Hola Hola.
Aquí estamos con el segundo capítulo de Separated Ways. Lo primero es lo primero:
Antes de nada decir que los personajes de Glee no me pertenecen. Aleena es invención mia pero todos los demás son obra de los genios que conocemos como Ryan Murphy, Brad Falchuck y Ian Brennan. No gano nada con esta publicación a excepción de dejar suelta un poco de mi loca imaginación.
Dicho esto, espero que el capítulo de hoy os guste. Como a partir de ahora veréis tiene al principio un pequeño recuerdo que aparecerá en cada capítulo. Mas o menos nos irán contando detalles de la historia. Este en concreto nos muestra la manera en que Sebastian finalmente decide mas a un nivel existencial que razonal que quiere que Aleena sea su hija. Me apreció bonito escribirlo, en fin, ya me daréis vuestra opinión.
Si mas dilación, aquí esta el cap. Disfrutad!
Sebastian nunca había sido creyente, es mas, repelía las Iglesias como el diablo el agua bendita. No entendía la manera en la que la gente se reunía los Domingos, con sus poses de moralidad asumiendo un lugar en el cielo por madrugar y sentarse allí a escuchar lo que un hombre ególatra les ordenaba hacer. Odiaba la manera en la que la gente demostraba su fe creyendo que por saludar al Pastor quedaba libre de pecado. Todo el mundo tenía pecados inconfesables, Sebastian lo sabía mejor que nadie, el había provocado mas de uno en aquellos limpios cristianos.
Sin embargo allí se encontraba, frente a la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, con la cara surcada en lágrimas y la piel en carne viva. Sebastian había creído mucho tiempo atrás. El se había sentado en aquellos bancos con su tía Anette y había escuchado al Pastor hablar de las bondades del Señor. Después había crecido, había madurado y no entendía como alguien tan poderoso como ese supuesto Dios permitía el hambre en el mundo o que las guerras se llevaran a tantos hombres buenos. Se podía decir que Sebastian había dejado de creer en el momento en que un uniformado militar había llamado a su puerta y les había comunicado a su familia y a el, que su hermano mayor, Daniel, había muerto en acto de servicio. Su madre lloró durante tres semanas, con la foto de su bebe en las manos, Sebastian dejó de creer en un Dios que a pesar de recibir cada día sus rezos había permitido que una bomba de llevara a su hermano cuando el solo tenía trece años.
Sebastian ya no creía, pero en aquel momento deseo hacerlo. Necesitaba algo que le anclara al mundo, que le devolviera la esperanza y le diera una nueva oportunidad. Entró a la Iglesia sintiéndose incómodo, extraño, fuera de lugar. No era ni remotamente su sitio, pero tenía que hacerlo, había agotado las opciones no metafísicas y rogar era lo único que le quedaba por intentar. Entró al confesionario y se arrodillo como le había enseñado su abuela a hacer. La ventana que le separaba del cura se descorrió y sintió el carraspeo de alguien al otro lado.
- Dime hijo, ¿Que te trae a la casa del señor?
- No se como hacer esto padre. -le confesó apartando las lágrimas que descendían por sus mejillas.
- ¿Es la primera vez que te confiesas?
- Así es...
- Entonces yo te guiaré. Dime, ¿Que motivo te ha hecho entrar hoy aquí, En la casa del señor?
- El miedo. -le dijo. Sinceridad a raudales en sus palabras.- Tengo miedo de perder a la gente a la que amo.
- Es un miedo muy común, no has de sentirte avergonzado. Pero ¿Porque deberías perder a la gente a la que amas? ¿Has hecho algo malo?
- No... ese es el problema padre, que esta vez no he hecho nada malo.
Y era cierto, por primera vez no estaba fastidiando las cosas con su estupidez o su obsesión por controlarlo todo. La vida les iba bien y el destino, karma, Dios o como quisiera llamarlo no estaba complacido. Quien quiera que controlara sus vidas había tenido que hacer que ella enfermara de nuevo, que volviera el dolor. Sebastian llevaba nueve años portándose bien y el destino no estaba contento aún, le obligaba a pagar cada una de las ofensas que había hecho en el pasado. Le obligaba a sufrir, a perder y a llorar justo cuando creía que al fin podía respirar tranquilo.
- No te entiendo hijo.
- Es mi hija, mi pequeña está enferma y los médicos no sabes si se pondrá bien. -le explicó.
Sabía que estaba mintiendo pues Aleena no era suya de verdad. Su sangre no corria por sus venas, pero la sentía unida a su persona mas de lo que alguna vez se había sentido el unido a nadie. Era su hija y si Dios existía el comprendería el porque no podía llamarla simplemente "ella".
- Y has entrado buscando el milagro. -el hombre suspiró al otro lado de la reja.- El dolor nos hace llegar a extremos hijo, nos hace buscar soluciones en los lugares en los que no creeríamos encontrarlos jamás y sin embargo la mas difícil de las respuestas esta en nosotros mismos. Ver el dolor en una persona cercana y sentirlo como propio es hermoso, habla de amor y de amistad. Has de ser fuerte y recordar que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros.
- Gracias padre. -Sebastian se preparó para escapar de allí, había sido una completa estupidez. Sin embargo el cura no había acabado..
Salió de allí con una triste sonrisa en los labios. Paró de camino al hospital y le compró un pequeño peluche de un gatito a Aleena, le chiflaban aquellos monstruitos y a pesar de tener casi dieciséis años seguía volviéndose loca cuando alguien le regalaba uno. Cuando llegó a Urgencias saludó a la mujer que les había atendido días atrás y se encaminó al quinto piso. Abrió la puerta y se estremeció al ver a Blaine sentado con la cabeza hundida en las manos. Se mecía suavemente y los hombros se elevaban al compás de los espasmos que dejaba el llanto. Supo que esa situación debía de acabar, las palabras del cura frescas en su memoria.
