Susan no dejaba de dar vueltas en sus aposentos, no sabía que hacer; por un lado deseaba fugarse con Caspian sin portarle para nada las consecuencias pero, por otra parte, sabía que eso era muy irresponsable por parte de ambos. Claro que también estaba la cuestión de que Caspian se marcharía del castillo con o sin ella a modo de protesta por el hecho de no poder estar juntos.
"¿Qué hago, qué hago? Buf, deseo con todas mis ganas irme con él pero…"—pensó Susan.
Unas campanadas anunciaron que faltaban quince minutos para que fueran las tres de la madrugada.
"Susan confío en ti, sé que vas a venir, no me falles por favor, no me obligues a marcharme sin ti."—pensó Caspian.
Tal y como le había dicho a Susan, la estaba esperando muy pacientemente desde la una de la madrugada en las caballerizas. Había ensillado dos caballos y había preparado provisiones para el viaje sin destino, estaba decidido a marcharse sin importarle lo más mínimo lo que pudieran pensar los demás, nadie era capaz de entender lo mucho que él y Susan iban a sufrir por el simple hecho de que no les dejaban estar juntos.
Las campanas anunciaron la llegada de las tres de la madrugada.
—No puedo creerme que no haya venido, confiaba plenamente en que vendría—dijo Caspian acariciando a Batallador.
—Y no te equivocabas al confiar en eso.
Caspian se dio la vuelta y la miró sonriendo.
—Veo que traes tus armas.
—Es lo normal ¿no? No sabemos lo que podemos encontrarnos en nuestra escapada.
Él le sonrió abiertamente y la abrazó.
—Sabía que esta noche saldría de aquí contigo.
—Me sorprende que lo dudases.
—Teniendo en cuenta a la hora que has aparecido, creo que lo normal era dudar el que fueras a venir.
—A veces parece que no piensas, cuanto más tarde salgamos mejor, más seguro tenemos el que todos estén durmiendo.
—Tengo la ligera sensación de que esa no es la verdadera razón por la que has tardado tanto en bajar, para ser realistas, cuanto antes salgamos mejor, más camino recorrido.
Susan se separó de él.
—Está bien, reconozco que he estado pensando hasta el último momento en si hacer esto.
—Pues me alegra que te hayas decidido a tiempo, ¿ha habido alguna razón que te haya ayudado en tu decisión?
—He estado comiéndome la cabeza para nada, solamente tenía que pensar en una cosa muy simple, y esa cosa tan simple es la que me ha ayudado a tomar la decisión.
—¿Y puedo saber que es esa cosa tan simple que te ha ayudado?—le preguntó él sonriendo y acercándola a él cogiéndola por la cintura.
—Sólo he tenido que pensar que te quiero, con eso ha sido más que suficiente.
Caspian comenzó a reír y la besó.
—Te quiero—le dijo pegando su frente a la de ella.
Después de eso la soltó y se cogieron de las manos.
—Esta yegua se llama Airis y, si así lo deseas, es toda tuya. De todas formas, es tu montura en nuestra escapada así que…
Susan comenzó a reír.
—Estoy segura de que nos llevaremos bien y, gracias, desde que abandoné Narnia por primera vez he deseado volver a tener una montura propia.
—De nada.
Caspian la ayudó a montar y acto seguido montó en Batallador.
—En marcha, tenemos un largo camino que recorrer—dijo Caspian.
—¿Hasta dónde te propones que lleguemos?
—Aún no me lo he propuesto, sólo quiero que lleguemos a un lugar donde no puedan separarnos.
—En marcha entonces ¿no?
—En marcha pues.
Los dos salieron de las caballerizas y, procurando hacer el menor ruido posible con los caballos, salieron del castillo. Una vez que estuvieron fuera del pueblo, comenzaron a cabalgar con mayor rapidez.
—¿Hasta cuando más o menos crees que vamos a estar viajando esta noche?—le preguntó Susan.
—¿Ya estás cansada?—le preguntó él riendo.
—Más quisieras, no sabes tú el aguante que tengo yo.
Y dicho esto adelantó a Caspian rápidamente; ella agradecía seguir reconociendo los diversos caminos de Narnia a pesar de todos los años que habían pasado desde que ella había sido reina junto a sus hermanos. Él, para no quedarse atrás, también comenzó a cabalgar más rápido.
A la mañana siguiente, en el comedor, los presentes de la noche anterior se encontraban esperando al rey para poder comenzar a desayunar.
—Es extraño que Susan no hayan bajado ya—dijo Edmund.
