ESPADAS DE ALQUILER
1
Un montón de pobres bastardos
Pinta bien la katzbalger, hijo de la gran puta, o te mato, ¡Te mato! ¡Los mataré a todos! ¡Especialmente a ese bastardo malcagado del Rey!
—Lansquenete anónimo siendo retratado.
Se atrevió a conferenciar con la propia Reina Chrysalis para obtener referencias sobre los Iron Walkers.
Habían sido formados hace apenas un año, desde que Applejack, la gran amiga de Fluttershy, liberó a un grupo de prisioneros en una prisión del Tridente, y desde entonces fueron aumentando en número, de modo bastante explosivo desde las campañas contra el Tridente en Equestria y sus fronteras. Habían participado en la defensa de Ponyville, rompieron el cerco en Trottingham, asediaron las fortalezas del Tridente, y finalmente habían partido a colaborar con los bisontes en los conflictos fronterizos.
Se percató de varios detalles: eran un ejército sólido, bastante competente y, cosa rara en mercenarios, resultaban ser bastante leales. Al menos, nunca cayeron bajo las tentaciones del Tridente ni de los equestrianos cuando pelearon contra ellos en las Tierras Medias.
Ellos son lo que él necesita.
"Me ayudarán a salvar a mi esposa".
Poseen algo menos de dos mil doscientos soldados, mayormente infantería, aunque su fuerza montada es competente, con nada menos que veinte jinetes osos sobre Dientes Martirio. Poseen arcabuceros lobos, hasta mosqueteros de Medvesia y ballesteros wyvern, e incluso artillería enana y skaven, operada por artilleros competentes de aquellas razas. Se decía que incluso manejaban vehículos robados al Tridente, antiguas reliquias de la guerra contra los Alicornios en el pasado remoto.
Y le quedó claro al ver el campamento de los Iron Walkers. Enormes bestias de hierro, casi del tamaño de vagones de tren, dormían en el corazón de las carpas y enormes yurtas cercadas por un muro de carros de madera. Logró contar cinco de ellos.
"¿Cómo los hacen funcionar?"
Se preparó desde el momento en que su amada Udur fue secuestrada. Ya en el segundo día había viajado a Canterlot y habló personalmente con Fluttershy y Applejack. Luego se atrevió a adentrarse en el Bosque Everfree, y pagando suficiente oro, pudo hablar con la Reina Chrysalis. Utilizando contactos, regalos y sobornos, logró hablar con los bisontes de las Tierras Medias, y así se hizo una idea del costo de contratar a los Iron Walkers para salvar a su esposa.
Nada menos que doscientos cincuenta mil bits de oro.
"Debía pagar el doble".
Y vaya que sí reunió una fortuna. Nada menos que quince millones de bits para salvar a su esposa, y los cambió por galeones de la CAIM para no viajar con tantas monedas encima. Gastó otros cuantos bits en comprar agua, alimentos enlatados, una tienda militar de campaña y una cimitarra de Damasco. Udur y su padre le habían enseñado en el pasado cómo usarlas, aunque Hassan no estaba seguro de poder luchar en una batalla.
"Udur es más fuerte que yo".
Realmente lo es. ¿Cómo pudo ser capturada? Debieron usar sedantes, o magia, porque ella es muy fuerte. Llegó al tercer lugar en el Torneo de Magia de Kalifa, donde la conoció milagrosamente, y aún da gracias a Tanri por eso. Da por hecho que ganó cientos de premios en Krallikistán, no en vano el sultán la escogió como la representante del imperio lobo en aquel Torneo, una hechicera de Ex Equip independiente cuando siempre envían un hechicero solar del Shahin Muhteshem imperial.
Sonríe un poco al pensar en ella, y luego aún más al pensar en sus hijos. La mayor, Udurbatur Ibn Hassan, o Udur Jr., una preciosa loba blanca; Alí Ibn Hassan, de color grisáceo; y el menor, Ibrahim Ibn Hassan, o Ibrahim Jr.; tres hermosos cachorros.
"Mis hijos".
Se deprime al pensar en su esposa y sus hijos. ¿Qué pensarían al saber que contrató a un ejército mercenario acusado de crímenes de guerra? Eso sí, sólo por parte del ejército equestriano, por lo que bien pueden ser falsas.
"Resiste, Udur".
—Puede dormir cerca del vehículo de mando —le dijo Donnel Kög— ¿Trae usted una carpa?
—Sí.
