Pues…. Lo siento, en verdad no existe manera de perdón. Sé que he retrasado tanto esta actualización, pero al inicio llevaba un rumbo y a última hora lo he cambiado. Así que me ha obligado a cambiar todo lo avanzado.
Aquí los dejo con la actualización y espero que les guste. No quiero adelantar para cuando el tercero, pero es que no quiero mentir así que espero que sea pronto.
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El sonido de los cascos de los caballos y los murmullos de los comentarios de los guardias era lo único que se escucha en el camino, el rey junto a las dos princesas viajaban en el carruaje real que el rey de Hogwarts había enviado para ellos.
El rey de Ravenclaw iba muy alerta observando todo a su alrededor, Ariadna le vio inquieto, en un inicio pensó que era normal por la noticia recibida, pero algunos detalles inusuales captaron su atención: escondida entre su ropa asomaba la espada, descubrió que una hoja de metal correspondiente a una daga estaba ubicada en la bota, finalmente se dio cuenta que debajo de las ropas reales asomaba en su cuello la cota de maya.
¿Qué estaría pasando en realidad?, su tío se percató que ella le miraba detenidamente, le sonrió. Ariadna con la mirada le señalo la daga, Ron desvió la mirada hacia donde le señalaba su sobrina, rápidamente con su capa cubrió el arma y le devolvió nuevamente la mirada. Ella le interrogo y sin llamar la atención con el movimiento de su cabeza negó, suspiró y volvió a mirar a través de las ventanas.
La oji azul, volvió la mirada a su prima quien se miraba muy triste, entendía la situación, se acercaba el segundo aniversario de la muerte de su madre, ella lo había pasado tan mal… y tenía que revivir nuevamente esa situación. Ariadna se acercó a ella y le tomó una de sus manos, Lyra le devolvió la mirada y le sonrió.
Las trompetas que anunciaban la llegada a Slytheryn se hicieron sonar, Ron suspiró aliviado al verse ya protegido en los muros del reino, se relajó y dedicó una sonrisa a su hija y sobrina que estaban frente a él.
El comité de bienvenida era bastante pequeño, era conformado por el consejero del reino de Slytheryn, su hermano Arthur y los escuderos encargados de los equipajes que junto a las damas de compañía ubicarían en las habitaciones a los visitantes.
Las mujeres descendieron primero del carruaje, siendo ayudadas por Arthur. El joven bastante alto para su edad y con cuerpo definido, aparentaba más edad y no el hermano menor de Ariadna. Su cabello rojizo oscuro y hermosos ojos verdes como los de su padre en este momento mostraban tristeza y no la vivaz alegría de siempre.
Su tío abrazó a su hermano e inmediatamente entró al castillo, Dejando a los tres jóvenes en la entrada. -Hola Arthur- la rubia saludó a su primo con un fuerte abrazo.
-Hola Lyra- dijo el joven soltándose del abrazo de su prima -¿y tú no piensas saludar enana?-
-ja ja, que gracioso- dijo su hermana, abrazando a su hermano. A pesar que ella era la mayor, Arthur era tan alto como su padre. –me imagino que todos están junto a Hermione- su hermano suspiró y abrazó con más fuerza a su hermana.
-Es bastante difícil para todos, obviamente más para ella y Baltazar- Arthur se separó de su hermana los tres se adentraron al castillo. La entrada estaba llena de antorchas que iluminaban todo el salón principal, donde el cuerpo del rey se encontraba custodiado por algunos guardias y a su lado una Hermione que en este momento era consolada por Ron.
Lyra se puso muy nerviosa y tomó rápidamente el brazo de Arthur, mientras Harry y Ginny observaban la escena conmovidos, un par de lágrimas se escaparon de los ojos de la reina pelirroja, los limpio rápidamente al ver a sus hijos en la entrada y les sonrió.
