Capítulo 2

El encuentro


Los ensayos de aquel día habían terminado finalmente, y Tomoyo y Syaoran (éste con la patineta bajo el brazo) caminaban de nueva cuenta por las calles de Tomoeda, mientras conversaban entre sí.

-¿No te gustaría ir a ver cómo va la construcción del parque de diversiones? –preguntó Tomoyo de la nada, haciendo que Syaoran se detuviera en seco, algo confundido.

-¿Ir a ver? –repitió el muchacho.

-Bueno, hace casi cinco años que no ponemos pie en casa de Eriol… Pensé que quizá debiéramos ir a ver cómo van las cosas.

Syaoran se mostró pensativo. No estaba seguro de que fuera interesante, pero al no tener nada más que hacer durante el resto de la tarde, pensó que al menos así tendría algo para contar a Sakura, durante su próxima carta. Se encogió de hombros, mientras reanudaba la marcha.

-Seguro –dijo a Tomoyo –porqué no. Después de todo, estamos cerca…

Estaba por decir algo más, cuando volvió a detenerse en seco. Sin embargo, esta vez su rostro no mostraba una expresión de sorpresa, sino de tensión.

-¿Syaoran? –preguntó Tomoyo, quien también se había detenido, y miraba a su amigo, mitad confundida, mitad preocupada-. ¿Te encuentras bien?

-Sentí… la presencia de algo… -dijo el muchacho, mirando a su alrededor, como si esperara que ese algo se apareciera.

-¿De algo? –repitió Tomoyo, mirando ella también en todas direcciones, pero sin sentir nada. Después de todo, ella no poseía poderes mágicos.

-Viene de allá –sin esperar un segundo, Syaoran dejó caer su mochila y patineta al suelo, y comenzó a correr, en dirección al norte.

-¡Syaoran, espera! –exclamó Tomoyo; apurándose a tomar las pertenencias de su amigo, y corriendo con todas sus fuerzas, se apuró a seguirlo-. ¡Espera! –repitió, pero el muchacho no hizo caso.

Estaba demasiado concentrado en seguir aquella presencia, y no perderla. Tenía un mal presentimiento.

-¡Conozco esta presencia! –se dijo mentalmente mientras seguía corriendo.

Delante de él, pudo ver el parque de diversiones del que Tomoyo le había hablado. Aquel terreno donde había estado alguna vez la casa del Mago Clow, era de dónde provenía aquella energía. Corrió con mayor velocidad, si es que era posible.

Pero es que no, ¡no puede ser! ¡Esa era la presencia de…!

De la nada, una figura no muy alta, la cual también corría a toda velocidad, se cruzó delante de él. No había tiempo para frenar, por lo que cerró los ojos, preparándose para el impacto. Y así, ambos se golpearon y cayeron al suelo, rebotando un par de veces.

-¡Ay! –se quejó Syaoran, mientas se sobaba el trasero, e intentaba ponerse en pie-. Lo siento mucho, no me fijé mientras corría…

-Descuida, yo también iba corriendo sin fijarme…

Aquella voz… Aquella voz le sonaba tan familiar. Se calló al instante, y finalmente miró a la persona con la que se había chocado.

La mirada se le iluminó cuando vislumbró aquella corta cabellera castaña, y esos hermosos ojos verdes.

Era Sakura.

La muchacha llevaba un vestido verde seco, de mangas cortas y falda recta, y aún se encontraba sentada en el suelo, también mirando a Sayoran con aquella expresión de incredulidad en el rostro.

-¿Pero…? –susurró el muchacho, mientras la veía casi sin parpadear, temeroso de que pudiera desaparecer-. ¿Qué haces aquí…?

-¿Encontraste algo? –preguntó entonces otra conocida voz.

Syaoran miró sin mucho entusiasmo, pues también había reconocido esa molesta voz. Detrás de Sakura se encontraba un muchacho de cabello negro revuelto, y ojos oscuros. Jin-Lin.

-¿Tú, aquí? –preguntaron los dos muchachos al mismo tiempo, los dos apuntándose con el dedo.


Habían olvidado por completo aquello que los había obligado a ir corriendo al parque de diversiones, y ahora, los cuatro muchachos se encontraban en el parque pingüino, sentados en los columpios, conversando animadamente.

-Debieron habernos avisado que tenían planeado venir –se quejó Syaoran mientras se mecía lentamente-. Pudimos haberlos ido a recoger al aeropuerto. ¿Cuándo llegaron a Japón?