No tardó en armarla, lo estuvo ensayando mientras esperaba respuestas de Shining Armor. Cuando el unicornio le indicó que no había pistas sobre su paradero, tomar la decisión de contratar a los Iron Walkers fue sencilla.
Se recostó sobre la estera, y pensó en todo: en aquel día donde Udur salió y no volvió; el llanto de las hermanas de Udur; la desesperación; el llanto de sus hijos; el llanto de sus hermanos menores cuando vendió El Viajero del Alba, el barco con el que exploró el Mundo Desconocido y dio la primera vuelta al mundo, a sus hermanos les encantaba aquel barco; cuando decidió hallar a su esposa él mismo y salió de su casa.
Lloró hasta dormir.
El primer día de contrato se levantó y preparó sus cosas para partir. Cargaba con poco: lo que más le pesaba era el agua. Sabía que no debía cargar con cosas inútiles en el desierto, ni tampoco quería ser el hazmerreír de los mercenarios; además, no es como si nunca vivido de manera dura. No siempre su familia fue millonaria y próspera. Cuando él fue niño, sus madres debían cocer ratas para alimentarlo, allá en Gaza, mientras su padre buscaba fortuna en Equestria.
Recordar el pasado nunca le avergonzaba o le dolía. Sí, sentía un miedo horrible cuando la noche se iluminaba con el fuego de las flechas incendiarias y los proyectiles de catapultas; cuando los carneros les cortaron hasta el suministro de agua.
"Ya pasó todo eso".
Se encuentra bebiendo un poco de agua, cuando una voz lo llama desde afuera.
—Zeñor —dice un joven con potente acento ándalo—. El maeztre Járek nezezita hablar con usted.
El sale de la carpa, y ve al amarillo Ekain a un lado, equipado con un largo cuchillo, una flissa, en su lomo.
—¿Sabe usted dónde está? —pregunta asegurando el cinto de su cimitarra.
"No debo confiarme".
—Eztá donde ziempre, zeñor —explica el joven carnero—. A loz piez del Rezonador.
"¿El Resonador?"
Al notar su duda, el carnero señala un inmenso portento, una máquina de doce ruedas grandes como ponis, del tamaño de una locomotora.
—Gracias —dice avanzando. Nota que Ekain lo sigue.
Y también nota que cientos de mercenarios lo miran. Criaturas de diversos orígenes, distintas naciones, que se giran a mirarlo.
—Miren esa ropa.
—Hasta su tienda es de calidad.
—Pinche burgués de mierda.
Puede ver u carromato, alrededor del cual hay varios hornos, y un herrero grifo trabaja en ellas. Es totalmente grisácea en su parte de ave, con una cresta de plumas que cae al lado izquierdo de su cabeza, como un águila arpía; y su mitad de felino tiene manchas y la coloración de un jaguar. Hassan por sus negocios trataba mucho con grifos, y sabe que la variedad de coloraciones en los grifos es enorme: una vez le tocó negociar con uno mitad cóndor y mitad león.
—Mikken, mira, es el contratista —le dice un hipogrifo bastante flaco y alto, de color azul celeste en su parte de águila y blanco en su parte de equino.
El herrero levanta la cabeza, y sus miradas se cruzan. Ojos ámbar, como casi todos los grifos. Por alguna razón, Hassan se queda congelado.
—No me interrumpas, Armory —contesta siguiendo con su trabajo.
—¡Señor Amsir! —grita otro grifo, Donnel Kög, corriendo a su lado— ¿Ha tenido usted una buena noche?
"Ha sido mala".
—¿Entonces de verdad se hace llamar Amsir? —dice Gunslinger, acercándose también— ¡Joder! ¡Por cosas así deberían nombrarlo héroe nacional de los lobos!
El pistolero trae varias cananas llenas de balas, y cintos con los cargadores preparados. Trae puesta una camisa blanca, un chaleco negro, que apenas se notan bajo una manta vieja de color arena, y un sombrero negro.
—Fue una buena noche —responde él.
—¿Ekain le contó que el señor Harek lo busca? —pregunta Gunslinger.
—Lo hizo.
—¡Cojonez, Gunzlinger! ¿Acazo pienzaz que zoy un inútil? —se queja el carnero amarillo, bajo la risa de Donnel Kög.
—¡Apúrense! —grita el grifo.
Harek está afinando su guitarra, acompañado por Undertaker, quien alimenta a su bebé con un biberón. Hassan no puede creer lo que ve: el potrillo es un unicornio con alas de murciélago, como la versión oscura de un alicornio.
"¿Qué es eso?"
