Bueno, aquí me tienen con la larga explicación de por que nada más les dejé el prólogo y después me ausenté por... mucho tiempo. Verán, ya tenía la historia pensada en mi mente, pero poco después empecé a escribir otra (cuaderno) y me di cuenta de que se podían juntar y crear una distinta. Al principio me pareció un disparate, pero después me di cuenta de que no estaba mal. Así que: borré toda la historia escrita hasta ese momento e inicié de nuevo. Eso, más la escuela... Tardé más de lo esperado, pero aquí tienen ya la continuación. Gracias a todos por su infinita paciencia. ¡Disfrútenla!
El Zorro y el Cazador
Capítulo. 01
Con los primeros rayos de Sol apareciendo tras las montañas se dio la señal para varios del inicio de la prueba. Varios niños esperaban temerosos afuera del templo, donde uno a uno eran llamados para asignarles a su animal. Entre éstos, se destacaba un grupo de niñas que miraban de vez en cuando hacia un punto en específico y después cuchicheaban entre ellas. Risas y sonrojos entremezclados. Un par de ojos negros las miraron molestos y ellas sólo soltaron un gritito y se sonrojaron más.
-Tan pequeño y tan popular…
-Cállate, aniki—gruñó el pequeño, mirando en otra dirección. Esto era lo único malo de la asistencia a la asignación. Que debía de compartirla con todos los mocosos de su generación. Se cruzó de brazos y miró nuevamente hacia la puerta cerrada tan sólo con una esterilla. Hace una mueca mientras se pone a ver a su alrededor, escuchando de vez en cuando las conversaciones de los adultos que les rodeaban; y que como si no fuera suficiente, hablaban de ellos. Los dos herederos Uchiha. Los siguientes en la línea sucesora. A sus cortos doce años de ella, no terminaba de comprender que tanto le adoraban a su apellido, por que no conocían sus habilidades. Al menos no las suyas, por que su hermano mayor era toda una leyenda.
Ambos eran fácil de reconocer. No sólo por el pampai que adornaban casi todas sus prendas, sino por sus rasgos genéticos. Todos los Uchiha tenían el cabello negro azulado, tez blanca, ojos en su mayoría negros y su más grande orgullo. El Sharingan.
Una habilidad bastante complicada de obtener, se debían de trabajar años para por lo menos, sacarla a la luz. Pero tanto su hermano, como él, ya habían comenzado con ese entrenamiento.
-Uchiha Sasuke…
El silencio se hizo en aquel pequeño cuarto. Todos miraron al pequeño que se ponía en pie de lo más confiado. Su hermano le miro con seriedad, pero escondiendo una sonrisa de confianza para su hermanito que se perdió en la oscuridad de la otra habitación.
Miro a su alrededor, descubriendo como se abría un pasillo iluminado por simples velas que llevaban hacia un círculo igualmente formado por las mismas. A su alrededor, seis ancianos le veían serios, usando túnicas color crema con bordados rojos.
-Acércate.
Sin siquiera dudar dio un par de pasos hasta quedar en frente de ellos, en medio del recinto. Sintió todas las miradas fijas en él, escudriñándolo con la mirada. Mantuvo su semblante serio, esperando al veredicto. El hombre del centro se puso en pie y dio otro paso.
-Joven Uchiha, extienda su mano para poder tomar la sangre que determinará su presa…
Obedeciendo la orden, el niño dio su mano y el anciano, con una daga hizo un corte en la palma. Al retirar el arma, estaba manchada de sangre, la llevó hacia una hoguera que se hallaba en la pared y con un movimiento, pequeñas gotas de sangre cayeron, y una nube roja salió de ella. Los ojos negros se fijaron en ella y vieron la forma que se comenzó a formar. Todos mantuvieron silencio hasta que la silueta felina se terminó de armar.
-Igual que tu hermano mayor
Sasuke miró a la anciana que lo dijo y frunció el ceño.
-Un puma. Buena suerte, joven Uchiha Sasuke. Deberás salir mañana, a penas haya aparecido el sol.
El niño asintió, hizo una reverencia y salió tranquilamente de allí. Cuando la luz del cuarto apareció frente a él, escuchó como de nueva cuenta los cuchicheos se apagaban y después iniciaba con mucho más volumen.
-Y bien, ¿Qué fue?
-Puma.
-¡Ja! Ya parece tradición familiar…
Una gélida mirada adornó el infantil rostro mientras salían de ese lugar, siendo seguidos por los ojos curiosos de varias niñas o madres.