-Queríamos que fuera una sorpresa, tonto –le respondió Jin-Lin en un tono burlón, quien parecía querer darle la vuelta a su columpio, debido a lo alto y fuerte que se estaba meciendo.

-Llegamos hace apenas un par de horas –intervino Sakura sonriente, mientras ella también se mecía lentamente en otro columpio-. Jin-Lin fue el de la idea… -agregó mientras se sonrojaba.

Su primo se limitó a reír exageradamente.

-¿Y dónde planean quedarse?

-En casa de Daidouji –respondió Jin-Lin a toda prisa, en un tono que daba a entender que aquello era lo más obvio-. No hemos estado en contacto por correo por nada –y volvió a reír.

-Espera, ¿eso significa que tú estabas enterada de que iban a venir? –preguntó Syaoran a su amiga, la cual se limitó a encogerse de hombros, y sonreírle.

-Era una sorpresa –repitió ella.

-Hablando de sorpresas –anunció Jin-Lin, mientras brincaba fuera del columpio, y aterrizaba limpiamente en la tierra-. Daidouji y yo tenemos compras por hacer.

-¿Compras? –repitió Syaoran.

-Sí mira, es cuando vas a algún local, pides lo que quieres, y pagas.

-¡Yo sé lo que es ir de compras! –gruñó Syaoran. Sakura y Tomoyo rieron por lo bajo.

-Perfecto. Entonces no hay reparo en que nos ausentemos. ¿Lista Daidouji? –continuó Jin-Lin con su monólogo, provocando que Syaoran frunciera el entrecejo, mientras las chicas se limitaban a reírse.

-Claro Jin-Lin –respondió la aludida, levantándose de su columpio. Ella no se había mecido para nada-. Nos vemos mañana, Syaoran, Sakura.

-¿Mañana? –repitió Syaoran, comenzando a ver por dónde iba aquello. Pero Tomoyo no respondió, y así, ella y Jin-Lin se alejaron mientras conversaban, dejándolo a él y a Sakura, completamente solos.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco…

Syaoran esperó lo suficiente para estar seguro de que ni Tomoyo ni Jin-Lin planeaban regresar e interrumpirlos, antes de levantarse de su columpio, y detenerse frente a Sakura. La chica lo miró, expectante. Y entonces, el joven se inclinó sobre ella, y la abrazó tiernamente.

-No sabes cuánto te extrañé –susurró en el oído de la chica, mientras ella se había soltado del columpio, y lo abrazaba de vuelta.

-Lo mismo digo –susurró igualmente ella.

Se quedaron así, un par de segundos más, antes de soltarse lentamente, y ahora, mientras Syaoran se hincaba para estar a su altura, los dos jóvenes se miraban directamente a los ojos.

-Habíamos acordado visitarnos cada año, y los hemos cumplido durante los últimos cinco–dijo Syaoran, mientras se pasaba una mano por el cabello, nervioso, y de paso se despeinaba un poco -. Por eso no me explico por qué tenías que mantener esta visita en secreto. Porqué hacerla una sorpresa.

-¿Te ha molestado? –respondió Sakura, un poco asustada de haber obrado mal. Syaoran se apuró a negar con la cabeza.

-No, para nada. Ha sido una sorpresa agradable. Solo quería entender por qué.

Syaoran se levantó y extendió su mano, para tomar la de su novia. Sakura así lo hizo, con lo que la chica se levantó del columpio, y ahora, mientras seguían tomados de la mano, los dos jóvenes caminaron fuera del parque, sin rumbo fijo.

-Sólo quería darte una agradable sorpresa –repitió Sakura, mientras avanzaban ahora por las calles de la ciudad-. Pensé que salir de la rutina de escribirnos cartas y vernos en el aeropuerto cada año, no estaría tan mal.

-Supongo que tienes algo de razón –admitió finalmente Syaoran, al tiempo que dejaban atrás el centro de la ciudad, y se dirigían a los suburbios-. ¿Te parece cambiarla un poco más?

Se habían detenido finalmente delante de la casa de los Kinomoto, al tiempo que el sol comenzaba a ponerse en el horizonte, cubriendo todo de naranja y rojo. La casita amarilla de los Kinomoto se veía ahora de un color dorado seco. Ambos muchachos la miraron.

-Mi padre y mi hermano llegarán tarde hoy. ¿Te apetece quedarte a cenar? Sólo seríamos tú y yo. Y Kero, porque ya sabes cómo es de glotón.

Sakura rio por lo bajo, pero asintió enérgicamente.

