Despertó de su meditación en un estrecho cubil en una pequeña isla desierta. Oyó los ladridos de Umbra y salió a la superficie. La tormenta agitaba las olas, y la noche parecía un revoltijo de niebla y caos.
—Noc... va a regresar. —Se le resbaló la taza de las manos, derramando todo el contenido.
—¿Cómo?
Habían pasado diez largos años, pero al fin, el rey regresaba para reclamar su trono.
No tenían idea de que cara poner, ni como de cambiado estaría Noctis, aunque ellos no habían permanecido inmóvil en el tiempo, ya estaban algo más viejos, pero igual de guapos, y Promto se había dejado perilla luego de preguntarle a Ignis si le quedaría bien barba o bigote, su reacción no fue favorable, pero cuando dijo perilla, titubeó un poco antes de decir: "bueno, supongo." Ignis también cambió de estilo, Gladio también. Pero todos decidieron esperarles en Hammerhead con la misma ropa que llevaron en sus aventuras, no fuera a ser que no los reconociera.
Cuando salió del camión del crecido Talcott, se quedaron sin palabras. Al fin, después de tantos años, volvían a encontrarse.
—Hey, saludó Noctis.
Gladio fue el primero en acercarse y hablarle.
Por el amor de los sidéreos, no podía creérselo, realmente era Noctis, más crecido, con barba, y el pelo más largo, tenía un aire más a Regis, su padre, estaba guapísimo. Prompto suspiró, risueño.
Ignis se giró hacia la voz melosa del rubio. Luego de tantos años, Promto seguía loco por él.
Charlaron un rato en el primer restaurante de su partida. Había tanto que decir, pero nadie sabía por donde empezar. Poco a poco, se fue rompiendo el hielo. Charlaron como en los viejos tiempos.
—Disculpad, tengo que ir al baño. —se excusó Noctis, todavía emocionado.
—Si te has aguantado durante estos diez años, tomate tu tiempo. —se rió Gladio.
Noctis también se rió, pero no con tanta gracia.
—¿Qué? ¿le vais a dar la enhorabuena? Talcott se cayó unas cuentas cosas por alguien que yo me se.
—Si... —asintió Ignis.
—Seguro que se alegra.
—Claro, se alegrará por nosotros. —afirmó Promto.
—Se lo diré... bueno, quiero ser yo quien se lo diga, a solas.
—¿No iremos juntos? —le cogió de la mano.
—Bueno, es que me gustaría decirle un par de cosas en privado.
—Bueno. —Prompto no se veía muy conforme, y Gladio tampoco, pero Ignis tenía que hablar seriamente de un par de asuntos con Noctis, a solas.
En el campamento, Después de la charla con Noctis. Todos se quedaron destrozados, pero, debían de aceptarlo, era su deber, la decisión del rey de Lucis. Ahora el mundo pendía de su sacrificio. Promto aguanto bien las lágrimas, pero se desmoronó en cuando Noctis se alejó. Ignis lo había invitado dentro de la tienda a charlar un rato. Noc, no se negó.
—¿Quieres... decirme algo? —tragó saliva, tampoco se sentía muy bien luego del discurso.
—Sí, y creo que esto es más importante de lo que creía.
—¿Qué pasa?
Ignis se abrió el abrigo y sacó unos cuadernos, se los entregó a Noctis, él los tomó, y leyó la portada: Carta al príncipe de Lucis. Abrió uno, y leyó:
Para mi querido Príncipe Noctis. Se que suena ridículo, pero quiero relatarte todo lo que he vivido. Desde que no te encontramos en la base, todos quedamos un poco rotos por dentro, pero yo, realmente me angustié, he llorado mucho por ti, no se como combatir el dolor, por eso te escribo, porque se que estas ahí, aunque no puedas escucharme. Noctis, somos amigos desde hace mucho, puede que no te hayas percatado, pero yo, te quiero, por eso me duele tanto que no estés aquí con todos. Quiero que vuelvas pronto, y sigamos siendo felices, aunque sea como amigos, no me importa, desde el principio sabía, que nuestra relación era imposible. Voy a contarte todo lo que sienta y viva, para que no te pierdas nada en Lucis. Atentamente, Promto.