"Pero hay ocasiones en que esperar no es suficiente, se cual es tu dilema hijo, se cual es tu dolor. Y como te he dicho la solución está en ti y en lo que tu puedes hacer por ella. Quizás no puedas curarla como los médicos, pero puedes darle toda la fortaleza que me estas demostrando hoy aquí, puedes sujetarle la mano y dejar que su dolor pase a ti. Puedes ser tu quien la guíe de vuelta y le enseñe a creer, no en un Dios, no soy tan iluso, pero si en la idea de que aún hay esperanza, de que nunca es tarde si se lucha por ello. Que si se desea con fuerza puede haber una solución aunque el dolor nos ciegue. Que sigue habiendo Fé"
- Blaine, amor. -El hombre alzó la mirada, tenía los ojos rojos pero no había lágrimas.- Estoy aquí.
- Lo se, pero me hundo Sebastian. No puedo soportarlo.
- Pues apoyate en mi. -le dio la mano y le ayudó a acercarse a la cama donde descansaba Aleena.- Porque hoy no es sobre nosotros, es sobre nuestra pequeña y tu y yo la vamos a traer de vuelta.
Capítulo 1. Home sweet home.
El teléfono comenzó a vibrar despertando a Blaine. Sacó una mano de entre las mantas y rechazó la llamada sin siquiera ver quien era. Escondió de nuevo la cabeza entre las mantas y se concentró en el cálido brazo que rodeaba su cintura y en el pecho que se movía acompasado contra su espalda. Aquello era el cielo y el puto móvil no iba a destrozar su maravillosa mañana de domingo. Era el primer día libre que se tomaba en dos meses y no pensaba dejar que nada ni nadie le destrozara aquel maravilloso día en familia que había preparado. Echaba de menos a sus chicas y necesitaba pasar mas tiempo con ellas antes de volverse definitivamente loco. El zumbido volvió dos veces mas con el mismo resultado. Tras los intentos fallidos el teléfono se quedó en silencio, al parecer la persona al otro lado de la linea se había dado por vencida al fin.
O al parecer no...
Blaine estaba apunto de quedarse dormido cuando la puerta de la habitación se abrió. Se asomó por encima de las mantas y vio a Aleena con el teléfono fijo portátil en las manos, apenas tenía los ojos abiertos y una pernera de su pijama de Mickey Mouse subido.
- Papa, es Tim. Es importante según el. -le dijo antes de que le lanzara el teléfono.
- Dile que se vaya al infierno. -el aparató volvió a volar hasta las manos de Aleena.- Es mi día libre.
- Ha amenazado con no dejar de llamar hasta que hables con el así que ten piedad de mi y contesta.
Blaine gruñó como una animal herido y se puso los pantalones antes de salir de la cama. Sebastian trató de retenerle aún dormido, pero el moreno tenía años de experiencia en escabullirse de la trampa mortal que significaba Sebastian Smythe y una cama en la misma habitación. Sujetó el endiablado aparato y le dio un beso en la frente a la pequeña antes de enviarla a su habitación a seguir durmiendo. Eran apenas las siete de la mañana y que el tuviera que levantarse no significaba que los demás debieran hacerlo.
Se movió hasta la cocina y contestó al tiempo que encendía la cafetera. Si no podía dormir lo mejor sería llenar su organismo de cafeína.
- ¿Que se ha roto para que me despiertes a las siete de la mañana en mi día libre Tim? -le preguntó a su joven asistente.
- Buenos días a ti también jefe. -la risa del muchacho le encrespó los nervios.- ¿Tenemos mal despertar? ¿Anoche no hubo fiesta? Creía que ese maridito tuyo te tenía bien cubierto...
- ¿Has visto el papel que tengo en el segundo cajón de mi despacho Tim? -Llenó una taza del humeante líquido negro.
- No ¿por?
- Es tu carta de despido. Solo necesita mi firma y desapareces. -Le advirtió.- Sebastian lo hizo mucho tiempo atrás así que guardate esos comentarios para tus amigos o buscate otro empleo.
Un pequeño dolor de despertó en su cabeza, punzante y concentrado en la parte trasera de su cráneo. Blaine, con los años había aprendido a separar su vida del trabajo, a convertirse en una persona diferente cuando se ponía el traje de chaqueta. El siempre había sido dulce y amable, un buen muchacho. Tristemente había descubierto que esas dos no eran cualidades a valorar en el carácter de un abogado. Había aprendido por las malas que la bondad no tenía cabida en el mundo de los negocios y su asistente había trasgredido el límite esa vez. Tim no era un mal chico, Blaine lo sabía y le dolía tener que ser duro con el, pero tenía potencial y su conformismo le hacia perder muchas oportunidades en la vida. La firma de abogados que Sebastian y el tenían no necesitaba chicos que aspiraban a ser los bufones del equipo, el necesitaba jóvenes ambiciosos, mezquinos e inteligentes. Abogados dispuestos a luchar contra viento y marea como ellos dos, necesitaba fuerza y no humor.
Además, nadie se metía con su chico. Ese pipiolo debía aprender que uno no podía ir bromeando sobre Sebastian Smythe si no quería llevarse un golpe tres veces mas fuerte. Bas era un jefe muy exigente y cruel, pero el podía ser peor si se lo proponía. No estaba de mas recordarlo de vez en cuando.
- Lo siento jefe.
