Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

DETRÁS DEL OBJETIVO

CAPITULO 2

¿Dónde está mi dominante favorito? —le susurró Alice en cuanto la vio entrar al estudio

¿Ya has acabado? —preguntó a su amiga, cuñada y maquilladora profesional, mientras se acercaba a los focos y parasoles para enfocarlos y ponerlos a punto para la sesión

Acabo de terminar con Gianna que acaba de llegar —explicó la chica —¿Y bien?

Y bien, ¿qué?

¿Dónde está el bombón de Edward Cullen? —refunfuñó Alice

Tu bombón estaba follándose a Gianna en el baño —espetó molesta

¿De verdad? Menuda zorra. ¡Quién fuera Gianna! —gruñó Alice indignada

¿Debo recordarte que tu marido es mi hermano? —inquirió volteándose a mirarla fijamente.

Alice se carcajeó divertida.

Sabes que amo a tu hermano. Pero una puede tener sus fantasías... y ese chico es una fantasía hecha realidad.

Ya. A ver qué opina Jasper de eso.

Jasper, el hermano de Bella, se había casado con la mejor amiga de ésta dos años antes, después de tres años de noviazgo.

Nadie dudaba del profundo amor que se profesaban, pero Alice nunca dejaba de hacer comentarios sobre todos los chicos guapos que conocía.

Y, trabajando como maquilladora en el estudio fotográfico de su amiga, entre modelos y actores, chicos guapos era lo que más veía.

Tu hermano está encantado con mis fantasías.

Ya. Lo imagino. No hace falta que me des detalles —aceptó negando risueña.

Edward entró al estudio con un albornoz blanco sobre su cuerpo cubierto únicamente por unos bóxer de algodón negros.

Tuvo que inspirar profundamente para calmar su excitación al volver a ver a Bella. Tal como ella había dicho, un pene empalmado no era lo que esperaba que se viera en todas las vallas publicitarias del país.

Emmett, su mejor amigo y ahora guardaespaldas, se burlaría de él durante los próximos diez años, si le viera así.

Y su madre, le propinaría la segunda colleja del día.

Bella Swan estaba en una esquina del estudio, con una cámara de fotos en las manos haciendo pruebas de luz.

La preciosa morena que estaba con ella se sobresaltó ruborizándose al verle.

Le sonrió y se acercó a él con andar impaciente.

Era una chica pequeñita y preciosa.

Con la piel increíblemente pálida, el cabello corto a la altura de la nuca y de color negro intenso, peinado estratégicamente con las puntas apuntando hacia todos lados.

Unos enormes ojos negros destacaban sobre su rostro pálido.

Su andar grácil y su sonrisa simpática y extrovertida eran increíblemente atrayentes.

Le cayó bien tan sólo verla.

Hola —saludó amable estirando la mano —Alice Swan.

Encantado. Edward Cullen —sonrió estrechando la mano de la chica —¿Swan? —dijo señalando a Bella —Pues no os parecéis mucho.

Alice sonrió.

Oh, no, no somos hermanas. Yo estoy casada con su hermano.

Ah, entiendo. Casada. ¡Qué fiasco! —replicó con voz sugerente haciéndola reír.

Oh, no te preocupes. Jasper trabaja tanto que nunca se entera de nada —le siguió la broma

Alice —le llamó Bella acercándose a ellos —¿Podrías dejar de coquetear y ponerte a trabajar, por favor? Ya vamos suficientemente retrasados —agregó mirando a Edward con toda la intención

Sí, sí —contestó la chica altanera y a Edward le gustó de inmediato.

Era la primera persona que veía en ese estudio que no parecía doblegarse ante la jefa.

Soy tu maquilladora —dijo Alice volviéndose hacia él —Si puedes quitarte la ropa —agregó sonrojándose cuando Edward alzó una ceja —Es decir... el albornoz... ya sabes... tu torso sale desnudo en las fotos...

Ah, sí, desde luego —aceptó y quitándose el albornoz se sentó en el lugar que Alice le señaló.

