Dejo los lineamientos de siempre.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
"Pensamientos".
Advertencias:
Posible OoC en los personajes.
Situaciones sexuales implícitas o explícitas.
Lenguaje inapropiado o soez.
Género: Romance | Humor.
Clasificación: T.
Disclaimer: la serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
La segunda temática de este capítulo era: No me gusta salir de casa.
Si hay algún comentario o disconformidad, ya saben, pueden dejarla ahí abajo en la cajita de comentarios. Recuerden siempre dirigirse a los escritores con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Los comentarios son siempre bien recibidos, y les estoy enteramente agradecida por tomar unos minutos de su tiempo para leer mis historias y de paso, comentarlas. Mil gracias. Es en parte por ustedes que yo sigo al pie del cañón, además de ser uno de mis pasatiempos favoritos.
Capítulo 2.
.
«La ley de la atracción es una ley de la naturaleza. Es tan imparcial
e impersonal como la gravedad. Es precisa y exacta. Es la ley más
más poderosa del Universo».
Anónimo.
Se movió, le dolía horriblemente.
— Sakura-chan, yo entiendo que estés deprimida porque no te quiere el idiota de Sasuke, pero no tenías que hacer eso.
Naruto era un IDIOTA con letras mayúsculas, no lo hizo por eso.
"Noooo, ¡es porque eres una idiota sin ceso!"
Ah, maldita sea su consciencia.
Se movió de nuevo, el dolor se intensificó.
— Agh — soltó un quejido.
Miró por la ventana, ¡ella solo quería salir de casa!
"No, tú querías matarte huyendo de la parranda de locos".
¿Y cómo no? Si ya la tenía harta con sus deportes, sus peleas estúpidas y sin sentido. Sus insultos tontos, ¡se hartó! Ella era humana, un alma libre.
"Y por libre significa tirarte por la ventana sin paracaídas ¿no?"
¡Ash, maldita consciencia! Bufó enojada.
— Ni lo pienses, Haruno — articuló una voz masculina y serena, atractiva en su estoicismo.
Su piel se crispó con la sola mención de su apellido en ese tono somero y paulatino, giró lentamente su rostro y lo observó. Ahí estaba él, con la mirada fija en un libro, la portada decía: La serie del círculo. Negro. Libro 1: El nacimiento del mal.
Abajo, el nombre del autor, Ted Bekker.
Sakura elevó una ceja escéptica, realmente no imaginó que a él le pudieran gustar ese tipo de obras. Enseguida fijó sus ojos en su rostro estoico, su iris bailaba de una palabra a otra, su mente sumergida en las oraciones que desencadenaban hechos y escenarios en las páginas. Debía ser interesante para mantenerlo tan abstraído de su presencia.
Un momento. ¿Acababa de decirle no lo pienses Haruno?, entonces no estaba tan ensimismado como creía.
— ¿Cómo demonios sabías que estaba viendo la ventana? — preguntó ella.
— La ves cada diez minutos desde ayer — respondió, simple.
La pelirosa bufó de nuevo, maldito genio. Empezaba a maldecir mucho últimamente…
— ¿No entiendo qué carajos haces aquí? — articuló molesta.
Intentó cruzar los brazos, su intento falló y le generó más dolor en el cuerpo del que ya tenía. Se mordió la lengua
"¿Qué se te olvida que si no fuera por él serías una paleta helada allá afuera con este clima, idiota? ¿O que te aplaca el dolor por la fractura? Serás imbécil".
Bien, su consciencia se estaba pasando de la raya con los insultos. No era que no se los mereciera, pero tampoco para que le recordara su idiotez a cada rato.
— No queremos que vuelvas a intentar otro vuelo de prueba, ¿no crees? — su sarcasmo la sacó de sus pensamientos.
Lo miró, ahora su iris estaba clavado en ella, de forma fija y profunda, lo que le generó un raro y bobo escalofrío. Hizo un puchero con la boca y volteó su rostro escondiendo el sonrojo de sus mejillas.
— Ya les dije que no es para tanto — respondió — ¡Y no era un vuelo de prueba, Neji!
Éste elevó una ceja.
— ¿Ah no? ¿Entonces era desesperación?
Sakura abrió la boca, luego la cerró, la abrió de nuevo y la volvió a cerrar.
— Boqueando como pez no me vas contestar, posiblemente solo te ahogues de tanto aire que tragas.
La pelirosa cerró la boca, infló los cachetes y frunció el ceño, tratando de asesinarlo con la mirada.
Maldito genio Hyūga…
— Yo no entiendo porque no se quedó Naruto.
— Porque Naruto solo te limaría más la paciencia y eres capaz de saltar con todo y muletas desde la habitación más alta — respondió él mientras pasaba pacientemente la próxima página de su libro.
La peli-rosa gruñó, descontenta y adolorida. Hasta ese momento solo podía mover el cuello.
— En unas horas la nieve descenderá y podremos llevarte a que te atiendan en un hospital — mencionó el castaño.