- Eso esta mejor. -Blaine se sintió un poco mal (solo una pizca) por el grado de arrepentimiento que había notado en la voz de Tim.- Ahora porque coño me llamas en mi día libre.
- Hay novedades sobre el caso Claire contra Stevenson...
OoOoOoOoOoOoO
Aleena volvió a su habitación asegurándose que su padre se quedaba en la cocina. Si le hubiera seguido posiblemente le hubiera caído una buena bronca. Se acercó al escritorio y resignada apagó el ordenador. Sin darse cuenta se había quedado empanada leyendo hasta las siete de la mañana, una hora desde luego poco razonable a pesar de ser la noche del Sábado. En un principio no tenía pensado quedarse despierta hasta tan tarde (o pronto según se mirara), simplemente se había quedado esperando que sus padres llegaran de sus "noches de esparcimiento" como a ella le gustaba llamarlas. No le gustaba irse a dormir cuando era la única habitante de la casa, le daba la extraña sensación de que si lo hacía, si se quedaba dormida sin nadie allí podían pasar muchas cosas malas y ya había tenido suficientes a lo largo de su vida.
Esperó que el sistema operativo cerrara la sesión y después apagó el ordenador. Odiaba que sus autores favoritos actualizaran sus publicaciones siempre en horarios diversos, nunca estaba preparada y solía acabar acumulando mucho que leer, situación que provocaba muchas veces que se le pasara la hora de acostarse. Apagó la luz y se metió en la cama, buscó a tientas el reproductor de música y se colocó los cascos para tratar de dormir. A la quinta canción cayó rendida.
OoOoOoOoOoOoO
Blaine se mantuvo al teléfono, quince minutos mas escuchando las novedades sobre el caso que les estaba volviendo locos. Era complicado y Sebastian se había empeñado en tratar personalmente con lo que Blaine se había visto arrastrado detrás, haciendo las entrevistas pertinentes y hablando con los medios que habían "explotado" la noticia. Todo lo que su marido odiaba hacer le tocaba a el, era bueno con los medios, tenía ese toque de inocencía que acaba soltando la lengua incluso de los periodistas mas veteranos. Tim se estaba encargando de reunir los testimonios de los vecinos y amigos. Había encontrado un giro interesante en la situación y aunque le fastidiara admitirlo había hecho bien en avisarle. Tras prometer revisar sus investigaciones al día siguiente se despidió y finalmente colgó. Se desplazó al salón y revisó la columna de correo pendiente que tenía apilada en la mesa de la entrada. Hacía días que no revisaban el cartas que llegaban y este se había amontonado precariamente allí amenazando inclemente con derribar la pequeña columna que había formado. Ya que tenía la mañana perdida lo mínimo que podía hacer era poner algo de orden en las facturas y las invitaciones que recibía la firma a diario. Antes de ponerse con ellas le envió un mensaje a Jeff, el compañero de juerga que Sebastian y el habían tenido la noche anterior, recordándole que la resaca era muy mala compañera los sábados por la mañana.
Apiló los recibos para que Sebastian los almacenara después en la carpeta correspondiente y eliminó las cartas publicitarias que inundaban su buzón. Leyó algunas invitaciones y cuando llegó a la última carta se quedó mudo. Aquello no se lo esperaba. Era sencilla, un sobre blanco con al dirección de Ohio que tan bien conocía escrita en el reverso. El símbolo de Dalton estampado en uno de los bordes trayendo palabras y frase a medio acabar entre clases, recuerdos que hacía tiempo creía haber olvidado. A pesar de que la carta no iba dirigida a el no pudo evitar abrirla.
Mi muy estimado Señor Smythe-Anderson:
Mi nombres es Wesley Charles Montgomery y como nuevo director de la Academia Dalton para jóvenes es un placer para mi invitarle a la primera reunión anual de veteranos de la Academia, que tendrá lugar el próximo nueve de Octubre en el salón de Actos de dicha institución. La reunión consistirá inicialmente en un discurso conmemoratorio del paso de su generación por la institución, donde se recordarán los buenos momentos que pasaron allí, se proyectarán la serie de actuaciones de los Gorriones de esa generación con la finalidad de devolver su talento a las sagradas paredes de la Academia. Todo ello adrezado de una cena en el salón comedor de la misma.
Mas tarde se les facilitará la entrada a la fiesta emplazada en la sala de asambleas donde se servirán cócteles y se bailará hasta que nuestros cansados huesos digan basta.
Es necesaria la confirmación de la asistencia y le invitamos a que traiga con usted a un acompañante. La Academia Dalton siempre tiene los brazos abiertos, dispuesta a abrazar a cualquiera que desee poner los pies en ella.
Así que sin mas, le esperamos el próximo día Nueve a las seis de la tarde.
Muchas gracias por su atención y pase un buen día.
W.C. Montgomery
Director de la Academia Dalton.
Releyó la carta y se ilusionó ante la perspectiva de volver a ver a sus amigos Gorriones, a los muchachos que le había apoyado en algunos de los momentos mas difíciles de su vida, cuando era simplemente un joven perdido en la inmensidad de algo que no comprendía. Blaine no pudo evitar reír ante el pequeño post-it que había pegado al reverso de la carta. Estaba escrito con la familiar y estilizada letra de Wes. Aquella pequeña nota mucho mas su estilo que la seria carta que acaba de leer. Cuatro frases amontonadas con un mensaje muy claro.
P.S. Como se te ocurra no aparecer voy a buscarte suricato te lo advierto y mas vale que traigas a Blaine contigo, echo de menos a mi hermano y no me fío de ti ni un pelo. a saber que sucia jugarreta has hecho para hacer que se quede contigo ¿Comprendido?
