En su habitación, la dulce Marinette se encontraba trabajando en algunos esbozos de una nueva chaqueta negra que buscaba realizar. Sus padres están en la panadería y Tikki en su hombro apreciando el trabajo en su cuaderno de bocetos. Sabía que algo le preocupaba, pero no quería presionarla, si deseaba hablar lo haría sin dudar, con convicción. Hacía era ella.
Termino su trabajo y cerró su libreta, tomando su diario y recostándose en la cama acomodándose para comenzar a escribir. La pequeña Tikki sobrevoló su cabeza y se sentó enfrente de ella. A pesar de que tenía la pluma en la mano y una página en blanco, la chica de coletas no parecía estar en ese lugar. Estaba absorta en sus pensamientos, perdida en esa artística y gran mente que tenía. En realidad toda la tarde no había dejado de pensar en aquella sensación de haber sido observada. Pero eso era ridículo, porque era cuidadosa. Siempre tendría que serlo se deseaba seguir protegiendo a todos, si deseaba seguir siendo Lady bug.
Tikki se levantó y le acarició un brazo con sus pequeñas manitas.
-¿Está todo bien Marinette?-
-si Tikki, todo está bien- no deseaba preocupar a su amiguita con ideas absurdas. No tenía sentido decir algo de lo que no estaba completamente segura. Le sonrió tratando de que con ello sus palabras tendrían mayor fuerza. Comenzó a escribir, tal y como había planeado sin percatarse que desde su balcón, encima de su cuarto una persona se deslizaba para dejar un presente.
La fuerza en sus piernas le sorprendió, siendo sincero consigo mismo su cuerpo jamás había sido atlético y ahora no podía creer la altura y velocidad que estaba alcanzando en aquellos momentos. Ni siquiera había pisado un tejado cuando su atención se movía hacia el segundo y así consecutivamente. Se sentía alerta, sus sentidos parecían estar más desarrollados y percibían todo a su alrededor. Nada se escaba de su vista, su olfato y su oído. Las conversaciones de las personas caminando. El zumbido de una abeja, todo parecía tener más color para él, y se sentía maravillado, extasiado hasta tal punto que le parecía imposible de creer.
Sin darse cuenta se estaba dirigiendo hacia la panadería cerca del colegio, en otras palabras, se encaminaba hacia la casa de Marinette. Se detuvo en un jardín de azotea y robo un pequeño tulipán rojo. Estaba decidido a mostrase ante ella, a dejarle ver que sabia su secreto, revelando también el suyo. De algun modo quería acercarse a ella, dejarse ver de una manera diferente al timido chico de la clase que perdia el tiempo dibujando. Diablos, tal vez algunos de sus dibujos habrían ayudado en ese momento. Mostrar la sonriente cara de su linda musa dibujada en todas las técnicas que conocía. Oleo, acuarela, carboncillo, colores, pasteles, solo por mencionar algunos.
Tres edificios mas y se dio un gran impulso para caer con una elegancia propia de un cazador sigiloso. Sus pies aterrizando en el pequeño y hermoso balcón de Marinette se le antojaba un sueño surrealista. Su musa se encontraba acostada en su cama, y una pequeña figurita flotaba a su alrededor. La misma a la que había visto cuando ella se había trasformado ante sus ojos. Peculiar y algo linda.
Le observó por unos instantes, deleitándose con su imagen y grabándola en su memoria. Cerró el puño sobre el tallo del tulipán. Deseaba tocar el tragaluz que daba hacia el dormitorio y hablar con ella, pero en el último momento se arrepintió.
-No, todavía no es el momento adecuado- tenía que conocerle de otra forma, en otro momento, cuando lo viera por primera vez tenía que ser de una manera diferente, en un ambiente donde el pudiera demostrar su valor. Besó el tulipán y le coloco delicadamente sobre la orilla del tragaluz, de tal manera que al abrirle seria lo primero que visualizara.
Brincó sin dejar alguna otra prueba de su presencia en ese sitio y pensó que todavía no era momento de ir a casa, por lo que se alejó hasta llegar a un tejado libre y sin curiosos para deleitarse con la puesta del sol. En cuando encontró uno que estaba hecho en dos aguas, se recostó en una de sus caras y comenzó a pensar.
El pequeño ser que estaba al lado de Marinette parecía ser la que le ayudaba a cambiar a su traje de Ladybug, si ese era el caso entonces era probable que el tal Chat Noir también tuviera uno, por lo que la pregunta que le azoraba era por qué a él no le había aparecido un ser similar para realizar su primera trasformación.
Retiro el guante de su mano en donde descansaba aquel zorro tallado de cuarzo, alzo su muñeca de tal manera que la piedra se ponía en contra luz, al hacerlo se percató de aquel punto que antes le había parecido muy diminuto ahora se veía como una flama vivaz y centellante. Mire fijamente, pensando que probablemente era solo producto de la luz o de mi imaginación, pero cuando le aparte de la luz, seguía viendo lo mismo.
