Capítulo 2: Desgracia tras desgracia

Bella Pov

En el instituto ya sabían lo que había sucedido con Charlie y había recibido condolencias, Ángela me había visitado en una ocasión. No obstante, no recibí ni supe nada de nadie de La Push. Renée tampoco me llamó aunque sí recibí correos electrónicos suyos. Yo había llamado a la comisaría para saber si alguien de la Push se había comunicado, incluso hablé con la funeraria para saber. Me llevé una gran sorpresa cuando me dijeron en ambos lados que nadie lo había hecho. Recuerdo haberle pedido al oficial, que me había dado la noticia de la muerte de mi padre, que llamara a los Black. Él me dijo que había hablado con Billy y que le había contado lo mismo que a mí, pero que Billy no había mostrado interés en ir y que tampoco se había lamentado mucho. No podía creer que él, especialmente Billy Black, no se sintiera mal, mucho menos me creía que no le interesara asistir al funeral como me dijo el policía. El policía se mostró solícito conmigo todo el tiempo. Me había dicho su nombre y dado su teléfono en caso de que necesitara algo. Se llamaba Mathew Folius.

No regresé al prado, tampoco quería ir al instituto. El director me había dicho que podía estudiar en casa con la ayuda de alguien que sí asistiera. Ángela se ofreció y yo acepté. Todo lo hacían en consideración a Charlie y yo lo agradecí enormemente. No tenía ganas de salir. Sabía que Renée aún no llegaba. Estaba segura de que vendría, pero no sabía con qué se encontraría. Mi vida se había vuelto gris, sin alegría. El amor de mi vida, mis amigos y mi padre ya no estaban, tampoco estaba aquella familia de la que había formado parte una vez. Mathew me había dicho que el funeral no sería inmediatamente porque era muy poca la gente que iba. La única familia que le quedaba a Charlie era yo y no iba a ir. Iba a ir gente del pueblo, de la policía, Renée y Phil. Era sabido que yo no estaba bien, que así como estaba no podía ir.

Me encontraba caminando por la casa. Estaba sola. No había mejorado en nada por dentro, estaba algo peor. Ahora tenía emociones encontradas. Estaba furiosa con los Black por su comportamiento, incluso con Charlie muerto. El panorama que Mathew me había pintado me dejaba claro, y sin lugar a dudas, que los Black y los Swan no éramos la familia que Charlie decía que éramos. Nos habían hecho a un lado, nos despreciaron, nos dieron la espalda, mi dolor no les importaba y menos la muerte de Charlie. Si había algo que me mantenía de pie, era eso: la furia que sentía por los Black.

La casa estaba preparada para recibir a mi madre y a Phil. Por lo que mamá me había dicho en uno de sus correos, deberían de llegar en unas cuantas horas. No entendía por qué venían hoy. Haría tormenta y el avión tendría problemas. Me senté un momento en la cocina. Afuera llovía con fuerza y estaba oscurecido, por lo que pude ver mi reflejo en el vidrio de la ventana. Mi rostro no tenía color ni expresión, mis ojos no brillaban, estaba más pálida y el negro de mi ropa hacía que mi imagen fuera más gris. Había adelgazado bastante porque era muy difícil comer, mi dolor y mi vacío no me dejaban tener una vida, y no tenía ni forma ni fuerzas para revertir la situación. Tenía grandes ojeras y oscuras, nunca podía descansar. Me daba miedo dormir por las pesadillas, sabía que todo iba a ser bastante peor. Mis pesadillas empezaron con Edward, Jacob se agregó y Charlie siguió. La diferencia era que sufría menos con las pesadillas de Charlie porque él no me había abandonado, un vampiro lo había asesinado.

Mathew me había contado que el forense había descubierto que mi padre no tenía ni una gota de sangre en las venas. Eso quería decir que un vampiro se había alimentado con la sangre de mi padre. A mí sólo se me ocurrieron dos nombres: Victoria y Laurent. No sabía qué había pasado con Laurente, pero Victoria podría haber sido ese vampiro. No me importaba que me encontrara, moriría feliz.

Nada tenía suficiente sentido para mí como para aferrarme a la vida. Ya no me importaba nada. Antes luchaba por Charlie, pero él ya no estaba conmigo. Los Cullen se habían ido, Edward desapareció después, Charlie había sido asesinado y todos los habitantes de La Push me dieron la espalda. No quería irme con Renée. Por lo que decidí dejarme morir sola y lentamente, por eso no comía y ya no tenía interés en dormir, ni siquiera tomaba leche. Moriría así. Sola y hecha a un lado. Me levanté para dirigirme a la escalera. Quería subir a mi cuarto y hundirme en la cama. No quería dormir por miedo a las pesadillas, aunque tampoco estaba cansada. Subí, pero no fui a ninguna de las habitaciones. Me dejé llevar por mi corazón porque él sí parecía encontrarle sentido a algo, él dirigía mis pasos. Me sorprendí encontrarme arrodillada y acariciando la bañadera. Intenté encontrarle algún sentido removiendo todo mi interior y noté que algo se movía. Cerré los ojos para poder ver detrás de mis párpados de qué se trataba y cuando lo descubrí, me llevé una mano al pecho porque mi pulso se había alterado: era un recuerdo. Forcé mi mente para ver con claridad de qué era. Una lágrima cayó a mi mejilla al comprender y un gemido salió de mis labios. Aquel recuerdo trajo otros a mi mente de aquella personita, una de las personas más especiales, queridas e importantes en mi vida. Su nombre salió de mis labios antes de que terminara recostada contra la bañadera, hecha un mar de lágrimas.