En el abandonado y solitario barrio Uchiha, sólo se veían las dos sombras de los únicos sobrevivientes de dicho clan. Todos muertos ante la traición de uno de sus líderes. Madara Uchiha. Sólo ellos dos sobrevivieron gracias al esfuerzo de su madre al sacarlos de allí. Un Itachi de tan sólo cinco años y el pequeño Sasuke recién nacido. Desde ese día, han vivido solos, aprendiendo a sobrevivir y manteniendo en alto el orgullo de la familia. Y ahora, con el animal escogido, Sasuke terminaría por honrar el legado.
Quizás muchos consideraban que era demasiado peso para un niño tan pequeño, pero esa idea había sido inculcada desde que tenía memoria, así que para él, era más que otra cosa, un deber.
La oscuridad aún reinaba, pero el cielo ya estaba cambiando de tonalidad, anunciando el amanecer venidero. En la puerta principal, ya estaban reunidos los pequeños de las familias. Sasuke miraba el bosque, ignorando totalmente a los otros que también saldrían ese día. Entre ellos, la pequeña pelirosa de la familia Haruno, siempre enamorada del moreno. Su caza iba a ser verdaderamente sencilla. Un simple venado de cola blanca. Cuando el primer rayo cruzó el cielo, los niños salieron corriendo, unos más entusiasmados que otros. Sasuke rápidamente se internó, corriendo hacia las montañas, donde sabía que era más probable encontrar a su presa. Aunque ante esta decisión, se dio cuenta de que el bosque se volvía más escarpado, los árboles se cerraban y la oscuridad se cernía. No supo cuanto corrió, todo poco a poco se volvía más repetitivo y difícil se distinguir. Se detuvo en lo que parecía ser un claro y comenzó a revisar sus alrededores. Se fijo en el piso, buscando algún rastro. Después de un rato, pudo ver un riachuelo y al fin, dio con la pista que necesitaba. Con una sonrisa de suficiencia comenzó nuevamente a correr hasta dar con una pared de piedra. Ahí pudo ver el cielo, y notó que en el cielo el sol ya estaba en lo más alto. Decidió descansar por un momento y alimentarse para poder seguir con la búsqueda hasta encontrarle. Sacó unas bolas de arroz que comió con velocidad, pues se escuchaban varios sonidos a su alrededor que le alertaban constantemente. Al terminar, tomó dos sorbos de agua y siguió con su camino. Subió a los gruesos árboles para observar mejor la zona. Las horas siguieron pasando hasta que al fin, pudo ver al dichoso felino, tomando un poco de agua en algún derivado del riachuelo antes visto. Con una sonrisa, sacó su arco y de su carcaj tomó una flecha y apuntó con cuidado, intentando ser lo más silencioso posible. Pero el astuto gato levantó rápidamente la cabeza, mirando a su alrededor antes de salir corriendo justo antes de que la flecha diera en el blanco. Gruñendo el niño bajó de un brinco e inició la persecución tras el animal, haciendo lo posible para no perderle. Tomó otra flecha, se detuvo en seco y apuntó en una fracción de segundo para disparar y dar en un muslo, haciendo trastabillar al puma y caer de bruces. Se acercó con velocidad, vio al animal retorcerse y hacer lo posible para levantarse y huir. A cada pasó el gruñido de advertencia se escuchaba con más fuerza, así que, desenfundó un kunai y en un movimiento rápido, lo clavó en su cuello, haciéndole morir al instante. Tomo una bocanada de aire antes de hincarse y cerciorarse de que en verdad, el animal estaba muerto. Sacó las armas y miró al gran gato. Por suerte, no era un adulto, sino un puma joven, pero de todos modos, su tamaño y peso retrazaría un poco su regreso. Con ese pensamiento, se lo acomodó en la espalda y comenzó con su arduo regreso.
Ya entrada la noche, su cuerpo comenzó a quejarse ante el dolor y se detuvo, bajando con cuidado el cadáver e inicio una corta búsqueda de leña para una fogata. Se sentó cuando el fuego ya estaba alto y comenzó a sacar la comida que quedaba para calentarla. Se recargó en el árbol y mantuvo los ojos cerrados por un par de segundos cuando escuchó como los arbustos crujieron ante el movimiento. Abre los ojos y saca rápidamente un kunai, agudizando sus sentidos antes de que una sombra tambaleante saliera de allí, apenas manteniéndose en pie. Cuando la figura tomó forma, no pudo evitar sorprenderse y dudar en qué hacer. Frente a él se hallaba una especie de perro de tonalidad rojiza, sus profundos ojos verdes se clavaron en el niño, quien lo admiraba paralizado. El pequeño se dio cuenta de que tenía varias heridas, al parecer profundas. Antes de que pudiera hacer cualquier cosa, el animal se desplomó de costado y respiró agitado. Sasuke se puso en pie sin ser capaz de quitar la mirada de la moribunda criatura.