A Noctis se le saltaron las lágrimas.
—¿Lo ha escrito él?
—Sí, todo el cuaderno está lleno de cartas, he traído el primero y los más recientes, tiene muchos más... en casa. Siempre lo oía escribir, no sabía de que era, él me decía que era un diario privado, pero un día Talcott lo descubrió cuando estábamos de visita y empezó a leer. Le dijimos que era privado, pero... luego, Gladio y yo nos juntamos para leerlo, como dos buenos amigos entrometidos. Al final le pregunté porque lo hacía, para el, esta la única manera de volver a sentirse cerca tuya. Le dije, que debería dártelo cuando volvieras, pero se negó en rotundo, creo que le da vergüenza, pero a mi me parece que debías saberlo... todo.
—Oh... Promto. —contuvo un sollozo.
—él te quiere, y te sigue queriendo. —le dolió en el alma admitirlo.
—Y yo también le quiero, pero...
—También te negabas a admitirlo ¿verdad?
—Tenía que casarme con Luna...
—Por deber, igual que harás esto por deber.
—Ya... —inspiró—. ¿Puedo quedármelas? ojalá pudiera llevármelas todas.
—Quédate esas, el resto es más mundano.
—Las leería todas si tuviera tiempo.
El silencio reinó por unos instantes en la tienda. Noctis leía página tras página todas sus cartas.
—Es curioso que no me las quiera dar, cuando todas son para mi.—notaba en la voz de Noctis congestión por el llanto contenido.
—Lo se... —inspiró hondo, preparándose para lo que iba a decir—. Noc... hazlo con Prompto.
Noctis apartó la vista del cuaderno y miró a Ignis con expresión de intriga y recelo.
—¿Cómo?
—Está es tu última oportunidad de consumar tu amor con Promto. El te quiere, eres el amor de su adolescencia, Y tu también le amas.
—Pero...
—Hazlo... o te arrepentirás siempre, y el también.
—Quiero mucho a Promto, todavía... pero no se si él me aceptará, después de tanta espera.
—Claro que lo hará. Ve y proponeselo, dile que yo te lo he sugerido.
—¿Por qué quieres que te mencione?
—Promto y yo... somos pareja.
Noctis se quedó perplejo, sin palabras, hasta le costó salir del shock.
—¿Él es tu pareja? ¿entonces por qué quieres...?
—Lo hago porque le quiero. Creo que me he ganado su amor con el paso de los años, pero todavía... tu tienes su corazón. Quiero que sea feliz contigo, aunque sea por unas horas, quiero que consuméis el amor. Tu también lo deseas, Noc.
—Yo, no sabes el favor tan grande que me haces, Ignis. Mi primera vez... con Promto, es casi como un sueño.
—Pero no pienses que lo estrenarás —Noctis se quedó en ascuas—. Lo siento, pero nosotros, lo hicimos primero.
—Entiendo... no puedo esperar que se reserve para mi durante diez años. —eso si lo amargó un poco, pero después de todo, era más que comprensible. Promto debía vivir su propia vida, con, o sin él.
—Nuestra casa está cerca de aquí... podéis tomar la habitación de los invitados —le dio una palmada en la espalda—. Lúcete tanto como puedas, es tu momento, y tu oportunidad.
—Mi única oportunidad.
Ignis asintió.
—Ya me buscaré una excusa con Gladio. —dijo antes de marcharse.
Noctis se quedó en la tienda, pensativo. Por supuesto que quería hacerlo con Prompto, había fantaseado muchas noches con él, incluso se había atrevido a acurrucarse con él en algunas frías noches de acampada. También había soñado con Prompto y Luna en la misma cama, pero esa era otra historia.
