La rutina de Ezequiel tomó forma de inmediato en pocos días, sólo descansaba los domingos. Pudo solucionar lo de sus estudios y arreglar una mensualidad no tan lastimosa con el dueño del bar. Como en su país, se hizo de pocas amistades. Ellos eran dos, Michael y Sarah, pero no pasaba mucho tiempo con ellos. Es una persona que prefiere la soledad.
Nada de importancia pasaba en la cuidad de Racoon, hasta mediados de año. En este tiempo su acento no mejoro casi nada, pero aprendió palabras nuevas (más bien palabrotas):
-¡DIOS! ¡Que feo horario!
Michael escuchó el ridículo acento de Ezequiel pronunciar eso, y como este compañero desvanecía sus quejas de habla anglosajona en puras profanidades en español. Al parecer estaba enojado con su tío, y le daba la razón: estaban trabajando un Domingo al mediodía. José les pidió el favor (AKA obligación) de que ellos trabajaran el domingo por él.
Las campanillas colgadas de la puerta dieron signo de que alguien entraba al bar. Antes de levantar la vista Ezequiel ya pensaba:
-'¿Quién puede venir un domingo al mediodía a este antro?'
La vista le respondió como jamás esperó que los hechos lo hicieran, pero justamente tal como Michael SÍ esperaba.
-Buenos Días– se oyó una juvenil voz.
-¿Sarah? ¿Pero que haces aquí?
-¿Hasta cuando me vas a tener con esas preguntas?– preguntó ella más divertida que harta al latino.
Detrás del mostrador Michael pudo disimular una patada suave a la pierna de Ezequiel.
-Auch... ¿QUÉ?– preguntó el latino.
No había caso. Ezequiel a veces era descrito por su tío con una sencilla palabra debido a su falta de 'tacto', la cual Michael suponía era sinónimo de Tonto: "Pelotudísimo".
-Nada...– dijo el joven con un tono que decía justamente 'lo contrario'.
-¿Y como estas?– intervino la única clienta a estas horas.
-Mal, pero gracias por preguntar– típica respuesta del argentino.
La tele, puesta en el alto soporte de siempre, estaba prendida para matar el aburrimiento de los empleados. Esta ofreció una noticia estremecedora, una que haría perder el control sobre los nervios más susceptibles de inmediato. Justo tan susceptibles como los de Ezequiel...
-"A continuación, para los más pequeños, llega Plaza Sésamo, seguido de los Teletubbies"
-¡NOOO!
-¡No grites así, hombre! Sólo cámbiale.– le reprochó su compañero de trabajo.
Ezequiel apretaba frenético el mando de la tele, tratando de evitar ver lo que seguía en el canal. Su mano apretaba como loca ante tan poca cosa.
-¿Acaso no le cambiaste las baterías?–volvía a reprochar Michael.
-...¡Se me olvido!
Aun no era tarde, así que Ezequiel agarró la escoba y golpearía los botones del televisor con la punta del palo para cambiar de canal y salvarse de ver a esos títeres imbeciles.
-¡Detente! No seas animal, ¡vas a romper la tele!– lo frenó su colega antes de que pudiera darle la vuelta al mostrador.
-Yo lo arreglo– se resignaba Sarah, buscando una de las dos únicas sillas que no eran banquitos inamovibles.
Ella ya estaba posicionando la silla para subirse en tal cuando Michael preguntaba otra cosa a Ezequiel:
-¿Arreglaste las sillas? Al menos dime que te acordaste de algo...¬¬
-Ay Dios– dijo Ezequiel en voz baja en su idioma.
Justo cuando la jovencita parada sobre la silla cambiaba de canal a zapping manual un rechinar de madera se oyó. Ezequiel apoyó sus manos en el mesón y se impulso saltándolo al otro lado, tirando algunas copas y ceniceros al suelo. Corrió hacia a Sarah como si su vida dependiera de ello.
-¡¡SARAH!
Justo atrapó a la adolescente en sus brazos cuando la silla se desarmó bajo la joven luego de otro rechinido. Rescatador y rescatada quedaron callados, supuestamente por el susto para él.
-Perdón.– se excusó finalmente el irresponsable, bajando la vista.
