II. Hatsune - 初音
"Es el primer canto del año o de la estación que comienza."
‒ ¿… estará bien?
Es lo primero que escucha Hinata.
Su primer impulso es responder que sí, que estará bien, pero entonces intenta asentir y se da cuenta de que todavía su cabeza no parece querer estar en el lugar en el que por naturaleza debería estar, sino que aún está tambaleante y tiene que sostener su frente tan solo para sentir que no se dará de tope contra el piso en cualquier momento… aunque siga acostada.
Tras un par de segundos la joven parpadea, tratando de enfocar la mirada, en realidad acostumbrada a despertar en la enfermería en tales condiciones. Le pasa más seguido de lo que le gustaría admitir, cualquiera podría decir que había pasado la mitad de su vida escolar en una camilla y aquello sería más una verdad que una mentira.
Así que sí, Hinata sabía cuál era el proceso al despertar: le darían alguna pastilla, le recomendarían que estuviera en espacios ventilados y si las enfermeras tenían algo de tiempo probablemente podría platicar con alguna de ellas unos cinco minutos antes de que la mandaran de regreso a clase, en donde tendría que dar el pase que explicaba lo que había pasado al profesor en turno.
La mayoría ya ni siquiera se molestaba en pedírselo, tan solo asentían en su dirección mientras ella ocupaba su lugar tratando de ser lo más rápida posible. En realidad, ella no quería atravesarse entre tantos alumnos, pero no tenía la culpa de que su apellido fuese precisamente de aquellos que siempre solían quedar en medio del salón.
Hinata se mareó tan solo de pensar en el montón de miradas que se dirigirían a ella. Lo que menos quería en el mundo, por cierto. Había pocas cosas que Hinata odiara más que sentirse el centro de atención: hacía que la presión de ser una Hyuga se sintiera mucho más real.
Todos esos ojos mirándola como si fuese un bicho raro… como si no supieran cómo alguien como ella podía tener el apellido que tenía.
Bien… para ser justos ni siquiera ella sabía.
Algún tiempo quiso sostener la teoría de que había sido cambiada por otra bebé al nacer o algo por el estilo… pero, bien, no es que el color de ojos que correspondía a su familia fuese exactamente común, así que, no. Teoría descartada.
La verdad era mucho más sencilla y evidente: ella simplemente era una incompetente.
Hinata suspiró al recordar que, de hecho, por hoy sus clases habían finalizado, lo que significaba que no tendría que exponerse a interrumpir ninguna explicación, lo que implicaría un total alivio para su corazón si no fuera porque se supone que ella tendría que estar en ese preciso momento dirigiéndose a su clase particular de español. Porque claro, como Hyuuga que era tenía que salir del bachillerato por lo menos con el dominio de tres idiomas, o en caso de su prodigioso primo, con cinco.
¿Qué no era ya bastante obvio que ella apenas y podía hablar en japonés?
…
‒Sí, estará bien. No tienes por qué preocuparte de nada más Naruto. Ya sabes que Hinata-chan es así.
Hinata sintió su pecho volverse loco en cuanto finalmente cayó en cuenta de lo que había pasado para que ella se desmayara en primer lugar. De solo pensar que seguramente Uzumaki-san la había tenido que cargar a la enfermería sentía que el color se le subía nuevamente al rostro.
La joven se obligó a respirar profundamente, no queriendo perder la conciencia -otra vez- sin antes poder escuchar, aunque sea un poco más la voz de su tutor.
Esa voz, tan profunda y suave al mismo tiempo. La morena se vio suspirando como la adolescente enamorada que era, sus mejillas vueltas rojas cerezas al escuchar de vez en cuando la risa del rubio.
La conversación entre los mayores pronto cambió de curso, convirtiéndose en una plática amistosa. Hinata entonces aguantó la respiración, no sabía que ellos eran así de cercanos.
Aunque claro, tenía sentido, seguramente tendrían la misma edad, quizá incluso podrían haber sido compañeros en el pasado...
Hinata hundió la cabeza entre sus hombros, de pronto cayendo en cuenta de cuán atractiva era la despampanante enfermera Ino Yamanaka, comparada con ella Hinata no era más que un pequeño gusanito.
La joven prestó especial atención en cuanto escuchó el timbrar de un móvil, de inmediato la voz de la enfermera adquiriendo un tono profesional para contestar la llamada.
Hinata admiró la silueta de Naruto a través de la delgada cortina que los mantenía separados. El profesor pasó la mano a través de sus cabellos y ella tuvo que contener otro suspiro.
Estaba totalmente pérdida.
‒Naruto, tengo que ir por algunos archivos a la dirección, ¿te importaría quedarte aquí en lo que voy y vuelvo?, sé que ya es tu hora de salida, pero…
‒No te preocupes, aquí esperaré. ‒aceptó el rubio, quitándole peso al asunto.
Ino agradeció nuevamente y prometió algo que tenía que ver con probar el mejor ramen de la ciudad. El corazón de la morena se estrechó nuevamente ante la posibilidad de que ellos pudieran salir en algo así como una cita.
Cosa que era en lo absoluto de su incumbencia, obviamente.
Pero ojalá que eso nunca pasara.
Hinata se perdió por un segundo tan profundamente en sus pensamientos que no reparó en que estaba siendo observada hasta que tuvo a su profesor a una distancia lo suficientemente cercana como para que ella pudiese aspirar discretamente su loción.
Incluso en eso tenía que ser perfecto, por supuesto.
¿En qué momento corrió la cortina, de todas formas?
‒Me alegra que ya hayas despertado, ¿cómo te sientes? ‒preguntó su tutor, con ese tono alegre que tanto lo caracterizaba y que robaba suspiros no sólo de ella sino de incontables compañeras de curso.