Ariadna se acercó rápidamente a su madre para abrazarla, sabía lo duro que era para sus padres, ya que Draco y Hermione eran sus grandes amigos. Lyra junto a Arthur se acercaron despacio, Harry se acercó para abrazar a su sobrina y saludarla, se soltaron para intercambiar el abrazo de Lyra con su tía y de Ariadna con su padre.
-¿Dónde está Baltazar?- preguntó en un susurro Arthur a su padre, el rey solo negó con su cabeza. Arthur maldijo por lo bajo siendo observado atentamente por su hermana.
-¿Qué le pasa a Baltazar?- preguntó curiosa Lyra, Ariadna miró atentamente la comunicación de miradas entre su padre y su hermano, pero antes que alguno de los dos dijera algo, una llorosa Hermione con una sonrisa en sus labios y aun siendo abrazada por Ron se acercaba a ellos.
Ariadna se acercó a Hermione y de manera muy respetuosa le realizó una inclinación en forma de saludo –Lamento mucho su perdida Alteza- dijo con formalidad. La reina la miró con dulzura, se acercó a ella y la abrazó.
-¡Mírate! Eres toda una mujer- le dijo a su oído, Ariadna estaba tan sorprendida por el recibimiento de la reina. -Hace mucho que no nos visitabas- los últimos viajes que hizo con sus padres los realizó en Gryfindor y Huflepuff, después de eso volvió a Ravenclaw con su prima a donde viajaba cada año para estar con ella.
-Lo siento- logró susurrar, la miró con mayor detalle. Su rostro dulce y triste, pero que aun así, que adornaba una tierna sonrisa para ella. Se giró para ver a la hija de Ron que aún estaba agarrada del brazo de Arthur.
-Lyra, eres tan hermosa como tu madre- Lyra le dio un abrazo a la reina quien también le correspondió.
-lo siento alteza- la rubia estaba tan sensible que no pudo evitar derramar unas lágrimas.
-Gracias linda- miró a todos los presentes y su mirada rápidamente se entristeció y regresó a ver a los recién llegados -disculpen a mi hijo, no lo está pasando muy bien tampoco. Ya casi anochece, los sirvientes les llevaran a sus habitaciones para que puedan descansar.-
-Tú también deberías hacerlo Hermione- habló Harry con firmeza –yo esperaré a Baltazar cuando regrese del pueblo. Hay algunas cosas que mi ahijado debe comenzar a cambiar-le dedicó una mirada firme a su amiga. Hermione suspiró resignada y asintió, les dedico una breve sonrisa a los jóvenes y llamó a uno de los criados que les llevó a cada uno a sus habitaciones.
Mientras iban por los pasillos del castillo, Ariadna aprovechó para acercarse a su hermano. -¿Dónde está Baltazar?- Arthur la miró de reojo y continuó caminando a su lado.
-todos procesamos el dolor de manera diferente y parece que él ha encontrado el escape en ciertos… brazos femeninos- Ariadna sintió que el rubor se le subía un poco al rostro al entender las palabras de su hermano. Parecía que la reputación de "mujeriego" de Baltazar era cierta.
-Espero que papá pueda ayudarle- dijo de manera empática. Caminaron en silencio hasta detenerse frente a una puerta de roble.
-Esta es la habitación que compartirán ustedes- Lyra abrió la puerta y encontró una amplia habitación, que contenía dos camas con doseles y una amplia chimenea que en este momento daba calor a la habitación. Los sirvientes dejaron las maletas de las princesas dentro. –que descansen, nos vemos mañana- Arthur se despidió de las jóvenes y salió.
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Buscaba entre las habitaciones la biblioteca, hacía tantos años que no visitaba el lugar que creía haberse perdido. Pero de una cosa estaba segura, la encontraría. Necesitaba distraerse un momento, tenía entre sus manos el libro que aún no terminaba de leer y que comenzó antes del viaje en casa de Lyra. El dolor que se percibía en el ambiente era muy fuerte y sentía que la envolvía una espiral de tristeza, las paredes se sentían frías y la oscuridad despedía una neblina siniestra. Sabía que debía prepararse para el día de mañana, en que posiblemente sus padres y hermano quebrarían esa fortaleza que se habían estado guardando para apoyar a la reina.
