NA: ¡Saludos universo!
A petición de mis lectores, a quienes mi falta de memoria no me permite nombrar pero no olvidar sus comentarios, la continuación de este fanfic/ one shot/ sepa Dios qué XD
Como lo puse en la descripción, será una colección de viñetas de este singular y adorable - a su muy particular estilo - personaje :D
Espero les guste esta nueva entrega.
Quiero agradecer a quienes me motivaron a continuar este proyecto y a mi Beta Reader Daniela Ibarra que siempre es la primera en darle el visto bueno.
Sin más, disfruten.
Gracias por leer y comentar.
Baño
Lo habías escuchado alguna vez por parte de Carla en alguna de sus conversaciones. Lo dijo sin reparara que tal vez esa era información que una desconocida como tú no debería saber; y ahí estaba: Sumergido hasta el cuello en el agua de la tina, tan relajado que parecía inofensivo. Shin gustaba de tomar baños largos.
Se te había ocurrido ocupar el baño más grande del castillo, pues la tina que poesía era tan grande que te pareció bueno tomar un baño ahí aunque tu habitación contara con una de menor tamaño. Cuando encontraste al chico, te quedaste petrificada deliberando si salir o pedirle que desocupara el baño. La respuesta era obvia: emprender la graciosa huida era mejor opción.
Resignada a tomar un baño en la pequeña tina de tu cuarto te ibas a retirar, no obstante la voz de Shin detuvo tus pasos a una distancia mínima de la puerta
-Tú… ¿Qué haces aquí? –
Diste un respingo y volviéndote sobre tus pisadas con los nervios sacudiéndote como una hoja respondiste:
-¡N-nada! Sólo iba a t-tomar y un baño pero
-Está bien – te interrumpió y abrió los ojos. Sin verte se había percatado de tu presencia. Se incorporó en la tina e hizo remover el agua, la cual soltó un ligero aroma a nuez y violetas – Toma tu baño…
Después de eso, ya no fuiste tan consciente de lo ocurrido. Sólo fue cuestión de segundos para que el chico sujetara tu brazo y con su descomunal fuerza hiciera que cayeras dentro de la bañera. Jamás debiste bajar la guardia, menos ante Tsukinami Shin. Carla era sádico pero razonable. Shin era fuerza bruta en todos los sentidos. Sumergida en el agua, diste un par de manotazos desesperados antes de salir a respirar con una bocanada de aire grande a la que siguieron unos espasmos de tos. Casi te ahogabas.
Tan pronto como volviste al mundo real, la sonora carcajada del muchacho era lo único que abarcaba el espacio y de fondo el gotear del agua. Lo viste con esa sonrisa ladina y orgullosa. La expresión de éxtasis al haberte engañado y metido en otra de sus habituales travesuras.
Te encogiste temerosa en el otro extremo de la tina. En tanto el alzó las cejas y anchó la sonrisa descarada antes de decir:
-¿Qué? ¿No quería tomar un baño? ¡Ya lo estás tomando! – chapoteó el agua con ambas manos y esta voló fuera de la tina. Tu mirada lo fulminó. Era verdad lo del baño pero no de esa manera. No con él haciéndote sus tontas bromas.
-El agua está muy fría – comentaste sin mucho ánimo mientras tiritabas. Ahora estabas empapada de pies a cabeza junto con tu ropa, y él en aquella agua helada había pasado horas desnudo como si nada.
Dubitó unos momentos y luego se fue acercando a ti, ¿qué pretendía?
-Te quejas mucho – te dijo y te cerró toda escapatoria dentro de la bañera – Yo todavía que te compartí el baño – su voz sonó como si se tratara de un puchero.
-¡Déjame ir! – hiciste intento por escapar
-¡¿A dónde vas?! – Te retuvo entre sus fuertes brazos en tanto te movías como pez fuera del agua. Lucharon por unos momentos pero la diferencia de fuerza era clara. Cuando no pudiste moverte más, te encontrabas casi debajo de su cuerpo. Su rostro se encontró con el tuyo y sus ojos no expresaban otra cosa que sus ansias de probar tu sangre.
El sonido del agua goteando de sus cuerpos, la tina y de las paredes componía una canción solitaria. El húmedo ambiente sofocaba tu respiración, a parte de la lucha que sostuviste con él por buscar tu libertad pero sin éxito.
-Eres una molestia – recorrió tu cuello con su mirada, luego tus hombros y pecho – Voy a darte una lección para que dejes de serlo
Un par de tirones a tu blusa y esta ya estaba hecha girones exponiendo tu piel a los colmillos del muchacho, quien no se tomó un segundo más y los clavó en tu cuello haciendo crujir tu joven piel. Un quejido suave salió de tu garganta y flotó en el ambiente mientras tus temblorosas manos se afirmaron de los hombros del chico en un fútil intento por apartarlo. En el silencio, podías percibir como succionaba tu sangre. Un segundo mordisco, esta vez cerca de tu pecho. Tu dolor aumentaba pero parecía que el fundador disfrutaba del sufrimiento ajeno y sobre todo del tuyo.
Hiciste un intento más por quitártelo de encima, y aunque eso supuso sentir un ardor y un dolor peor que el que sentías, lo apartaste empujándolo de sus hombros con las pocas fuerzas que te restaban. Sus miradas se cruzaron. Luego pudiste ver como un delgado hilillo carmesí se deslizaba de la comisura de sus labios y dejó escapar una gota de sangre que cayó grácil al agua diluyéndose. El chico se relamió la boca y se limpió los restos de tu sangre con la lengua. Sabías lo que venía cuando sus fríos y ambarinos orbes se fijaron en ti con una expresión tan desalmaba que paralizaría a cualquiera. Quisiste huir saliendo de la bañera pero fue inútil. Tiró de tu pie y te colocó debajo suyo antes de tomar con absoluto sadismo tu cuello y hundir tu cabeza violentamente en el agua hasta que esta dio con el fondo de la tina. El agua se hizo turbulenta con el forcejeo.