-Un zorro…
Automáticamente todas las leyendas, órdenes e historias sobre esos animales llegaron a su mente. Debía de morir. Se acercó, aún con el kunai en la mano y antes de tan siquiera poder estar a menos de cinco metros, otra sacudida en los arbustos le hizo ponerse en guardia. Lo que salió, lo dejó aún más sorprendido. Un pequeño zorrito de un color mucho más claro que el mayor y unos ojos aún más distintos. Le vio correr despavorido hacia el otro y comenzar a gemir de manera lastimera. Con su pequeño hocico movió un poco el costado del otro. En ese momento fue que Sasuke se dio cuenta de que ese zorro era la madre del pequeño, y que estaba muriendo lentamente. Algo dentro de él le hizo detenerse y flaquear en su decisión. Pudo ver en ese par de ojos azul eléctrico el sufrimiento por el que pasaba el cachorro al ver la inminente muerte de su madre. ¿Así se habría sentido su hermano al ver morir a su progenitora? Él no recordaba absolutamente nada, pero podía imaginar las lágrimas que corrieron por su rostro y los horribles recuerdos que debe tener al pensar en su difunta madre. Sintiéndose culpable, retrocedió un par de pasos, observando la escena con tristeza. Poco a poco fue viendo como el movimiento provocado por la respiración fue alentándose hasta que se quedó totalmente quieto. La zorra había muerto. Los lamentos del pequeño le calaron el alma.
EL zorro es un animal maldito. Debe morir.
Sus ojos se entrecerraron en un gesto peligroso y se acercó con decisión. Debía de acabar también con la cría. Cuando estuvo cerca, le vio pegar un brinco y girarse, primero mirándolo con temor para después enfrentarlo con gruñidos agudos y uno que otro pequeño ladrido. En ese momento, el moreno se dio cuenta de que el animalito se quedaría allí, defendiendo el cadáver de su madre. Tonto. Levantó el kunai y el zorrito se encogió, gimiendo, clavando sus ojos en los de su atacante. Y fue allí, donde algo extraño sucedió.
Estúpido Humano
Los ojos negros de Sasuke comenzaron a doler, obligándolo a cerrarlos y llevarse sus manos a estos, buscando aplacar el ardor. Miró al animalito que ahora no podía despegar su mirada del otro; Sasuke volvió a enfocar sus ojos en él y de nueva cuenta el dolor. Pero notó algo diferente, un brillo rojizo que comenzaba a emanar del azul profundo. La cría bajó las orejas, pareciendo dolorido y se encogió sobre sí mismo, cerrando los ojos. Al instante, el niño cayó de rodillas, respirando entrecortadamente. Algo había sucedido en ese momento, jadeando miró al animal quien también le había regresado la mirada, como pidiendo ayuda. De nueva cuenta inició esa incomodidad en el cuerpo. Acercó su mano y al hacer contacto, el ardor se aplacó pero inició uno en su omóplato izquierdo. Rápidamente fue moviendo su camisa hacia un lado y observó como lentamente se iba formando una marca bastante peculiar en ese lugar. Una espiral con tres llamas alrededor que formaban un triángulo. Lentamente se fue oscureciendo hasta parecer un tatuaje. Cerró un ojo adolorido y cuando regresó su mirada al cachorro, observó sus ojos azules clavados en los suyos, curiosos. Gruñó y apretó el kunai, lo levantó sobre sí mismo, listo para acabar con eso, pero al ver ese par de orbes, su nuevo tatuaje ardió y fue en aumento cada vez que el kunai descendía hacia el zorro. No se detuvo la sensación hasta que el arma fue retirada. ¿Qué demonios estaba pasando? Escuchó un pequeño ladrido que le obligó a regresar la mirada al zorrito quien lo olisqueaba y movía sus orejitas. Su mente trabajó rápidamente para encontrar una solución y lo que pudo concluir en ese pequeño lapsus, su conclusión fue:
"No podía dañar al zorro a menos que quisiera sufrir o morir en el intento"
El arma resbaló de sus manos, aturdido ante su descubrimiento. Miró al zorro, frunció el ceño y se fue alejando, optando por dejar vivir al animal y seguir con su misión. Vio que el tiempo había pasado rápidamente y ya no faltaba mucho para el amanecer. Apagó lo poco que quedaba de la fogata y recogió sus cosas. Acomodó su cinturón de armas y volvió a ponerse el cuerpo en la espalda, pero al girarse se dio cuenta de que el pequeño animal estada sentado frente a él, observándolo curioso.