Y para que quede claro, sigo enfadado tras ver en lo que convertiste a mis preciados Gorriones... ¿"Glad you came"? ¿De verdad Sebastian? ¡Pavaroti seguro se revolvió en su tumba! ¡Los Gorriones tenían clase, no eran meseras de carretera!
Se levantó del sofá con la carta en las manos. El buen humor con el que se había dio a dormir el día anterior floreciendo de nuevo. Esa invitación era una sorpresa de las buenas y según lo que había escrito al final Wes a el también le estaban esperando a pesar de no haberse graduado en Dalton. Ver a sus antiguos compañeros después de tanto tiempo le creó una sensación cálida en el pecho seguida del desconcierto y aunque no quisiera admitirlo del miedo. Había cambiado mucho en esos diez años y no sabía lo que sus compañeros opinarían de el en ese momento, cuando todo había salido a la luz recientemente. Gracias papa, pensó Blaine con amargura. Si solo hubieras estado callado un año mas... A pesar de que el jurado había fallado a su favor, el revuelo que había montado había sido agotador y casi había acabado con la frágil salud de Aleena, situación que jamás podría perdonarles a los Señores Anderson. Con quienes se había asegurado de romper cualquier vínculo legal que quedara. Blaine ya no tenía familia mas allá de las puertas de su hogar. Entró en la habitación que compartía con Bas y los malos pensamientos desaparecieron. Su marido estaba sentado en la cama, con las manos apoyadas en el colchón, los ojos prácticamente cerrados y mirando a su alrededor confundido, pelo revuelto y sonrisa complacida. La imagen mas maravillosa que Blaine hubiera visto nunca, resumible en una palabra: Adorable.
- ¿Que haces despierto a las ocho de la mañana? -le preguntó confundido Sebastian mientras trataba de esconder un bostezo.
- Tim llamó. -se acercó hasta quedar al borde de la cama, apoyó una rodilla pero no hizo mas avance.- Tenía información importante y tras escucharla pienso que ha hecho bien.
- ¿El caso de Claire?
- Así es.
- Bien, al parecer va a conservar su trabajo una semana mas, pero sigo sin comprender que haces fuera de la cama.
- ¿Preparar café?
- No me sirve como escusa. Ven aquí.
Sebastian salió del cobijo de las mantas enredando un brazo alrededor de la cintura de su esposo. Le atrajo a el y le saludó como debía ser, como siempre había sido desde que estaban juntos. Blaine se dejó hacer y se encontró tumbado boca arriba en la cama, con Bas sobre el, besándolo lentamente, profundamente.
Blaine había aprendido a reconocer los estados de ánimo de Sebastian mediante sus besos. Sabía que cuando estaba triste besaba muy suavemente, un simple roce en el que demostraba mas que con palabras, un casto beso sin ganas de provocar, solo buscando consuelo. Cuando estaba enfadado las cosas cambiaban por completo, era salvaje y agresivo, le mordía los labios y le sacaba los gemidos a dentelladas, tratando de conseguir el control de la situación, dominando a Blaine para demostrar que no se debía discutir con Sebastian Smythe. Había ocasiones en las que era puro fuego, la lujuria y la pasión cruzando una extraña barrera con el dolor, sacando los dientes y besandole con la lengua y el alma, solo en momentos en los que la pasión era incontrolable, cuando no podían hacer otra cosa mas que follarse hasta perder la noción del tiempo. Sin embargo cuando lo hacía de ese modo, lento y profundo, arrancando suspiros pero sin ir demasiado rápido, deleitándose en el sabor de sus labios, era como a Blaine mas le gustaba. Tenía un significado claro que le encantaba, era la manera en la que Sebastian le decía te quiero cada día. Sin necesidad de palabras, solo sintiendo y dejándose sentir.
Blaine enterró los dedos en el revuelto pelo de Sebastian masageando con dulzura el cuero cabelludo haciendo que su esposo soltara un gemido de satisfacción antes de dejar caer la cabeza en el hueco del cuello de Blaine, su lugar favorito en el mundo.
- Sabes, me gustaría hacer algo especial hoy. -le dijo Blaine sin cesar los movimientos de su mano.- Algo como ir a comer fuera o ver una película en el cine, algo familiar.
- Mmm... -Contestó Sebastian perdido en la comodidad de la situación.
Se quedaron en silencio unos segundos mas. Sebastian desenterró la cabeza y miró a los ojos de Blaine antes de darle otro beso. Miró el reloj y centró su mirada de nuevo en los perfectos labios del hombre bajo el.
- ¿Cuando vuelve nuestra animadora? -le preguntó antes de darle otro beso.
- Esta tarde.
- Podíamos esperar a que llegue para ir todos juntos, le apasiona el cine y Aleena se divierte mucho cuando va con ella. Además a Britt le vendrá bien, necesita despejar la mente.-Blaine sujetó la cara de Sebastian y le dio un beso un poco mas cargado de pasión.
Ahí estaba una de las razones por la que finalmente se había enamorado de Sebastian. Cuando creía que era indiferente o que los demás le importaban una mierda llegaba el con ese tipo de comentarios tambaleando su mundo, haciendo que los pilares que sujetaban la razón y el orden de las cosas se sintieran confundidos ante el corazón tan cálido que mostraba la que aparentemente era la persona mas fría del planeta. Cambiante como el tiempo, inamovible con el sol. Destrozando el orden de la existencia siendo completamente adorable sin siquiera darse cuenta de ello. Era realmente la persona mas considerada que había conocido y cada vez que le demostraba el infinito amor que tenía hacía las dos únicas mujeres que actualmente estaban en sus vidas tenía ganas de embotellar su esencia y preservarlo para la eternidad. "Sebastian Smythe, sincero y simple. 100% de consideración" rezaría la etiqueta. Un éxito de ventas asegurado.