-¡Oh! ¡Que héroe! –dijo Michael con sorna, para luego corregir:– ¡Casi la matas!
-¡No exageres!
Las campanillas de la puerta volvieron a sonar, pero esta vez una voz exaltada característica gritó el nombre de la jovencita: "¡¡¡SARAH!". Esto hizo que Ezequiel, aun con ella en brazos, se diera vuelta asustado. Era el padre de ella, Darío Rosso.
-Pero... ¡¿QUÉ ESTA PASANDO AQUÍ!
Diez minutos después
-A ver ... ¿como sigue eso?– preguntó Michael con una mano tentativa.
-¡No toques!– gritó Ezequiel, con el paño con hielo sobre su cara.
De a poco y despacio, el latino simplemente dejó ver el moretón que se dibujaba alrededor de uno de sus ojos.
-¿Así que le ibas a pegar al gordo un día de estos? JUA JUA
-¡Cállate!... vas a ver que esto no se va a quedar así...– señalándose el ojo amoratado.
-¡Tienes razón!... SE TE VA A HINCHAR
Sin duda fue gracioso... para Michael. Las campanillas sonaron por tercera vez en el día inactivo que es este maldito domingo. Y era...
-Ahhh no... ¡Tu te vas de aquí!– le gritó Ezequiel a quien entraba
-Perdona a mi padre. Sé que se le paso la mano. Es que soy su única hija y...
-Y este es él único ojo derecho que tengo... ¡¿SABES?!
-No seas tan duro conmigo... traté de detenerlo. Michael... ¡DILE ALGO!– pedía Sarah.
Michael sólo silbó la onomatopeya del silencio. Cuando ambos lo preguntaron este señaló la televisión, aun callado.
-¿Que mier...–la sorpresa dejó a Ezequiel sin palabras.
-"Asesinatos Bizarros han ocurrido en las zona boscosa aledaña de la zona de Racoon, conocida como los montes Arklay. Todas las victimas presentan los mismos signos: haber sido parcialmente devoradas. Los peritajes forenses indican que..."– relataba el noticiario.
-¿Lobos?– preguntó el argentino.
Michael pidió silencio otra vez. Sarah le explicaba susurrando a Ezequiel:
-No creo... no pueden ser. Ya no había lobos en estos bosques cuando mi padre llegó aquí...
-¡LASTIMA! Así no se lo comían.
Desde entonces la ciudad se veía atemorizada por unos episodios horrorosos en los bosques de Racoon. Entre ellos se daban algunos como gente que aseguraba haber visto animales muy agresivos, como lobos, pero ciertamente diferentes. No parecía lógico: los lobos no eran parte de la fauna lugareña de ese bosque. Sin embargo fueron encontrados más cuerpos con los mismos signos de mutilación de ser devorados, fueron reportados más y más personas desaparecidas.
Cuando enviaron a unos especialistas de RPD, más específicamente los STARS, las operaciones fueron un completo desastre sin siquiera empezar: sólo algunos habían vuelto vivos. Cuando llegó el momento de los reportes nadie les creía a los sobrevivientes de la "Odisea en una mansión con monstruos"; sólo hubo indiferencia y oídos sordos. De todo lo que decían no tenían pruebas, y se excusaban con que la zona donde se ubicaban sufrió una tremenda explosión, destruyéndolas. Aunque la explosión existió el caso fue repentinamente cerrado. Los STARS sobrevivientes eran el hazmerreír del departamento de policía. Todos decían que se habían fumado unas hierbas alucinógenas o algo por el estilo, ya que en los montes Arklay se encontraban varias hierbas con propiedades diferentes.
Fue casi igual con la prensa. O quizás en esa area fue mucho peor:
El fin de semana después de estos incidentes:
Ezequiel traía una caja de lo de Darío entre sus brazos, luego de pasar por un locutorio y contar sin lujo de detalles los últimos llamativos incidentes de Racoon a su familia: todo con puro sarcasmo sobre lo locos que están los americanos. El detalle estadístico de que la mayoría de asesinos seriales del mundo vivía en Estados Unidos no tranquilizaba a nadie, pero eso le daba a Ezequiel tela para cortar, inventando sarcasmos para narrarlo por teléfono.