-Seguro –dijo alegremente-. Ya extrañaba tu cocina.


Entre los dos chicos, se las arreglaron para preparar la cena, que resultó ser spaghetti con albóndigas. Mientras Sakura mezclaba los ingredientes para hacer las albóndigas, Syaoran no dejaba de pedirle a Kero que también ayudase, a lo cual el diminuto guardián de las Cartas Syaoran, accedió de mala gana al ser amenazado con no recibir postre.

Preparar la pasta no tardó mucho, y apenas media hora más tarde, los dos muchachos, en compañía de Kero, se encontraban sentados a la mesa del comedor, listos para comenzar a comer.

-¡Buen provecho! -exlcamó un alegre Kero, y sin esperar un segundo más, hundió la cabeza en su plato, sorbiendo un largo spaghetti, e ignorando olímpicamente el tenedor que descansaba a su lado.

Sakura y Syaoran lo imitaron, aunque no de manera tan maleducada.

-Está delicioso -dijo Sakura, mientras sonreía al ver como al igual que Kero, Syaoran se había ensuciado las mejillas con salsa de tomate.

-Me alegro de que te guste -fue la respuesta de su novio, apurándose a limpiar su rostro-. Por cierto -comenzó el chico, dejando momentáneamente su tenedor en el aire-, no te había preguntado. ¿Cuánto tiempo planean tú y Jin-Lin quedarse en la ciudad?

-¿Eh? -preguntó Sakura torpemente, también dejando su tenedor en el aire.

-Es decir -continuó Syaoran-, las vacaciones de verano están próximas a terminar, el ciclo escolar iniciará dentro de dos semanas, y será nuestro primer año de preparatoria…

-Ah, pues… Verás…

-¡Buenas tardes!

Una alegre voz femenina se escuchó proveniente del recibidor. La súbita interrupción de saber que no se encontraban más solos, provocó que Sakura no pudiese decir nada más, y cuando quince segundos después, la cabeza del hermano mayor de Syaoran, Touya, apareció en la puerta del comedor, la muchacha china no pudo hacer otra cosa más que llevarse una albóndiga a la boca, visiblemente nerviosa.

-¿De regreso en la ciudad? -preguntó el alto joven al ver a la muchacha. Sakura no pudo hacer otra cosa más que asentir.

-¡Sakura! -dijo aquella alegre voz femenina, que resultó ser Yukito, la novia de Touya. Al igual que el hombre, ella también se había detenido en el umbral de la puerta que conectaba el comedor con el pasillo de la planta baja-. ¡Qué gusto volver a verte! ¿Se encuentran ya cenando?

-Yukito, ¡buenas tardes! -Syaoran regresó el saludo a toda velocidad, y del mismo modo, se apuró a ponerse en pie-, ¿gustan acompañarnos?

Pero no había ni terminando de decir aquello, cuando su hermano mayor, Touya, ya se había sentado a la derecha de Sakura.

-Será un placer, Syaoran -dijo la siempre educada Yukito.

-¿Se puede saber por qué tienen otro plato ya servido? -preguntó Touya, apuntando al plato que había delante de él.

-Ya sabía que ibas a querer comer tú también -se defendió Syaoran a toda velocidad-. Así que te dejamos el plato ya listo. Disculpa, Yukito -le dijo a la joven, al tiempo que entraba a la cocina a servir más pasta en otro plato-, no sabía que tú también venias.

-Descuida, Syaoran -respondió la muchacha, sentándose en la única silla libre, donde esperó pacientemente a que el joven le sirviese un plato-, nosotros tampoco lo sabíamos. Fue una decisión de último minuto.

Syaoran sirvió el plato de Yukito, y se apuró a volverse a sentar. Intercambió una nerviosa mirada con Sakura, una tímida sonrisa que le decía sentía mucho la interrupción, y se limitó a esperar. Entonces, tras encogerse de hombros, ignorando por completo el ambiente que había roto, Touya tomó su tenedor, lo clavó en la pasta, y se llevó una albóndiga a la boca.

Debajo de la mesa, escondido en el regazo de Sakura, Kero no pudo hacer más que llorar en silencio.


-¿Vas a casa de Daidouji? ¿Quieres que te acompañe?

-No quiero molestarte, Syaoran.

-No es molestia. Me sentiré más tranquilo sí sé que llegaste bien a casa, Sakura…

Había caído ya la noche. Tras cenar en compañía de Touya y Yukito, Syaoran había llevado (discretamente) a Kero a su habitación, y tras bajar corriendo las escaleras, se calzó los zapatos y acompañó a Sakura al portal de la casa.