- ¡Y aún te preguntas porque te quiero! -le dijo en un arrebato. Sebastian sonrió con una jugarreta escondida en la mirada.
- Yo creía que simplemente lo hacías por mi enorme... -Blaine rodó los ojos. De nuevo había olvidado con de quien estaba hablando.
- Bien, llamaré al Modesto para que baje del cielo, que ya subes tu.
Saltó fuera de la cama y encendió la luz del baño. La risa de sebastian le acompañó mientras encendía el agua caliente de la ducha. Se miró al espejo y comprobó que un afeitado no estaría de mas, solía conservar algo de barba, pero lo que llevaba en ese momento era demasiado incluso para el, podría comenzar a criar pollitos en ella si no se la recortaba.
- ¿Hay una reunión en Dalton?
Blaine recordó la carta y volvió a la habitación. Sebastian se había levantado y brillaba en su desnudez. Los rayos que entraban por la ventana iluminaban la piel ligeramente tostada dándole un toque casi etéreo que al moreno siempre le fascinaba. Perdió el hilo de sus pensamientos y se olvidó de nuevo de la carta, centrándose en porque aún no habían tenido sexo aquella mañana.
- ¿Ves algo que te guste? -le preguntó Sebastian al darse cuenta de su extrema atención.
Blaine cometió el error de morderse el labio. Bas soltó el papel y se aproximó a su presa con una sonrisa ladina en los labios, tenía la mirada fija en los ojos de Blaine, ejecutando alguna especie de hechizo que lo mantenía en el sitio. Sabía que cuando se ponía así, en su forma de 'cazador', no había nada que pudiera detenerle. Que probablemente acabaría de espaldas en la cama, siendo embestido brutalmente y gimiendo hasta el nombre de sus antepasados. La excitación le recorrió como un latigazo, la imagen era mas que tentadora. Sus pieles estaban apunto de hacer contacto cuando Sebastian se alejó un paso alzando una ceja.
- ¿Tu y yo no estábamos enfadados? -Blaine recordó entre la nebulosa de la lujuria algo sobre una discursión absurda que había acabado con cada uno durmiendo en el lado opuesto de la cama.
- No.
- Mentiroso... -Sebastian se alejó otro paso.- Si que lo recuerdas.
- Realmente no. - Lo peor es que no mentía. Sebastian era capaz de arrancarle cualquier signo de razón con su sola presencia.
Blaine dio un paso hacía el y el otro reculó siempre sonriendo, retándole con la mirada a buscarle, a apresarle. Lo malo era que Blaine no tenía ganas de juego y si Sebastian no estaba por la labor de follarlo el tendría que poner remedio a la situación siendo el quien dominara la situación. Lo que estaba mas que claro era que NO iba a quedarse sin sexo mañanero.
En un par de zancadas lo atrapó y lo empujó contra la cama lanzándose encima. Con los años habían descubierto que Blaine era quien tenía mas fuerza de los dos aunque fuera mas bajito, Sebastian estaba mas delgado y a pesar de tener también considerable potencia tenía un poco menos de músculo que su marido, lo que hacía las cosas en la cama bastante sorpresivas y emocionantes. Se montó a horcajadas sobre sus caderas y le sujetó del pelo con fuerza para besarle como solo lo hacía cuando quería dejar claro quien llevaría la batuta esa vez. Sebastian tenía ganas de jugar y le contestó con fuerza, mordiéndole la lengua cuando el otro trato de meterla en su boca. Sebastian hacía el amor como peleaba, con rabia y pasión. Blaine no se amedrentó y con una sonrisa juguetona le soltó la boca para comenzar a morderle suavemente el cuello. Sebastian se removió incómodo bajo el y trató de alejarlo de la zona, pero Blaine se aseguro de que no pudiera moverse, le sujetó ambas muñecas sobre su cabeza recostándose completamente sobre el.
- Blaine... -le advirtió Bas con los dientes apretados.
- No hay piedad para los malvados Sebastian.
Le mordió el cuello con fuerza como sabía que el otro odiaba. Se concentró en buscar el pulso y cuando lo localizo se ensañó con la zona lamiendo y golpeando con su lengua con tal de sensibilizar aun mas la piel. Sebastian se removía y trataba de alejarse sin resultado alguno, huyendo del placer que era sin duda demasiado para el. Había sido en un error cuando Blaine descubrió porque Sebastian no dejaba que se acercara a su cuello. Lo había pillado dormido en el sillón y se había recostado encima, acariciándole, dispuesto a despertarle cuando se le ocurrió portarse mal y probar el cuello que tanto había anhelado. Sebastian, durmiendo como estaba no había podido defenderse y se había puesto prácticamente como una barra de metal al primer toque.
Sebastian odiaba que le besaran el cuello, no porque no le gustaba, sino porque le gustaba demasiado. La mente de Blaine se despejó al escuchar los gemidos de Bas. También recordaba que la noche anterior a pesar de haberse ido a dormir enfadados, cada uno en una punta de la cama. Habían acabado juntos, revueltos y jadeando.
Blaine continuó jugando un rato mas hasta que la sensación de la polla de Sebastian contra su muslo se hizo insoportable, su autocontrol tenía un límite. Se apartó para mirar a los ojos de su marido con una sonrisa. Sebastian levantó la cabeza buscando sus labios pero el se alejó y se centró en morder su pecho, bajando poco a poco la boca a lugares mucho mas privados e interesantes. Estaba apunto de pasar al plato fuerte de su desayuno cuando recordó algo muy importante.
- ¡Mierda!
