pregunta Iron-Man cansado de esa situación.
– El metro es perfecto. – Contesta el otro acunando al bebé en sus brazos.
– Claro, el increíble Iron-Man y el culito respingón del Capitán América en un tren a la hora punta no llamaran la atención. – Su voz es todo cinismo.
– No hables así delante del bebé. – Le dice Steve fulminándolo con la mirada.
Habría contestado algo sobre que los bebés no se enteran de nada y sólo hacen caso de las muecas absurdas, pero el dichoso niño lo mira fijamente con esos ojos tan brillantes que le hace sentir que puede leer en él.
Al final regresan volando como siempre, salvo por la mochila cuidadosamente atada contra el pecho del capitán en la que va el pequeño, tan tranquilo y silencioso que Tony siente un nudo en el estómago al notarlo.
– Voy a bañarlo, tu busca a Bruce para que le haga una revisión médica. – Y por extraño que sea Tony obedece en silencio, podía habérselo ordenado a Jarvis, pero prefiere ir él, lo necesitaba, necesitaba que un médico dijese que todo estaba bien, aunque podía ver que nada estaba bien.
– ¡TONY! – El gritó de Steve mientras se acercaba con Bruce le sobrecoge.
Ambos hombres corren al cuarto de baño como si fuesen a una batalla por salvar el mundo, pero sólo ven a Steve con el pequeño en sus brazos y notan que el baño está inusualmente frio.
– He ido a meterlo en el agua, se ha retorcido como si le fuese a hacer daño y luego ya no había agua. – Explicaba torpemente el rubio.
Tony se acerca a la bañera y comprueba que las palabras son ciertas, en lugar de agua lo que hay es un enorme bloque de hielo.
Los tres hombres miran al bebe y tras llenar el lavamanos de agua intentan meterlo dentro, el pequeño se retuerce en las manos de Steve que siente como los trozos de piel quemada por el sol se levantan dejando heridas en carne viva en la criatura aterrada. Ellos ven el brillo verde salir de las pequeñas manitas y el agua se congela ante sus ojos, el niño deja de retorcerse.
– Quizás deberíamos hablar con el Dr. Extraño. – Comenta Bruce.
– No, esto se queda entre nosotros. – La voz de Steve no admite replica y mucho menos la forma en la que aleja al bebé de ellos como si fuesen a intentar llevárselo sin su permiso. – ¿Puedes comprobar si está bien?
– Sí. – Asegura ofreciendo los brazos para que le pasara al pequeño.
Steve deja a Bruce cogerlo, pero le cuesta mucho soltarlo, sentía que debía protegerlo, si no hubiese sido por aquel asgardiano, seguramente ellos lo habrían pasado de largo, ¿qué habría sido de él en ese estado?
– Sera mejor que nos cambiemos mientras él lo revisa. – Dice Tony notando que seguían con sus uniformes.
Bruce limpia cuidadosamente al bebé usando un trapo húmedo mientras examina el estado de su piel; sorprendido por los pocos ruidos que hace, cualquier otro niño debería estar llorando en ese estado. Tenía prácticamente toda la piel quemada; podía ver que esta iba curando a un ritmo más rápido del común de los mortales, pero no dejaba de ser doloroso por la forma en que se apartaba cuando no había más remedio que frotar la mugre incrustada en la piel, solía terminar con la piel cayendo de su lugar y dejando carne roja a la vista. También tenía claros síntomas de desnutrición, podía notar cada uno de los huesos bajo la piel herida, pero lo peor aún estaba por verse. Al principio cree que son marcas de nacimiento, en realidad es lo que quiere creer, pero al verlas de cerca y tocarlas, sabe que son quemaduras, como si hubiesen apagado cigarrillos en él, encuentra marcas en la planta de los pies y algunas en el interior de los muslos, lugares que no se verían a la primera, no sólo eso, también reconoció una marca en la espalda, de esta apenas quedaba rastro pero supo lo que era, la hebilla de un cinturón. Pensó en la magia curando las heridas y cubriendo así el delito, no podía imaginarse cuanto daño le habrían hecho en tan corto periodo de vida y sentía la rabia hervir en él.
Hulk quería salir, quería destruir todo desde Nueva York a dónde fuese que estaba el culpable de aquello, pero debía mantener la calma, no podía cambiar con el pequeño ahí, eso no le haría mucho mejor que el culpable del estado en que estaba, siente su corazón calmarse cuando el pequeño lo mira con sus enormes ojos verdes y atrapa uno de sus dedos entre su pequeña mano.