—Puede que se haya quedado dormida, el día de ayer fue agotador para vosotros—dijo Lucy.
—Tengo la ligera sospecha de que no es una coincidencia el que Caspian y ella no estén con nosotros en este momento—dijo Peter.
—Iré a ver cual es la razón de que el rey todavía no haya bajado—dijo Lord Cornelius.
—Si puede, pásese también por los aposentos de Susan y miré si está allí—dijo Peter.
—Por supuesto majestad.
Lord Cornelius salió del comedor y se dirigió hacia los aposentos del rey.
—¿Por qué no crees que sea una coincidencia el que Caspian y Susan no estén aquí?—le preguntó Lucy a Peter.
—Porque sé lo que hay entre ellos.
—¿Lo que hay entre ellos?—preguntó Edmund totalmente extrañados.
—¿En serio no te has dado cuenta Ed?
—Si te estoy preguntando será porque no.
—Se me hace muy raro que no te hayas dado cuenta, Caspian es sumamente malo disimulando.
En esos momentos apareció nuevamente Lord Cornelius en el comedor.
—Majestades, mucho me temo que tenemos problemas.
—Ninguno de los dos está en sus aposentos ¿verdad?—dijo Peter.
—Así es majestad.
—Pobre de Caspian cuando lo encuentre, pienso matarlo muy lenta y dolorosamente.
—Deja de decir tonterías Peter—dijo Lucy.
Justo entonces todos escucharon un rugido.
—Aslan—dijo Lucy.
—Él sabrá que hacer—dijo Edmund.
Lord Cornelius y los Pevensie salieron del comedor y se dirigieron hacia el patio.
—Vaya, parece que a nuestro joven rey y a la reina Susan se les han pegado las sábanas—dijo Aslan en cuanto ellos se acercaron a él.
—Nada de eso Aslan—dijo Peter con enfado—, se han fugado.
—Aunque reconozco que no me esperaba que me dijeses esto Peter, también he de reconocer que no me sorprende demasiado. Mucho me temo que van a hacer hasta lo imposible para estar juntos.
—Oh, que romántico—dijo Lucy.
—¡No tiene nada de romántico!—exclamó Peter.
—Peter, acabas de demostrarnos que nunca encontrarás pareja—dijo Edmund.
Todos menos Peter rieron por lo bajo.
—¿Qué propones que hagamos Aslan?—le preguntó Peter un tanto molesto por el comentario que había hecho su hermano.
—Supongo que habrá que ir a buscarlos, ellos no van a volver por su propia voluntad sabiendo que Susan debe marcharse de Narnia y que no hay posibilidad de que vuelva.
—Bien, cojamos los caballos y en marcha, no hay tiempo que perder. Vamos Edmund.
—Yo también voy—dijo Lucy.
—De eso nada—le contestó Peter.
—Susan también es mi hermana Peter, tengo el mismo derecho que tú a ir a buscarla, así que me da exactamente igual lo que digas.
Con resignación, Peter se dirigió hacia las caballerizas con sus hermanos.
Mientras tanto, en otro lugar…
Habían estado cabalgando hasta más de las seis de la mañana y, después de un rápido desayuno, se habían tumbado a los pies de un árbol y se habían quedado dormidos. A las diez de la mañana Caspian despertó.
—Buf, hacía tiempo que no dormía tan mal, como me duele la espalda.
—Igual y un masaje puede ayudarte.
Caspian giró la cabeza y miró a Susan. Se acercó a ella y la besó.
—¿Te he despertado?
—No, la verdad es que no, tampoco es que haya dormido mucho.
—Espero que pronto encontremos algún sitio dónde poder descansar debidamente, la verdad es que ya estoy un poquito harto de dormir en el suelo día sí y día también.
—Sí, la verdad es que yo también. Espero que nuestra suerte cambie para mejor dentro de poco, necesitamos un descanso.
—Cambiará, ya lo verás—y acto seguido Caspian le cogió una mano y le dio un beso en ella—. Sé que cambiará.
Susan soltó su mano de la de Caspian y comenzó a masajearle la espalda.
—¿Mejor?
—Sí—dijo Caspian cerrando los ojos, sonriendo y disfrutando de las caricias de Susan—. Recuérdame que cuando encontremos algún sitio donde poder descansar te pida que me des un masaje antes de dormir.
—¿Por?—le preguntó ella riendo.
—Estás haciendo que me sienta en la gloria.
Susan no pudo evitar reírse más aún.
—¿Cuándo continuaremos viajando?
—En cuanto termines de hacer que vuelva a sentir por completo que tengo espalda, saldremos; tus hermanos deben haber salido ha buscarnos y no me apetece que me encuentren.