—¿Mis soldados lo han tratado bien? —pregunta Harek.
"¿Un bebé alicornio? ¿Con alas de murciélago?"
—Sí, muy bien —responde Hassan.
"Entiendo que desean que los recomiende".
—¡Hey! ¡Hassan! ¡Mira!
"¿Qué? ¿Tú aquí?"
Una voz muy familiar lo llama desde arriba de la máquina. Es una loba negra, cubierta de marcas blancas pintadas sobre su pelaje, y que está usando una sencilla túnica naranja. Está de pie sobre sus patas traseras, postura que los lobos pueden adoptar indefinidamente, y sostiene una guitarra o un bajo, no logra ver bien. La loba sonríe, y toca un solo musical bastante desafinado, pero con tanta pasión que su frente se ilumina, justo donde tiene la glándula pituitaria, con una luz rojiza que recuerda al tradicional bindi hindú.
"Zursodda".
Por supuesto que la conoce. Una loba médium del Bosque Everfree, que le permitió hablar con su suegro, el mismísimo Alí el Grande, cuando se casó con su hija.
"¿Estás con los Iron Walkers?"
—¿Qué hace aquí, kiz Zursodda?
—Me enrolé por unas semanas —se ríe la médium—. Al precio de un bit de cobre al día.
"Eso no tiene sentido".
—Toda compañía libre sueña con tener Manantes en sus filas, y una médium es una buena adición —responde Harek.
La loba negra salta desde donde está y aterriza suavemente, sin sufrir ningún daño, y adopta la postura cuadrúpeda. Hassan sabe lo rara que es: normalmente habla sola, se detiene a hacer cosas que no tienen sentido y dice cosas con menos sentido aún.
—¿Qué desea hablar conmigo, erkek Harek? —pregunta Hassan.
—Mira, Amsir...
—¿Te haces llamar Amsir, como el lobo súper guapo de los comics? —se ríe Zursodda—. Pero si tú eres gris, deberías ser Qurux, como su igualmente guapo rival.
—Ah, esta loba es de los míos —se ríe Gunslinger, y tanto él como Zursodda chocan las palmas.
"Son igualmente extraños".
—Como decía —sigue Harek—. He pensado asignarte una escolta, por si los Dragones de Wolf planean enviar asesinos cuando sepan que vamos tras ellos.
"Si es que no envían a todo un regimiento para destrozarnos".
Consideró contratar a los Dragones de Wolf cuando secuestraron a Udur, pero lo descartó cuando se enteró de que con toda posibilidad fueron ellos quienes la sacaron. Son la compañía libre más grande y poderosa de todas: nada menos que veinte mil soldados, solamente su cuerpo de arqueros superaba en número a todo el plantel de los Iron Walkers. Poseen su propia isla-fortaleza, flotas equipadas, fuerza aérea e incluso ciudades tributarias en el continente. Bien podrían ser una nación independiente.
"Malditos".
—Erkek Harek, no creo que sea necesario.
"No quiero arriesgar a nadie".
—¡Tonterías! —se ríe el grifo—. De hecho, Ekain está muy ilusionado con ser tu guardián.
"¿Guardián?"
El carnero amarillo se adelanta un poco, y desenfunda la flissa con un movimiento natural, como si lo hiciera varias veces durante el día.
—Zeñor Amzir —dice el carnero, clavándola a tierra mientras se arrodilla—. No ez humillante para un carnero zervir a un lobo zi ez como zu guardián.
"Ni siquiera soy un caballero, para requerir tal servicio. Sólo soy un comerciante".
—El señor Amsir está honrado de aceptarte como el primero de sus guardaespaldas —se ríe Zursodda—. Y no sé, creo que estos tres también se ven confiables.
Hace una mirada significativa hacia Doomhammer, Donnel Kög y Gunslinger. Hassan no quiere imaginar siendo acompañado todo el día por ellos.
"Sería aún peor".
—No es necesario...
—Hey, que un pistolero es el mejor guardaespaldas —se ríe Gunslinger—. Y si además está Zursodda, mejor aún.
—El señor Amsir puede contar con mi katzbalger —dice el grifo.
—Y con mi martillo —dice Doomhammer.
Hassan los mira y reflexiona un poco. Sabe que quieren protegerlo por ser él quien posee el dinero. Es lo más parecido al tesoro que tienen en el campamento.
"No quieren quedarse sin dinero".
El alicornio oscuro eructa, y Undertaker se arremanga su chaqueta negra y se hace un pequeño corte en el brazo, acercando al bebé para que beba algo de sangre. Eso le revuelve un poco el estómago.