Tuvo que reconocer que Bella era tan buena o mejor de lo que se decía. Y sin duda alguna, una gran profesional.

Sacaba fotos a un ritmo vertiginoso, con tres cámaras diferentes, con objetivos de diferentes tamaños.

Él era el protagonista sin dudas, pero estaba acompañado por tres modelos hermosas.

La chica que se había tirado en el lavabo y dos bellezas más, otra rubia y una pelirroja completaban el trío con el compartió más poses sexuales de las que hubiera podido imaginar.

Sabía que la campaña era "subida de tono" y, si bien no salían desnudos, ya que la idea era promocionar ropa interior, el roce de los cuerpos y la forma en que se tocaban, parecía más sexual de lo que habría sido si no hubieran llevado ropa alguna.

No pudo dejar de notar el desdén con el que Bella le miraba y se dirigía a él, en comparación de cómo trataba con las chicas.

Supuso que se debía a la forma en que la había tratado en el lavabo, y supo que tenía que disculparse.

Cuando tres horas después, Bella dijo las palabras mágicas: "Eso es todo, chicos. Gracias.", ya estaba deseando salir de allí.

Él y las tres modelos volvieron a los vestuarios, pero las evitó y se dirigió a los lavabos masculinos para limpiarse el maquillaje y vestirse.

Bella estaba en el mostrador de recepción llenando unos documentos que tenía que entregar a Lauren, cuando Rosalie se le acercó por detrás.

Hola —saludó la rubia con entusiasmo

Rose. ¿Qué haces aquí? Creí que nos encontraríamos directamente en el Twilight.

Sí, así era, pero como salí temprano pensé en recogeros aquí. Alice lo sugirió.

Sí, claro —sonrió indulgente

Rosalie Hale había sido compañera de instituto de Bella y desde entonces eran íntimas amigas.

Era jueves de chicas, y como cada segundo o cuarto jueves del mes, las tres amigas se iban al Twilight, el bar de moda, y charlaban, bebían y reían hasta muy entrada la noche.

Rosalie trabajaba como analista financiera para el M&T Bank, por lo que sus horarios eran extraños.

A veces salía muy temprano, a veces muy tarde. Por esa razón, generalmente se encontraban directamente en el bar.

Bella sabía que la razón de su visita al estudio, era la presencia de Edward Cullen.

¿Quién es ese bombón? —preguntó a Bella en voz baja, mirando al mastodonte que estaba sentado en la sala de espera hojeando una revista de Car & Drive.

Bella se giró y lo miró un momento.

No tengo idea —reconoció —Lauren, ¿quién es ese? ¿a quién espera?

A Edward Cullen. Es su guardaespaldas —les informó la rubia

Ahí tienes —dijo Bella sin levantar la vista del folleto que estaba rellenando —El guardaespaldas de la estrella.

—Vaya. ¿Y ese desdén de dónde ha salido?

—Buff. Sin comentarios.

—Pues yo no me molestaría si ese bombón quisiera guardarme las espaldas —dijo Rosalie poniéndose de espaldas al mostrador para quedar de frente al hombre —O hacer con ellas lo que desee.

Bella negó con la cabeza sonriendo divertida.

—Bella —la llamó Gianna con voz muy baja —¿Podemos hablar un minuto?

—Desde luego —aceptó y firmó un último papel entregándoselo a Lauren antes de caminar con la modelo hasta el estudio donde habían trabajado —Tú dirás.

—Quería disculparme, ya sabes —dijo bajando la mirada nerviosa —por lo de hoy...

—Está bien. Sólo espero que no se repita.

—Desde luego que no —aseguró la chica fehaciente —Espero que quede olvidado, ya sabes...

—Sí, Gianna. No voy a informar a la agencia sobre lo sucedido, pero debería hacerlo —replicó con dureza

—Por favor, no —rogó —Podrían despedirme

—Lo sé y por eso no lo haré. Pero tal vez lo merecieras. Gianna. Lo que habéis hecho es inmoral y hasta ilegal. Éste es un lugar público y habéis mantenido relaciones sexuales en un lugar público.