Aún se sentía mal por Ignis, Promto y el, eran pareja, ¿qué creía que pasaría cuando lo hicieran? Aunque el ya no estuviera, ¿podrían volver a hacerlo mirándose a los ojos? Ignis era un buen tipo, el mejor compañero que Promto podía tener, quería que ambos gozaron de su mutua compañía toda la vida, ellos merecían ser felices juntos, ¿quien era él para estropearlo? Entonces se percató: él era... un rey colado hasta las trancas de su mejor amigo. Deseaba a Promto, quería estrecharlo entre sus brazos, olerlo, sentirlo, besarle. Se acercó el cuaderno y olió las páginas, si, olía a Promto. No quería entrometerse entre en la relación, pero, su mayordomo tenía razón, si no lo hacía, se arrepentiría hasta el final.
—¡¿Te has vuelto loco?! —chilló Promto, indignado. Se cruzó de brazos y le dio la espalda a su novio.
—Promto, por favor.
—¿Cómo puedes decirle eso a Noctis? Que... que vergüenza, ¿como le voy a mirar a los ojos ahora?
—Promto, escucha, el también te quiere, ¿y sabes qué? Le he dado tus cartas.
Promto se giró en redondo, Ignis no lo podía saber, pero le estaba atravesando con la mirada.
—¿Que has echo qué?
—Vale, suenas disgustado.
—No, estoy más que has disgustado... ESTOY ENFADADO. —casi coge la silla, pero solo le propinó una patada.
—Se que piensas que no hice bien.
—¿Que no hiciste bien?
—Escucha, él, lloró a leer tu primera carta.
—¿Cómo? no...
—Sí, lo intuí al escuchar su voz. Él también te ama, mucho, por favor, ten un buen recuerdo de él antes de partir a la capital, o te arrepentirás toda tu vida.
—Ignis, ¿sabes lo que supone para nuestra relación que digas eso?
—Ya me imagino, pero no puedo dejar que vivas con esa amargura siempre, ya sufriste mucho cuando el cristal lo absorbió y despareció durante diez años —Pronto calló, incapaz de replicar, porque era verdad—. Ahora él, irá a Insomnia y... lo perderás para siempre, todos lo perderemos. Noctis es más que un amigo para ti, y él siente lo mismo por ti, ¿por qué dejarlo marchar e ignorar vuestros sentimientos? ¿qué arreglaría eso?
—¿No lo entiendes? Si lo hago con él... ¿cómo pretendes que lo deje marchar? No podría... no lo soportaría, ni siquiera puedo aceptarlo ahora... —las lágrimas rodaron por sus mejillas. Al fin lo había soltado.
—Es difícil para todos. ¿Te preocupa no poder dejarlo marchar? Pues deja de hacerlo... porque Noctis, no dejará de ser el rey, y no parará hasta haber cumplido con su cometido. Incluso si te aferras como una garrapata a él y empiezas a patalear, Gladio y yo nos encargaremos de arrancarte de sus brazos.
—Que frío a sonado eso.
—No me importa lo que pienses de mi, o lo que vayas a decirme a partir de ahora, solo quiero... que tu y Noctis, seáis felices, aunque sea por unas horas.
Promto asintió con la cabeza. Tenía miedo de lo que pasaría después, mucho miedo, pero ¿que si quería acostarse con él? ¿cuantas veces se había humedecido pensando en Noc? ¿en su querido príncipe? Cuando partieron, Promto no quería dejar de recorrer el mundo con él, y con los demás, sabía que no podía tenerlo, pero no le importaba, le bastaba con compartir tiempo juntos, y dormir en una tienda de campaña apretados. Que buenos tiempos aquellos... le daban ganas de llorar, ¿por qué tuvo que terminar todo de esa manera?
—Ignis... la pregunta es... ¿cómo te sentirás tu después?
Ignis sopesó unos segundos.
—Continuaré, continuaré a tu lado, si me lo permites. No voy a mentir diciendo que no me importa que os acostéis, porque me importa... me duele, pero más me dolería, no daros una oportunidad.
—Ignis... eres demasiado bueno para mi.
—Que raro, yo pienso lo contrario. —se dibujó una sonrisa taciturna en los labios de Prompto.
—Ignis... —se hecho a sus brazos, y empezó a llorar como un niño—. Perdóname, pero no puedo rechazar esto, quiero hacerlo con Noctis, quiero... quiero a Noctis a pesar de que te amo.