Estando en medio de la acera un gracioso paso rápido cerca con su auto y lo salpicó con el agua de la calle. Lo empaparon totalmente.
-¡La concha de tu madre!
El bromista se fue, se oía su risa en la calle junto al motor del coche.
-Pero que hijo de la gran puta– mientras miraba como quedó, un poco empapado y embarrado.
Al llegar al bar entró por la trastienda, pidió por favor que lo dejaran cambiarse de atuendos y como lo dejaron marchó a casa a cambiarse. Las bromas pesadas de ese tipo, de imbeciles que se van sin afrontar las consecuencias, acababan rápido con su paciencia y lo volvían iracundo. Así que se le tensó el sentido del humor para el resto del día.
Volviendo al bar para cumplir su horario encontró a Chris entre los clientes, el cual tenía una cara de preocupación bastante larga mientras hablaba por el teléfono publico.
-No quiero que vengas hasta nuevo aviso, no me preguntes por que.–con tono preocupado– Sin peros, por favor Claire.
Cortó el teléfono luego de una charla que no parecía placentera. Se fue a sentar entre de Elza y su amiga Jill. Las caras de ambos STARS era muy 'largas' conforme trataban de ignorar la televisión. En esta se vía a un hombre obeso de bigote declarando ante varios micrófonos con sus logos respectivos:
-"... y entonces, como jefe del departamento de policía de esta ciudad, les informo que la conferencia de prensa en cuanto a este extraño suceso ha sido cancelada. El caso ya fue cerrado..."
En la barra de colores en la parte inferior a la pantalla inherente a los noticiarios se leía BRIAN IRONS.
No había mucho interés por parte de la mayoría de los clientes, personas que generalmente bebían para olvidar sus problemas (se notaba en sus desprolijos aspectos). Tampoco lo había por parte de los empleados de la tabernita.
-Hey, ¡¿tu eres uno de esos STARS!– pregunto en voz alta un joven de aspecto desprolijo que estaba al lado de otro que jugaba al Pinball.
-Sí, es uno de esos. Que asco que me dan, mis impuestos les pagan el sueldo, y resulta que se matan entre ellos.– increpó el joven de color que jugaba Pinball, y sacudió un poco la maquina.– ¿Acaso se fumaron la yerba de una de las mesetas?
-Déjalos, nos les hagas caso– le aconsejaba Jill.
Ezequiel oyó eso y se imaginó a unos STARS fumando marihuana y escuchando Bob Marley acostados en el suelo del bosque. Pero salió de esa imagen mental cuando José le tocó el hombro. El tío y 'jefe' del bar le hizo seña de que acercara la oreja. Empezaron a susurrarse:
-Escúchame Ezequiel... esos tipos del Pinball– señalando con la mirada a tales– estan tomando de más. Yo voy atrás a arreglar algo allá atrás. Si se ponen pesados SACALOS.
-Para, para... ¡¿Por qué yo!
-Baja la voz, imbecil... Porque tenes cuerpo de jugador de Rugby... ¡por eso!... pierde cuidado que tienen una borrachera que asusta.
José se retiró por la puerta trasera antes de que su sobrino pudiera asentir.
-Oye chiquita, deja a ese drogadicto y ven conmigo– el desprolijo le puso su mano en el hombro a Jill.
Ella lo empujó y el molesto casi se cae, evidenciando un estado de ebriedad.
-(Bueno... aquí vamos)...Hey, ya basta. Tu compórtate...– intervino Ezequiel– No molesten a los clientes.
Chris apoyo ambas manos en el mesón para pararse, pero desistió al ver que el tabernero latino tomo medidas.
-¡Cállate chicano!– le contestó un escandaloso.– dame otro vodka.
-No voy a cargarte más, mejor que te vayas– le contestó Ezequiel, con un enojo a punto de reventar.
-¡Dame un trago, mugroso!
-¡Ya basta!– Ezequiel pasó del otro lado del mostrador.
Tomo al casi ebrio del brazo y se disponía a llevarlo hasta afuera.
