Hola a todos!..Aquí empiezo una nueva historia…un Gerita…mi primer fan fic de la pareja…una de mis favoritas…..sé que tengo otros proyectos….pero estoy de vacaciones y tengo mucho tiempo…no voy a descuidar ninguno…..lo prometo….sino mi cabeza envuelta en papel de regalo….otra vez….
Es una historia ubicada en 1944 en un pueblo de italiano, no donde vivía Marco en su humilde morada. Éste está ocupado por los Nazis para evitar el avance de las Fuerzas Aliadas, Aquí esta Feliciano quien se encuentra con Alemania, quien es un soldado herido al cual no deja regresar donde su batallón pues vive solo en todo el lugar.
Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Himayura Hidekaz, yo sólo los tomo prestados para mi propia diversión…y la de los que leen esto…
Nota: Universo no tan Alterno, algunas malas palabras….y eso….ah sí….usaré los nombres humanos de cada país….
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El alemán trató de zafarse del italiano. Logro hacerlo pero cuando trató de dar unos cuantos pasos, sintió un dolor punzante en el tobillo derecho. Al parecer se lo había doblado.
-Maldición, ¿dónde está tu casa?.-le preguntó Ludwig a Feliciano.
-Es esa.-éste señaló la casona del orfanatorio. –Te ayudo, ve.-el chico dejó que lo usaran de muleta. Entre las elevaciones y depresiones del terreno, el cual se había convertido en barro, lograron llegar a la edificación. Se notaba que había sido abandonada. Todo estaba lleno de polvo y las pocas cosas que quedaban estaban casi destruidas. Por los huecos del techo se filtraba el agua de la lluvia que no paraba. No era un lugar muy grande. Sólo tenía una cocina, un comedor, una habitación común donde dormían todos los niños apretujados y otra más para las monjas.
-Este es mi cuarto, ve. Puedes usar mi cama. Traeré comida.-Feliciano dejó al alemán solo en la habitación.
Había tomado la que utilizaban las religiosas. Era la única donde había una cama. Los niños dormían en una especie de barracas apiñadas. Ludwig vio alrededor. Había cuadros de santos en las paredes y una repisa llena de libros en latín. También había un armario, el cual abrió esperando encontrar algo con qué vendarse el pie. Ahí guardaban los implementos de tortura. Látigos, piedras afiladas y cinturones con púas. Eso es lo único que pudo encontrar.
-No te muevas, ve. Vas a lastimarte más el pie.-chilló Feliciano parado en la puerta de la habitación. Llevaba una charola con una jarra y un plato de comida, algo que parecía ser carne seca y un pedazo de pan.
Ludwig se sentó en la cama para poder comer. Definitivamente la comida que había en la base era mejor, pero no se iba a quejar.
-Toma. Tengo un cubierto, no comas con la mano, ve.-el chico le extendió un tenedor de los que había cogido más temprano.
-Gracias.-Ludwig se sentía incómodo. Mientras ingería los alimentos, Feliciano no dejaba de mirarlo, como escudriñando cada centímetro de su ser.
-¿Por qué no te pones otra camisa?...Vas a resfriarte.- exclamó el alemán tratando de distraerlo.
-No tengo otra. La que te di era la única que tenía. Tendría que salir a buscar otra, ve.-agregó el chico sin dejar de sonreír. Hacía mucho frío y estaba húmedo pero él no se quejaba. Ludwig miró la tela manchada con sangre. Se sacó la chamarra que tenía puesta con cuidado de no dañar su brazo. Se la cedió a Feliciano.
-¿Ve?-lo miró el italiano cómo si no entendiera.
-Póntela, no vayas a terminar enfermando.
-Ludwig es tan amable.-Feliciano se la puso inmediatamente.-Me queda grande, ve. Pero si Ludwig me la ha dado, la usaré feliz.-la chamarra parecía un vestido en el cuerpo del muchacho.
-¿Tú no vas a comer?-el alemán se había percatado que el chico era puro huesos. Estaba delgadísimo y era pálido.