—Lo se, no te preocupes...
—Después, te seré el hombre más fiel del mundo.
—Vamos, eso no ha sonado nada bien.
—Ugh... —sollozó.
Ignis invitó a Noctis a entrar dentro e Ignis se quedó afuera con Gladiolus.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó Gladio.
—Buscando provisiones.
—¿Y ya las tenéis?
—Bueno, a Promto le ha dado el bajón, y creo que Noctis le apetece descansar un poco más.
—Bueno... ¿entonces entramos dentro?
—Tengo una idea, ¿y si tu y yo acampamos los dos solos aquí?
—¿Qué? ¿y ellos dos dentro? ¿qué te ha picado?
—¿Qué pasa, no te gustan las acampadas? —se burló.
—Pero...
—Vamos Gladio, hay que montar la tienda.
—No tramaras nada, ¿verdad?
—No, nada.
Gladio era un buen amigo, pero se lo tomaba todo a la tremenda, si le contaba la verdad, Gladio le daría el sermón de su vida antes de irrumpir en la casa como un toro.
Noctis se encontró con Promto sentado en el comedor. Promto levantó la mirada, y al ver quien entraba la desvió, ruborizado, sin habla.
—Promto. Ignis... —empezó.
—Ya se lo que ha hecho Ignis, acaba de hablar conmigo.
—No se lo que te parece, pero... —se rascó la cabeza—. Cielo santo, es tan difícil.
—Para mi también... has leído... ¿mis cartas?
—Oh... —ahora se ruborizó él—. Solo los cuadernos que me trajo ignis, el primero y los dos últimos, me falto tiempo para terminarlos.
—Madre mia, que vergüenza —se levantó y empezó a dar vueltas, muerto de preocupación—, No quería que lo leyeras, es tan... vergonzoso.
—¿Entonces por qué me las escribiste? —se cruzó de brazos, con una sonrisa burlona.
—Porque... yo, no podía olvidarte —paró de dar vueltas, apretó los puños, indeciso—. Noc...
—No hables más. Yo, la verdad es que... quiero hacerlo, Promto, quiero hacerlo contigo, me muero por tenerte. —dijo coloreándose como un tomate.
—Noc... yo también, te ansió. Quiero mucho a Ignis, pero... esta es...
—Nuestra última oportunidad, lo se... Soy u inexperto, así que perdóname si... cometo errores tontos.
—Je... —se rió—. No te preocupes Noc, yo te guiaré.
Se acercó a él, lo tomó de los hombros y él de las caderas. Las caderas de Promto se sentían más pequeñas de lo que imaginaba, o sus manos había crecido mucho. Noctis acercó los labios, Promto lo imitó, hasta fundirse en un cálido beso. El rey abrió más la boca e introdujo torpemente la lengua en la boca de su pistolero, Promto también participó en el jugueteo de bocas. Las manos de Noctis se pasearon por la espalda de Promto, musculada y estrecha, hasta bajar a sus nalgas, y las apretó con fuerza, Promto soltó un gemido entre beso y beso. Él también acarició la esbelta espalda de Noctis, más ancha que cuando eran jóvenes.
Noc no resistió más y desabrochó el cinturón de Promto. Introduciendo una traviesa mano en las nalgas descubiertas de Promto.
—Ah... que impaciente... —Protestó Prompto.
—Lo siento, pero estoy que no me aguanto.
—Pues más te vale hacer bien los preliminares.
Noctis sonrió. Achicó sus labios, cerrando los ojos, listo para otra ronda de besos, pero Prompto lo arrastró hacia la habitación de la Derecha, y lo tiró de espaldas a la cama, acto seguido, se montó encima de él, le quitó el cinturón con rapidez y le bojó los pantalones.
—Eres más atrevido de lo que pensaba. —se sorprendió el moreno.
—No soy tan decidido, es solo que... yo tampoco me aguanto las ganas. —Se abalanzo para abrazarlo y le dio un beso en la mejilla, y unos cuentos más en la cara y en el cuello. Se ayudaron a desvestirse, Noctis no tenía idea de lo morboso que era quitarle la camisa a Prompto y descubrir sus pezones rosados, para ser un chico, tenía las tetas... grandes. Contemplaros era muy bonito, pero no esperó un segundo más para inclinarse y chuparlos.