Fue tan extraño, que se quitó de inmediato la pulsera, y el traje que antes había estado en su cuerpo se desvaneció para dejar sus ropas normales. La piedra se sentía tibia contra su palma, y aquella llama parecía abrir el cuarzo, dejando una grieta de luz en el medio. Cuando acuno la piedra entre sus dos palmas, la grieta incremento y de su interior comenzó a fluir polvo que se fue arremolinando hacia arriba en una espiral.
El polvo se condenso para dejar a su paso un diminuto ser de hermoso aspecto; era sumamente parecido al ser que estaba cerca de Marinette, pequeño y de rostro adorable, pero su color no era rojizo, sino anaranjado y una difusión de negro en sus manos y la punta de sus orejas que eran parecidas a las de un zorro. Estas combinaban con sus multiples colitas de zorro y cuando abrió los parpados, unos grandes ojos ambarinos observaron de manera curiosa a Natanael.
Ladeo la cabeza como si fuera un pequeño cachorro mirando por primera vez algo de su interés mientras Natanael se asombraba de aquello que acaba de ocurrir ante él. Sin alguna vez había tenido días extraños, el que estaba experimentando en aquel momento sin duda se llevaba todos los trofeos de primer lugar. El ser que estaba flotando enfrente suyo era, posiblemente, el porqué de su trasformación, pero ¿Por qué no se había aparecido antes? El chico se sintió algo tímido cuando aquella criaturita se acercó para examinarlo mejor e invadió su espacio personal. Retrocedió sin acordarse de donde se encontraba, hasta que sus manos se tallaron con una teja salida de su lugar.
Maldijo por lo bajo mientras se examinaba la herida, y para su sorpresa escucho una cantarina risa que provenía de aquel ser.
-sabía que esto sería divertido- de inmediato Natanael reconoció la voz. Era la misma que le había hablado en la galería. La misma voz que le había preguntado si desea proteger a Marinette.
-¿Qué eres?- su pregunta salió rápida y contundente, llena de confianza que no sentía del todo.
La criatura dio una voltereta sobre si antes de moverse en una inclinación sutil y elegante, extendiendo un brazo hacia atrás y poniendo el otro sobre el pecho.
-Mi nombre es Akai, un placer conocerte finalmente, joven enamorado- alzo su cabeza y le dio un guiño juguetón al chico que de inmediato se ruborizo al entender que aquella criatura conocía sus sentimientos por la chica de coletas.- y me gustaría mas ser un quien antes que un qué, no se tu pero personalmente los que son para objetos, y estoy bastante seguro que no lo soy.
Las palabras estaban atoradas en la garganta, no sabía que decir o hacer ¿Tenía una especie de ritual aquello? ¿Alguna palabra mágica o algo por el estilo? Se sentía realmente confundido. No sabía nada en esta área, y dudaba que alguien más lo supiera a ciencia cierta. Otra vez la invasión de espacio temporal lo sacó rápidamente de sus pensamientos.
-vaya, parece que ya no tienes habla, pensé que serias más parlanchín- cruzo sus manitas y siguió viéndole con sus curiosos ojos, esperando una respuesta. Natanael trajo saliva y se esforzó por encontrar su voz, tenía que hacerlo si deseaba darse a entender y preguntar todas las dudas que tenía al respecto.
-lo…. Lo siento….yo… yo….- le estaba costando mas de lo que creía.
-vaya, creo que te he dejado mudo- su manita se toca su barbilla y retrocede unos centímetros, tratando de darle su espacio- me disculpo por eso, hace mucho que no había despertado, por lo tanto mis modales se encuentran un poco oxidados, empecemos desde el principio, ¿Cuál es tu nombre?
-me… me llamo… Na…Natanael- odiaba el tartamudear cuando estaba nervioso.
-bien, tu eres Natanael, yo soy Akai ¿Sabes acaso lo que soy?- al ver la negación de la cabella del chico de cabello rojizo, hizo una mueca de asentimiento- bien, soy un kwami y desperté porque pude sentir la conexión con tus emociones hey ¿te encuentras bien?
Natanael asentía completamente pálido, no le tenía miedo a Akai, sino que se sentía curioso por lo que acababa de decir ¿sus sentimientos?, sin embargo aquello que lo puso de tan mal estado fue sentirse deslizar por las tejas y recordar que al menos estab metros por encima del suelo, lo cual podría ser el indicio de una dolorosa caída. Su mirada se fue directo a la orilla, que no estaba a más de dos metros. El kwami dirigió su mirada a donde había ido la del chico y comprendió que lo perturbaba.
-rápido, ponte la pulsera, esta conversación tiene que esperar hasta que estés en casa- dijo. Natanael se apresuró, incluso con la raspadura en la mano, amarrándose la correa y dejando el pendiente colgando. Pero no pasó nada en ese momento. Miro a su pequeño acompañante sin saber qué hacer.
