Inolvidable Terry.
Capítulo 2
Escrito por Doralix
Desde la ventana de su recámara, Eleanor observaba a su hijo, quien daba un tranquilo paseo por el jardín. La aclamada actriz se dio cuenta que Terry nuevamente comenzaba a sonreír, quizá todavía con un poco de tristeza en los ojos, pero al menos ya no con amargura.
Ella sabía que Susana no se quedaría tranquila, esa chica era caprichosa, manipuladora y egoísta; entre muchos defectos más. Pero esta vez, la protectora madre estaba dispuesta a saltar como toda una fiera, con sus garras afiladas y sus colmillos preparados para defender a su cachorro de cualquier víbora venenosa que quisiera hacerle daño.
Eleanor recordó aquella ocasión en que Susana y su madre manipularon a Candy arrancando de ella una promesa muy cruel: el renunciar a Terry.
- Esa joven lo ama, de eso estoy segura – Murmuró para sí misma – En esta ocasión no permitiré que mujeres como Susana revoloteen alrededor de mi hijo. Lo juro.
Y es que cuando ocurrió aquella triste separación, la actriz se encontraba de gira, razón por la cual no pudo hacer nada para ayudarlo; pero tras ver el sufrimiento de su gran amor, ella se prometió luchar contra todos, si era necesario, para lograr que Terry fuera feliz.
Mientras tanto, en el jardín, Terruce caminaba a través de la hierba, pensando en la manera de recuperar su viejo departamento, ya que quería estar en el mismo lugar donde había compartido aquellos dulces momentos con su amada.
Por primera vez, en mucho tiempo, el joven aristócrata se sintió libre y el deseo de recuperar su antigua vida se estaba apoderando de él; sobre todo el irreprimible deseo de recuperar a Candy, quien en ese momento era todo su mundo. El castaño comenzó a pensar en los cambios que debía realizar en su persona antes de volver a buscarla y el primero de ellos era dejar de fumar, debido a que a su bella enfermera no le gustaba que él oliera a cigarro.
De la nada, una duda entró en su cabeza, haciendo que su estómago se contrajera de sólo imaginar ese escenario ¿Y si su tarzán pecosa ya está casada? Se preguntó, pero rápidamente desechó ese pensamiento de su cabeza, pues tenía la esperanza de que no fuera así.
Después de meditarlo a consciencia, tomó la decisión de ir por ella lo antes posible y pedirle que lo perdonara; sí, él estaba dispuesto a arrodillarse ante ella con tal de que lo aceptara de nuevo en su vida, total, más humillado no podía estar.
– Sé feliz – Habían sido las últimas palabras que él le había dedicado en aquella ocasión, pero ahora comprendía que ninguno de los dos podría ser feliz sin el otro y con ese pensamiento en mente, una sonrisa de lado, de esas que hace mucho no se asomaba por su bello rostro, apareció; pues estaba seguro de que ella lo aceptaría de nuevo.
—Susana, ¡oh, Susana! ¿Por qué no te olvidas de ese hombre y ya? Si él no te quiere, no lo puedes forzar a estar contigo. —Le dijo su madre.
Susana simplemente volteó a verla con una sonrisa retorcida, de la cual, hasta su propia progenitora tuvo miedo.
—Nunca mientras yo viva… ese será su castigo por haber destruido mis sueños e ilusiones.
—Pero ese muchacho no te lo pidió, él no te dijo: ¡Sálvame!
—A mí no me importa que no lo haya pedido. Si yo estoy así, es por él; ahora que se abstenga a las consecuencias.
Desde hace mucho tiempo atrás, la madre de la actriz se había dado cuenta del error que había cometido al pedirle, no, más bien al exigirle a ese joven que se quedará para siempre con su hija. Ella, en aquel momento, había pensado que eso era lo mejor pasa su pequeña, pero al ver en lo que su primogénita se estaba convirtiendo por su culpa, por haberla malcriado tanto, se arrepintió terriblemente de haberlo hecho.
Susana no lo sabía, pero padecía un cáncer muy agresivo que la estaba matando lentamente y Margaret prefirió ocultárselo con la esperanza de que su hija fuera feliz en sus últimos días; pero para su infortunio ocurrió todo lo contrario. Aun así, la señora Marlow deseaba poder ayudar a Susana antes de que abandonara para siempre este mundo.
Esa misma tarde, Susana citó a todos los periodistas para una rueda de prensa, pero ninguno asistió debido a los malos tratos que habían recibido de ella en los últimos meses. La egoísta muchacha se sintió devastada, pues nadie, ni siquiera su propia madre, la quiso ayudar.
Después de todo eso, la salud de la rubia desmejoró mucho, su semblante palideció y comenzó a perder peso, llegando a parecer una calavera viviente. Lo que nadie sabía, es que su propia Madre la estaba envenenando poco a poco, con el propósito de que no sufriera más.
El tic tac del reloj interrumpía constantemente el silencio de la habitación, pero Terruce no parecía notarlo, pues para él, quien tenía la cabeza en otra parte, las manecillas del reloj avanzaban demasiado lento, como si no quisieran que llegara un nuevo día.
El joven actor no había podido dormir en toda la noche, todo debido a una nota que se había publicado en el periódico de esa mañana:
Fallece la ex actriz, Susana Marlow, a la edad de 20 años.
Su madre Margaret, viuda de Marlow, se declaró culpable de la muerte de su única hija.
Ella aseguró que su pequeña padecía de cáncer, por lo que decidió acabar con su vida, evitándole así más sufrimiento.
Se presume que la joven fue envenenada por su progenitora.
Terry estaba muy sorprendido, pues nunca pasó por su mente que Susana pudiera morir de esa forma tan cruel y luego de mucho meditarlo, el castaño decidió que apenas saliera el sol, iría a visitar a Margaret.
Al entrar a la comisaría, el joven pidió hablar inmediatamente con la viuda. Cuando por fin la tuvo enfrente, la señora Marlow bajo la vista, ya que no tinía cara para mirarlo directamente a los ojos. El silencio reinó por unos segundos, hasta que ella comenzó hablar.
−Sé que te causamos mucho daño, pero como podrás darte cuenta, ahora estamos pagando por todo lo que hicimos. Debes saber que todo lo que hice fue pensando en la felicidad de mí hija, quizás fuimos egoístas al atarte a nosotras, pero en ese momento yo no podía hacer otra cosa.
Margaret le tomó la mano a Terruce antes de continuar hablando.
−Muchacho, ahora ya puedes ser feliz, pues Susana al fin está descansando y yo estaré aquí de por vida. Busca a esa joven y pídele perdón de nuestra parte −Expresó la viuda, con un nudo en la garganta
Terry salió de ahí con un montón de sentimientos encontrados, ya que a pesar de todo, él nunca deseó que nada de eso sucediera, pero tuvo que reconocer que con la muerte de Susana, él por fin era totalmente libre de ataduras.
Las últimas hojas de los árboles caían, presagiando que el invierno estaba cerca. Pero para Terruce era como el día más caluroso del verano; sus manos sudaban y sentía los pies pesados, además su cuerpo temblaba ante la incertidumbre.
Un mensaje había sido enviado, y a pesar de que la misiva contaba con muy pocas líneas, para él significaban demasiado.
¡Hola, Candice!
¿Cómo estás?
Hace tiempo pensé en escribirte, pero mi inseguridad no me dejó hacerlo.
Sólo quiero que sepas que en mí nada ha cambiado.
T.G.
Un mes fue el tiempo que se puso de plazo, para aguardar por su respuesta.
Una carta había sido enviada y un corazón estaba en espera.
