Me encontraba en mi habitación arreglándome exhaustivamente como si hoy fuera a recibir a un oligárquico duque de una tierra muy muy muy lejana, como de los que escribo a veces en mis cuentos. Mi cabello lo tenía amarrado en una coleta (si iba a estudiar, no iba a dejar que mi cabello me desconcentrara), pero ahora mismo estaba buscando alguna blusa para ponerme, no hacía falta decir que me encontraba en pantalones (me gustaban mucho los jeans) y sin polera, obviamente tenía el brasier puesto. Sacaba desesperadamente ropa del armario y la tiraba a la nada.

— ¡¿Desde cuándo tengo ropa tan horrible?!—Chillé lamentándome.

Debería salir de compras más seguido, ahora mismo tendría una hermosa blusa que ponerme. Pero no me gusta ir de compras sola, y a Jimmy lo agarran con los quehaceres del hogar cada vez que va a salir conmigo. Cogí una blusa turquesa con mangas y me miré a mí y a la prenda en el espejo a cuerpo completo que tenía. Imaginándome como me vería con ella puesta. Hm…

—Si no fuera una tabla, me quedaría perfecta. —Expresé con odio. ¡Estúpido desarrollo retardado!

— No sabía que eras una tabla, ¡de seguro eres familia del Tablón!

Sí, mi molesto hermano a veces entraba sin preguntar. No me da vergüenza, somos hermanos después de todo, pero me revienta que no toque la puerta y viole así mi privacidad como si mi habitación fuera un lugar público.

Tengo que botarlo con delicadeza…

— ¡Fuera de mi habitación renacuajo inútil!—Para mí, eso era mi máximo nivel de delicadeza.

— ¡Pero hermanita!, venía a decirte que…

—¡¿Qué no me oíste Ed?!, ¡LARGO!—Decía yo empujándolo hacia afuera y con la blusa en mano.

— ¡Pero Doble D ya vino!

Me detuve.

— ¿Ya vino?

— ¡Síp!, y está abajo.

¡Y yo en chones!

— ¡Cabeza de chorlito!, ¿por qué no me avisaste que Edd ya estaba aquí?, ¿qué tal si subía y me veía el muy tarado?

Ed se puso a formular la pregunta mirando al techo… mejor lo interrumpí antes de que se funda su delicado cerebro de insecto.

—Olvídalo, ya voy.

Me puse la blusa turquesa que aún tenía entre manos y bajé, tratando de parecer alguien… normal por una vez en la vida. Tratando de aguantar mi actitud de niña de callejón putrefacto.

—Hola Sarah, que bueno que ya estás aquí. —Edd se paró del sofá, entusiasmado— ¿Lista para comenzar un viaje a través del saber, la lógica, las fórmulas más prestigiosas de todos los tiempos y…?

—Es sólo matemáticas, Doble D. —Interferí en medio de su discurso tan cutre.

— ¿Solo matemáticas?, ¡Sarah, es el conocimiento puro!, ¡hay matemáticas en todos lados!

—…Sí. Bueno, ¿empezamos o qué?—Dije sentándome cerca de una mesa vacía, se nota que no quería cortarle vuelta el rollo al pobre.

—Traje mi libro favorito sobre el tema, ¡te encantará!—Exclamó animado sentándose al lado mío. Posó un gran libro en la mesa, tenía portada llamativa y su grosor… ¡Parecía una enciclopedia!

—Que divertido. —Expresé con sarcasmo, mirando el libro e imaginando toda la "diversión".

—Empecemos por lo más fácil, teoría de exponentes.

—Claro… ya exploto de la emoción. Yuju.

En cuanto Doble D se acercó más a mí para explicarme su "clase", yo me desconecté del mundo. ¡Caramba!, como odio haber crecido, uno se siente raro con su nuevo cuerpo y hormonas, como si fuera a vomitar por murciélagos en el estómago o quizás solo estoy enferma. Esto me pasa cada vez que estoy con Doble D… Tengo que admitir que me pongo nerviosa cuando él está cerca, pero no me gusta demostrar mi debilidad, así que a cambio me enojo. Sí, lo sé, algún día de estos me tengo que comer mi orgullo, le haría un favor al mundo, ¿no creen?

Confieso que lo examinaba más a él que él ejemplo matemático en sí. Llevaba una de esas camisas a cuadros color rojo y por dentro, un polo negro que le daba un aire juvenil; también llevaba sus típicos pantalones morados que hasta ahora le quedan bien…

—…Entonces después de esto, lo que tienes que hacer es…—Su voz era dulce, no tan áspera ni tampoco tan fina, era… linda y estaba perfectamente en su punto. Mientras que mi voz era… la de una niña chillona, terca y malcriada. —Y listo, así de fácil, ¿entendiste?

—Uhhh…

Eso es "no entendí ni papas" en mi idioma, de nada por la traducción gratis.

Edd estaba a punto de decir algo, pero fue interrumpido.

— ¡DOBLE D, NOOO…!

Mi hermano mayor gritó horrorizado corriendo hacia nosotros raudamente y agitando los brazos desesperado. Edd y yo nos levantamos espantados por la reacción tan repentina, creíamos que nos iba a atacar o algo por el estilo, o que tal vez que mi hermano por fin enloqueció e iba a matarnos ahí mismo. Pero no, Ed se abalanzó hacia la mesa como si atrapara a un ladrón y tiró el libro de Doble D por la ventana, obviamente como es un genio, lo botó justamente por la ventana que estaba cerrada, rompiendo así un montón de vidrios de un solo ¡crash!

— ¡ED!, ¡¿QUÉ RAYOS TE PASA?!

— ¿Se puede saber por qué mandaste mi libro al infinito y más allá?

— ¡Estabas lastimando al amigo de Sarah!

…¿Qué?