-¡Déjalo!– le dijo el otro joven poniéndosele en frente. Sólo fue pasado a un lado.
Ezequiel sacó afuera al borrachín, siendo este demasiado fácil de manipular. El otro lo tomó de la manga de la camisa
-Si no te gusta vete tu también– Ezequiel se sacudió y se quitó la mano.
-¡Fuera! – Chris se paró del banco, harto de la presencia de esos dos.
El molesto que quedaba se retiró, asustado por la altura del STARS.
-¡Ven aquí muerto de hambre!– se oyó de afuera.
A Ezequiel se le acabó la paciencia. Salió afuera a arreglar el asunto de forma poco sofisticada con esos dos. Se oyeron insultos, gritos y el cuerpo de alguien golpeando un tacho de basura metalico. Después de unos momentos entró Ezequiel, con el labio sangrando y una manga de la camisa rasgada. Lo miraron con cara de "¿Qué hiciste?"
-¡A uno lo deje con la basura, donde debe estar!– dijo al entrar.
-¿Quieres un aplauso?– le preguntó Elza sin voltear.
-La puta que te parió, ¡Que vengativa!– le contestó Ezequiel, recordando esa discusión de hace meses con esa cinta recurrente.
José volvía de la trastienda y vio a su sobrino en ese estado.
-Era de suponerse que te pasara.– fue lo primero que le dijo
-¡No me jodas que no estoy de humor!
-Mejor vete a casa.
Ezequiel tomo un par de sus cosas y se disponía a irse. Ya cerca de la puerta:
-Espera, tienes muy mal el labio– Jill se le acercó y le dio una servilleta, señalándole el labio.
Ezequiel se tocó la boca y se dio cuenta de esa herida.
-Puta madre. Bueno, gracias señorita.– tomó la servilleta.– Si quieres salir a darle patadas al borracho me haría otro favor.– luego de limpiarse.
-Dale unas por mí.–le contestó tratando de sonreír.
-Seguro, al menos es más considerada que "ciertas personas". Buenas noches
Ezequiel salió y escupió al tacho de basura donde todavía estaba el caído. Fue muy fácil derribarlo, sus reflejos estaban disminuidos por algunas copas de más. El otro se fue corriendo, luego de una reñida pero corta pelea. El argentino se dirigía al departamento. Se encontró con Michael, que caminaba en dirección contraria.
-¿Que tal?
-Mal, un día de mierda.
-¿Qué te paso en el labio? ¿Darío de nuevo?
-Nop... pregúntale al hijo de puta ese.– Ezequiel señalaba con el dedo al joven que noqueó.
-Na, en serio...
-Te cuento el lunes. Ah, y Sarah dice que vayamos al cine el domingo que viene...
-¿Y cual película vamos a ver?
-Me da igual, ella me ganó en las apuestas y me va a hacer pagar las entradas.
-JAJAJA, Bolodou.
-No debí enseñarte eso. Mejor me voy antes de que me dé por golpearte a ti también.
8 días después, a la salida de un multicine (principios de agosto):
Ezequiel, Sarah y Michael salían de ver una película de ciencia ficción. Ezequiel se perdió un poco de la película por culpa de su bronca de que el seleccionado argentino de fútbol fuera eliminado de la copa Mundial ´98 en los cuartos de final. Mientras caminaban charlaban:
-La reputa madre que te parió, Holanda. – pensaba.
-¿Así que no te gusta ir a bailar?– le preguntó Sarah a Ezequiel.
-No, pero rara vez voy, o más bien iba. Me parece una cagada eso de ir a bailar, con todos esos imbeciles que usan pastillitas estimulantes, hacer un sobreesfuerzo mental para inventar una forma original de sacudir el cuerpo...
-¡Pareces un viejo encasillador! Deberíamos ir a un buen lugar para que veas que...
-Déjalo para el sábado que viene. O ve con Michael, yo me quiero ir a casa.
-¿Y si vamos a un bar?– intervino Michael.
-¡¡Noooo, traicionaríamos el lugar donde trabajamos!– dijo Ezequiel a modo de broma.
-Bueno, vamos a mi casa a jugar póquer.