-Ya no hay nada de comer, ve.
-¿Por qué eres así?
-¿Así cómo, ve?
-Vives solo aquí, sin familia ni amigos, comiendo porquerías, vistiendo harapos, viviendo en esta casucha casi destruida…estamos en medio de la guerra…ni siquiera estás enterado…..y lo poco que tienes para sobrevivir, me lo estás dando.-Ludwig no podía entender el comportamiento del italiano.-Encima no dejas de sonreír.
-Quiero que Ludwig esté feliz.
-Ni si quiera me conoces.-Ludwig no siguió preguntarle nada. Llegó a la conclusión de que la soledad le había afectado la mente a Feliciano. Tenía problemas, eso era. No podía aceptar que en un mundo en el cual la gente se entremataba sin piedad alguna, alguien podía venir y ayudarte desinteresadamente.
-Voy a vendarte el pie, ve.-Feliciano se paró y rompió un pedazo de sábana de la cama. Comenzó a envolver el pie del alemán.
-¿Sabes algo de tu familia?...¿Vivías con ellos?
-No, no me acuerdo de ellos. Creo que me abandonaron. Sólo recuerdo que vivía con una mujer anciana que me tenía encerrado casi todo el día, ve. Un día me subió a un coche que se dirigía a la ciudad y nunca la volví a ver. En esa época con las justas podía hablar. De allí me mandaron aquí, al orfanatorio.
-Nunca has tenido a nadie.-Ludwig sentía lástima por aquella criatura. Toda su vida había consistido en sobrevivir, sólo eso. Sola en este mundo cruel.
-¿Tú tienes familia, ve?
-Creo que sí.-Ludwig recordó que no sabía nada sobre ellos desde que llegó a Italia meses atrás.-Me refiero a que no sé si seguirán vivos. Vivimos en Bayern. Vivíamos, tengo entendido que la gente del lugar fue evacuada hace algún tiempo. Me enteré por la radio. La última carta de mi hermano también me llegó hace bastante rato. ¿Dónde estará?
-Entonces, si los dos no tenemos familia, podemos formar una, ve.-Feliciano interrumpió sus pensamientos.
-Te miró y no sé si sentir lástima por ti, o envidia. Quisiera vivir en esta burbuja, olvidarme de la guerra, las matanzas y, los ataques. Ya no tener que apuntar mi arma a la cabeza de otro soldado.
-Si ya no quieres volver, no lo hagas, ve. Así puedes quedarte conmigo para siempre.-Feliciano lo cogió de las manos.
-Me van a venir a buscar.
-Si vienen, les digo que no estás, ve.
-No es tan simple. Además, el ejército alemán va a ocupar este lugar muy pronto. No te podrás quedar. ¿A dónde piensas ir?
-A ningún lado, ve. No quiero salir de aquí.
-Vas a tener que hacerlo.
-Te seguiré entonces.
-¡No!-gritó firmemente el alemán.-¡No puedes venir conmigo!. Maldición.
-¡Eres cruel, ve!.- chilló Feliciano y salió corriendo de la habitación.
Ludwig se estiró sobre la cama. Tenía tan pocas ganas de seguir luchando, de ver más sangre. Había visto tanta gente morir, amigos y enemigos, algunos se fueron gracias a una bala disparada por el mismo. Siempre se hacía la misma pregunta: "¿Por qué sigo vivo?"…."¿Por qué no morí con ellos?". Un ruido lo sacó de sus pensamientos. Feliciano volvió con una bola de paja entre las manos. La estiró en el suelo y se echó encima sin decir una palabra.
-¿Estás molesto?
-Sí, porque eres cruel, yo quiero estar con Ludwig y él va a irse, ve.
-No sabes lo que es la crueldad. No quisieras saber todo lo que he hecho en el campo de batalla. Si te lo contará, podrías llamarme cruel con gusto y no te diría nada.
-No me importa, ve. Ya no quiero hablar. Me voy a dormir.
-Te vas a mojar, el piso va a inundarse por la lluvia.-Ludwig sentía ya la cama húmeda.