Hinata sintió su boca secarse, pero se forzó a sí misma a responder.
‒Yo… bien. Gracias. ‒susurró, en un tono tan, pero tan bajito que estaba bastante sorprendida de que el rubio pareciera haberla entendido a la perfección… quizá entre sus tantas habilidades también se encontraba leer los labios, o quizá tenía un oído prodigioso porque en realidad tenía talento para la música…
O quizá solo hizo como si sí la hubiese entendido para no ser maleducado.
No sabría decirlo con certeza.
Pero imaginándoselo en alguna banda o como parte de una orquesta por lo pronto funcionaba mejor para ella.
Tan guapo.
‒… a casa? ‒Hinata se regañó a sí misma en cuanto se dio cuenta de que al parecer su profesor le estaba preguntando algo.
Ella guardó silencio unos pocos segundos, rogando en silencio que el rubio repitiera la pregunta, pero al ver que aquello no sucedía terminó por asentir con una pequeña sonrisa.
Eso solía funcionar, ¿no es así?
‒De acuerdo. ‒asintió Naruto, nuevamente de aquella forma amable y radiante que era tan suya.
Y Hinata no pudo menos que sonreírle de manera nerviosa.
Sonrisa que vaciló un poco en cuanto se vio a sí misma dentro del automóvil de su profesor, porque al parecer él estaba dispuesto a llevarla a casa y no a la clase de español a la que ella debería estar yendo justo ahora.
Pero claro que Hinata no le diría eso, porque la escuela de idiomas en donde recibía sus clases estaba a dos cuadras del colegio y en cambio su casa quedaba a unos treinta minutos de camino. Su padre se pondría furioso en cuanto supiera que faltó porque otra vez se desmayó en la escuela, pero bueno, son riesgos que a veces se toman.
Así, por una vez, la joven agradeció que su familia fuese lo suficientemente pretenciosa como para vivir en la zona más acomodada de la ciudad. Esa en la que no se podía llegar por medio de transporte público sino únicamente con automóvil propio.
Como que estaba tomando un poquito de ventaja de la situación, pero bueno, no era como si cosas como esta le pasaran todos los días e incluso ella tenía derecho a ser caprichosa de vez en cuando, ¿cierto?
‒Entonces, ¿has pensado a qué universidades vas a aplicar? ‒preguntó el rubio tras encender el motor del auto.
Hinata se obligó a concentrarse en la pregunta que se le había hecho y no en cómo este hombre lucía maravilloso incluso haciendo algo tan simple como mirar hacia los lados para maniobrar el carro.
La jovencita carraspeó, intentando controlar el sonrojo en sus mejillas.
‒Mi padre piensa que la Universidad M* es la mejor opción, ahí ha estudiado mi familia por generaciones.
El rubio parpadeó un segundo, aparentemente desconcertado, para después suavizar su gesto, mirándola por el retrovisor en cuanto llegaron al primer semáforo.
‒Bueno, Hinata-chan, la opinión de tu padre es muy valiosa, por supuesto. Pero he preguntado qué es lo que quieres tú.
Y esta vez fue el turno de la jovencita para parpadear.
Bajó la mirada un segundo, sintiéndose tonta por esas intensas ganas que tenía de repente por llorar.
Vamos, Hinata, respira profundo, por favor.
‒Bueno… yo… en realidad, yo…
¿Cuándo había sido la última vez que alguien le había preguntado directamente a ella sobre su opinión sobre algo?, ¿por lo menos eso había sucedido alguna vez?
‒No te preocupes si todavía no tienes una respuesta, aun queda algún tiempo para decidir, de todas formas. ‒le tranquilizó Naruto, esta vez con su mirada fija en el camino.
Hinata se mordió los labios, desde su posición detrás del auto, la verdad es que ella podría decir con total convicción que sabía dónde y qué quería estudiar… pero nunca podría hacerlo. Su padre nunca lo permitiría.
Pero claro que ella no le diría eso a su profesor, quien no tenía por qué enterarse del drama familiar que escondían los Hyuga… en cambio asintió y sonrió amablemente. Los colores volviendo a su rostro en cuanto el rubio volvió a sacar a colación el tema del retrato que había encontrado hace un par de días.
‒… no te detuve para reñirte o algo por el estilo. En realidad, quería decirte que me pareció bastante bueno, cualquiera que lo vea diría que incluso soy algo guapo, ¿no? ‒bromeó el rubio. Callándose en cuanto se dio cuenta de que Hinata volvía a parecer tener dificultades para respirar, por el susto dio un volantazo que le ganó unas cuantas maldiciones.
‒ ¡Hinata!, ¿estás bien? ‒preguntó alarmado el adulto, debatiéndose entre avanzar o detener el auto para ayudar a la jovencita.
Por fortuna, Hinata se obligó a tranquilizarse y asentir, afirmando que todo estaba de maravilla.
Pasado el susto, Naruto se permitió reír un poco y la jovencita se sintió bastante avergonzada, pero terminó también por soltar una pequeña carcajada.
Era la primera vez que reía con soltura desde hace mucho, mucho tiempo.
Sin saberlo, era esa también la primera risa de muchas más.
El inicio de un tiempo maravilloso.
…
…
Notas del capítulo:
Universidad M*: Bueno, usaremos el recurso de la universidad sin nombre para no meternos en problemas jaja
Espero que les haya gustado el capítulo. Perdón por la demora jeje
Siempre agradezco los comentarios.
P.D. A quienes me preguntaron cuánta era la diferencia de edad entre Naruto y Hinata, pues bueno, pensemos que Naruto tiene una carrera universitaria -que duran en promedio cuatro años- y que además tiene otros cuatro años de experiencia como profesor. Así que se llevan entre ocho y diez años.
