The Jungle Movie: TJM

En el capítulo anterior no aclaré varios puntos:

Arnold y todos los demás personajes de la serie "¡Oye! Arnold", pertinencen a Craig Bartlett. Todo lo que en el texto está son cosas que él dijo en varias de sus entrevistas. Salvo a personajes externos que son parte de mi muy loca imaginación.

Besos, Anna.

En la casa de Arnold:

-*Soy un tonto, soy un tonto, un muy, muy gran estúpido... ¿Cómo pude tomarla de esa manera? Ahora nunca ganaré ese concurso y lo peor es que perdí a Helga como amiga*, se decía Arnold tomando su cara entre las manos, apoyándose en sus rodillas, sentado sobre su cama.

-¿Estás bien, hombre pequeño?

- No, abuelo. Hice una estupidez…

- Arnold, Arnold, Arnold… ¿Qué hiciste hombrecito?

- No… no hablé de la mejor manera con Helga. Le pedí un favor y terminé sin favor y sin amiga.

-¿La jovencita de una ceja?

- Sí, abuelo ¿Qué hago?

-Pídele disculpas.

-No, si eso sí lo sé. Lo que no sé es cómo hacerlo de la manera… Indicada. Helga es algo… distinta. No es alguien con quien puedas llegar y decirle "lo siento" de una buena manera sin querer terminar sin dientes…

- Qué niña,- dijo el abuelo riéndose fuertemente.- Si no puedes decírselo, escríbelo. Dale una carta.

-… - Arnold pensó el por qué había resultado el problema y se dio cuenta que esa era la misma causa de la pelea- por la situación… No creo que sea lo más apropiado.

- Arnold, una carta nunca es inapropiada. A menos que sea la segunda guerra mundial y dicha carta diga que tu escuadrón va a ser explotado por tus propios aliados… Y el hecho de que te la den mientras estás en el baño…

-Abuelo…

-Vamos hijo, puedes contarle a este viejo lo que pasó.

- Y a esta vieja también, Kimba- se escuchó del otro lado de la puerta del armario.

- Puky, sal de aquí- la abuela de Arnold salió vestida de militar y pintada con una raya negra en cada mejilla.

- Déjala abuelo, debió de haber visto todo.

- ¡Por supuesto que sí! Como mi deber de general debo de siempre vigilar a quien te rodea- dijo guiñándole un ojo al rubio, él sólo sonrió.

- Pues miren… En la escuela hay un concurso y le pedí a Helga que me ayudara a ganarlo para así poder ir a San Lorenzo a buscar a mis padres ya que ella es una gran escritora. Pero le dije cosas que no debí, fui muy grosero por la manera de pedirlo…- Arnold empezó a contar todo a su abuelo, claro, omitiendo lo de Industrias Futuro. Cuando hubo terminado todo se quedó en silencio, Phil lo pensaba y meditaba todo muy bien.

- Chaparrito, tu amiga tiene un cierto carácter especial que no puedes comparar. Fue culpa tuya que se haya enojado y no es por decirlo de mala manera pero debiste tratarla mejor. Después de todo, a ella tú le gus…

- ¡Phil!- grito Suzie al ver que casi decía lo que no debía de decir- Hola Arnold, querido, mira… Lo que tu abuelo quiso decir es que no deberías tratar así a tu amiga, ni a ninguna persona- entró a la habitación y se puso de cuclillas frente al chico-. Después de todo ella te estima mucho… supongo.

- Gracias, Suzie… ¿Qué hacías escuchando?

-Ah, sólo veía a ver si estaban para invitarlos a comer con nosotros. Oscar compró…, bueno mandé a Oscar a comprar algo para comer ¿Nos acompañan?

- Claro, amada esclava.

- Ay, abuela… Nunca cambias ¿verdad?- respondió Suzie levantándose de la posición en la que se encontraba.

Todos bajaron y comieron augustamente. Oscar, el Sr. Hyunn, Suzie, Phil, Gertie y los demás inquilinos comieron a un lado de Arnold quien se mantenía pensativo, ignorando al mundo, emitiendo pequeñas risas cada un lapso de tiempo para que no pensaran que no ponía atención.

Esa misma noche, escribió una carta pequeña a Helga donde expresaba disculpas genuinas. En la madrugada se vistió y fue a dejar la carta a su buzón con la esperanza de que no la rechazara.

Esa misma mañana, Helga se levantó de mala manera al escuchar los gritos de su hermana Olga entusiasmada por lo que había encontrado en el buzón. Todos los Pataki se pusieron su bata y salieron a ver qué era lo que ponía a Olga tan histérica.

- ¡Olga! ¿Qué te sucede, cabeza hueca? Estaba soñando con… estaba dormida- dijo medio adormilada y un poco enojada la niña tallándose los ojos.

- Olga ¿Qué sucede, hija?

- Nada mamá- dijo poniendo la carta tras su espalda con rapidez- es sólo que creí a ver visto una… mariposa, sí… Una mariposa Parantica Aspasia ¡Es muy raro de ver una aquí! Solo vive en las enredaderas de Singapur…

- Menos mal, Olga. Ahora regresa a la cama, no te vaya a pasar algo- dijo el gran Bob preocupado por su hija mayor, razón por lo cual Helga rodeó los ojos. Cuando todos entraron, Helga pudo notar la carta y jaló a su hermana un poco brusco.

- ¿Qué traes allí, muñeca?- comenzó Helga algo curiosa y mandona.

- Ven-. Olga llevó de la mano a su hermana hasta su habitación y cerró la puerta, sacando de su espalda la carta ya abierta.