-¡Muy lista! – lo escuchaste decir en el fondo - ¡Pero esta sí me la pagas!
Tus manos tomaron sus brazos para intentar quitarlo y que te permitiera salir. Pataleabas con desesperación, necesitabas aire ya. Cuando no pudiste más, el agua empezó a entrar a voluntad hacia tus pulmones. Unas pequeñas burbujas ascendieron lento hacia la superficie pero él seguía. No tenía intenciones de parar.
-¿Qué tal ahora, eh? – te comentó y amplió su sonrisa sádica – Intenta salir si puedes – la carcajada sarcástica resonó para ti en el agua y se te clavó cruel en el pecho. ¿Por qué Shin era así contigo?, ¿Qué había pasado con el chico que buscó refugio en tu cuerpo la noche anterior?
Pronto, todo comenzó a ser borroso para tu vista y confuso para el resto de tus sentidos. La voz de Shin se hacía cada vez más y más lejana, y la imagen de su cuerpo y rostro a través del agua se volvía turbia. Las fuerzas te fueron abandonando de a poco hasta que todo tu cuerpo se sintió ligero como una pluma. Se te escaparon unas tibias lágrimas que se fundieron con el resto del agua fría. ¿Era así como terminaría? ¿Por qué a pesar de todo no podías odiarlo? En cierta ocasión escuchaste que no hay mayor satisfacción que morir a manos de quien amas… ¿esa era acaso tu situación?
Shin se estaba divirtiendo como crío con tus desesperados intentos por salir del agua. Mientras te seguía instando a que lo retaras como lo hiciste al apartarlo cuando él bebía de tu sangre, no paraba de burlarse de tu debilidad. Sin embargo, la sonrisita burlona se le borró cuando observó tus ojos y los vio perder ese brillo que poseían. Eso que tú, como humana tenías y que no había visto en nadie más. Cuando se percató de que tus manos ya no ejercían fuerza en sus brazos, que ahora tus piernas estaban inmóviles y que tu mirada se había convertido en algo vacio y sin vida, supo que debía parar. Liberó tu cuello de su agarre esperando que, en tu desesperación por tomar aire, salieras pero no sucedió. No al instante.
Temió lo peor, y si era así, no sabía cómo explicar la situación a Carla. Su jueguecito, como siempre, se la había salido de control. Observó tu cuerpo inerte como el de una muñeca con la esperanza de que le dieras señales de vida. Tragó saliva, tenso ante la situación. Si ahora tú le estabas jugando una broma, te estaba saliendo muy bien. Por un instante se sintió impulsado a ser él el que sacara tu cuerpo de la tina y viera la manera de hacerte vivir de nueva cuenta. ¿Cómo se llamaba eso? , pensó. ¿Remordimientos?
Para su fortuna – si cabía esa expresión en este caso - un impulso violento te incorporó de golpe en la bañera, arrojando gran parte del agua fuera de esta, y una segunda bocanada de aire le hizo saber que habías reaccionado. Hiperventilando entre fuertes espasmos de tos volviste en ti y vomitaste un poco del agua que sin desearlo habías ingerido. Enseguida te alejaste de él moviéndote al otro extremo de la tina para evitar un tercer ataque. El golpeteo de agua fue el único sonido que acompañó esa acción.
No obstante, el muchacho salió de la tina y buscó una toalla con la cual secarse. Tú ovillada ahí ni siquiera lo miraste. Una vez que se hubo secado, se anudó una toalla a la cadera y colocó otra sobre su cabeza y sentenció con tono altanero:
-Espero te sirva de lección… - después de eso, salió de la habitación.
En la soledad, suspiraste aliviada de que la tortura por ese día hubiese terminado. Sin embargo, consciente de que estuviste a punto de morir y de que, sin importar lo que hicieras, Shin siempre te trataba de esa forma, rompiste a llorar como un niño al que le han abandonado. Tus lágrimas cubrieron tu rostro, ya de por sí húmedo, y los espasmos de llanto pasaron a tomar lugar en tu pecho en tanto te quedaste abrazándote a ti misma en aquel sitio.
Shin, por su lado, se había quedado detrás de la puerta esperando escuchar tus acostumbrados reclamos a su nula gentileza. Quería un poco más de diversión. Empero, cuando escuchó tu llanto, que más que eso, era un plañido desgarrador; una parte de él quiso burlarse desdeñosamente de tu debilidad y otra sintió un pinchazo en el pecho, justo del lado izquierdo. Sus labios marcaros apenas una perceptible sonrisa, una muy sutil, que de inmediato desapareció y otorgó su puesto a un rictus serio que ocultó con los extremos de la toalla que tenía en la cabeza. Apretó el puño de su diestra con cierta rabia mientras sintió que dos graciosas gotas de agua que resbalaron de sus rojizos cabellos mojaron sus desnudos pies.
Por primera vez en toda du vida, Shin sintió algo diferente a la sensación de superioridad que le otorgaba sus juegos crueles. Esta vez se sintió un idiota, el más grande de todos.
¿Por qué se sentía así? ¿Qué era diferente de otras veces? Separados por una simple puerta, dos mundos diferentes y turbulentos trataban de acercarse de forma torpe.