– ¿Cuál es el veredicto? – Pregunta Tony nada más entrar seguido por Steve.
– Que hay gente que no debería tener hijos. – Su voz era casi como un gruñido, tiene que respirar y espirar varias veces antes de seguir. – Tiene una desnutrición severa, tanto que me es difícil saber su edad, dudo que llegue al año, debe tener unos siete meses. – Siete meses piensan los tres, eso es tan poco tiempo y la vida ya le ha tratado a golpes. – La mayoría de su piel esta quemada por la exposición al sol, sobre todo por el frente y el lado derecho, debía tener algo que diese sombra por la izquierda. – Señala un pequeño trozo de piel, no más grande que una moneda. – Esa es su piel sin ninguna herida. – Blanca como un copo de nieve piensa el doctor, antes de tragar saliva para continuar. – Tiene marcas de maltrato por casi todo el cuerpo, seguramente sean recientes porque su magia trabaja curando sus heridas y protegiéndolo, creo que es lo que le mantiene con vida dado su estado. – No señala las marcas, podía ver que sus compañeros estaban teniendo los mismos problemas que él para sobrellevar la información, podía leer en sus rostros que no se jugaban la vida para eso.
– ¿Por qué no llora? – Inquiere Steve acariciando con suavidad la mejilla del pequeño que lo mira todo en silencio.
– Los bebés lloran para expresar sus necesidades y entonces los padres irán a ver que necesitan, pero creo que él entendió que nadie iría si lloraba. – Aquellas palabras dolía decirlas, dolía escucharlas porque lo miraban y sabían que era cierto.
– Tony necesito que reúnas toda la información que puedas de él y te reúnas con sus padres. – Las palabras sonaron casi estranguladas, no con el tono firme que caracterizaba al capitán del equipo.
– No puedo, si me encuentro con sus padres terminare en el lado oscuro, dejándolos cocerse bajo el sol de Arizona para después meterlos en el maletero de algún coche y tirar la llave dónde nadie pueda encontrarla jamás. – Tras su respuesta ambos miraron a Bruce.
– Yo tampoco puedo, lo único que hace que Hulk no salga a destruirlo todo, es que me ha atrapado en sus manos. – Les dice señalando la mano que sostenía su dedo y los tres sonrieron al niño con cara de bobos.
– ¿Chicos, qué estáis haciendo? – Pregunta Natasha desde la puerta.
Steve y Tony se colocaron de tal forma que ella no podía ver al bebé.
– Justo a tiempo, tenemos una misión esperando por ti. – Anuncia Tony mirando de reojo a Steve.
– Sí, necesitamos que averigües todo lo que puedas sobre el dueño de un automóvil.
– ¿Por qué no lo buscáis en el ordenador? – Pregunta con suspicacia la pelirroja intentando ver lo que había detrás de ellos.
– Tasha, esto es alto secreto, no puede quedar constancia en ningún lado. – Se apresura a decir Tony. – Es algo que sólo tú puedes hacer. – Estaba seguro que sería así mientras no conociera a Ojos verdes.
La decisión irrevocable
Los cuervos de Odín graznan a su llegada, el rey le espera en pose regia mirando al puente de Bitfröst pero viendo más allá de todo.
– Puedo ver en tu mirada que has tomado una decisión. – Dice al tenerlo ante él. – ¿Lo traerás a Asgard?
– Si lo trajese estaría deshonrado la petición de la suplicante, mas sobre todo lo dañaría a él.
– ¿Cuántas veces he repetido la misma injusticia? – Heimdall lo mira sin darle una respuesta. – Alimentando la luz de mi hijo y condenando a la oscuridad al otro. – No son las palabras del rey, son las palabras de un padre que se da cuenta de sus errores demasiado tarde. – Tienes razón viejo amigo, él no puede volver, el odio es grande y terminaría consumiendo su luz una vez más. No importara que él sea otro, el reino no será capaz de ver más allá de lo que fue.
– Protege a mi bebé. – Dice Frigga apoyando una mano en el brazo de su esposo. Una lágrima cae por el rostro de la reina, brillante, frágil y hermosa, como la pequeña estrella que es a sus ojos el pequeño príncipe.
– Lo protegeré como si fuese Asgard, como si mi sangre corriese por sus venas y su carne fuese la mía, por él daré la vida. – Su voz es clara, sincera y solemne, él una vez le dio la espalda y lo dejo en la oscuridad, pero no permitirá que vuelva a pasar aunque eso lo convierta en enemigo de Asgard.