Como la niña había aceptado el que su novio la acompañase hasta casa de Daidouji, que era donde ella y su primo Jin-Lin se quedarían durante sus vacaciones, Syaoran cerró detrás de sí el pequeño portón negro de la casita amarilla, con lo que ambos jóvenes emprendieron la caminata, rodeados de aquella fresca calidez que solo podían proporcionar las noches de verano.

Platicaron de todo y nada mientras caminaban por los suburbios. Sobre los dos años de primaria que habían pasado separados, así como los tres de secundaria que, del mismo modo, habían tenido que llevar en escuelas diferentes, con compañeros diferentes.

Llegar a casa de Tomoyo les tomó apenas 15 minutos. Se detuvieron frente del alto y elegante portón oscuro que rodeaba la Mansión de los Daidouji, mientras una sonrojada Sakura no podía evitar mirar al piso, al sentirse observada fijamente por su novio, quien seguía sin poder creer que la joven china estuviese allí, delante de él, y temiese que, al desviar la mirada, ella se desvaneciese, como si fuese todo un espejismo.

-¿Te veré mañana? -preguntó Syaoran, tomando una de las manos de Sakura, a lo que la joven de ojos esmeralda no pudo evitar respingar, mientras su corazón latía a mil por hora.

-Jin-Lin y yo acompañaremos a Tomoyo al colegio -fue la respuesta de la joven, al tiempo que asentía-. Tomoyo nos ha comentado sobre la obra escolar. ¿Así que tienes el protagónico?

Esta vez fue el turno de Syaoran de sonrojarse.

-Sí, eso… La asignación de los papeles fue por sorteo... -se apuró a explicar. Y carraspeó-. En ese caso, te veré mañana.

-Hasta mañana, Syaoran.

-Ten dulces sueños -agregó el muchacho, al tiempo que daba un tierno beso en la frente de su novia, y dejaba que su mano resbalase de la suya.

Sin embargo, no había apenas dejado de sentir la calidez de aquellos finos dedos, cuando Sakura no pudo resistir más el impulso, y se abrazó de él, rodeando su torso suave pero firmemente. Syaoran, un poco sorprendido por aquel gesto, pero agradecido por el mismo, se apuró a rodear a la joven con sus brazos, encerrándola en un cálido abrazo, al tiempo que besaba su coronilla.

-Te extrañé mucho, Syaoran -fueron las palabras ahogadas de Sakura, al tiempo que enterraba su rostro en el pecho de él.

-Y yo a ti, mi querida flor de cerezo.

Se quedaron un rato más así, mientras que, en casa de los Kinomoto, en la habitación del joven, junto a un acostado Kero que se encontraba dormido en la cama del chico, una luz azul brillante surgía del mazo de cartas que descansaban en silencio sobre el escritorio. Era apenas una fina luz que dividía el mazo a la mitad, pero que aumentó de intensidad cuando deslizándose lentamente, una carta se separó del resto. La carta se encontraba rodeada por completo por aquella desconocida luz, como si surgiese de su interior y no pudiese contenerla más.

Deslizándose lentamente, se separó del mazo, y se quedó flotando en el aire, inmóvil, durante unos segundos hasta que, en un parpadear, se convirtió en un fogonazo de luz, y sin explicación alguna, atravesó la ventana a toda velocidad, y se perdió en el oscuro horizonte.

Su vuelo no duró mucho. Al otro lado de la ciudad, en el parque de diversiones que se construía sobre las ruinas de la Mansión Clow, en lo alto de aquella torre que cada vez estaba más próxima a ser terminada de construir, la misteriosa luz azul que había rodeado a aquella carta se desvaneció lentamente, dejándola sola en la oscuridad.

La carta que giraba sobre sí misma se detuvo lentamente, mientras delante de ella, encerrada en aquella burbuja negra, aquella extraña niña de mirada perdida, amplio vestido y unas extrañas alas que surgían de la parte posterior de su cabeza, la miraba sin verla en realidad, hasta que la carta simplemente se desvaneció.


Lo normal hubiese sido que Syaoran se quedase dormido y llegase tarde al ensayo de aquella mañana. Sin embargo, a pesar de que no había dormido casi nada debido a la emoción de saber que Sakura se encontraba de regreso en Tomoeda, fue esa misma emoción la que lo hizo brincar de la cama, ponerse el uniforme, tomar el desayuno y salir de la casa, antes de que su hermano hubiese siquiera bajado a preparar los almuerzos.

