Hola!!! Como han estado?? yo muy bien y ocupada con tramites de la universidad ¬¬... en fin, me quedó un poco de tiempo para escribir sobre esta hermosa pareja que es invención de CLAMP!
Comenzemos!!
"EL CIELO ENTRE TUS MANOS" Capítulo 2
"¿Estaré confundida por la candidez de tus brazos?
Cuando Sakura Kinomoto, hija de Fujitaka Kinomoto, marquéz, consejero y ministro diplomático del rey de las tierras de Siván; tercera hija de un exitoso matrimonio, abrió los ojos, no pudo evitar fijarse en que, a través de su ventana, estaba aquel sol inmenso que conocía muy bien pero, que en ese momento, pareciera que el que debía acompañar el día debería ser la luna. Astro discreto, apacible y tranquilizador, en vez del fuego que observaba en ese momento.
El día debería ser gris.
Al levantarse notó que el cuerpo estaba cansado, pesado, hasta un tanto molesto. Se miró al espejo y pudo ver que su piel estaba pálida, sus ojos estaban caídos, ojerosos, tristes mientras que su pelo...
¡¿Qué importa mi pelo?!
Se sentó en la silla y quizo peinarse pero no tenía ganas, así que mientras reunía la suficiente energía para mover el cepillo desde la raíces hasta las puntas de sus cabellos tamborileó rápidamente sus dedos sobre el tocador de madera fina que le habían regalado cuando ella solo tenía escasos cuatro años. Adoraba aquellos detalles que rodeaban el espejo; adoraba las manillas de plata y oro que permitian abrir cada uno de los cajones que poseía y de esta manera admiraba al buen hombre que debió fabricarlo con tanto trabajo y esmero porque, sin duda alguna, era hermoso.
Alzó la vista y se encontró nuevamente con sus ojos verdes y opacos, con aquellas ojeras que no la favorecían, sin olvidar que uno de sus encantos era su sonrisa pero, al menos por ese día, tarde y noche, había dudas de que floreciera con sincera naturalidad.
-- ¡Señorita! -- exclamó una mucama que traía un enterizo y una cofía que la envejecia, ya que, aunque no estaba permitido Sakura le había preguntado su edad y no era tanta como parecía -- Señorita, por favor acompañeme.
La castaña la miró "¿A dónde?". Ganas de moverse no tenía y menos seguir el ritmo acelerado con el que se había presentado en su dormitorio la mujer que la atendía desde que ella tenía uso de razón.
-- El señorito Touya... esta aqui -- sonrió la mujer acomodando los mechones mas desordenados de los cabellos de la joven.
-- ¿Volvió? -- la alegria de la castaña se expresó en sus ojos pero no llegó a hacerla presente en sus labios.
Como muerto resucitado salió de su habitación corriendo por todos los pasillos de su casa para llegar al comedor, donde seguramente estaría su hermano en compañia de su madre. Su alma estaba contenta pero no podía externalizarla. Hace meses no veía a su hermano y semanas que no recibian una carta. Su cuerpo pedía a gritos abrazar a aquel que la habia cuidado celosamente durante toda su infancia y principios de la adolescencia.
Frenó bruscamente al ver que habían dos personas más alrededor de la mesa. Primero se impacto ante la sorpresa pero, secundariamente, se sonrojó al recordar que estaba en camisa de dormir y descalza.
-- ¡Señorita! ¡Señorita! -- exclamaba siguiendo sus pasos su dama de compañia
-- póngase esto que hay invitados -- exclamó mientras la abrigaba con una bata y zapatillas de levantar.
-- Lo noté... -- dijo mordiendo su labio inferior atando la cinta que mantedría en su lugar la bata de seda rosada.
-- Toda la vida con lo mismo ¿No, monstruo? -- sonrió el joven burlonamente mientras tomaba con elegancia la taza de porcelana que contenía la infusión de agradable olor.
-- Touya... -- quizó gritar de verguenza y atentar contra su hermano mayor pero, en vez de eso, corrió a su lado y lo abrazó al creer que si su hermano sonreía no debía estar informado de los sucesos acontecidos la noche anterior -- No sabes que... que...