"¿No será él Stormnight, el selenita que desterraron?"
—¿Qué miras? —pregunta molesto el selenita. Hassan aparta la mirada, muy intimidado.
"Sé lo violentos que son".
—Nada, disculpe usted, efendi.
—Más le vale —dice el selenita.
"Evitaré mirarte, no quiero problemas".
—Vamos, Undertaker, no seas tan duro con él —dice Harek—. Él te permitirá alimentar a tu hijo.
"¿Quién es su madre?"
—No me interesa —gruñe él.
—Bueno, no importa —dice Harek, de buen humor—. Usted, señor Amsir, puede pasar a comer lo que cocine el Viejo Atik.
—No es necesario, traje latas de conserva.
—Disculpe, señor, pero nadie disfruta comiendo comida enlatada —se ríe el grifo—. Gunslinger, ¿Tú eres feliz comiendo comida enlatada?
—¡Joder! ¡Por supuesto que no! —responde el lobo pistolero.
"Yo ya estoy acostumbrado".
—No se diga más. Pase usted adelante y pida lo que desee al Viejo Atik.
El viejo lobo se mueve como si le doliera hacer cada movimiento.
A un costado del titánico Resonador, se ha montado un toldo, con algunos hornos como los usados por Mikken, y en donde el Viejo Atik cocina para Harek y los oficiales. Cuando Hassan entra y toma asiento en una de las tres mesas dispuestas bajo el toldo, Ghrazadhan está tomando un café mientras hace varios cálculos numéricos en una hoja. Recostado junto a un horno apagado, el búfalo anciano fuma una pipa alargada como una lanza.
"A la luz del día no se ve tan anciano".
—Buenos días, mi señor —saluda el Viejo Atik.
—Buen día, efendi —responde él—. El señor Harek indicó que viniera a desayunar con usted.
—Será un honor —responde de buen humor el lobo, aunque algo en sus ojos delata una tristeza infinita— ¿Qué desea servirse?
—¿Tiene usted carne?
—De aves y de mamíferos autorizados.
—Una gallina estaría bien.
El anciano saca una gallina de un pequeño corral móvil, y se prepara para matarla. Hassan aparta la vista, y mira a sus guardaespaldas. Gunslinger saca otro cómic de su chaqueta, Un corazón negro, y Hassan lo reconoce bien: es el favorito de su hermano menor Tarek. No estaba de acuerdo en que un adolescente de catorce años leyera un comic donde un héroe era capturado y seducido por una princesa oscura, pero su padre y sus madres no veían nada de malo en aquello.
Donnel Kög camina hacia unos barriles que el Viejo Atik oculta bajo unas mantas, y extrayendo dos jarras de madera de una caja, procede a llenarlas con espumeante cerveza. De ínfima calidad, de eso Hassan está seguro.
—Ya nos pondremos en marcha —dice el grifo bebiendo— ¿Usted tiene su propio centícoro o vehículo de transporte?
—Llegué a Princetown en diligencia.
-Usted hable con Garzas y le facilitará uno.
"¿Quién es Garzas?"
—Yo soy Garzas —responde el anciano búfalo—. Tengo al centícoro perfecto para usted, se lo entregaré en cuanto termine de desayunar.
"Le pagaré por él".
—¿Desea usted una cerveza, señor Amsir? —pregunta Doomhammer.
"No. ¿Qué diría Udur? Pensaría que soy un borracho".
—Una, si usted es tan amable —responde—. Y tabaco, si es que tiene.
—Mira cómo ze caztiga el hijoputa, comiéndoze una gallina entera y dos cervezaz, mientraz nozotroz debemoz comer ezta mierda.
Un joven minotauro negro contempla la mesa donde Hassan y su grupo descansan. Está haciendo fila hacia una gigantesca olla, donde un oso pardo aún más grande que él sirve una pasta amarillenta, lejanamente parecida a la avena. Tiene una gigantesca olla en el piso, y no necesita agacharse para sacar un cucharon; a su lado hay una pequeña mesa de madera con migajas y hogazas de pan que entrega junto a cada porción; sentada delante del pan hay una joven skaven blanca, royendo queso. Alrededor hay varias carpas de estilo tipi, generoso regalo de los siux por haberlos defendido en las guerras. A cambio de oro, claro, todo el oro que pudieran sacar en su territorio.
—Si no te gusta, ve a comer pollas —le dice el oso pardo de modo agresivo—. Aquí no se habla mal de la comida.