—Oh... Noc... —le apartó el flequillo mientras abrazaba su nuca. El rey decía que era un inexperto, pero sorbía con la precisión de un bebé.
Noctis aprovechó para lamer todo el torso, ya que se había puesto con sus pezones. El rubio gimió, todo lo que hacía su Noctis, lo colmaba de placer, cualquier roce de sus dedos, ya lo ponía a tono.
Promto agarró el miembro de Noctis, ya algo erguido, y empezó a frotar. La cara de Noctis se contrajo en un rictus de placer mientras gemía sin restricción.
—Promto, me la tocas mejor que yo.
—Que bien, ahora vas a disfrutar más —sonrió, divertido.
Cuando la sintió bien erguida entre sus dedos, el pistolero bajó hasta que su cabeza quedó a la altura de la entrepierna de rey. Empezó a lamer con soltura su gran miembro. Noctis ahogó un alarido de placer. Apretó los dientes con el puño. Aquello fue, como el éxtasis. Y a medida que pronto iba prolongando el rito, más incrementaba el placer, y menos quería que acabara, pero... estaba apunto de soltarlo todo.
—Prompto... —intentó avisarle, pero demasiado tarde, le había llenado la boca de esperma y Noctis pensó que se atragantaría, pero para su sorpresa, lo tragó todo.
—No te preocupes, vamos a seguir. —Animó Prompto.
Para fortuna de Noctis, no tardó en ponerse de nuevo, con más ganas que antes. Pero Prompto, en vez de dejarle que lo penetrara, le sugirió que entrenara un poco con sus muslos. Noctis tragó silaba, sin saber que decir o hacer, entonces Prompto, se lo explicó. Cuando lo entendió, le pareció más raro todavía. Pero no discutió a Promto. Aquello fue bastante más placentero de lo que imaginó, tanto, que volvió a correrse.
—Lo siento.
—Mientras te queden energías, no hay por que sentirlo.
El pistolero se encargó de volver a empinar el pene de Noctis. Y todavía, se sentía igual de cachondo o más que antes, así que no tardó en abalanzarse hacia Promto.
Se acariciaron mutuamente, se besaron con lengua y lamieron los cuerpos el uno al otro, Noctis hasta llegó a lamerle la pierna y el pie a Pronto, cosa que recibió de buen grado, y hasta le gustó más de lo que imaginaba. Y llegó el momento esperado. Noc y Prompto se lo habían pasado en grande, estaban algo agotados, pero aún quedaba algo importante por hacer.
—Voy... quiero decir... Voy a penetrarte. No, solo te pedía permiso, si quieres.
—No estés tan nervioso.
—¿Tú no lo estás?
—Sí, mucho. —se inclinó para besarle.
Noctis agachó sus caderas, meneó un poco el miembro, sintiéndolo húmedo y resbaladizo de vaselina, Promto también se había preparado para recibirlo. Con un poco de corte, Noctis acercó la punta al agujero del rubio, apretó un poco pero se le escapó, su cara se puso roja de vergüenza.
—No te preocupes. —restó importancia Prompto.
—Ya te dije que cometería errores tontos.
—Vamos —dijo con voz tranquilizadora. Agarró el miembro y lo situó. Noctis tragó saliva—. Ahora, con un poco más de fuerza.
Noctis adelantó las caderas, con mayor vigor, y la punta se introdujo. Noctis casi suelta un victore, pero se centró en meterla más al fondo, lo hizo despacio, como le aconsejó Prompto, pera que no le doliera. Cuando llegó a la mitad, Noctis empezó a moverse. Estaba estrecho y caliente, le encantaba, y quería más ritmo, pero se contuvo hasta sentirlo más suelto. Cuando no hubo tanto impedimento, Noctis empezó a animarse más. Pronto gimió más alto por el cambio de ritmo, pero no porque le doliera, lo estaba gozando.
—ah... ah... Noc... Noc...
—Prompto... —susurró también.