– ¿Cómo lo criaras? – Pregunta Odín.
– Con la verdad. – Y no hacen falta más palabras porque todos saben que fue la falta de verdad lo que le rompió el corazón lenta y dolorosamente al segundo príncipe.
– Heimdall el ojo que todo lo ve de Asgard yo te libero de tu juramento como guardián del Bitfröst y de tus deberes con Asgard durante el tiempo que consideres oportuno. – Las palabras del Padre de Todo resuenan en el observatorio con fuerza.
– ¿Quién vigilara entonces? – Pregunta sintiendo aún el peso del deber con el reino y el rey sobre sus hombros.
– Los Tres guerreros tomaran tu lugar, lo que antes aguantaron tus hombros se repartirá en los suyos, te pido que esperes a la sucesión del puesto antes de que vayas en paz con mis mejores deseos. Te pido también que nos dejes dar una fiesta en tu honor para honrarte como es debido.
Heimdall acepta las peticiones, porque es lo mínimo que puede hacer y porque sabe que su pequeña estrella está segura, si por algún casual estuviese en peligro volvería a dejarlo todo una vez más por él. Y mientras todo es preparado para el cambio él se sienta sobre el puente del Bitfröst viendo el viejo puente que se rompió y resurgió nuevamente, se pierde en los dulces recuerdos.
– ¿Podemos hablar? – Interrumpe una voz de mujer sus memorias pasadas.
– Por supuesto.
– Se escuchan rumores sobre ti.
– No te he dicho siempre que no escuches ni hagas casos de las palabras infundadas. – Responde el hombre en un tono casi paternal.
– Necesito saber si es cierto que dejaras de ser el guardián del Bitfröst porque estás cansado.
– No es cansancio lo que me hace dejarlo, es el deber.
– ¡Tu deber esta con Asgard! – Brama la joven indignada por sus palabras.
– Mi deber esta donde dicta mi corazón.
– Esas son necedades de joven. ¿Cómo puedes dejar tu lugar para ser un simple guerrero?
– Sólo a Odín le debo explicación alguna, no perderé mi tiempo explicándome a quien no quiere entender.
La mujer se marcha indignada, realmente no logra comprender, no puede entender que él de todos los guerreros de Asgard, él quien siempre fue leal al reino sea capaz de darle la espalda por algo más, no hay nada más importante que Asgard, si acaso Thor, pero Thor no está ahí, seguramente este perdido en los brazos de esa simple mortal.
Heimdall observa a los Vengadores en Midgard y sonríe satisfecho al ver que no se ha equivocado de manos, pronto, muy pronto serán sus manos las que cuiden y protejan.
Azules y rojos
Tan fácil que era aburrido, la dueña del coche no se ocultaba, es más parecía gritar a los cuatro vientos su ubicación, no era nadie que pudiese marcar como peligrosa o importante, era la típica chica que fue reina del baile y luego no fue nada más.
La localizó en un bar de lujo en el centro bebiendo sin ninguna preocupación. No tuvo que mentir para averiguar información de ella, sólo tuvo que sentarse a su lado en la barra del bar y la información fue fluyendo.
– Maldito demonio, mi hermana nunca debió haberlo tenido. – Decía mientras indicaba al camarero que la sirviese otra copa.
– ¿Un sobrino revoltoso? – Pregunta Natasha sin mostrar ninguna emoción, por lo que había averiguado aquella mujer vivía de alquiler en un ático para una sola persona, no sé le conocía trabajo alguno, más que el comprar ropa cara e ir de bar en bar.
– Ese demonio, tuve que mudarme de un piso con unas vistas estupendas a ese maldito ático sólo porque una vecina llamó a los servicios sociales después de que se rompiesen todos los cristales cuando lloró, pero aprendió la lección. – La mujer sonríe, era una sonrisa torcida, fea.
Tras escuchar cada queja de aquella mujer por un bebé que no recordaba donde había dejado, Natasha estaba segura de que prefería las misiones de rastreo y asesinato, prefería a los locos homicidas con ansias de grandeza, prefería estar siendo torturada por el enemigo, antes que escuchar a esa mujer quejumbrosa hablar de la carga que era el hijo de su hermana para ella.
Steve y Anthony fueron los responsables de comprar las cosas para el bebé, el primero habría preferido quedarse en casa cuidándolo, pero Bruce le recomendó salir para evitar que se encariñase demasiado, él se ocuparía mientras del pequeño.
La tienda elegida por Jarvis era una nave enorme dedicada por completo a niños, en ella podrían encontrar cuanto necesitaban para las necesidades del bebé.