Saltó de la cama y llegó justo a tiempo detener el agua antes de que se desbordara. Quitó el tapón que no recordaba haber puesto y se golpeo mentalmente por el malgasto de agua que acaba de hacer, ya que no iba a ducharse en ese momento. No cuando tenía a Sebastian jadeando en la cama. No, no y no. El mundo podía esperar media hora mas.
- ¡Blaine! Mas te vale volver aquí en los próximos diez segundos.
Se apoyó en el marco de la puerta y observó como su marido lo miraba con una amenaza vedada en sus ojos claros. Tenía las pupilas dilatadas y el cuerpo perlado en sudor. Estaba tumbado y dispuesto, apunto para ser... No, tenía mejores planes.
- ¿Estamos ansiosos Sebastian? -le preguntó volviendo a su lugar.
- Si, así que mueve tu culo y fóllame.
- Que poca educación Bas -se sentó encima suyo y se froto un poco, siempre tratando de que las dos erecciones se encontraran.- Las coas se piden por favor.
- No Blaine... -Le miró a los ojos con rabia, Sebastian Smythe no suplicaba.
- ¿No quieres que lo hagamos? -apoyó la rodilla en la cama e hizo el intento de levantarse, las manos de Sebastian rápidamente le atraparon para que no se alejara.
- No es eso y lo sabes.
- Eres muy cabezota. -El rubio bufó.
- Le dijo el muerto al degollado.
Blaine estalló en carcajadas y de nuevo se agachó a besarlo. Sebastian aprovechó el descuido de su chico para colocarse el encima y atacar el, rompiendo los escudos de Blaine. Comenzó mordiéndole el lóbulo de la oreja para después lamer su cuello, bebiendo de su piel. Se agachó y pasó sus labios como una dulce caricia por los abdominales marcados hasta llegar a la parte mas sensible de la anatomía del hombre. Delineó travieso la linea de la ingle hasta llegar a su miembro, le beso el tronco para después sujetar la base con una de sus manos, cuando se aseguró que estaba completamente recto se lo introdujo en la boca. Lentamente y con la presión exacta, con la maestría que solo los años de experiencia daban.
Blaine se agarró al cabezal de la cama con fuerza mientras se mordía los labios, no podía gemir mientras estaba Aleena en casa, no si quería poder mirarla a la cara durante la semana. Los primeros encuentros sexuales que había tenido con Sebastian, además de muchas otras cosas mas, le habían enseñado que gemía demasiado alto, escandalosamente alto. No como en el pasado había alzado la voz a la hora de cantar. No, llegaba al nivel de Gritar. Y Sebastian, se esmeraba siempre en obligarle a ello, para demostrarle de una manera absurda que a pesar de que Blaine muchas veces tenía el dominio de la situación, el que tenía el mando del volumen era siempre el.
Lamió toda la longuitud de su miembro y después se lo metió por completo en la boca, succionando y mordiendo delicadamente la suave piel, siempre con el movimiento perfecto estudiado. Todo lo contrario a sus primeras veces, desordenadas y frenéticas. Sebastian se concentró en la parte del glande lamiendolo y chupándolo con fuerza para después introducir toda de golpe en su boca, casi rozando con la punta el principio de su garganta. Estaba apunto de estallar cuando Sebastian paró abruptamente. Sabía que pararía, pues amaba la manera en que acaban juntos, uno dentro del otro. Pero siempre le sorprendía perdido como estaba en el mar de sensaciones que los labios de Sebastian sobre su miembro le provocaban.
Sebastian alejó su boca de el y se deslizó por su cuerpo, trepando y besando cada parte a la que tenía el gusto de acceder. Cuando llegó a sus labios le devolvió la jugarreta anterior esquivándole a propósito, dejándole con ganas de mas. Abrió el cajón de la mesita de noche con rapidez y sacó la caja de condones y el lubricante. Una vez tuvo cerca todo lo que iba a necesitar se sentó en la cama, con su perfecto miembro a la vista.
- ¿No se suponía que iba a follarte yo a ti? -le preguntó Blaine tragando saliva.
- Cambio de planes... -le dio un toquecito juguetón en las pelotas.- Además has de reconocer que amas como lo hago.
- Ni de coña lo voy a reconocer, no hace falta que hinche mas tu ego.
- ¿Estas seguro?
Blaine observó como se sujetaba fuertemente el miembro y se masturbaba con rabia, preparando su pene para la penetración, consiguiendo que (a pesar de no parecer posible a simple vista) se pusiera aún mas duro. Acercándose pero sin llegar a tocarle, tentándole a que dijera las palabras que estaba esperando escuchar.
- No lo haré. -le advirtió Blaine con los dientes apretados.
- Oh si... -Sebastian continuó con el ritmo de su mano, gimiendo quedadamente.- Lo harás... siempre lo haces. Todos acabaís cayendo ante mi.
Y entonces fue cuando Blaine recordó porque estaba enfadado la noche anterior con Sebastian, porque se habían ido a dormir separados a pesar de después haber caído de nuevo en sus redes. Bastian, Jeff y el habían ido a la discoteca de la ciudad, a pasar el rato y bailar sin ninguna clase de restricción. Habían llegado después de cenar comida china y Sebastian, medio borracho de sake y al ver que Blaine no le hacía caso se había puesto a coquetear con un chico mucho mas joven, un chaval que tenía la misma edad que ellos cuando se conocieron, un niño que no tenía que estar allí realmente. Había bailado con el y Blaine había ardido en celos. Lo había arrancado de sus manos y se había encargado, los veinte minutos siguientes, de demostrarle altoda la discoteca que el rubio tenía dueño.