Sakura lo ignoró, ya no quería salir de casa. Por intentarlo terminó con una pierna vendada, posiblemente fracturada según Neji. Quien solo había logrado hasta el momento disminuir el dolor del cuerpo y de la pierna con medicamentos.
Según el genio Hyūga, para la aparatosa caída y la posición debió quebrarse el cuello. Ahora tenía que agradecerle al chico haberla oído gritar, caer y de paso socorrerla. Debía admitir que tener un aspirante a médico entre sus conocidos era una ventaja. O en estos momentos estaría muriéndose de dolor.
"No es tan malo como piensas, hasta mucho hace soportándote tu mal humor".
— Cállate, ni que estuviera embarazada — chilló a su consciencia.
La que casualmente tenía una apariencia física similar, solo que su cabello era azul oscuro y sus ojos más claros. Pero la sonrisa divertida que tenía en esos momentos, le resultó macabra.
Había hablado de nuevo en voz alta…
— ¿Estás embarazada, Haruno?
La pregunta le llegó como balde de agua fría, giró lentamente el rostro hacia Neji. Sus mejillas enrojecieron como un tomate maduro. A punto de explotar sin necesidad de exprimirlo.
Boqueó de nuevo, no sabía que decir. ¡Su voz se iba! ¡Y la maldita traidora de su consciencia se retorcía de la risa! ¡Oh Dios, ¿qué hizo para merecer tantas humillaciones?!
— Si es así debes decírmelo, Sakura — la voz de Neji sonó dura y… ¿molesta?
La pelirosa abrió la boca y luego la cerró, un momento, ¿la acababa de llamar por su nombre?
— Sakura.
¿Por qué su voz sonaba dura? Y su rostro impoluto tenía una pizca de irritación que se traslucía en la arruga que se formaba en su entrecejo, sus orbes fijos en su diminuta y frágil figura magullada, provocó que todos sus vellos se erizaran y le recorriera un escalofrío de excitación anticipado.
Esperen. ¿Excitación, embarazo? ¡¿Cómo?! ¡Si ella era virgen!
— ¿Estás loco? ¿No crees que si fuera así no te lo habría dicho desde que me desperté?
Sonrió satisfecha, por fin una pregunta inteligente. Ignorando el hecho de que en primer lugar, no habría pensado en la remota posibilidad de salir por una ventana desde el segundo piso. En estado de gravidez, ni siquiera se le hubiera cruzado por la cabeza esa gran idea que la mandó a la cama con tanto dolor en el cuerpo.
— Contigo se puede esperar de todo.
La respuesta no le gustó, pero pudo escuchar que su tono se suavizó y volvió a lo habitual. Ella suspiró y regresó la mirada a la ventana.
La nieve continuaba cayendo, ya no tan fuerte, más bien leve, moderada. Pequeños y diminutos copos de nieve, caían como el telar de una cortina blanca. No podía moverse, ni acercarse a la ventana sin que cada músculo atrofiado le doliera o se le desacomodara el hueso en aquella venda apretada a su pierna. Se condenó a sí misma a estar en esa cama, sin embargo, ya no le desagradaba tanto la idea como cuando despertó.
"¿Cuándo no? Mira la compañía…"
Puso los ojos en blanco, e inevitablemente vagó su mirada por la estantería con libros en aquella habitación que le designaron, aunque ahora que recordaba…
… Esa no era su habitación.
La estantería estaba ordenada, los libros organizados por orden alfabético, color y tomos. El escritorio pulcro, las cortinas no eran amarillas, sino que azul rey. Miró hacia abajo, el edredón era azul marino. El closet estaba abierto, pero solo había ropa de hombre.
Ordenada por colores y uso.
Hizo una mueca, esa no podía ser su habitación. ¿Quién podía ser tan ordenado con sus cosas aparte de Kakashi-sensei?
Solo dos personas se le venían a la mente. No eran tan pulcros tampoco fanáticos de la limpieza, el orden o el aseo. A menos que…
— Estás en mi habitación — respondió Neji —. Ya deja de mirar así mis cosas. En tu habitación todo quedó hecho un desorden después de tu ataque de ira.
Ah sí…
… Su ataque de ira…
No recordaba a muy bien porque fue solo recordaba que…
.
.
— ¡Ya cállate, Naruto!
Un zapato voló, por poco el tacón se le clava en el ojo si no se agacha. Gaara, Shikamaru, Sasuke e Itachi la contemplaron con temor. Pues la mirada de la pelirosa no era nada amistosa.
No supieron en qué momento se desató el infierno entre Naruto y Sakura.
— ¿Qué demonios pasó? — susurró Gaara a Sasuke.
Sasuke se encogió de hombros y se arrimó a su hermano.
— Gaara dice que, ¿qué demonios le pasó a Sakura? — le susurró al Uchiha mayor, éste se encogió de hombros y negó con la cabeza.
— Ni idea. Espera — éste se arrimó a Shikamaru que veía todo tranquilamente, resguardado desde su asiento muy lejos de ese par — ¿Éstos preguntan qué le pasó a Sakura?