– Pañales. – Dice Tony leyendo la lista de su starkblet, el problema fue encontrarse en un pasillo enorme con ese producto, mira a Steve buscando ayuda.
– Mi madre los usaba de tela. – Explica el rubio tan perdido como él.
– ¿Hipopótamo o niño gateando? – El moreno toma dos paquetes distintos para escoger.
– ¿Puedo ayudarlos en algo caballeros? – Se ofrece una dependienta de sonrisa amable.
– Eres un ángel, – Dice Tony mirando los distintos tipos de pañales. – ¿cuál de estos es mejor?
– Eso depende del tiempo del bebé y también si su piel es muy delicada, los bebés son muy delicados de por sí. – Decía la mujer sin perder la sonrisa. – ¿Qué tiempo tiene?
– Unos siete meses. – Contesta Steve usando los datos dados por Bruce. – Pero es muy pequeño. – Añade preocupado por ello.
La dependienta solía tratar con padres primerizos que hablaban de lo pequeños que eran sus hijos al nacer, pero nunca había visto a un padre con una expresión tan desolada por ello.
– Podría decirme el peso y el tamaño. – Pide para poder decirle que era algo normal.
Steve empieza a marcar medidas con las manos y a calcular mentalmente, en su cabeza sólo pensaba en que era pequeño, liviano, frágil y estaba herido.
– Entre los tres y los cuatro kilos, unos cincuenta centímetros. – Contesta Steve algo apurado, estaba seguro de que eso era demasiado poco y la expresión que fue tomando la dependienta lo confirma, les miraba realmente mal.
– Oh… – Fue lo que logra articular antes de guardar silencio y lanzarles una mirada furibunda, estaba realmente por llamar a seguridad y servicios sociales, esa respuesta no era la adecuada para un bebé de siete meses.
Steve no sabe a dónde mirar, se siente culpable como si él fuese el responsable de cada daño sufrido, por suerte Anthony es de mente rápida y está decidido a salir de ahí con todo lo de la lista aunque tenga que comprar la empresa entera. En lugar de ponerse engreído, abraza la cintura del rubio y le guiña un ojo antes de hablar.
– Por favor ángel no pienses mal, somos primerizos a penas lo hemos visto en foto y hoy lo hemos cogido por primera vez, es una belleza de ojos verdes. – Empieza a explicar sin alterar mucho la verdad. – Queremos tener todo para cuando venga a casa, que no le falte de nada. – Tony sonríe, siente a Steve más tieso que el palo de una escoba a su lado avergonzado hasta las orejas y el moreno reprime las carcajadas que quiere soltar al verlo así.
La dependienta sigue en silencio, mirándolos de arriba abajo, ella no los reconoce de verlos en periódicos o la televisión, sólo ve dos hombres aparentemente buenos con la sincera intención de cumplir debidamente con su hijo, así que les sonríe y les dice:
– Entiendo. – Y comienza sus explicaciones como una abuela atenta.
Empiezan por los pañales cogiendo unos de tela de algodón y otros que les falta hablar para avisarte del momento del cambio de pañal, también les recomienda una pomada por si se le irrita la piel. Tony va guardando la información grabándola desde el starkblet, han dejado atrás el mundo del pañal para conocer todo sobre la alimentación, Steve se sonroja al escuchar que pueden pedir a madres que les sobre leche que se la den para su hijo. También pasan por el mundo de las cremas protectoras; a su mente viene la piel en carne viva del pequeño, los champús y jabones adecuados; agua congelándose, y al llegar a los chupetes para combatir el llanto ya no pudieron seguir con caras sonrientes, cada cosa vista era un recuerdo de lo que seguramente el niño había sufrido.
– Ya estamos acabando. – Los anima. – ¿Qué tipo de ropa os gustaría? Tenemos de todo, últimamente lo más vendido son los monos de los Vengadores, tienen muy buen algodón.
Tony va directo al de Iron-Man y se lo enseña a Steve con una sonrisa triunfante.
– ¿Crees que deberíamos coger uno de cada? – Pregunta poniendo el mono en el carro que está a rebosar de cosas.
– No. – Sentencia el rubio devolviendo la prenda al sitio, mientras Tony finge un puchero, puede pedirle a Pepper que le mande unos cuantos después. – No quiero nada violento para él.
La ropa de los bebes es muy variada, hay clásica o miniaturas de las ropas de los adultos, algunos son de animales, Steve le enseña uno de estos últimos a Tony.
