Dos días después, todos los habitantes somos forzados a votar por quiénes serán los tributos en la plaza. Decido votar por mí misma, ya que de todas formas no cambiaría nada. Pero votar por quién será mi compañero es un problema, no me siento bien mandando a nadie a su muerte. Por eso voto a Lionel Ribbentrop, ya que estoy cien por ciento segura de que nadie más lo hará. Trabaja conmigo a veces, apenas hablo con él, pero sé que es una de esas personas que agrada a todos. Luego de votar, evitando a la mayor cantidad de personas posibles, todas mirándome con ese odio que ahora reconozco. Podrían morir de hambre por mi culpa. Voy al establo a cumplir mi nuevo turno, arreglando algunas goteras y alimentando a los animales que quedaron. Mientras limpio el corral de las vacas, Lionel se acerca a mí. No puedo evitar sentirme culpable al verlo, aun sabiendo que no irá a los Juegos sólo por mi voto. —Hola, Ara. —Hola— Espero que no sea otro odiador, eso sería el colmo. —El clima ha estado tenso esta semana y yo sólo quería saber cómo estabas. —Estoy bien, sólo un poco adolorida— Todo mi cuerpo está amoratado, no puedo usar mi brazo izquierdo y creo que tengo una costilla rota, pero es mejor no decirlo. —Oh, sí… Me enteré de la emboscada el otro día. Eso estuvo mal, lo que pasó no fue tu culpa. —Gracias por decirlo, pero sí lo fue. Me descuidé y sólo desaparecieron. —No lo entiendo, es como si alguien los hubiese robado. ¿Quién lo haría? —Ni idea. —Bien, pero si te enteras de algo dime ¿Sí? —Claro. —Nos vemos. Esa noche no consigo dormir. El frío insoportable y el hecho de saber que estoy a horas de mi posible muerte pelean por quitarme el sueño y obviamente lo logran. Aprovechando mi soledad, decido tomar un baño y prepararme. Para cuando sale el sol ya estoy lista, o todo lo que puedo estarlo. Llego primera a la Cosecha y me ubico lo más adelante que puedo, así será más fácil subir al escenario en caso de que me elijan. Al rato comienzan a llegar los demás, ignoro el hecho de que todos me miren. Cuando ya estamos todos, un excéntrico hombre del capitolio, con su extremadamente colorida ropa de invierno, sube al escenario. Luego de saludar alegremente al alcalde y a Dorian Petersen, nuestro primer y único vencedor, se ubica en el centro. Junto a él están los dos recipientes de cada año. Deberían estar llenos de nombres, pero por esta "ocación tan especial" según dice Abelard, el locutor capitolence, sólo hay un papel en cada uno. Luego de mostrar el video de siempre, Abelard se acerca al primer recipiente, el de las mujeres, y lo lee. —Arabelle Spottiswood— Por supuesto, no iban a ser indulgentes. —Sube, querida. Lo hago. Una vez arriba del escenario Abelard me felicita, dice un par de tonterías que no escucho y luego saca el nombre del varón. —Cort Heinrictobb—Eso no me lo esperaba. Cort es el hijo del carpintero, este sería su primer año en el sorteo. Es muy cruel haber votado a alguien tan joven, pero sé por qué lo hicieron. Él está enfermo, dijeron que moriría en un par de años, pero eso no lo vuelve más ético. Para nada. Camina tenso hasta estar a mi lado, puedo oír su respiración agitada y a sus padres llorando en la multitud. Luego de otro discurso unos agentes de la paz nos llevan dentro del Edificio de Justicia.