Los dos le dieron una mala mirada al Uchiha mayor, pero igual tenían curiosidad.
— Naruto la llamó gorda — contestó, perezosamente el Nara.
— Auch — articuló Itachi, sintiendo lástima por el pobre rubio —. Naruto la llamó gorda — le susurró a su hermano menor.
— Naruto la llamó gorda — dijo éste a Gaara.
Y todos miraron con lástima al pobre Naruto, sufriría por su bocota.
— Sakura-chan, espera, no, ¡Sakura-chan espera, no, eso duele, espera! — gritaba el pobre rubio.
Mientras era abatido por una enfurecida Sakura que le tiraba zapatazos, y blandía uno con grandes tacones. Los cuales seguramente planeaba clavarle en lugares que ninguno preferiría mencionar.
— ¡AY! ¡Sakura-chan eso duele!
El pobre Naruto yacía convaleciente en el suelo frío de la sala retorciéndose del dolor, la pelirosa le había pateado en un lugar donde ningún hombre quiere ser pateado.
— ¡Eso por llamarme gorda, imbécil!
— ¡Pero si yo no dije eso! — lloriqueó el rubio, hecho un ovillo en el suelo.
— ¡NO ME IMPORTA! — gritó fuera de sí la Haruno, enseguida miró a los cuatro espectadores en la sala — ¿Y ustedes qué?
Los cuatro negaron con sus cabezas mientras negaban visiblemente con sus manos. Si abrían la boca ellos le seguían.
Y ninguno quería sufrir el mismo destino que Naruto.
— Bien.
Dicho eso se fue de ahí, a paso de elefante gruñón. Tanto que escuchaban resonar sus pies en las escaleras, la oían mascullar un montón de insultos a Naruto y luego un golpe al cerrar la puerta de la habitación que hizo temblar la barandilla de las escaleras.
.
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Lo que aconteció después no era grato ser narrado. Cosas volaron por su habitación, ropa, zapatos, peines, cepillos dentales… Hasta el punto de perder la cabeza y tratar de salir por la ventana de la habitación del segundo piso, en un intento desesperado de escapar de ese aburrimiento.
¿Lo malo?
Que como niña scout salió reprobada, era una inútil en las escaladas ¿y qué pasó? Que no se sostuvo bien, resbaló y se cayó. Afortunadamente estaba cubierto de nieve, aunque ya no sabía si era bueno o malo.
Y por si la caída y la posible fractura no era suficiente, lo helado del clima y el tiempo que pasó tirada afuera le acarreó un lindo resfriado. Su nariz estaba tan roja como la de Rodolfo el reno. Ahora que lo pensaba, hasta la situación en la que terminó sepultada en la nieve se le hacía inverosímil.
— ¿Por qué estoy aquí?
"¿Qué pregunta más estúpida? ¿Acaso no oíste lo que te acaba de decir, idiota?"
Bufó descontenta a su consciencia.
— Yo te traje aquí — respondió, escueto.
Lo observó levantarse del cómodo sillón e ir a cerrar las puertas de su closet. No pudo evitar que sus ojos vagaran por el cuerpo esculpido y musculoso del Hyūga, mucho menos como sus vaqueros envolvían perfectamente sus vigorosos muslos, o su levantado y proporcionado trasero. Menos como aquella camisa de vestir delineaba sus anchos hombros y la espalda, como se dibujaba la línea de la columna y sus músculos se marcaban en cada movimiento acoplándose a sus fornidos brazos, destacando sus bíceps.
¿Cómo se sentiría estando entre esos brazos?
"Hermosa vista ¿no? Lo que haríamos con ese cuerpo…"
— Muy de acuerdo — murmuró.
— ¿Dijiste algo?
Sakura enrojeció hasta la médula cuando Neji volteó a verla, quiso negar, pero su columna y espalda dolían de solo pensar en moverlos.
— ¡No! — exclamó azorada.
— Uhm… Bien, iré abajo y te prepararé algo. Vuelvo enseguida — dijo él, dejando el libro en el sillón.
La pelirosa se sorprendió por tanta hospitalidad de su parte.
— No, no Neji, no es necesario. En realidad no tengo hambre.
Su estómago gruñó contradiciéndola.
— Traidor… — masculló mirando a su estómago.
Neji soltó una pequeña risa, lo que llamó la atención de la pelirosa. ¿Neji, el cubo de hielo Hyūga, sonriendo, siendo amable y cortés con ella? Había que verse ¿no?
— Vuelvo en seguida.
Dicho eso, el susodicho salió de la habitación. No sin antes mirarla de una manera extraña, bueno, extraña para ella. Ya que con él era con quien menos intercambios de palabras tenía.
Sin embargo, le agradecía. Y si atendía a la verdad, su atención la hacía sentirse cálida e importante. Lo que desataba una rara emoción en su estómago que la hacía sonreír sin tener motivo alguno.
Bueno, haberse quedado confinada al encierro tenía algo agradable.
Ahora ya no deseaba salir de esa casa.