-Vete
Se giró y comenzó a caminar, pero escuchó los pasitos tras él.
-Que te vayas
Nada, aún los escuchaba. Giró un poco su rostro y vio al zorro caminar tras él, sin alejar sus ojos de él.
-Mira, sígueme y te matarán en cuanto te vean.
Levantó las orejas y lo miró con aparente felicidad.
-Que no me sigas, zorro estúpido.
Lo ignoró totalmente. Harto, sacó a velocidad el kunai y se lo lanzó, sintiendo casi al instante que lo dejó ir, la punzada. Vio el arma ir directo a la cabecita, pero ante sus ojos observó como una barrera rojiza se formaba a su alrededor, protegiéndolo del ataque. El kunai cayó inerte al piso, mientras que Sasuke lo imitaba, de rodillas, gimiendo adolorido. Ese simple acto le había producido tanto dolor como si le hubieran atravesado el corazón. Estuvo a punto de soltar lágrimas de desesperación. ¿¡Qué maldita sea estaba pasando! El zorrito se acercó rápidamente y subió sus patitas delanteras sobre sus rodillas y buscó alcanzar su rostro, que estaba agachado mientras que el dolor desaparecía. Sintió la pequeña lengua acariciar su mejilla y sus ojos se movieron hacia los azules del zorrito. Algo dentro de él se estremeció y su mano terminó en la pequeña cabeza, acariciando el corto pelaje mientras el se re pegaba contra la mano. Un calor se formó en su pecho y con un suspiro dio un par de golpecitos más sobre la cabeza antes de ponerse en pie. Miró de nueva cuenta el cadáver y al zorrito. Iba a ser un suplicio llevar ahora tres cuerpos…
Ya entrada la tarde, fue que por fin los primero niños comenzaban a llegar con su presa. Itachi estaba recargado contra la barda, mirando a los pequeños. Una sonrisa adornó su rostro cuando pudo ver a su hermano entrar, cargando al puma, y una bolsa extra. Se acerca a él para ayudarle con el animal y seguir hacia el santuario.
-Por poco y bates mi marca.
-Sí, me retrasé…
-¿Y eso?
-Me encontré con un zorro
Al instante el cuerpo de Itachi se detiene tenso. Mira sorprendido a su hermano sin creer lo que dice. Abre y cierra la boca.
-Está en la bolsa.
Los ojos negros pasaron hacia la bolsa y de vuelta a su hermano.
-Me estás tomando el pelo
-No, lo verás en el santuario.
-Increíble, sinceramente, eres increíble.
La sonrisa del pequeño se amplio y siguió hacia donde los ancianos les esperan.
-Sasuke Uchiha, no sólo volviste con tu presa, sino que también acabaste con una de esas inmundas criaturas.
-Un acto maravilloso para alguien con tan corta edad
-Felicidades, Sasuke, además de alcanzar el nivel de cazador, también has conseguido una condecoración y serás asignado como líder de un equipo. Empiezas dentro de una semana.
-Gracias
Se retiró con una sonrisa. Su hermano ya se había ido para preparar la casa. La noche había caído por completo y la aldea se hallaba en oscuridad. Miró a su alrededor y con tanta cautela como pudo juntar, fue hacia la entrada y salió rápidamente, adentrándose momentáneamente al bosque, donde dentro de un árbol, uno ojos brillaron. Rápidamente una figura pequeña salió corriendo de allí y se lanzó a sus brazos, chillando alegre y lamiendo su rostro.
-Detente
El zorrito clavó sus ojos felices. El niño regresó la mirada hacia la aldea y después al animal. Dejarlo en la entrada de la aldea era peligroso por todas las misiones que salían al día, además por lo que podría ver, era una cría un tanto inquieta. Si prácticamente tuvo que dormirlo para que no saliera corriendo para buscarlo, sin contar que dejó comida para que se entretuviera más tiempo. Tragó saliva mientras sentía como el animalito se acurrucaba en sus brazos.
-Debo estar totalmente loco…
Continuará...
Bueno, y ¿qué les pareció? ¿Un rotundo desastre o valió tan siquiera un poquito la espera? Si creen que no debo de desechar mi idea, dejen un lindo review que me va a alegrar el día. Si no, también para saberlo :) Gracias a todos por sus comentarios. Continuaré al fin más seguido, por que además de que la idea ya está formada en mi cabeza (... de forma definitiva) ya salí de vacaciones, así que no hay excusas. ¡Gracias de nuevo!
atte: TanInu