Encontró una puerta que no estaba cerrada con llave, la abrió con cuidado esperando no encontrarse con la habitación de algunos de los residentes. Estaba a oscuras, pero al final del cuarto, se asomaba la luz de la luna por una ventana. ¡Era perfecto!
Entró al lugar, caminó despacio para no tropezar con algunos de los objetos del lugar. Pero no tuvo tan buena suerte al tropezar con algo que la hizo caer.
-¡Auch!- se quejó y se giró para observar mejor lo que la había hecho estrellarse con el suelo.
-¿Estás bien?- la voz de un joven se escuchó en la oscuridad, que se puso de pie rápidamente. Había tropezado en su pierna. Se acercó y le dio la mano para ayudarla a levantarse.
-Gracias- Ariadna se sacudió su vestido, y lo acomodó. Con su mirada aun en el suelo buscaba su libro que cayó de sus brazos, lo vio a lo lejos cerca del rayo de luz. El joven con quien había tropezado se le adelantó y lo recogió. La luz dio directamente en su cabello rubio, sus hombros anchos y tan alto como su hermano Arthur, se giró y unos hermosos ojos grises le devolvieron la mirada.
-¿Ariadna?- se quedó de piedra al ver al joven que pronunció su nombre, no pudo evitar sentir que su cara se ponía caliente –Soy Baltazar- la comprensión llegó a los ojos de la joven, el príncipe perdido había aparecido.
-¡Oh!- dijo la oji azul -hola-, "¿hola? Que elocuente Ary" –digo… discúlpame, me asustaste y no esperaba encontrar a nadie aquí- el príncipe, le sonrió de lado. Le entregó el libro que había caído de las manos de ella. Quien lo tomó de manera posesiva pegándolo a su pecho.
-tampoco esperaba que alguien entrara aquí- sacó dos piedras de su bolsillo, se acercó a la pared junto a una antorcha y golpeo las piedras entre ellas generando algunas chispas que lograron encenderla rápidamente.
-¿estás bien?- Cuando se iluminó la habitación, Ariadna pudo observar mejor a Baltazar, había cambiado tanto… Sus facciones eran más maduras, su mandíbula cuadrada y con cierta sombra de quien no se había afeitado, sus ojos grises no mostraban nada de la alegría de años anteriores y unas enormes marcas oscuras le adornaban, parecía que no había dormido en días. Pero era obvio, su padre había muerto dos días atrás.
-lamento mucho lo de tu padre- dijo despacio la oji azul.
-gracias- dijo automáticamente y se acercó a ella para verla bien –ha pasado mucho tiempo Ariadna, perdona que no estuviera ahí para recibirles-
-no te preocupes, pero… ¿Qué haces aquí?- dijo la mujer con mirada interrogante.
-aquí vivo- dijo sonriéndole de lado y cruzando los brazos en su pecho. Ariadna rodó los ojos ante la respuesta.
-Pasar tanto tiempo con mi hermano te está afectando- dijo seria –esa respuesta es justo la que él me daría; no me refiero a eso…- pero el joven no le dejó terminar y le contestó.
-ya sé a qué te refieres- y mantuvo su sonrisa –Al igual que tú, buscaba un lugar tranquilo- se separó de ella caminando hacia la ventana con una seriedad que no había puesto antes y se apoyó en ella viendo hacia el cielo.
-Mi padre está esperándote… o al menos es lo que entendí- dijo acercándose un poco - y…-no sabía si comentar lo que su hermano le había dicho momentos antes. Él le regresó la vista de manera interrogante. Pero ella había decidido callar.
-Voy a buscarle entonces- pasó a su lado sin dirigirle la mirada, se detuvo en la puerta y se giró para verla -…me alegra que hayas venido y…- pareció dudar, sonrió y continuó –Te ves muy bien Ary- y salió cerrando la puerta tras él y dejando a una sonrojada joven en la habitación.
