Lamento la tardanza, en mi defensa diré que la idea original de este fic al final me pareció muy sosa pero hace poco se me ocurrió algo que podría venirle bien y bueno, aquí traigo el primer capítulo. Al menos no tendréis que releer mucho para recordar de que iba. No, fuera de bromas, lo siento.

PD: no recuerdo si Brennan y el equipo llegan a enterarse sobre la verdad de Zack, sea como sea, aquí no lo sabían. GRACIAS POR LEER


Capítulo 1

-Huesos, no tienes que…

-Estas marcas en las falanges corresponden con los daños producidos en la explosión de 2008. Además la mandíbula coincide con los rasgos de Zachary Uriah Addy, pero habrá que esperar a que el ADN o la ficha dental lo confirme al 100%.

-Brennan, deja que nosotros nos ocupemos de…

-Las marcas en los huesos sugieren que la víctima fue torturada. Seguía con vida cuando le provocaron estos cortes –Brennan continuó hablando, ignorando a su marido, a su jefa y a Ángela, a la que se le caían dos lagrimones. A Hodgins no se le veía por ninguna parte. Cam suspiró e intercambió una mirada con Booth, quien asintió y se adelantó, tomando a su mujer por los hombros.

-Cariño, nos vamos a casa.

-No, Booth tengo que analizar los huesos y…

-Lo hará Abernathy.

-Sí, yo me ocupo, doctora –aseguró el joven, poniéndose los guantes. Brennan trató de decir algo pero Ángela se acercó.

-Cielo, ya sé que todo eso es muy importante pero… ahora mismo me siento fatal y necesito el abrazo de una buena amiga. Por favor –casi suplicó. La antropóloga miró a su mejor amiga y a su marido, quien esperaba con la mano tendida y dejó a un lado unas pinzas, mirando con frialdad al becario más joven del laboratorio.

-He visto una marca extraña en el cráneo, averigua que es.

-Sí, doctora Brennan.

Se hizo a un lado, dejando a la pareja pasar, seguida de Ángela. Booth las acompañó a ambas hasta el despacho de Brennan y se sentó en el sofá, con su esposa a su lado. Ángela se quedó de pie, tratando de contener el llanto. El agente no supo qué hacer con ella.

-Ángela… ¿dónde está Hodgins?

-No lo sé. Lo he llamado varias veces pero…

-Estoy aquí –una voz los sorprendió a los tres. El rey del laboratorio atravesó el despacho a zancadas y estrechó a su mujer entre sus brazos, quien rompió a llorar, esta vez sin reprimirse.

-No entiendo nada –murmuró, mientras acariciaba el pelo a la pintora -. ¿Quién querría hacerle daño a Zack? ¿Y cómo llegó a él, si estaba en el…

-Zack dejó el psiquiátrico hace cuatro años –anunció Booth, sorprendido a todos. Brennan, que no había dicho nada desde que se sentase en el sofá, se incorporó. -¿Cómo dices?

-Sweets me confesó que… Zack no había matado a aquel hombre, como creíamos, pero que mentía para no ir a la cárcel. Pedí ayuda a algunas… personas con influencia y lo pusimos en el programa de protección de Testigos a cambio de su ayuda para algunos casos especialmente difíciles. Ayudó en un caso de Florida, uno de un asesino en serie que violaba y mataba mujeres. Estaba a punto de matar a su novena víctima cuando gracias a Zack lo pillaron. Después de eso lo eximieron de seguir ayudando al FBI, el juez pensó que había pagado su deuda… no he vuelvo a saber nada de él desde hace tres años –confesó, sin dejar de mirar a su mujer a los ojos, que no daba crédito. Ángela que había conseguido serenarse intercambió una mirada con Hodgins.

-¿Zack era inocente? –preguntó este último.

-No inocente, cómplice de un asesino –aclaró.

-No me dijiste nada –susurró Brennan.

-Huesos…

-Sabías el daño que me hacía creer que Zack era un asesino –dijo lentamente. -¡Lo sabías y no me dijiste nada!

-Cariño…

-¡No! Déjame. Ahora no quiero escucharte.