- ¿Igual que el chico de anoche? -Se aprovechó del momento de desconcierto y cambió de posiciones.- Con el que decidiste bailar y pasar de mi.
- Oh mierda Blaine. ¿Vas a recordar eso precisamente ahora? -trató de levantarse, pero Blaine se montó en sus caderas haciendo que por un segundo Sebastian perdiera el ritmo de sus pensamientos.- Deberías dej...dejarlo correr. -El moreno onduló las caderas. El no sabía dejar las cosas correr.
- ¿Cuando he dejado correr alguno de tus momentos de... -Buscó un sinónimo de "provocación malsana y jodidamente caliente" en su cabeza, al no encontrarlo prefirió usar un eufemismo.- ...de coqueteo? -Sebastian le contestó con dos preguntas.
- Lo que realmente deberías preguntarte es: ¿Como te ponen esos coqueteós? Y ¿Con cuantos he acabado saliendo del bar?
Blaine sabía la respuesta a ambas preguntas. La primera era simple, los coquetéos de Sebastian, verle acercarse a los demás sabiendo que el era el único que al final de la noche podría poseer lo ponían (aunque le jodiera reconocerlo) bastante caliente. La segunda pregunta ya la había contestado. Con él. Siempre era con el. Sebastian alzó una ceja y Blaine no pudo estar mas tiempo enfadado con el. Se agachó y le beso tiernamente, diciéndole en el mismo idioma que Sebastian había inventado que le quería. El rubio no perdió tiempo y deslizó su lengua hasta por los labios de Blaine hasta conseguir que abriera su boca, tras eso comenzó una lucha por la dominación de aquel beso. Ambas lenguas batallaban ambiciosas recorriendo todo el espacio disponible. Cuando, finalmente, se quedaron ambos sin aire se separaron con algo de pena. Antes de que se alejara completamente Bas le dio un lametón en los labios.
- ¿Y ahora que hacemos Bas? -Le acarició la erección con una mano mientras que con la otra le desordenaba el pelo.- Ambos queremos controlar esta situación y ninguno de los dos cederá... -Sebastian chasqueó la lengua tras cerrar los ojos, perdido en el infinito placer que le daba su marido.
- Solo por hoy. -abrió los ojos oscurecidos por la lujuria.- dejaré que me recuerdes porque cada noche me voy contigo en vez de con ellos.
Blaine sonrió, por supuesto que iba a recordarle porque él era su marido. Se lo iba a hacer de tal modo que tardaría varios días de "dejar de recordarlo". Nadie jugaba con el orgullo de un Anderson.
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Brittany bajó del avión con los huesos resentidos por culpa de la falta comodidad de los vuelos de bajo presupuesto. Odiaba tener que coger aquellos incómodos autobuses con alas, normalmente viajaba en primera clase dado que sus reuniones de negocios le obligaban a estar en perfectas condiciones desde el segundo en el que ponían los pies en la ciudad de turno. Ella, como socia y representante pública de un Buffet tan importante como el de "Anderson, Smythe & Co" debía siempre estar perfecta y preparada para cualquier cita, reunión o fiesta en la que fuera requerida. Siempre apunto y perfecta, habían sido las palabras exactas que le había dicho Sebastian cuando le explicó su cometido. Ella era el rostro de la empresa. Por eso viajar en aviones de tan baja categoría le suponía un estorbo mas que una ventaja, sin embargo aquel día volvía a casa por lo que le daba absolutamente igual que hubiera estado dos horas sentada sobre un muelle salido, de daba igual haber tenido que soportar a una aburrida esposa que se empeñaba en enseñarle a una chica tan lozana como ella las fotos de sus tres hijos mayores, le daba igual haber comido un Sandwich que sabía a revuelto de sesos e hígado. Estaba de vuelta en casa y lo demás era historia.
En esa ocasión el viaje había sido relativamente corto, había pasado solo dos días fuera de Cincinnati y llevaba la maleta de cabina que solía utilizar para esas ocasiones. Por la falta de equipaje se planteó el llamar a un taxi, tardaría menos de veinte minutos en llegar pero sabía que Blaine amaba el ritual de los encuentros en el aeropuerto. Sacó el teléfono del bolso y marcó el número de su moreno amigo. Al ver que no contestaba lo intentó con Sebastian. EL resultado fue el mismo.
Que bien se vive follando. Pensó mientras dejaba los ojos en blanco, sin embargo una tímida sonrisa se escapó de sus labios. Sus amigos eran la pareja mas hermosa que había conocido. Su relación era como el mimbre, se doblaba pero jamás se rompía. Eran perfectos pero incompatibles, eran dos piezas que nunca acababan de encajar y a la vez aguardaban siempre unidas, enganchadas al final de la caja. Siempre juntas. Llamó a Aleena lamentándose el tener que despertarla, la niña dormía muy poco y quitarle el preciado descanso le parecía la mayor de las atrocidades, pero sabía que el enfado sería mucho mayor si no lo hacía. Al tercer tono la dulce voz de la que ya consideraba su sobrina se escuchó.
- ¡Tía Britt! -No pudo evitar que un conocido calorcillo se asentara en su pecho.
- Hola cielo, ¿están tus padres por ahí? Les he llamado y no han dado señales de vida.
- Realmente no lo se, me he ido a dormir con la música y si tengo que ser sincera no se si se han ido a algún sitio.
- ¿Como puedes escuchar el móvil con la música a todo volumen? -le preguntó curiosa, Aleena siempre estaba localizable y eso realmente la extrañaba.
- Fácil. -escuchó el sonido de ropas rozando y supuso que se estaba levantando de la cama.- Lo tenía en la mano.
- ¿Mandando mensajes? -Aleena bostezó.