- ¿Qué es eso?

- Es una carta, para ti.

-¿Qué? ¿De parte de quién o qué?

- Es de…- leyó el nombre- Arnold… ¿Shortman?

- ¡¿Qué? -*¿Así se apellida?*- ¿Y la viste?- gritó enfadada.

- No me resistí, lo siento- dijo Olga mordiéndose el labio inferior, mínimamente arrepentida.

- Olga, Olga, eres imposible- le arrebató la carta con brusquedad y la empezó a leer en su mente con el ceño fruncido. El corazón le daba vuelcos.

-¡Léela en voz alta!

- ¡Olga!... –la rubia suspiró- está bien- accedió empezando a leer-. "Querida Helga…" ¿Querida?

- ¡Continua!

- Ok, ok. "… Esta carta es para corregir mi mal comportamiento esta tarde y no sé cómo expresar que lo siento. Eres única Helga. No pido que me ayudes pero sí que me perdones. No sé qué haría si no fuese así. Aguanto no ganas el concurso, pero no quiero perder a una gran amiga por una tontería como la que hice. Mi egoísmo te lastimo, lo siento" ¿Qué…? "Gracias por existir Helga. Te quiero muchísimo, en serio. Atte.: Arnold PD: ¿Por qué eres tan fuerte? Eso realmente dolió. Aunque, de alguna manera… Por eso y por mucho más te admiro. Repito, Helga… Te quiero mucho. Llega el punto que hasta creo que tú me…"- Helga dejó a un lado la carta y suspiró, siguió leyendo- "… tú me vuelves loco".

-*"me vuelves loco" ¿qué rayos quiso decir con eso? Q-que le gusto… No, contrólate Helga, puede ser una expresión por la situación que tuvo lugar ayer, eso de que se puso como un reverendo idiota e insano mental… Sí, eso debe ser".

- Hermanita…- dijo Olga cautelosa.

- Olga. De esto no vayas a decir nada – dijo amenazándola con la Gran Betsy.

- Calma, calma que no diré nada.

- Más te vale- amenazó de nuevo la chica.

Esa mañana Helga no habló casi para nada salvo para corregir varias veces a su padre por su nombre o para despertar a su madre cuando se iba sobre el café. En la tarde subió corriendo a su alcoba y tomo una hoja en blanco para así, convencida, empezar a escribir.

Las horas pasaron frente a sus ojos y ella continuaba tirando hojas al bote de basura sin piedad. Cansada de pensar sacó un acetato de Frank Sinatra y lo acomodó en el tocadiscos que tenía en su alcoba. Estaba algo sucio y roto, pero servía. El disco tocó "Fly me to the moon" en primer instante. La chica se tiró a la cama viendo el techo y cantando en silencio.

Tenía que ocurrírsele algo pronto, algo que no la delatara pero que tampoco hiciera dudar de la masculinidad de Arnold. Algo nuevo, fresco. Conmovedor y fantástico. Deseaba hacer algo que asombrara al mundo entero. Deseaba crear algo único. Deseaba… Deseaba estar con Arnold. Deseaba a Arnold de la manera más inocente que se conociera.

-¡Eso es!- Se levantó de un salto y comenzó a escribir sin detenerse, la idea ya estaba allí, lo único que necesitaba era ingenio y letras para conseguir plasmarlo. Y lo consiguió.

Al día siguiente. Luego de ponerse el moño rosa en la cabeza salió apresuradamente con el sobre en la mano a casa del señor Simmons. Al llegar metió el sobre en el buzón con el corazón en la mano. Alguien se asomó por una ventana justo al momento de que Helga dio media vuelta metiendo las manos en sus bolsillos, esperanzada.

- Jovencita- Helga dio media vuelta si detenerse.

- ¿Pero quién es us…? ¡Auch!- Helga cayó por una roca que pisó a mitad de la calle. El resplandecer del sol apenas si se veía tras la colina y ella vio la silueta que salió de la casa del señor Simmons- ¿Señor Simmons?

- Nah, yo vivo con él- dijo el hombre que sacaba el correo del buzón. Era un hombre atractivo con el cabello negro y con un poco de barbaba. Traía pijama y una bata color azul claro - ¿Quién eres, muchachita?

- ¿Yo?- el hombre la vio con una ceja curva – Helga- dijo levantándose- Helga Pa…

-¿Pataki?

- Sí…- respondió limpiándose con sus manos- aguarde ¿Cómo es que sabe mi nombre?

- Eres famosa en esta casa, querida- el hombre observaba el sobre dándole vueltas y leyendo el exterior, curioso.

- ¿Perdón?

- Si, Simmons se la pasa hablando de ti todo el día… bueno, más bien de lo que escribes. Habla de cómo es que conocerte a base de tus escritos ha sido una de las mejores experiencias que ha tenido como profesor.

- Creo que me dijo algo parecido en algún momento, pero de todos modos me impresiona.

- ¿Qué…- sorbió un poco de su café- qué es esto? – Cuestionó el hombre con la carta de ella en las manos- ¿Arnold – tiro una gota de café en el apellido de Arnold sin querer que le dificultó seguir leyendo- Sh…

- Shortman- completó Helga algo molesta.

- Mmh… ¿no es la que tu acabas de poner justo aquí adentro?- no había manera de sobre poner la mentira, él la había visto. Dado a que no sabía qué hacer se acercó un poco al hombre arrebatándole el sobre con brusquedad.

- ¿Está Simmons?- el hombre la vio de arriba a abajo y se apartó para que pasara la puerta, sin dejar de verla. Helga tragó saliva y entró a la oscuridad de la casa.