-- Tranquila, Sakura. A todos nos llega el momento de nuestro último aliento. Es inevitable.
-- Pero... pero... -- balbuceó la castaña mientras se alejaba de él clavando sus ojos en los de su hermano y apoyando cada mano en un lado de los hombros del joven -- pero... ¿así?
-- No eres quién para decir cuando y como nuestro Señor debe despojarnos de quienes amamos, Sakura. Tenlo en cuenta. Debes aprender a vivir o, al menos, acostumbrarte al dolor.
-- Si... Touya... -- la joven suspiró y se sentó en la silla vacia que estaba junto a su hermano, mirando sus manos que descansaban sobre sus piernas cubiertas con el camisón.
-- Hija... -- habló suave y arrastradamente Nadeshko -- Te presento al Detective Yukito Tsukishiro. Él llegó a cubrir el caso de tu herm... -- se atragantó con las palabras bajando la mirada. Luego respiró profundo -- El señor Tsukishiro va a investigar lo que pasó con Ricka.
-- Es un placer, Señorita Kinomoto -- ante tan dulce voz Sakura no pudo evitar alzar la mirada encontrandose con aquellos labios que sostenían una sonrisa amable y los ojos desaparecían con la expresión.
-- Igualmente, Señor Tuskishiro -- respondió con una sutíl reverencia realizada con su cabeza. Suspiró para reunir valor y lo miró fijamente -- le deseo toda la suerte y deposito toda mi esperanza en que usted sea la persona capaz de encontrar al culpable del asinato de mi hermana.
-- Se lo agradezco y espero cumplir con sus expectativas -- aún mantenía la sonrisa que impedía ver en sus ojos.
El cielo seguía resplandeciendo en Siván pero, Sakura habría dado lo que fuera por ver una nube en el cielo que la acompañara en su tristeza.
Habían muchas personas en la Iglesia, más de las que conocía, de las que deseaba ver y no entendía que hacían ahi, si muchos de ellos siquiera habian socializado con su hermana pero, encontró la respuesta rápidamente, apariencia. En aquel país armonioso que se jactaba de su ideal de paz y que lo habían logrado durante siglos vivían de apariencia.
Nada es lo que parece..
Sentada en aquel banco de madera duro, sentía una extraña sensación en sus oidos, que era producida por el eco de los altos y bajos de la voz del clérigo que estaba dando la ceremonia de despedida para Ricka Kinomoto. La sacó de su autismo un sollozo escandaloso que provino de unos asientos más atrás de donde ella se econtraba, quizo mirar pero su madre tomó su mano derecha apretándola con fuerza. Miró a aquel rostro jovial que poseía aquella que la había llevado en su vientre durante nueve meses y se detuvo al notar que, minusiosamente habían grandes ojeras alrededor de sus ojos, descubriendo así que también había llorado pero cuando estuvo sin compañia. La joven castaña se sintió extraña, un frio recorrió su cuerpo sintiendose débil, tonta, hipersensible e inútil para apoyar a su madre, si ella lloraba en cada minuto del día logrando que su madre se preocupara por ella... ¿en qué momento su madre se desahogaría?
Respiró profundo y detuvo sus ojos en uno de los pilares que estaban al costado de los asientos de la Iglesia. Se paralizó al ver que, entre las sombras, estaba aquel joven que había conocido la noche anterior.
-- Pero... él estaba conmigo -- dijo la castaña para sí pero siendo escuchada por cada uno de los presentes.
-- ¿Estás segura? -- preguntó un hombre de serio semblante.
-- ¡Es él! -- gritaba la muchacha con histeria mientras otra muchacha intentaba contenerla.
-- S... -- suspiró -- si, el estuvo mucho tiempo conmigo.
-- Pero esa muchacha afirma con llanto y seguridad que él es el causante de esto.
-- Lo sé... -- al darse cuenta quién era con quien hablaba hizo una reverencia -- Lo sé, su majestad.
-- ¡Ustedes! -- exclamó el rey -- aprésenlo y llevenlo a las celdas -- ordenó pausadamente. Sin una palabra más, se retiró del lugar.