-Si Sarah no va te acompaño, me parece que hace trampa... ¡No te enojes Sarah! ¡es una broma!
Sarah le daba manotazos en el hombro.
-¡Para boluda!
-¡¿Qué dijiste!– preguntó ella.
-¡Que me duele, para! Una pregunta, ¿Se siguen vendiendo esas cajitas de voz donde presionas un botón y sale un insulto?
-¿Eso te vas a comprar?
-Quizás. ¿En que quieres que gaste? ¿En ver otra película aparatosa?
-La verdad que esa peli fue más de lo mismo ¿no?
-Sí, opino lo mismo.– participó Michael.
Sarah le dio un codazo a Michael y este recordó algo.
-Disculpen, acabo de recordar que tengo turno con el dentista, debo marcharme ahora por que mañana me tengo que levantar temprano.
-Pues ve con Dios.
-¡Hasta mañana!
-Y sólo quedamos los dos, ¿te acompaño hasta tu casa?– dijo Ezequiel dejando de saludar.
-Después, vamos a tomar algo.
-No, no me gustaría.
-¿Y entonces que quieres hacer?
-(¡DORMIR!) No quiero ser egoísta, pero como dije antes me quiero ir a casa. Si quieres puedes venir, pero te aseguro que te vas a aburrir.
Sarah se quedó callada un momento mirando a Ezequiel a los ojos. A él se le ocurrió que era una indirecta silenciosa para convencerlo de pagar unas cervezas.
-(Esta bien, ya te leí entre líneas. Mierda, que mala gana) Compremos unas cervezas y las tomamos mientras jugamos con la Playstation. Tomarlas en bar es muy caro...
-¡Nooooo!, ¡¿quieres dejar de tacañear?!
-OK, OK– dijo Ezequiel mostrando sus palmas hacia atrás en un signo de rendición.
Sarah y Ezequiel encaminaron en par tranquilos (el con cara de fastidiado). Ella iba a tomarlo de la mano pero él sacudió su cuerpo. Parecía ser el colmo de la idiotez y falta de sensibilidad del joven argentino, pero luego ella notó que fue porque le arrojaron una piedra que le dio en la espalda.
-¡¡Ahí esta el chicano del bar!– se oyó un grito a la distancia.
Con ese grito ya era muy evidente quienes eran: Los de la semana pasada, acompañados por al menos tres malvivientes más. Y los "proyectiles" seguían viniendo.
-¡¡La puta madre!. ¡Sarah, ve a llamar a la policía! ¡Nos separamos, que me quieren a mi!
-¡¡Pero...
-¡Dale, que no sé de lo que sean capaces!
Se pusieron a correr juntos pero se separaron en una esquina.
Ezequiel corría tocándose la nuca para ver si tenía sangre. Mientras avanzaba lo corrían cuatro jóvenes que se detenían cada tanto a arrojarles más piedras y botellas. Corrió cerca de cinco cuadras. No pudo encontrar un solo patrullero o persona que le ayudara. Podía sentir como los objetos contundentes impactaban tan cerca de él. Una botella le dio muy cerca y lo hizo caer al resbalar con los fragmentos. Con estos se lastimó una mano y una rodilla al levantarse desprevenida y apuradamente.
Para perderlos subió unas escaleras que encontró. Trató de pasar una puerta que daba al parque de Racoon. Estaba cerrada, así que la trepó. Como no pudo hacerlo rápido los perseguidores pudieron verlo y luego de tratar de atinarle unos piedrazos arrojándolos arriba de la puerta la treparon también.
Ezequiel corrió hacia su derecha y bajando las escaleras seguía pasando por un puente con forma de L en una laguna y un camino de tierra. Siguió hasta una puerta en una reja, la cual tenía una gruesa cadena con candado. Debió trepar de nuevo si no quería que lo alcanzaran y eso hizo. Podía oír unas amenazas y burlas:
-¡¡Ven que no te vamos a hacer nada!
-¡Saca la pistola!
-¡¡Cagón!
-'Como no voy a ser cagón en 4 a 1' – pensó Ezequiel en su escape.