-No hay otra cama, ve.
-Aquí entramos los dos.-Ludwig se arrimó contra la pared y sintió como le cayó polvo en la cara. Estaba fría.
Feliciano se paró y se puso a su costado, encorvándose. Le dio la espalda. El alemán pudo sentir que el cuerpo del chico conservaba el calor. Se quedó viendo el techo. No podía ni darse vueltas. El pie le daba punzadas cada cierto tiempo y tenía el brazo hinchado. La lluvia no paró en horas. La cama parecía un charco. Las horas pasaron y el sol los despertó colándose por la ventana. Ludwig abrió los ojos y Feliciano seguía a su costado. Se paró sin mucha dificultad. Su pie estaba bien. Trató de salir de la cama sin despertarlo. Se puso las botas y se dirigió hacia la puerta. Sentía cómo chapoteaba en el piso mojado. Afuera todo era lodo. Quiso dar unos cuantos pasos pero se hundía cada dos por tres, dificultándole el paso. Volvió a la casona.
Era momento de irse. Fue a la habitación, pensaba despedirse de Feliciano. Pero prefirió darse media vuelta. Si este despertaba y lo veía yéndose, trataría de impedírselo. Trató de caminar rápido. En poco tiempo alcanzó los campos de trigo que había alrededor de las casas. Las espigas estaban altas. La única forma de salir de ahí era atravesar los cultivos. Fue apartando poco a poco las plantas y así avanzó. Alcanzaría el bosque y podría aligerar el paso.
-¿A dónde crees que vas, ve?- Feliciano estaba detrás de él.
-Voy a regresar a mi base.-Ludwig ni siquiera lo miró.
-Ludwig no va a salir de aquí, él se va a quedar conmigo, ve.
El alemán comenzó a avanzar ignorando al italiano. Pero este era rápido. Cada vez que volteaba la cabeza lo veía tras él. Logró salir de entre la maraña de espigas y quiso correr pero no podía forzar su pie. Se apresuró todo lo que podía y entró al bosque. Volvió a girar la cabeza. El muchacho ya no estaba. Sus piró aliviado. Siguió caminando. Después de un momento entró en razón. Su mapa lo había dejado en la chamarra que tenía puesta Feliciano. No importaba, avanzaría todo lo que pudiera. De pronto sintió que alguien se le tiraba encima. Feliciano lo cogía de cuello y había entrelazado sus piernas alrededor de su cintura.
-¡No me dejes, ve!-chilló el muchacho.
-¡Quítate!- le gritó Ludwig.
-No lo haré, ve.
-Harás que termine golpeándote.-el alemán trató de zafarse pero el italiano se había enredado alrededor de él. Lo peor era que estaba en su espalda y no podía verlo.
-No me importa, ve. No quiero que te vayas.
-No es mi culpa que estés solo. Debiste irte cuando todos huyeron.
-Ludwig no quiere irse, ve. Lo sé, no quieres volver a ese lugar.
-Busca el poblado más cercano, quédate con ellos.
-Quiero quedarme contigo, ve.
-¡Ya cállate!- Ludwig finalmente logró deshacerse del agarre del italiano y lo tiró al suelo. Sacó su pistola y le apuntó entre las cejas.-Te doy hasta tres para que te pares y te vayas…uno…
-…-Feliciano lo miraba fijamente.
-Dos….-Ludwig lo miraba de vuelta con ira pero sólo podía recibir una sensación de ternura del otro.
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-Tres…-el alemán disparó….al árbol más cercano.-¡Maldita sea!-se tapó el rostro con la mano.
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Espero que les haya gustado… …..me gustaría saberlo así que espero sus reviews ás de que así me hacen saber lo que les gusta y lo que no…Siemp[re serán bienvenidos!..Gracias por leer…!
Se acepta de todo: críticas, consejos, opiniones, maleteadas, dinero (de preferencia en dólare$), confesiones de amor (o de odio)..lo que sea menos insultos y amenazas de bomba o parecidos….
Saludos!...