—Les llevamos ventaja.
—Sí, es cierto pero, tenemos que seguir. Cogí un par de capas para que nadie pudiera reconocernos, estando en el bosque no hay problema, pero en cuanto lleguemos a un pueblo, será mejor que nadie nos reconozca, cuantas menos pistas dejemos mejor.
Susan terminó de darle el masaje a Caspian y le dijo:
—He terminado.
—Muchas gracias.
Los dos se pusieron en pie y se acercaron cada uno a su respectiva montura.
—Si no estoy equivocado dentro de poco llegaremos a Beruna, será mejor que nos pongamos las capas—dijo Caspian dándole una a Susan.
Los se las pusieron y montaron en sus caballos.
—¿Crees que es posible que mis hermanos nos encuentren antes de que nosotros hayamos conseguido ganar algo más de tiempo?
—No quiero ser pesimista pero, creo que sí. Tus hermanos habrán salido esta mañana en cuanto se hayan dado cuenta de que no estamos, ellos mucho más descansados que nosotros, así que no tendrán problemas para hacer un largo camino. Sólo espero que si tienen que encontrarnos nosotros hayamos conseguido ya algo para conseguir que no nos separen.
Continuaron cabalgando hasta el medio día, hora en la que llegaron al principio de Beruna.
—¿Te apetece comer algo antes de entrar en Beruna?—le preguntó Caspian a Susan.
—Sí, la verdad es que sí.
Los dos dejaron que los caballos pastasen y ellos, sentados a los pies de un árbol, comenzaron a comer.
—He pensado en algo que es posible que nos de más tiempo—le dijo Caspian a Susan.
—¿El qué?
—He estado pensando que, tal vez, si fueses mi esposa, no podrían separarte de mí.
Susan se quedó muy sorprendida ante las palabras de Caspian.
—No estoy muy seguro de que funcionase pero, bueno, igual y por intentarlo no perdemos nada.
—¿Me estás diciendo que quieres que nos casemos?
—Ya sé que somos muy jóvenes y—Caspian sonrió muy abiertamente—que si nos paramos a pensar tú eres mil trescientos años mayor que yo pero, no me importa, te quiero y mi único deseo es que podamos estar juntos para siempre.
—De sobra sabes que ese también es mi único deseo pero, no sé, es todo tan, repentino, piensa que estamos hablando de dar un gran paso.
—Hablas como si fuese a producirse un gran cambio en nuestras vidas.
—Es que se produciría un gran cambio en nuestras vidas.
—Yo no lo veo así, lo único que cambiaría sería que en uno de nuestros dedos habría un anillo, ya ves tú que gran cambio.
—Caspian…
—Susan es la verdad, no me repliques eso por favor.
—Esto es exactamente igual que cuando anoche hablamos de que hacer lo que finalmente hemos hecho era una gran irresponsabilidad—dijo ella con desesperación.
—No entiendo a que viene eso.
—Te niegas a pararte a pensar en las consecuencias que puedan tener tus actos.
—Susan, vivir sin pensar en lo que pueda o no pueda pasar es lo divertido, ¿qué sentido tiene agobiarse con problemas que es posible que después ni lleguen a existir?
—La verdad es que todo lo que está pasando me sorprende, jamás pensé que…
—Susan, no te das cuenta de donde está el problema de que no puedas quedarte aquí ¿verdad?
Susan se extrañó ante aquellas palabras.
—No entiendo a que viene eso ahora, no era el tema de nuestra conversación.
—Pero tiene relación; anoche te dije lo que pensaba hacer vinieras o no conmigo, fue un impulso, otra manera de vivir la vida, no quiero estar atado a unas normas de conducta ejemplar, quiero ser yo mismo y que los demás me acepten como soy. Si en el tiempo que hemos pasado juntos te he dado una imagen incierta de mí, créeme que lo siento, pero suelo actuar así, por impulsos, recuerda sino lo que ocurrió cuando asaltamos el castillo, mira lo que tardé en saltarme el plan que habíamos diseñado.
—Lord Cornelius te dijo algo que te hirió Caspian, no es lo mismo.
—En verdad sí lo es, anoche decidí que quería fugarme porque sabía que te iba a perder, cosa que me hiere, consecuencia entonces, un impulso.
Guardaron silencio durante unos minutos, después Caspian dijo:
—Susan, sólo te lo propondré una vez. Sabes que te quiero, que no deseo que te separen de mí y que quiero estar contigo para siempre si tú me lo permites, así, ¿quieres casarte conmigo?