Finalmente sus pies tocaron el otro lado de la reja. Empezaron a dispararle con un revolver .32, pero la reja lo salvó bloqueando los proyectiles, evidenciando los chispazos de las balas rebotando en tal. Corrió un poco y llegó a un puente que daba a un edificio que se veía bastante abandonado, parecido a una fabrica. Le pareció un buen lugar para esconderse o encontrar algo para defenderse (Un tubo, una botella) así que atravesó el puente y entró. Sin embargo, el edificio no estaba desocupado.
Mientras, los agresores cargaron el pequeño revolver y volaron el candado que mantenía la cadena en la puerta con un simple tiro cercano. Sacaron el hilo de pesados eslabones rápidamente y el primero (justo el que Ezequiel dejo tirado en la calle hace como una semana) subió las escaleras corriendo y divisó a ese joven con quien estaba tan resentido entrar al inmueble abandonado al otro lado del puente.
-¡Entro ahí! ¡Préstame el arma!
-¡Lo vamos a matar!– otro le hacía entrega del arma.
Atravesaron el puente, con el joven armado delante. Otro había tomado la cadena para usarla como cachiporra.
Ya adentro Ezequiel obedeció a alguien que le ordenó levantar las manos mientras lo apuntaban con una pistola.
-¡¿Policía! Ayúdeme, me persiguen unos locos...
-¡Quieto, al suelo, boca abajo y manos sobre la cabeza.
-¡Pero... estan allá afuera!
Le dispararon sin darle cerca de un pie, con la chispa y ruidos haciéndolo asustarse.
-¡¡Esta bien no dispare!– Ezequiel tomaba la posición que le ordenaron.
Un golpe sacudió la puerta, eran los perseguidores.
-¡Quietos!
El joven de revolver no estaba dispuesto a obedecer y disparó inmediatamente al guardia. Ezequiel se tapó las manos con la cabeza por el tiroteo que comenzó allí. El guardia derribó finalmente al delincuente, con unos tiros que dieron en el torso. Los demás que perseguían levantaron las manos. Otros guardias, también armados, llegaron y obligaron a los pandilleros a tomar la misma posición que Ezequiel.
-¡Yo no tengo antecedentes, me perseguían!
Los guardias que él creía agentes de la ley no le hacían caso. Los pusieron a todos contra la pared de una forma agresiva, golpeando sus torsos y caras de un empujón contra la pared. Entre las quejas e insultos de esos matones...
-¡Ya le dije que soy víctima!–insistía el argentino.
-¡Cállate puto!–le dijo un pandillero.
A los dos les golpearon la cabeza contra la pared. Finalmente los esposaron.
-¡Pero que buena caza!– dijo uno de los guardias.
Nadie de los cuatro capturados sabía lo que quisieron decir con eso, pero no parecía ser bueno.
-¡Les digo que estos me querían matar!– insistía todavía en su inocencia.
-Ay pendejo, ¿Qué tengo que hacer para que te calles?– le sacaron las esposas– dame tu identificación.
Ezequiel sacó sus documentos: una visa y el DNI.
-Esto es para que te des una idea de donde estas metido ahora– tomó los documentos de Ezequiel sin leerlos y sacó un encendedor, los prendió fuego y los dejó caer al suelo.
-¡¡¡¿Pero que haces, pelotudo!– el joven se puso a pisar sus documentos en llamas intentando apagarlos.
Al agacharse para agarrar lo que quedaba de ellos recibió una patada en la cara tan fuerte que lo hizo caer boca arriba. Empezó a tomarse la cara, sentía que le habían aflojado un diente. Lo levantaron del suelo y lo arrojaron contra la pared, sólo para volver a esposarlo.
-Aprendan de esto ustedes.– decía un guardia.
Otro empezó a usar su radio:
-Tenemos a otros conejillos de indias.
-Llévatelos a la zona de pruebas de BOWs, ahí hacen falta.
-Procedo, cambio y corto.– quitó el aparato de su oreja– vamos a dar un paseo.
Todos fueron dormidos con culatazos del rifle de uno de los guardias, uno por uno. A Ezequiel le tocó ultimo.
-Dios mío ¿en donde estoy metido?–pensó Ezequiel al ver como avanzaban "uno por uno".
*KLONK*