Sakura observó al joven que, a pesar de todo, no se resistió en ningún momento cuando aquellos hombres lo apresaron, sosteniedole las manos atrás de la espalda para inmovilizarlo.
Parpadeó y, de la misma manera en que había visto al joven aparecer, este ya se había desvanecido. Lo buscó hasta donde se lo pemitieron sus ojos pero no lo encontró. Seguramente su cerebro produjo una ilusión debido al cansancio o eso pensó o eso quizo pensar.
-- ¿Estás bien? -- aquella voz la conocía bien así que sin mirar pudo responder.
-- Si, Tomoyo -- de pronto la miró fija y decididamente -- acompañame.
-- ¿A dónde? -- preguntó la otra sorprendida -- Sakura... ¿estás segura de que te encuentras bien?
-- Si.
Sakura tomó a su amiga fuertemente de la mano. Ambas caminaban erguidas recojiendo la parte de adelante de sus delicados vestidos con la mano que tenían libre. Avanzaban lentamente entre las personas e inclinaban la cabeza delicadamente ante aquellos que poseían títulos de nobleza. Al llegar al lado de los pilares, Sakura, sujetó fuertemente a su amiga para empezar a correr escondida en la oscuridad que lograban los anchos pilares, para llegar al final del edificio. Al pilar exacto donde vió a...
Donde ví a Syaoran.
Al llegar al pilar indicado, observó su alrededor minusiosamente, no podía perder ningún detalle. Tenía que encontrarlo por alguna razón que le indicaba su corazón pero, no estaba completamente segura de que fuera el presentimiento de que aquel joven de seria expresión fuera el asesino de su hermana.
-- Sakura... ¿qué haces? Deberías estar con tu fam...
-- ¿Qué pasa, Tomoyo? -- preguntó viendo algo parecido al miedo en los ojos de su amiga.
-- Es... es... -- la castaña giró su mirada y su cuerpo completamente hacia el lugar que proyectaba su amiga. De entre la oscuridad se podían apreciar unos ojos hermosos y duros como el ámbar.
-- ¿Syaoran? -- se atrevió a preguntar finalmente. Con duda avanzó un paso hacía quién fuera. No recibió respuesta -- respóndeme... por favor... no... -- dudó -- no voy a decir que estás acá.
-- Lo sé -- habló finalmente el joven quedando a escasos centimetros de quien pedía una respuesta -- pero ella...
-- No dirá nada. Creeme -- afirmó clavando sus ojos en los de él -- Tú...
-- ¿Cómo escapaste de prisión? -- se adelantó Tomoyo con su voz dulce pero firme.
-- No escape -- respondió sin despegar sus ojos de aquella que transmitía calor de su cuerpo por la escasa distancia.
-- ¿Entonces...
-- Me dejaron ir por falta de pruebas. Estaba el testimonio de aquella muchacha y la contradicción de la hermana de la víctima -- se adelantó a la siguiente pregunta de Tomoyo.
-- Tú... -- reaccionó Sakura -- Tú... ¿tú mastaste a mi hermana? Dime la verdad... -- Syaoran la Tomó firmemente por los hombros mirandola sin compasión. Sakura se paralizó ante la cercanía.
-- Sakura, yo...
-- Calla... por favor... pero -- Sakura miró aquel cuadro de un hermoso jardín que pendía de la pared e imaginó el olor que tendrían aquellas flores.
-- Sakura... ¿Sueltala, por favor? Me estás asustando -- pidió Tomoyo tocando suavemente la mano del joven y mirándolo con complacencia. Este lo hizo mecánicamente. Sakura lo miró recuperando la tranquilidad.
-- Syaoran... tú me ibas a decir algo antes de que yo comenzara a correr anoche... ¿qué es lo que me ibas a decir?
-- Sakura, la verdad es que vine a... vine a...
-- ¡Sakura! Al fin te encuentro monstruo despistado. Es hora de volver a... ¿quién eres tú?
-- Her... hermano... él...
-- Hola, querido -- intervino Tomoyo -- ¿como haz estado? ¿como estuvo la última batalla? ¡Me encantaría retratarte con tu traje de soldado!