Brennan salió como un torbellino del despacho, no sin antes coger las llaves de su coche, lo había dejado aparcado en el parking del laboratorio el día anterior. Vamos, vente conmigo en el mío, mañana nos venimos juntos y te vuelves con él, le había dicho Booth y ella había aceptado porque había estado realmente agotada. Pero ahora sólo quería salir de allí.

-No puedo creer que no nos dijeras nada –murmuró Hodgins. Booth no respondió, dejó su teléfono a un lado, cabreado. Brennan no le respondía las llamadas.

-¿Que querías que hiciera? Era confidencial.

-¿Confidencial? –repitió, incrédulo -. Llevo seis años creyendo que mi mejor amigo es un asesino.

-¡Vaya, ahora resulta que todos adoráis a Zack! ¡Pues deja que te recuerde que hace más de cuatro años que no pensáis siquiera en él!

-Serás cabrón… -Hodgins se acercó a él, apretando los puños, pero unos golpes en la cristalera del despacho los interrumpió. Cam los miraba a ambos, esperando una explicación. Se cruzó de brazos, mirando a su empleado, pero éste simplemente tomó a Ángela de la mano y pasó por su lado –Que te lo cuente él –le dijo fríamente.

Booth ladeó la cabeza, aquello no estaba pasando. Tenía que ir a casa, tenía que hablar con su mujer. Y tenía que encontrar al asesino de Zack. Pero Cam no iba a dejarlo pasar.

-¿Me lo vas a explicar o no?

-Supongo que ya da igual –respondió, agotado, invitándola a sentarse. Le explicó todo, esperando las críticas y los reproches con la cabeza gacha, pero estas no llegaron. Miró hacia arriba, Cam se tapaba la boca con la mano pero no horrorizada ni enfadada, simplemente triste.

-Hiciste lo que tenías que hacer –dijo al final.

-¿No me odias? –la miró, sorprendido.

-¿Por hacer tu trabajo? No. Aunque entiendo que Brennan, Ángela y Hodgins estén tan enfadados, Zack era muy importante para ellos.

-Lo sé –suspiró -. Tenemos que averiguar qué ha pasado, Cam –dijo, mirándola a los ojos -. Empezando por confirmar si los restos son…

-Lo son –aclaró ella, triste –. A eso venía. La ficha dental confirma que los restos son de Zack.

-Joder –se echó hacia atrás en el sofá, con una mano en la frente.

-Hay algo más. ¿La marca que tiene en el cráneo?

-¿Qué es?

-No estaba muy bien grabado y por eso ha costado verlo a primera vista, pero es un número. Un uno. Y entre los restos hemos encontrado algo muy extraño.

-¿Un uno? –repitió -. ¿Y algo extraño? ¿De qué hablas?

-Una vela. Una velita de cumpleaños. Adherida a la piel.

Una vela de cumpleaños. ¿Qué diablos significa?

-o-

-Muy bien, hora de dormir.

Brennan cogió a su pequeña, recién cambiada y la acostó. Christine se restregaba los ojos, adormilada y no tardó en caer en un profundo sueño. Su madre sintió envidia, ella no podría dormir esa noche, pensó mientras se echaba hacia atrás en la mecedora donde había acunado a su hija en sus primeros meses de vida. Cerró los ojos, haciendo un gran esfuerzo para no llorar, pero fue en vano. Una lágrima cayó y a esa siguieron muchas otras; se agarró con fuerza al peluche de su hija, como si aquello fuera a mitigar el dolor pero entonces unas manos sustituyeron al muñeco. Unas manos masculinas que ella conocía muy bien. Abrió los ojos, su visión borrosa por la oscuridad y las lágrimas e hipó un par de veces. Booth tiró de ella con suavidad y la llevó de la mano hasta su cama, donde la obligó a acostarse. Allí se echó a su lado, abrazándola desde atrás y le besó el pelo.

-Lo siento mucho –susurró. Brennan no respondió, se aferró a él y se desahogó hasta quedarse dormida. A su lado Booth la miraba dormir, preguntándose qué significado podía tener ese 1 y la vela de cumpleaños. Lo averiguaría.

El agente especial al final también se quedó dormido, sin saber que en la otra punta de la ciudad alguien sostenía dos velas de cumpleaños, con un solo nombre en la cabeza. Seeley Booth.