— ¿Pero qué dices?—Yo estaba confundidísima, y era notable que también el chico del gorrito.

—Cuando fui a llamar a Sarah; ella misma dijo que era una tabla. —Explicó con su voz de sonso— Y tenías tu enorme libro encima de la mesa, ¡aplastando a un posible amigo de Sarah!

— ¿Una… tabla?

Trágame tierra.

—Yo… yo no dije eso. —Traté torpemente de disimular mi sonrojo. Era pésima mintiendo.

Me recontra moría de vergüenza, todavía más que la vez que cuando éramos niños Eddy me había dicho que se me veían los calzones y el estúpido de Kevin todavía se dignó a gritar "¡Y es de encaje!". ¡Malditos todos! Vi que Doble D se rascó la nuca con cara de que algo no cuadraba, seguramente esa expresión era nueva para él y no sabía su significado. Aún si así fuera; él pensaría que me volví tan loca como Johnny y que mi Tablón era la mesa, solo que no le dibujé ojos. Quiero tirarme a un pozo.

— ¡Dejen de mirarme como idiotas, idiotas!—Vociferé encolerizada. Odiaba tanta atención de la mala.

—Sarah, si necesitas hablar con alguien; yo…

— ¡NO!—Contesté a mi tonto tutor, sin dejarle terminar su propuesta. Y como ya me llevaba el diablo, me puse a empujar a los dos adolescentes fuera de la casa de una vez por todas para que se dejen de fastidiarme la vida— ¡La clase terminó!, ¡lárguense todos ustedes y no vuelvan!, ¡FUERA DE AQUÍ!

Y le cerré la puerta. Dios mío.

Corrí al teléfono como si este fuera mi ángel de la guarda. No. No era mi ángel de la guarda; era mi medio para llamar a mi ángel de la guarda. Marqué de manera tan veloz que de seguro rompí una de las leyes de la física. Esperé a oír la voz del único que calmaría mi mar furioso interno en este momento tan desgraciado.

— ¿Aló?

—Jiiimmyyyy—Dije como lloriqueando cual niña mimada, no sé… — ¿Puedes venir urgente, por favor?, ¡te necesito!

— ¡Allá voy, Sarah!, ¡resiste!

Subí las escaleras y me encerré en mi habitación. No sé por qué me afectaba tanto este malentendido tan estúpido, si solo era eso, un maldito malentendido. Pero… ¡acabo de quedar en ridículo frente al chico que me gusta!, ¡sí lo dije!, ¡DOBLE D ME GUSTA!, ¡Y MUCHO!, ¿contentos?, aunque era obvio. En fin, ahora mismo debe de estar creyendo que necesito un psiquiatra de urgencia o que me deben encerrar ya en un centro para enfermos mentales, o que como soy hermana de Ed ya se me fundió el foco… ¿Por qué a mí?, ¿por qué tuve que hacer ese comentario sabiendo que mi habitación es más pública que un centro comercial?, ¿por qué? Agradezco que mamá no estuviese, ahora mismo me hubiera dicho "Sarah, no es bueno que eches a las personas así" y me hubiera sermoneado y yo la hubiera ignorado igual. Ahh… necesito a Jimmy.

Toc toc

— ¿Sarah?—Reconocí de inmediato su voz y lo dejé pasar a mi cuarto. Fue veloz, qué bueno que Jimmy vive al lado de mi casa.

—Jimmy, agradezco al cielo que estás aquí.

— ¿Y qué es lo que pasó, Sarah?, ¿por qué estás triste?

— ¡Otra vez el estúpido de mi hermano arruinó todo!—Hundí mi cara en una almohada, lloriqueando. —Dijo que yo dije que yo era una puta tabla. —Con el tiempo, Jimmy comprendió lo mal hablada que soy y le resta importancia a mi frases subidas de tono— ¡Y en frente del bobo de Doble D!

—No llores Sarah. —Se acercó a mí consolándome.

—Debe pensar que aún soy una niña ingenua y que necesito ayuda psicológica.

—Por supuesto que no. Tú eres maravillosa y muy inteligente, además de tener catorce años.

—Díselo a él. —Saqué mi rostro y mi cara se sentía algo húmeda, woah, de verdad había llorado. —De seguro Marie nunca llora.

—Todos lloramos Sarah, si uno no expresa sus emociones, se puede ahogar él mismo en ellas.

Al parecer, yo con el tiempo crecí y me convertí en una adolescente mandona, mientras Jimmy se convirtió en un sabio. ¿Cómo puede una persona como él, querer una amiga tan hija de puta como yo?, los milagros sí existen, amigos…

—Odio ser adolescente, Jimmy, lo odio mucho.

—Está bien, está bien…—Me tranquilizó sobando mi mano—Debes animarte. ¡Hey!, hoy hice todos mis deberes, ¡podríamos ir a comprar zapatos!—Sonrió ampliamente.

—O unas blusas para mí también…

— ¡Exacto!, ¿nos vamos?

Me puse a pensar un momento… de verdad tenía que relajar mi mente, quería olvidar al tonto de Doble D y mis sentimientos extraños hacía él, o sea, soy como una bruja enamorada de un príncipe. Pero, los príncipes no se enamoran de las brujas, los príncipes siempre buscan princesas lindas y bellas que tengan voz angelical y cuerpo de ensueño. Yo no era nada de eso. Tal vez nunca lo sería… mejor iré a despejar mi mente para aclararme las cosas.

—¡Vámonos Jimmy!

Nos fuimos corriendo muy contentos, por el camino también me desamarré la coleta, me gusta sentirme una rebelde. Cuando regrese, tal vez les cuente como me fue, hoy solo quiero relajarme con mi mejor amigo y olvidar un rato a mi inalcanzable príncipe… nerd. Bye bye.