-- En cinco minutos en la entrada de la Iglesia. Nos vamos... es para las dos -- terminando aquella oración se retiró con fuertes pasos molestos por el largo pasillo.
-- Sakura... debemos irnos... -- habló Tomoyo.
-- Pero... dime...
-- Sakura ¡ahora! -- dijo tomándola de la mano para comenzar a arrastrala.
-- Syaoran... esta noche... ¿existe la posibilidad de encontrarte en la parte de atrás de los jardines del castilllo donde vivo?
-- No lo sé... él rey disfrasó mi prisión en una invitación para tenerme vigilado.
-- Aún así te espero... y si no es hoy... será mañana.
-- ¡Vamos, Sakura!
-- Pregunta por la residencia del Marquéz Kinomoto y llegarás sin dificultad -- después de eso comenzaron la retirada.
Syaoran comenzó a caminar por los anchos, largos e impresionantes pasillos del palacio del país Siván. La estructura le parecía tan diferente a acualquiera que hubiera visto antes en su país natal. Las paredes a pesar de ser de piedra parecían tan cálidas con las esculturas de hermosas criaturas mágicas pertenecientes de la mitología de ese lugar. Los cuadros en colores cálidos, lo único frio que se puede apreciar serían los azules de cielos, mares, lagos y rios pero estaba retratado un día tan hermoso que aquello pasaba por alto. A través de los ventanales reafirmo que esas pinturas no eran producto de la imaginación de los artistas del país, si no el real reflejo del aspecto que tenía ese país.
Al final del pasillo, habían dos esculturas de gran proporción con la imagen de un león con alas gigantes y hermosas. Estaban sentados con los ojos cerrados y expresión calma, como si aguardaran a que algo pasara. Cada una se encontraba a un lado diferente de una gran puerta que en el centro tenía tallado un sol.
Syaoran caminó con cautela y se sobresaltó al ver que las estatuas abrieron los ojos al sentir que él se acercaba. El castaño retrocedió unos pasos.
-- Syaoran -- llamó aquella apasible voz -- "el que nada hace, nada teme" -- el joven giró su cabeza hacia el lugar donde provenía la voz.
-- Su majestad... -- dijo haciendo una reverencia.
-- No te inclines, muchacho. Tú nisiquiera perteneces a este reino -- sentenció comenzando a andar hacia la puerta -- dime... ¿pretendías conseguir algo detrás de estas puertas que fuera para tu propio beneficio?
-- No, señor.
-- Entonces no temas -- finalizó alargando su mano como invitando al muchacho a avanzar hacia el interior de aquella habitación.
Syaoran obedeció. Caminó con cautela mientras se acercaba a aquellas imponentes esculturas que lo miraban con atención. Al llegar a su lado y comenzar a pasar al lado de ellos por las cabezas giraron sin perderlo de vista. Al tocar con duda la manilla de la puerta para poder abrirlas, las figuras volvieron a su estado inicial.
-- Eso es, muchacho. Por esta vez tú corazón fue honesto.
-- ¿Por qué...
-- Este castillo esta protegido por el sol y la luna. Nadie ni nada podría irrumpir dentro de este lugar y cada habitación de este palacio que, posea algo de suma importancia para este país y las personas que habitan en él es protejido fervientemente por el Dios del Sol, por la Diosa de la Luna y sus subditos.
-- Entiendo.
-- Me alegra que me hayas obedecido y te hayas ocultado en las sombras durante el velorio de la muchacha... Lástima que ella te encontró.
Syaoran se dió vuelta para ver al rey pero, este ya se alejaba por el pasilllo. Dirigió su vista hacia el lugar en el que se encontraba y no pudo evitar sentir una enorme dicha al ver que era una enorme biblioteca con un número inimaginable de textos, libros, papiros y otras colecciones. Caminó presurosamente hacia el estante más cercano, sacó el primer libro que vió para ver su contenido. El libro era una historia acerca de una joven de corazón bondadoso.
Bondad... en mi país ni siquiera se usa es palabra.