- Alice.

En mi interior sus recuerdos no eran como los de su hermano. Yo sabía que ella seguiría siendo mi amiga a pesar de todo. De hecho, Edward me había dicho que ella quería despedirse de mí, eso significaba que yo sí le importaba y que sí me quería. El que su hermano no me quisiera, no significaba que Alice tampoco lo hiciera. Ella no era como él. Levanté la cabeza ante aquellos pensamientos y abrí mis ojos. Sí, Alice sí me quería. No, Alice no era como Edward. Giré mi cabeza y vi la puerta del baño abierta. El pulso se me alteró otra vez porque algo se me estaba formando en la cabeza, hasta sentí una pizca de esperanza. Recordé el trato que Charlie y Alice tenían, creía que hasta habían sido amigos. Gracias a Dios, ella no era como Edward. Uno de los motivos por los que me alegraba ese pensamiento era porque ella sí podía ver mi futuro, aunque Edward no pudiera leer mi mente. Se me pasó por la cabeza el recuerdo de aquella vez que le escribí a Edward una carta y que sabía que Alice se la daría. Por supuesto, podría escribir una carta dirigida a otro miembro de la familia. Mi mente comenzó a funcionar con más velocidad, sopesando y viendo mis opciones. Se me ocurrió que podría pedir ayuda a los Cullen porque Charlie sirvió de alimento a un vampiro no vegetariano, que podría ser Victoria. Ellos eran los únicos que podían ayudarme y nadie ni nada más, eran los únicos vampiros en los que podía confiar, los únicos con los que podía hablar, los únicos que conocía bien. Eran poderosos, fuertes y dueños de mucho conocimiento. Si me lo pensaba bien había tres Cullen con los que podía hablar: Carlisle, Esme y Alice. Carlisle era compasivo y el líder, siendo lo compasivo que era sabía que me escucharía si yo se lo pedía; Esme me serviría de apoyo y consuelo más que Renée; y Alice me escucharía, me acompañaría y podría utilizar su don. Entonces, mi cerebro tomó más velocidad y me llevó a pensar, comencé a elaborar un plan.

Me levanté y salí del baño, pero me detuve en el rellano porque no sabía adónde ir. Me decidí y bajé a la sala, encendí el televisor y me senté en el sofá, estaban dando una película. De repente, la interrumpieron para dar una de esas noticias que los noticieros ponen de último momento, algo reciente.

- "Coalición aérea de dos aviones en pleno vuelo" –decía el conductor del noticiero- "Se trata de dos aviones de empresas distintas. La tormenta fue el factor más importante en esta tragedia, el cielo está oscuro, y hay nubes densas y oscuras. Esto hace que no se pueda ver y que ocurran accidentes como este. Ya se estiman que hay muchos muertos, pero no un número aproximado. Ambos aviones cayeron en campos de Washington. Uno de ellos ya tenía poca distancia que lo separaba de su pista de aterrizaje. El aeropuerto dio a conocer el dato de que provenía de Florida. Los mantendremos informados."

Sentí que algo en mi pecho se apretaba al punto de asfixiarme y en mi cabeza un grito desgarrador. Mis manos se cerraron en puños en mi falda con la fuerza que me quedaba hasta clavarme las uñas. Sentía que mi rostro había empalidecido aún más. Mi corazón se alteró y mi respiración también, había empezado a temblar. Permanecí en ese estado hasta que el teléfono sonó y me sacó del pozo en el que estaba cayendo. Hice acopio de fuerzas, me arrastré hasta el teléfono y atendí con una voz que esperaba que sonara impasible.

- ¿Diga?

- ¿Hablo con la casa de Charlie Swan? –me respondió con otra pregunta una voz femenina.

- Sí. Soy su hija, Isabella Swan.

- Soy una trabajadora del aeropuerto de Washington –dijo formal. Aquello atrajo mi atención- ¿Ha escuchado las noticias de la coalición?

- Sí.

- ¿Es pariente del matrimonio Dwyer?

- Sí. Soy hija de la señora.

- De acuerdo. Lamento mucho decirle que ambos han muerto. Identificamos sus cuerpos gracias a que llevaban sus identificaciones consigo –dijo con una lúgubre voz. Hizo una pausa y siguió- De verdad que lamentamos mucho dar estas noticias a los familiares y seres queridos de las víctimas. Hasta luego –y colgó.

Era como si ya hubiera presentido esto, mi luto empezó prematuramente. Me senté en una silla de la cocina y asimilé todo. Al final, llegué a una simple, única e indiscutible conclusión.

Me había quedado completamente sola. Con ese pensamiento y esa certeza, me levanté para dirigirme a mi cuarto y esperar la muerte acostada en mi cama. Había dejado de comer hacía tiempo, había dejado de alimentarme y de dormir. Ya me debilitaba, la falta de fuerza era considerable, se sentía y se notaba mucho. Así que lo único que tenía que hacer era acostarme en la cama y morir sin hacerme ninguna flagelación ni tomarme nada.

El tiempo se agotaba.