En la secundaria era evidente que la fecha del festival se venía encima. Los pasillos y los salones estaban atestados de estudiantes, todos trabajando duro para tener listos los preparativos para el festival de la ciudad. Desde terminar los adornos, hasta organizar los puestos de comida y juegos, y en el caso específico del salón 2 del tercer grado, en continuar practicando la obra que presentarían para el disfrute de toda la ciudad.

Sin embargo, en ese momento, el salón 2 del tercer grado no se encontraba practicando nada. Era cierto que estaban todos reunidos en corro, pero no se debía a algún cambio de líneas en el libreto, o de escenografía, sino que se encontraban rodeando a Sakura y Jin-Lin, quienes habían acudido a visitarlos.

-Llegamos apenas ayer -explicaba Jin-Lin, quien se sentía soñado al tener toda la atención de las chicas de a clase. Sakura, por su parte, se limitaba a sonreírles y dejar que su primo llevase toda la conversación, pues se encontraba demasiado ocupada intentando no mirar al rincón donde Syaoran y Tomoyo conversaban, pues estaba segura de que el ver a su novio en la distancia, se sonrojaría al grado de que toda su cara se pondría de un rojo tomate.

-¿Vienen a ver el festival de la ciudad? -preguntó Yamazaki a los jóvenes chinos.

-Sí, es una de las razones -fue la respuesta de Jin-Lin, al tiempo que miraba a su prima de reojo, y apurándose a cambiar el mismo el rumbo de sus pensamientos, volvió a mirar a sus antiguos compañeros de clase-. ¿Nos dejarán verlos ensayar?

-¡Seguro! -exclamó una alegre Naoko, al tiempo que daba un par de palmadas, para llamar la atención del resto de la clase-. ¡Iniciaremos desde el principio!

La clase entera se movilizó al instante, y apenas un par de segundos después, Syaoran había dejado a Tomoyo en un rincón del salón, para dirigirse al centro del mismo, donde varios alumnos más tomaban ya sus puestos para iniciar con los ensayos. Para no estorbar, Jin-Lin y Sakura se dirigieron junto a Tomoyo, quien en compañía de dos compañeras más, trabajaba en los vestuarios.

Ensayaron la obra de principio a fin, dos veces. Tomaron un descanso de veinte minutos, y la ensayaron completa una vez más. Para cosas como esa (en especial por tratarse de un trabajo de su autoría), Naoko había resultado ser muy estricta. Para eso de las tres de la tarde, la joven dejó finalmente partir a sus compañeros (pues todos morían de hambre), haciéndoles prometer que mañana igualmente se presentarían temprano, y practicarían mínimo cuatro veces, de principio a fin.


-Muero de hambre -se quejó Jin-Lin, al tiempo que caminaban por las calles de la ciudad-. Y este calor no ayuda en nada. Recomiéndanos algún lugar, Daidouji.

-Bueno, sé de un café que está muy cerca de aquí -respondió Tomoyo, de manera pensativa, mirando a su alrededor, como si tratase de ubicarse-. Fui una vez con mi mamá; si mal no recuerdo, se encuentra por esta calle, y hay que dar vuelta en la esquina donde hay un buzón de correos…

Syaoran, Sakura y Jin-Lin dejaron que Tomoyo se adelantase, y la siguieron de cerca. Sin embargo, apenas un par de calles más adelante, la joven de cabello grisáceo volvió a detenerse, y mirar a su alrededor, visiblemente confundida.

-Qué raro… -musitó Tomoyo-. Estaba casi segura de que era por aquí…

-¿Completamente segura? -insistió Jin-Lin.

-Sí -fue la simple respuesta de Tomoyo, quien seguía mirando a su alrededor, intentando ubicarse-. El buzón era mi referencia para saber dónde dar vuelta, pero no lo veo por ninguna parte...

-Como sea -dijo Jin-Lin encogiéndose de hombros-. Tu casa está cerca, ¿no es así Kinomoto? Podemos ir a tomar té allí.

-Se-seguro… -musitó Syaoran, un poco molesto por la manera en que Jin-Lin se acababa de auto invitar a su propia casa.

Siendo esta vez liderados por Jin-Lin, el cuarteto emprendió la caminata, sin darse cuenta de que en aquella esquina donde se habían detenido, del buzón de correos que Tomoyo había mencionado, sólo quedaba una parte de la base, como si el resto del buzón se hubiese desaparecido en la nada.