Faltaba poco para el anochecer. Sakura cenaba inquieta junto a su familia. Movía una pierna por el nerviosismo y las ansias. Su madre estaba tan compuesta como siempre, a pesar de que se podía ver la tristeza a través de sus ojos. Su hermano como siempre, comía apresuradamente pero, Sakura lo atribuía a la costumbre de tener medio segundo para comer algo cuando estaba en el campo de batalla. Los minutos pasaban más lentos de lo que ella pudiera haber imaginado. La comida pareciera que se divertia haciendola sentir que se atragantaba cada vez que se hechaba un poco a la boca. Su estómago se había vuelto más pequeño o los nervios se lo estaban encogiendo en una jugarreta por hacerla sentir más incomoda aún.
-- Hija... tranquilízate. Ya todo va a pasar...
-- ¿Ah?
-- ¿En qué piensas, monstruo?
-- En... -- no sabía si sus nervios la iban a favorecer en aquel intento de llevar a la práctica algo que solo había oído. Mentir -- En... en el Joven Tsukishiro.
-- ¿Por qué? -- preguntó su hermano atragantándose. Sakura creyó que, pese a todo, era algo bueno porque pudo distinguir luz en los ojos de su madre.
-- Pensaba en... -- suspiró -- en... como estará avanzando con la investigación. Puse todas mis esperanzas en él.
-- ...
Sakura respiró profundo. Era difícil pero no imposible. No era tan malo. Tomoyo lo usaba cada vez que necesitaba salir de un problema, como ese mismo día en la Iglesia. Cuando su hermano interrumpió a...
¿Qué es lo que me quiere decir...
Caminando por el gran jardín del palacio se encontraba Syaoran. De un lado para otro, dudoso de ir o no a aquel encuentro con la joven. Era casi imposible, ya que, en cuanto el sol comenzaba a descender, disimuladamente para cualquier persona, menos para él, aparecían un número mayor de guardias por el castillo. Sería imposible traspasar la puerta principal o saltar una pared sin que un guardia lo viera y en su situación eso sería demasiado arriesgado.
Se sentía con suerte...
En Adar con o sin pruebas, me habrían cortado la cabeza.
Sakura se acercaba a la parte posterior de los jardines, ella sabría que habían guardias así como sabía que ese lugar estaba lleno de arbustos por si necesitaba esconderse. La noche estaba hermosa. Los árboles que daban flores de rosado color emitían un hermoso sonido cada vez que el viento chocaba con ellos, era como si estuvieran jugando.
La castaña abrazó sus rodillas y tapó sus pies con su largo vestido para aislarse un poco del frio de la noche. Miraba las estrellas tratando de identificar cada una de ellas por sus nombres y, sin previo aviso, la pena inundo su corazón.
"Cada vez que hablaba de sus fribolidades debería haberle prestado atención... al fin y al cabo eran cosas que le importaban a ella... y porque no me interesaran a mi, no significa que hayan sido tontas... debería haberle arreglado las uñas cuando me lo pidió... pero ya es tarde... y debo a acostumbrarme a esto... no estoy arrepentida, más bien, tengo pena de no haberle expresado mi amor como se lo merecía pero, también sé que... ella, esté dónde esté o en su último aliento, sabía que la amo desde lo más profundo de mi ser..."
Respiró profundo y pestañeó para salir de aquellos pensamientos. Ella no era rencorosa y su hermana tampoco así que, todo estaba bien. Suspiró y la noche quedó en un silencio inmutable.
Él no vendra... --pensó ella
Espero que esta noche no me espere -- pensó él.
En ese momento en que los dos miraban perdidos en la inmensidad del cielo, apareció con todo su esplendor la luna, quien con su brillante y apaciguadora luz les dio a aquellos ojos que la admiraban adormilados, la seguridad de que algún día lo inevitable sucedería y ellos finalmente obtendrían respuestas.
Chan! Chan! o fin... como prefieran ^^
Espero que lles haya gustado y para saberlo... ¿adivinen que necesito?
¡ASÍ ES!
¡RVWS!
Ah! antes de que se me olvide... Blouson Der Herz, estas en lo correcto, Ricka es la hermana mayor de Sakura, espero que con este capítulo te haya quedado mas claro =)
Besos y abrazos de osos para todos!