—Cállate, Baztión —le dice el minotauro—. Ni a ti te guzta comer ezta bazura.
—¡A ver! ¡Cómo le hablas así a un sargento, insubordinado de mierda! —amenaza el oso apuntándole con el cucharón—. Unburned, Sandking, denle una paliza a Íñigo, y se queda sin comer todo el día, atado al Arsenal, por hijoputa.
—¡Eh, que ezo es exagerado!
—Son órdenes —un dragón de la raza de los Zmey, es decir, dragones sin alas. Es de color azul, con una larga cabellera verde cayendo hasta casi su cadera. Iñigo trata de huir, pero Sandking lo sujeta por los brazos; es un wyvern surudur, de gran masa muscular y cabeza similar a la de un caimán, de color amarillo y varias escamas largas, delgadas y marrones en su cabeza que generan la impresión de un peinado rasta. Unburned aprovecha para pasar su brazo por el costado y levantarlo sin problemas.
—Zargento, tenga piedad —le dice el minotauro, aterrado, al oso pardo.
—Piedad mis pelotas —responde él—. Agradece que no pido ejecución sumaria.
Unburned y Sandking lo arrastran lejos de ahí, para no importunar a la fila de compañeros que desean comer.
—Algunos no-no valoran lo que-que tienen-tienen —bromea Campanita con voz frenética, una skaven blanca de brillantes ojos ámbar, mientras roe su trozo de queso; se acomoda para cruzar sus piernas, cuidando de no tocar el pan con su cola. Es una rata de gran tamaño, cuya altura supera a la de un poni por una cabeza, y que camina siempre en dos patas, como los gatos. Usa una túnica celeste, y sobre ella, atados en correas grises, varias campanas hechas de un material azul muy parecido al zafiro. Aun estando sentada, se mueve mucho, como si no pudiera estar quieta.
—¡Quebrantahuesos tiene hambre! —grita un grifo cuya mitad de ave es la de un sano quebrantahuesos de cabeza negra, y su mitad felina es la de un león negro— ¡Quebrantahuesos quiere que fila avance!
—Estoy de acuerdo con este idiota —dice Dientes Rotos, un lobo gris con las orejas negras, dejando claro que es un mestizo—. Y añado que Campanita se quite de ahí, no quiero mi hogaza con olor a culo de rata.
—Te-te aseguro que no-no es-es lo peor-peor que-que puede tener ese pan-pan —se ríe la skaven bajando de un salto.
—Más respeto con tu capitana, inútil de mierda —amenaza Bastión a Dientes Rotos—. Bicho, Enjambre, arránquenle los dientes que le quedan.
Dos changelings, que parecen tolerar bien la comida, dejan sus cuencos en el suelo y caminan hacia el lobo, pero Campanita alza la mano.
—Como-como capitana, absuelvo al tonto-tonto de Dientes-Dientes Rotos —dice la skaven con palabras rápidas y chillonas—. Todos-todos se olvidan de-de los modales cuando hace-hace hambre.
—Se lo agradezco, capitana —dice el lobo mestizo cuando los changelings lo sueltan. Ella se ríe y sigue royendo el queso.
—Aunque es cierto que el muy puto se castiga comiendo mejor que nosotros —dice un Wanderer Dog con los rasgos de un perro de osos de Carelia. Como todos los perros errantes, es más alto que un Diamond Dog común, casi llegando a la altura de un gato, y a diferencia de los perros diamantes que poseen los brazos mucho más desarrollados, los perros errantes están proporcionados en sus brazos y piernas. Su andar bípedo y su altura propició que se hicieran grandes jinetes, labor que desempeñan entre los Iron Walkers.
—Deja de joder, Ready —le contesta un Wanderer Dog con rasgos de Rottweiler, que está cruzado de brazos y que trae un chaleco gris y un collar con pinchos—. Siempre andas mirando la mesa de los oficiales. Pues te digo que de por mí, tú sólo comerías mierda.
—Disculpe, sargento Navajas —contesta Ready, agachando las orejas en señal de respeto.
—Sólo no vuelvas a incordiar.
Bastión continúa sirviendo. En un arranque de genialidad, o quizás por simple capricho, Harek dispuso que los osos sirvieran las raciones. A ver quién se atrevía a reclamar a un animal grande como un wyvern pero más fuerte que uno. Se dispersan en el campamento, pensando que pronto iniciarán la marcha hacia el desierto, perspectiva nada agradable pero cada uno está dispuesto a tragar sal con tal de recibir algo de los treinta mil galeones.