—Lo sé.

—¿Acaso crees que Heidi y Chelsea no saben lo que sucedió? Por Dios, Gianna, te juegas tu carrera por un polvo. ¿Qué pasaría si fuesen ellas quienes lo explicaran por ahí?

—Lo sé. Pero las chicas no dirán nada.

—Para él es diferente. Éste es sólo un plus para su carrera y él es la estrella hoy en día, más allá de si se lo merece o no. Si yo me quejara por haberos encontrado follando en mi estudio, y te aseguro que otro fotógrafo lo hubiera hecho, a quien despedirían de la campaña sería a ti, no a él.

—Lo sé. Lo siento. Estoy muy arrepentida. No sé lo que me pasó.

—No soy una mojigata, Gianna, y no voy a meterme en tu vida personal porque no es de mi incumbencia. Pero si quieres echarte un polvo con el chico, hazlo fuera de aquí, en tu casa, la suya, un hotel, qué sé yo, pero no lo hagas en un lugar público.

—Lo sé, lo sé. Es que Edward se marcha mañana a Los Angeles y yo sabía que no volvería a tener una oportunidad como ésta.

—Dios —gimió —¿Qué tiene ese tío?

—Oh, Bella —suspiró la preciosa modelo —No te lo imaginas, es tan bueno como se ve en la película, o más —confesó incomodándola

—Está bien, Gianna, no quiero detalles.

—Oh, no, disculpa —se sonrojó la joven

Edward había estado buscando la mejor forma de disculparse con Bella.

Cuando preguntó por ella en la recepción, le indicaron el estudio. Dio dos golpes en la puerta y entró.

La rubia modelo que era parte de su problema le miró sonrojándose. La mirada de la fotógrafa fue más dura.

—¿Sí?

—Disculpa, Bella. ¿Puedo hablar contigo?

—Sí —suspiró ella pensando en que tendría que escuchar la segunda disculpa del día.

—Bien, yo me marcho —dijo Gianna volviéndose hacia Bella —Gracias, Bella.

—No hay problema.

La chica pasó junto a Edward al salir del estudio.

—Nos vemos, Edward.

—Adiós, preciosa —sonrió él y Bella negó con la cabeza rodando los ojos.

Edward cerró la puerta del estudio y se acercó a ella, que estaba recostada contra un escritorio, dejando dos metros de distancia entre ellos.

—¿Qué puedo hacer por ti, Edward? —preguntó con una amabilidad que no acababa de sentir.

Creo que tú y yo no empezamos con buen pie. —sonrió —Lamento lo que sucedió con Gina.

¿Gina? —dijo extrañada

¿Gina? —repitió él igual de confuso —Jenny. Gianna. ¿Gianna? Es Gianna, ¿no?

Dios, tío, eres un cerdo. Te la acabas de follar hace tres horas. —rezongó envarándose.

Lo siento, Bella, pero la chica no tenía interés en que yo supiera su nombre.

Oh, por Dios, ¿de dónde coño has salido? ¿en qué cloaca te han encontrado?

Lo siento, cariño, pero en la cloaca de la que salí, me enseñaron a distinguir cuándo una chica me quiere por mi inteligencia, mi increíble conversación o por mi polla. —replicó empezando a enfurecerse con el desprecio que la chica le demostraba.

Eres tan basto.

Y tú eres una princesita esnob.

¿Qué coño sabes tú de mí? Gilipollas. Deberías tenerme un poquito de respeto.

Y tú deberías tenérmelo a mí. Que mis padres no me criaran en el Upper East Side no me convierte en una mierda a la que tú puedas pisotear.