- No... me he dormido así. -Y tras eso estalló en carcajadas.
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Unos golpes en la puerta los sobresaltaron a los dos alejándoles de la nebulosa post orgásmica en la que se encontraban. Sebastian cerró los ojos de nuevo y pensó que lo que fuera podía esperar. La llamada de Tim le había fastidiado bastante, aunque pensar en que Aleena necesitara algo le ablandaba considerablemente. Blaine al parecer tenía otros planes ya que se levantó y se colocó los pantalones lanzando una mirada de acusación a Sebastian, quien aún estaba desnudo sobre la colcha y con el condón tirado al lado suyo.
- Podrías levantarte y deshacerte de eso.
- Puff... está muy lejos.
- Serás vago... -le reprochó.
Sebastian observó complacido como Blaine sujetaba el plastiquito y lo tiraba a la basura. Amplió su sonrisa al notar como se movía hasta el armario y le lanzaba unos pantalones cortos de deporte antes de acercarse a la puerta. Bas no lo admitiría ni aunque le amenazaran con un látigo de nueve colas, pero adoraba esos pequeños detalles de Blaine. Amaba el hecho de que aunque le riñera muy a menudo siempre le acabara consintiendo. Le malcriaba, lo sabía y le encantaba. Se colocó la ropa con rapidez y volvió a la misma posición que tenía segundos antes. De espaldas en la cama, con los brazos cruzados bajo su nuca y una pierna ligeramente doblada. No tenía ganas de levantarse y se encontraba en el mismo estado que un gatito satisfecho recién comido. Blaine abrió y Aleena le pasó el teléfono sin decirle nada mas.
- ¿Si? -contestó Blaine.- Hola Britt...
La enana trepó en la cama y tras echar una mirada preocupada a las sábanas decretó que podía tumbarse. Se tiro de espaldas y Sebastian se giró para quedar a su lado, pasando un brazo por su pequeña cintura. La niña apoyó su diminuta mano en su brazo y le sonrió a modo de buenos días. Sin embargo Sebastian no había nacido ayer y sus jóvenes años de juergas le habían enseñado a reconocer unas buenas ojeras cuando las veía.
- ¿Tengo que discutir contigo sobre el mismo tema por cuarta vez esta semana? -le preguntó bajando la voz. No quería preocupar a Blaine.
- Esta vez te juro que ha sido sin querer. -le respondió con la mirada sincera.- Además, el mundo se empeña en no dejarme dormir.
- Vamos a tener que hablar con papa sobre las pesadillas. -los ojos de la niña se abrieron, Sebastian sabía que no quería preocupar a Blay.- No puedes seguir sin dormir.
- Lo siento. -El llantó apareciendo en sus ojos verdes.
- No es tu culpa. -le acarició la mejilla con el dorso de sus dedos.- Nada de lo que ocurrió es tu culpa.
- Bas, ¿Tienes alguna llamada perdida?- Le preguntó Blaine.
Sebastian se encogió de hombros antes de estirar la mano a su espalda cazando los dos móviles de la mesilla de noche. No los había escuchado, pero tampoco es que hubiera prestado mucha atención en medio del frenesí sexual que estaban teniendo. Los desbloqueó y vio las llamadas perdidas de Britt. Se sorprendió durante un segundo antes de abrir el nuevo mensaje en el móvil del moreno. Era Jeff con una bonita dedicatoria.
De Jeff Warbler a Blaine: Que te jodan Hobbit.
Sebastian estalló en carcajadas ante el mensaje de su amigo, le lanzó el móvil a Blaine quien se puso rojo al instante sabiendo lo que el rubio estaba pensando. Se lo devolvió lanzándoselo al pecho y les informó que se marchaba al aeropuerto. Britt estaba de vuelta y el iba a ir a recogerla.
- ¿Que podemos hacer mientras papa va a por Britt? -le preguntó Sebastian a Aleena.
- ¿Dormir?
- ¿Hacer Brownies? -le propuso Bas.
Ambos se miraron y saltaron de la cama riendo. Definitivamente Brownies.
En el siguiente capítulo:
Blaine aceptó la llamada a pesar de ser un número privado. No estaba acostumbrado a hacerlo, Sebastian le advertía que podía tratarse de alguno de los que habían demandado con ganas de hacer daño o su padre. Así que por regla general Blaine no solía descolgar si no conocía el número. Sin embargo esa vez lo hizo.
- ¿Si? -la persona al otro lado de la línea tardó unos segundos en hablar.
- ¿Blaine? Eres tu ¿Verdad? -El moreno respiró con fuerza. Aquello NO podía estar pasando.
- ¿Kurt?
- Si Blaine, soy yo y necesito hablar contigo.
...
Y hasta aquí el segundo-primer real capítulo de la historia. Es una leve introducción de las vidas de estos cuatro adorables personajes. Me salió algo dramatico pero muy divertido. Sobretodo la parte sexual. Os advertí que estabamos tratando con Sebastian Smythe... XD EL final y el avance del siguiente capitulo una malignidad por mi parte, a los que os guste la historia o al menos os llame la atención os diré que el siguiente capitulo va a tener tela... Una llamada de Kurt Hummel, un mesaje de Artie y una visita sorpresa al hogar de los Anderson-Smythe.
Mmm os propongo algo. ¿Quien queréis que los visite? Decidmelo por Review y la razón mas original será la escogida. Espero ansiosa vuestros comentarios!
Ahora si, espero sinceramente que os haya gustado, a mi me encantó escribirlo. Fue sencillo una vez empecé, se escriben solos!
Espero vuestros comentarios. Me inspiraís vosotros y sin vuestras palabras no soy nada.
Besos y hasta pronto!