El rumor estalló como el fuego de un dragón por el campamento. Un solo galeón equivale a quinientos bits de oro. ¡Quince millones de bits! ¡Si cobraran diez veces su tarifa usual, no llegarían a esa cantidad! Y Harek es equitativo con los botines y pagos.
¿Qué puede motivar a tantas especies trabajar juntas? Al principio, fue la venganza. Luego fue la confianza en la extraña genialidad de su excéntrico líder. Después fue porque el botín siempre pareció seguro.
¡Habían vencido al Tridente! Combatiendo en los grandes bosques, en montañas perdidas, asediando fortalezas infinitas, ¡Incluso en el Mundo Subterráneo! ¡Y habían ganado, humillándolos en docenas de combates! ¡Les habían dado medallas en Ponyville por haber defendido la ciudad de un modo "destacado"! simplemente habían aparecido por un costado, con su formación favorita, y rompieron así el ataque del Tridente.
Tiempo después, cuando las tribus bisonte de las Tierras Medias les regalaron todo el oro que pudieran sacar de sus ríos a cambio de protegerlos de Equestria, ellos se reirían de sus medallas y algunos las devolverían. No era personal, aunque algunos, especialmente los capitanes bisontes y algunos otros que simpatizaban con ellos, lo tomaron como una cruzada para impedir la conquista de las Tierras Medias por parte de Equestria.
No habían derrotado tiranos para después tolerar otros.
—Todos ustedes son un poco distraídos —comienza a decir, con voz calmada, un gigantesco cóndor andino, tan alto como Bastión pero mucho más delgado.
Todas las conversaciones a su alrededor cesaron. Monje no hablaba mucho, pero cuando decía algo, es que era importante.
—¿Por qué lo dice usted? —pregunta Dientes Rotos con un respeto superior al que sentiría por cualquier mando.
—¿Alguno de ustedes ha oído sobre el lobo que dio la vuelta al mundo, que exploró el Mundo Desconocido? —pregunta Monje.
—¡Yo sí! —responde un wyvern surudur verde, con rastas verde limón y ojos de un fuerte amarillo—. Cuando estábamos en los muros de Canterlot, lo leí en una revista.
—Sargento Talarack —le dice Monje— ¿Vio usted alguna fotografía de aquel lobo?
—Para los Sirpukka todos los lobos se ven iguales —bromea el wyvern—. Excepto tú, Dientes Rotos, eres el único puto lobo que puedo diferencias.
—¿Y han oído de la loba blanca que ganó el tercer lugar en el Torneo de Magia en Kalifa? —vuelve a preguntar el cóndor.
Habla de modo pausado, pero es tal el respeto que le tienen, que cada uno, hasta Campanita, dejan de hacer cualquier sonido y lo escuchan como si sus palabras fueran oro.
—Yo sí —responde Kum Huesoduro, el lobo negro, afilando una de sus cimitarras—. Es una loba blanca. La muy maldita me recordó a una joven loba que me ganó en un duelo y luego hizo que la guardia de la ciudad me arrestara.
Escupe al terminar de hablar, y sigue afilando la cimitarra.
—¿Te ganó una lobita? —le dice Navajas con una sonrisa que deja ver sus dientes.
—No le toques los cojones a tu capitán —dice el lobo, amenazante.
—¿Cómo-cómo te gana-gana una-una cachorra? —dice entonces Campanita, riéndose mientras lo señala— ¡No-no eres tan-tan rudo!
Kum gruñe y enseña los dientes, pero la skaven y el Rottweiler no le hacen mucho caso.
—Deberían saber que ambos se casaron —dice Monje, y al hablar todos los ánimos se disipan—. Y deberían saber que ese lobo, que nos contrató y se hace llamar Amsir, es aquel lobo que dio la vuelta al mundo.
—¡No puede ser! —dice sorprendido Talarack, y es algo que asombra a todos ahí.
Todos se miran, y comienzan a cuchichear entre ellos, Bastión incluso se acerca a oír las torrenciales declaraciones de Campanita.
Kum Huesoduro se levanta, enfunda la cimitarra y los mira, de un modo que impide saber si los amenaza o no.
—Vamos hacia Klugetown —dice mirando a cada uno de los que están ahí—. Si se corre la voz, habrá pena de muerte. Si a alguno se le escapa esta información en Klugetown, lo matamos y quemamos la ciudad.
Sí es una amenaza. Los mercenarios permanecen en un duro silencio, mientras el lobo negro camina hacia la mesa de oficiales.