Debido a que no había nadie en casa, comieron flan y tomaron té en compañía de Kero, quien no perdió oportunidad de molestar a Jin-Lin, presumiendo su nueva apariencia al transformarse en el imponente Guardián de las Cartas Syaoran. Imponente apariencia que su dueño prontamente lo obligó a revertir, pues sus enormes alas ocupaban toda la sala y molestaban a Sakura y Tomoyo.

-Como sea, al menos ya te queda claro que no debes meterte conmigo -musitó un alegre Kero, con su vocecita chillona de muñeco de felpa-. Y no me hagas llamar a mi amigo Spee, que entre los dos te podemos poner una paliza…

-Hablando de Spinel-Sun -intervino Sakura-, ¿han sabido algo de Eriol?

-Tomoyo es la que se cartea con él, ¿no es así, Tomoyo? -se burló Syaoran, con lo que su amiga se limitó a sonreírle, inmune a aquella pulla.

-Nuestra comunicación por correspondencia se ha visto momentáneamente interrumpida -fue la explicación de la joven.

-¿Y cómo por qué? -preguntó Jin-Lin, sin embargo, Tomoyo no dijo nada más, y con ello, Sakura se apuró a cambiar de tema.

La conversación fluyó de manera espontánea, animada y divertida, hasta bien entrada la noche. Como los dos jóvenes chinos se dirigirían con Tomoyo a su casa, los tres partieron juntos, y debido a que ambas chicas contaban con la presencia de Jin-Lin para defenderlas si algo pasaba, Syaoran se despidió de sus tres amigos desde el portón de la casita amarilla.

Una vez que el trío se hubo perdido en la distancia, tragados por la oscuridad de la noche, el muchacho volvió a entrar a la casa, y tras igualmente desear buena noche a su padre y su hermano (quien se encontraba con Yukito tomando una taza de café en la mesa del comedor, al tiempo que trabajaban en una lista de pendientes para sus puestos del festival), subió las escaleras hasta llegar a su habitación, donde Kero se encontraba ya esperándolo, pues había tenido que recluirse allí cuando hubieron llegado Fujitaka, Touya y Yukito a la casa.

-Hazte para allá… -musitó Syaoran, al tiempo que empujaba a la bola de pelos hasta un rincón del colchón.

Kero, quien ya se encontraba profundamente dormido, ni se inmutó, y siguió murmurando en sueños sobre lo que fuese se encontraba soñando. Syaoran, igual de cansado que su guardián, se limitó a sacarse las cartas del bolsillo (las llevaba consigo siempre, por si las dudas), y las dejó en el alfeizar de la ventana, justo arriba de la cabecera de la cama. Alumbrado por la tenue luz que despedía su lampara de escritorio, se cambió las ropas por el pijama, y sin perder mucho tiempo más, apagó la lámpara y se metió debajo de las cobijas. No tardó mucho para que al igual que Kero, el quedase profundamente dormido.

Y fue allí, a la mitad de su profundo sueño, que no se percató de aquel destello azul que nuevamente iluminó el mazo de cartas; como una vez más una de las cartas se separaba del mazo, y por segunda ocasión, atravesaba el vidrio de la ventana a toda velocidad, para dirigirse a aquel parque de diversiones que había borrado por completo cualquier recuerdo de la Mansión Clow.


¡Hola a todxs de nueva cuenta!

Yo se que han sido 2 semanas de tortuosa espera, por lo que, ¡vamos a lo que nos urge! El capi de hoy siendo que ha quedado algo "cringy". Es verdad que aumenté los años que pasan entre la separación de nuestros protas (este es su último año de secundaria), pero sigo sintiendo que no queda nada bien la manera en que se ven de pareja en estos dos momentos que pasan en el capi de hoy. Lo incluí porque sentía que se los debía, pero si igualmente me dicen que no les han gustado para nada (es decir, no es el Syaoran que conocemos), no me molestaré, al contrario les daré toda la razón xd

No han cambiado muchas cosas con respecto a la peli, vdd? A ver si dicen lo mismo en el siguiente capi (?) Y no digo nada más, porque ya saben como soy xd

Así que, les agradezco mucho mucho muchísimo todos sus reviews, los follow y los favorites. Mil gracias porque a pesar de que casi pasaron 5 años (in real life), aquí siguen apoyando a nuestro Syaoran cosplayero xd. Así que, una vez más, dejen todos los reviews que gusten (follow y favorite también son muy bien recibidos). Les mando abrazos y besos, y lxs veo por aquí la próxima semana.

Sigan bellos! :D!