-ahora tienes que decir: "Akai, transfórmame"-
-Akai, transfórmame- la voz fue débil, casi un hilo de voz más que una exclamación fuerte, pero era suficiente para que el pequeño kwami se introdujera nuevamente en el cuarzo y diera al chico la apariencia de Firefox.
En cuanto tuvo de vuelta el traje anaranjado. Natanael se levantó a escasos treinta centímetros de la orilla y saltó a la esquina del siguiente tejado, se movió con destreza y agilidad entre ellos. Como si en realidad tuviera años haciendo aquello. Se encaminó a la ventana de su habitación. Aun seguía abierta, se deslizo por ella y tras ver su traje reflejado, se quitó la pulsera para dejar atrás a Fire Fox y ser solo Natanael. Ahora la aparición de Akai había sido más rápida. Este en vez de ir directo al chico, se maravilló con aquel cuarto-estudio de arte que tenía múltiples libretas, oleos, dibujos a lápiz y papel y la mesa de trabajo en la que tantas horas de desvelo había tenido el chico de cabello rojizo.
Mientras tanto, Natanael se sentó en la orilla de la cama tratando de asimilar el día tan peculiar que había experimentado. Ya había oscurecido, y el tiempo le había parecido pasar demasiado rápido. Cuando Akai acabo de mover todo y ver todo, regreso enfrente de él, pero no dijo nada, solo le observo con sus grandes ojos y su cabecita ladeada.
-¿quieres hablar?- pregunto finalmente. El pequeño artista negó con la cabeza y se desplomo en su colchón mientras se cubría los ojos con sus manos. El kwami voló hacia un lado confortable de la cama y se dejo caer con cuidado, sintiendo la textura.
- sólo quiero dormir- dijo, quitándose la mano miro hasta ubicar donde estaba la criaturita- pero, si duermo ¿seguirás aquí mañana?- le miro con incertidumbre, pensando que aquello podía ser probablemente un sueño, y que cuando se despertara, todo habría acabado y regresaría su vida escolar normal.
-no tengo un mejor lugar al que ir- intento bromear Akai, pero cuando comprendió que el chico hablaba en serio, dejo las bromas- descansa, si es lo que necesitas, yo estaré aquí mañana por la mañana y hablaremos si eso es lo que quieres. – Natanael suspiro profundo y volvió a cerrar los ojos y por su parte Akai busco un lugar en el extremo de la cama para dormir fuera del cuarzo desde… 200 o 300 años. No estaba seguro de la cantidad de años que habían pasado desde que quedo encerrado en el cuarzo.
Pronto comenzaron a escucharse respiraciones acompasadas, cada quien perdido en sus pensamientos y recuerdos, sumidos en el mundo de los sueños.
Antes de dormir, Ladybug acostumbrara a realizar una ronda por todo Paris. Le tranquilizaba ver segura a la ciudad. Mirar como las madres acostaban a sus hijos y como todos comenzaban a descansar a la espera de un nuevo día, un nuevo comienzo. Junto con Tikki alzo el tragaluz que daba a su alcoba y descubrió un misterioso objeto.
Un hermoso tulipán rojo descansaba frente a sus ojos en el suelo, sin ninguna nota o algo que indicara de quien procedía. ¿Cómo había llegado aquello a ese lugar? ¿Era para ella?
-¿Qué es eso?- Pregunto Tikki cuando vio como cogía Marinette el tulipán para admirarlo mejor.- es una flor, pero ¿Quién la ha dejado aquí?- se preguntó mientras se alzaba un poco más en el aire por si observaba alguien sospechoso cerca. Pero era imposible de ver con la luz de luna como única fuente para ver.
-no lo sé Tikki, pero sin duda es hermosa- la admiro una vez más, y entonces decidió regresar y acomodarla en el escritorio antes de irse, ya luego se encargaría de saber cómo aquel objeto había llegado a su balcón. Pero ahora necesitaba hacer algo. Regreso al balcón, cerrando el tragaluz detrás de ella, mirando a TIkki decidida. Al mencionar las palabras, Tikki se integró a sus aretes y se transformó en Ladybug.
Brinco de inmediato al siguiente tejado y sobrevoló Paris, pasando por la ventana abierta de una habitación sin darse cuenta. Porque si lo hubiese hecho, sabría que dentro estaba el chico que aquella tarde había dejado el regalo en su balcón. Sabría que en esos momentos estaba durmiendo y que cerca de este un nuevo kwami había despertado.
Nota de la autora:
Siento que no tenga una fecha fija para actualizar, pero prometo hacerlo constantemente y no dejar pasar mucho tiempo entre la publicación entre uno y otro capítulo. Gracias a todos por sus comentarios y el apoyo que le dan a esta pequeña y loca historia que comienza a tomar forma en mi cabeza y que las palabras me dejan expresar.
Espero seguir viendo más y más sus comentarios, no saben lo mucho que significan para mí.