Ambos se dejaron llevar por la pasión, más todavía, era difícil refrenarse, ¿y por qué tenían que hacerlo?, Promto sugería postura y Noctis cambiaba rápidamente, adaptando el contoneo, incluso Pronto se subió encima.
Noctis no se lo podía creer, aquello era maravilloso, No paraba de gozarlo, y Prompto lo acompañaba, él se sentía igual de excitado. Cada vez que llegaban al culmen, se abrazaban con intensidad y se peleaban a besos. Noctis no podía parar, no quería parar, y su querido Prompto tampoco podía dejarlo, lo cual lo llenaba más de lujuria y fervor. Probaron todas las posturas que se conocía Prompto, y otras que Noctis había visto en revistas.
Noctis volvió a correrse perdiendo el número de veces que lo había hecho, solo sabía que cada vez tardaba más en eyacular pero que no le costaba nada volver a excitarse. Pero Prompto cayó de espaldas, exhausto, con una feliz sonrisa en su pecosa cara. Noctis lo besó en la mejilla, luego en los labios. También se tumbó, rendido, aún podía con otra ronda, pero, la verdad es que estaba cansado, y no quería gastar toda su energía en una noche, o casi toda.
Antes de darse cuenta, cerró los ojos y cayó profundamente dormido con Prompto abrazándole.
Al despertarse, todo era un poco más sombrío, y no porque siguiera siendo de noche. Prompto apenas podía mirarle a los ojos. No quería que al verlo...
—Hey, Prompto... —lo interrumpió Noctis—. Lo de anoche, fue... inolvidable.
—Ya ves. —le daba corte admitir que casi se lo pasó mejor que con Ignis en la cama estos últimos años. Zarandeó la cabeza para quitarse esa idea de la mente.
—Prompto —lo hizo girarse y le tomó del mentón, obligandolo a sostener la mirada—. Jamás olvidaré esto, donde quiere que esté—. Y le dio un suave beso en los labios.
Prompto se sonrojó.
—Noc...
—Bueno, ya no te robaré más...
—No... ya no.
—Por cierto —se paró antes de abrir la puerta—. No dejes a Ignis, el te quiere un montón, serás, serás muy feliz.
—Lo sé, ya lo he sido, y seguiré siéndolo.
Noctis asintió con la cabeza, esbozando una media sonrisa forzada en el rostro que duró unos segundos. Noctis, al igual que Ignis, quería que su querido Prompto fuera feliz, estuviera con quien estuviera. Ignis sería un buen marido para Prompto, lo cuidaría y llenaría de felicidad su vida, eso le alegraba, al mismo tiempo que le entristecía, pero no iba a permitir que su boda se celebrara en una noche apocalíptica.
Al fin en Insomnia, plagada de monstruos y cadentes fuertes, tropezándose con un combate en cada esquina. Abriéndose paso entre los combates, al fin llegaron al palacio. Antes de subir, Noctis se arrimó a Ignis en una esquina mientras el resto observaban con nostalgia y amargura los restos de su antiguo hogar, y el lugar donde todo había comenzado.
—Ignis... Creo que no me ha dado tiempo agradecerte todo lo que... has hecho por mi.
—Ya me lo has agradecido, lo único que me importa, es que lo hayáis pasado bien.
—Sí —se rascó la nuca, nervioso—. Nos lo hemos pasado la mar de bien, ha sido... jamás lo olvidaré.
—Bien, pero no me cuentes los detalles. —frunció el ceño y apretó los labios, disgustado solo de imaginar a su Promto en brazos de otro hombre, pero él lo había querido así.
—Ignis, se que no hace falta que te lo diga, pero... has feliz a Prompto, cada día de su vida, y cuídalo...
—La duda ofende —cortó Ignis—. Le daré la felicidad que se merece, volveremos a ser felices.
Noctis sonrió, lánguidamente.
—Gracias, amigo. —le dio una palmada en el hombro.
Subieron las escaleras y se toparon con Ardyn, acompañado de otra desagradable sorpresa: Ifrit. Lucharon contra el sidéreo, se resistía a las acometidas de Bahamut, pero finalmente, Shiva apareció, llevándose a su hermano.