– Ojos verdes será el más tierno y adorable de todos los conejos. – Le contesta echando la prenda al carro, junto al surtido completo de la misma colección, puede ver una sonrisa de aprobación en la dependienta.
– ¿Ya tenéis el carrito para los paseos?
Tony examina los cochecitos de paseo con interés, comprueba todo varias veces.
– Mira este, en un descuido podría pillarse los dedos, – Dice a su compañero, – y este otro ni siquiera tiene freno podría salir rodando. – continua sin dejar hablar a la dependienta. – Este no es mucho mejor, parece que sea para el hijo de Hanibal Lecter con todos esos cierres… – Va enumerando cada fallo que ve sin importarle como su compañero y la dependienta ruedan los ojos por ello. – Mejor le construiré uno especialmente para él, será el rolls royce de los cochecitos de paseo. – Está tan metido en su idea que no se da cuenta de que Steve se ha movido.
El rubio está mirando las cunas, hay de distintas formas y variadas, pero él está delante de una de madera blanca con un adorno de estrellas giratorias sobre ella, las palabras de Heimdall resuenan en su cabeza "…ruego protejáis mi estrella, volveré a buscarle."
– No dejare que se lo lleve. – Y el tono no es el del amable Steve, es el del Capitán dando órdenes en una batalla que no piensa perder. – No voy a permitir que le hagan daño.
Tony se sobresalta al escuchar al rubio, incluso la dependienta lo mira extrañada por el cambio, pero entiende que debe de ser algún proceso legal sobre su hijo, así que se retira discretamente para dejarles intimidad.
– Steve, – Tony le coge las manos. – cálmate, primero vamos a ocuparnos de que este bien. – Puede entender la reacción de su compañero, en realidad se da cuenta de que están jugando a las casitas, pero está con Steve, él tampoco va a dejar que se lleven al niño para herirlo o utilizarlo por sus poderes.
Nadie les dijo que se sentirían así con pocas horas a su lado.
Bruce usa una crema natural de aloe vera para embadurnar totalmente al pequeño mientras le habla explicándole todo.
– Esta crema tan pringosa la he hecho yo, es muy buena y ayudara a calmar tus heridas. Eres un niño muy especial. – Empieza a envolverlo en la más esponjosa y suave de las toallas, – ¿no te araña? – El niño lo mira en silencio por toda respuesta. – Eres libre de decir lo que quieras, cualquier sonido.
Aunque no tenía dudas de que el pequeño entendía, la falta de sonidos por su parte le hizo plantearse comprobar si tenía algún problema de oído o lo mismo era mudo, podía ser eso y él estar totalmente equivocado sobre lo de la falta de lloros, es más prefería alguna de esas dos opciones a que fuera lo que había explicado a sus compañeros.
– ¡Hola! – Saluda Clint entrando por la puerta.
El doctor estaba caminando hacia su habitación mientras le tararea retazos de canciones, iba a dar la vuelta al oír a su compañero cuando el sonido inconfundible de los truenos que anunciaban a Thor se escucha y el pequeño en sus brazos comienza a revolverse como cuando intentaron sumergirlo en el agua, cuanto más cerca se escuchan los truenos más se retuerce el niño sacando los brazos de entre la toalla y moviéndolos para escapar.
– Tranquilo. – Le dice acunándolo, pero sólo consigue un arañazo en la cara.
– Hola Clint. – Se escucha la voz de Thor en toda la planta.
Alrededor de Bruce empieza a hacer frio, los ojos verdes muestran terror mientras pierden el color esmeralda para volverse como brillantes rubíes, no sólo eso cuanto más se escucha la voz de Thor más frio hace, la toalla parece estar congelándose. Ante los ojos del hombre el pequeño empieza a cambiar; de piel lechosa al azul más hermoso que Bruce ha visto jamás, nada de eso importa, sólo el miedo del niño y el sonido que sale de su garganta; un llanto tan triste que resulta contagioso. El doctor se encierra con él en su habitación perfectamente insonorizada y abraza al pequeño contra su pecho sintiendo el frio quemando su piel. Este deja de retorcerse, la cabeza pegada contra el pecho del hombre, escuchando el latido del corazón le relajan y su lloro se extingue con la voz de Thor lejos de su alcance, la piel vuelve a ser blanca como la nieve y cae ante el señor de los sueños con una de sus manitas sujetas a la camisa de Bruce como si fuese un ancla en la tormenta.
– Te protegeré siempre. – Le susurra Bruce antes de besar suavemente su cabeza.
Continuara…