No, cariño, lo que te convierte en una mierda, es creer que porque eres guapo y has ganado millones sólo por aparecer en la gran pantalla desnudo y dando azotes, te puedes tirar a cualquiera sin tenerles el más mínimo respeto o consideración. —contradijo señalándolo con su índice amenazante

¿Crees que cuando Gina, Gianna o como coño se llame, se quitó las bragas delante mío metiéndose los dedos en el coño empapado, me estaba pidiendo respeto o consideración? Pues, cuando una zorra hace eso, en mi barrio entendemos que quiere que nos la follemos, y si hay algo que esta rata de cloaca ha aprendido bien, —dijo señalándose el pecho —es a complacer siempre a una señorita.

Cabrón —espetó incómoda —Pues compláceme tú a mí y lárgate de mi estudio.

Estaré encantado, frígida esnob.

Frígida. Resulta que ahora soy frígida ¿Y eso por qué? ¿Porque no he caído rendida ante tus encantos?

Se acercó a ella acorralándola contra el escritorio.

Con el rostro a escasos centímetros de ella, habló con una voz tan baja y sugerente que le hizo mojar sus bragas.

No, cielo. Sé que eres una pequeña frígida reprimida porque vi tu cara en el baño. Estabas ansiando que alguien te agarrara y te follara contra la pared del lavabo, pero eres demasiado señorita para rebajarte a pedirlo. Seguro que tu pijo novio de Park Avenue no es capaz de follarte tan duro como te gustaría —arriesgó él acercándose demasiado a la verdad.

Jacob no vivía en Park Avenue, sino en la Quinta Avenida, pero nunca se le ocurriría tener sexo duro con ella.

Tampoco es que ella se considerara una sumisa, masoquista o algo parecido, pero no podía negar que se había excitado cuando había visto a Edward Cullen, encarnando a Nathan Chase, follándose a Tanya Denali, la protagonista femenina atada a la cama con caras corbatas de seda.

Jacob nunca lo haría.

¿Qué mierda sabrás tú? —espetó despectiva

Tienes los pezones duros contra la camiseta, princesa —soltó —Eso me da una idea de lo mojadas que estarán tus braguitas ahora mismo —rió cuando la vio sonrojarse confirmando así que se sentía tal como él había dicho.

La miró con la sonrisa arrogante que ya era su marca personal.

Puedo olerlas desde aquí. Cuando quieras no tienes más que pedirlo, cariño. Estaré encantado de darte duro, hasta magullar tu coñito de clase alta.

Vete al infierno —gruñó empujándolo con rudeza

Carcajeándose arrogante se marchó, dejándola sola y más excitada de lo que estaba dispuesta a reconocer.


Gracias a todos por unirse, gracias por los reviews, alertas y favoritos.

Recuerden también que nos comentamos en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki, por si sienten algo de tensión sexual en este fic también. Allí también hay algunos adelantos del fic que he ido publicando.

Adelanto del próximo capítulo:

—Es un cerdo. —explicó Bella poniéndose seria —Será muy guapo, muy rico, muy carismático y todo lo que tú quieras, pero hacía tres horas se había tirado a una tía de la que no recordaba el nombre, y no es que estuviera borracho.

—¿No recordaba el nombre?

—No. Es patético. Vino a disculparse por lo sucedido con Gina, Jenny, Gianna o como coño se llamara.

—Sí. Es un cerdo —aceptó Rosalie finalmente —Pero con esa cara y ese cuerpo yo le permitiría que me llamara John Smith y me arrastrara a su pocilga.

—Eso es lo que más me molesta. Que se crea que por ser quién es tiene impunidad para todo.

—Dios —gimió Alice ruborizándose —Está como un tren y acaba de entrar...

Besitos y a leer!

Abril: Lo de la aclaración del sexo con terceros es porque en otros fics me ha pasado que lectores se quejan cuando describo alguna relación sexual entre Bella y alguien que no es Edward o Edward y alguien que no es Bella. Como se han quejado, y han llegado a pedirme que cambie la historia, y no estoy dispuesta a hacerlo, aviso desde ya para que si alguien no está de acuerdo pueda decidir no leer el fic.

nancy: De momento pienso actualizar los jueves. Después ya veremos si cambia algo o agrego más días.