No perdieron el tiempo y entraron al edificio. La nostalgia volvió a golpearles, todo estaba patas arriba, pero los recuerdos que Noctis había vivido allí, en su hogar, le rompía el alma, pero pronto, muy pronto, el amanecer daría lugar y todo comenzaría de nuevo. El y sus amigos comentaron en cada una de las salas por las que pasaron, entonces Noctis... paró en seco antes de abrir la puerta. Pidió a Promto una foto, se llevaba sus diarios, pero quería una imagen de ellos. Promto le prestó su cámara y Noctis eligió una foto.
—¿Estas seguro? —le preguntó Prompto, un poco sonrosado.
—Sí.
Entraron en la sala del trono y allí estaba Ardyn, y los cadáveres de todos aquellos que habían supuesto un pilar en la vida de Noctis, era espantoso, ¿por qué quería verlo sufrir tanto?
Pero Noctis no se dejo llevar por sus provocaciones, hasta que lanzó un hechizo contra sus compañeros y los dejó K.O. en el suelo. Noc apretó los dientes, no estaban muertos, pero... pagaría por ello, pagaría por todo, y daba gracias de que fuera inmortal, así podría atravesarle con cada una de las espadas mil veces. Subió al trono y los cadáveres de Luna y su padre desaparecieron. Noctis se sintió más aliviado, pero era hora de la batalla final.
Después de una ardua batalla, tocaba reclamar el trono. El momento de cumplir con su destino.
Sus amigos, sus buenos y leales amigos se quedaron en las mismas escaleras donde se habían despedido del antiguo rey. Todos se inclinaron ante el rey, se voltearon y le pidieron que no mirase atrás. Noctis asintió, pero no pudo evitar voltearse y observar como aparecían los cadentes que sus amigos encararían por él. Miró a Promto, pero el no echó la vista atrás, lo entendía perfectamente, si él lo miraba y se encontraba con sus ojos, ninguno respondería de sus actos.
Prompto, Ignis y Gladiolus lucharon con fervor contra todos los cadentes que se presentaron, y entonces, luz, el sol volvió a aparecer e Ignis sintió el calor de los rayos de sol por primera vez en mucho tiempo, y los cadentes se extinguieron de Insomnia.
—Lo ha conseguido —premió Ignis
—Si —convino Gladio.
—Al fin... hugh... —Prompto se echó a los brazos de Ignis y empezó a llorar desconsoladamente.
—Prompto, le prometí a Noctis que te haría feliz, hará que me caiga un rayo del cielo si te ve llorar.
—Ugh... sniff... lo siento... —Ignis le secó las mejillas—. Prometo no volver a llorar a partir de ahora, pero déjame llorar su pérdida, solo un poco.
—Claro... —respondió Ignis, acariciándole los cabellos dorados, seguro de que brillaban tanto como el sol gracias a la luz del nuevo amanecer.
Lucis, libre de los cadentes y un Ardyn manipulador y pérfido, aprovechó la oportunidad del nuevo amanecer para reconstruir la capital en condiciones, empezar una mejor vida, vivir sin miedo a los cadentes. Prompto e Ignis decidieron quedarse en el hogar que habían construido juntos en Hammerhead, reformaron la casa quedo más bonita, incluso plantaron su propio huerto. Años más tarde del sacrificio de Noctis, Ignis propuso matrimonio a Prompto y este aceptó con gran alegría, junto como había deseado Noctis, un radiante día de boda estaba por venir.
Y aquí termina esta historia. Espero que os haya gustado. Tenia en mente una especie de continuación, pero viendo como me ha quedado, no creo que lo que tenía en mente fuera muy favorecedor
Tenía intención de describir más y explayarme bastante, peor luego pensé que no hacía falta, incluso abrevié escenas y acontecimientos, pero bueno, creo que quedó bien yendo más al gran, siento no describir tanto a los personajes ¿pero quien lo necesita? o sea, ya sabemos todos como son. Igual, se que podía haber quedado mejor, pero creo que tal y como esta, quedó bastante bien.
Un saludo ~
