DISCLAIMER: La serie y el manga Candy Candy no me pertenece, sí fuera así Anthony y Candy no se habrían separado nunca. Todos los personajes son propiedad de Kyoko Mizuki. Yo solo quiero revivir un poco del amor de esta parejita.
¡Hola! jejeje, antes que nada quiero darle un especial agradecimiento a Karina Grandchester por su hermoso review y pedir disculpa por las letras muy pegadas que me salieron en el primer capítulo. Tendré más cuidado de ahora en adelante. Muchas gracias a los que pasen por aquí por leer.
Capítulo II: Dos corazones
-Este ha sido el día más hermoso de mi vida- comentó Candy una vez que estaban en el carruaje de regreso a casa.
Ambos sentados frente a frente observaban las monedas que les habían sobrado de su aventura y recordaban la promesa que se habían echo de guardarlas como memoria de su primer paseo juntos.
-El mío también Candy, ha sido el mejor día de mi vida- expresó Anthony brindándole una mirada profunda que por un segundo la dejó sin aliento. Candy tuvo que bajar la vista tratando de disimular que se encontraba inmensamente felíz. Felíz de estar junto a él y ser el centro de su atención, más aún en ese espacio tan reducido, donde sus piernas tímidamente se tocaban, estaba segura de que él también se había dado cuenta, pero no se había retirado porque también quería sentir su roce.
Quería abrazarlo otra vez, a veces sentía que quería abalanzársele encima y llenarlo de besitos pero esto era frenado por el mismo efecto que él producía en ella, encantándola e hipnotizándola, dejándola sin saber como actuar. Era como un planeta con una gran fuerza de gravedad. Sentía que la atraía todo de él.
-La tía abuela debe estar preocupada- comentó Anthony sacándola de sus ensoñaciones.
-Sí, debe estar muy enojada, sobre todo conmigo- reflexionó Candy un tanto preocupada.
-La tía abuela no te odia Candy- comentó Anthony tratando de hacerle entender–además debe irse acostumbrando, porque si pudiera lo volvería a hacer. No cambiaría por nada este día contigo Candy- declaró con determinación
-Anthony…- susurró Candy impresionada
Él tomó su mano
-Prométeme que volveremos a hacerlo cada vez que podamos. Démonos un tiempito para fugarnos, este será solo el principio de nuestras muchas aventuras- le propuso
A Candy le hizo sonreír este comentario -Por supuesto Anthony, me encantaría-
Era tan divertido estar juntos, podían hablar de cualquier cosa sin aburrirse, se escuchaban el uno al otro, se entendían. A Candy le encantaba escucharle hacer planes sobre el futuro, sobre sus metas, sobre sus sueños.
-Sabes Candy, lo he estado pensando mucho y creo que ya sé que quiero seguir cuando vaya a la Universidad…quiero estudiar Medicina- le contó – Es mi oportunidad de ayudar a la gente, en otra forma aparte de la donación de dinero, siempre he tenido un instinto humanitario grande muy dentro de mi-
-Serás un estupendo Doctor, Anthony, lo sé- confesó Candy, y añadió – yo creo que me gustaría… ser Enfermera…también tengo un "instinto humanitario grande" después de todo- Candy sonrió repitiendo las palabras tan técnicas que él había dicho antes. Ambos rieron.
-¡Eso es genial!- exclamó él emocionado - Así podremos poner un consultorio juntos, será la Clínica del Señor y la Señora Brown- bromeó simulando con sus manos presentar un inmenso letrero.
-¡Hey!- Se quejó Candy e intentó pegarle de mentira. Anthony reía.
Era hermoso escucharlo reír, pensaba Candy mientras volvía a asentar la espalda en el respaldar del asiento recuperando la compostura. Le había gustado la broma pero debía esconder que se había puesto un poco roja, por lo que decidió mirar por la ventana el paisaje iluminado por la luz de la luna hasta que se le pasara.
"Como quisiera que este viaje no acabe nunca" pensó para sí.
De repente comenzó a formarse un silencio entre ambos, de esos en que cada parte se pone a reflexionar sobre sus propios asuntos. El carruaje entró por un sendero del bosque, el cual consistía en un atajo que el cochero había tomado para llegar pronto a Lakewood. Los espesos árboles al borde del camino cubrieron la luz de la luna dejando a los viajantes a media oscuridad.
Candy sabía que Anthony la miraba pero disimulaba, de cuando en cuando se atrevía a cruzar la mirada pero enseguida volvía a direccionarla hacia otro lado. Temía perderse en sus ojos brillantes como centellas si se la sostenía.
"En esta oscuridad quién podría rescatarme" pensó con gracia, cerró los ojos un momento y suspiró. Cuando volvió a abrirlos sus miradas se encontraron, encerradas como por un candado siendo ya imposible evitarlo. Se dijeron sin palabras todo lo que sentían. Cada uno vio reflejado en la pupila del otro sus sentimientos escondidos.
-Candy te quiero- le dijo Anthony tomándola desprevenida en el momento en que ella había desviado el contacto visual.
-¡Qué!- exclamó ella suavemente con inocencia, totalmente sorprendida.
Anthony sonrió alegremente debido a esa actitud, se mordió el labio inferior.
-Tomaré eso como un "yo también te quiero Anthony"- añadió guiñándole el ojo.
-¡Anthony!- exclamó ella con dulzura mientras sentía sus mejillas arder, pero no podía negar que estaba sumamente felíz, y Anthony se daba cuenta.
-Ven aquí Candy-le dijo acercándose y moviendo el dedo índice de su mano izquierda para que ella hiciera lo mismo. Candy obedeció.
-Quiero preguntarte algo y necesito que me respondas... es algo muy importante- recalcó.
-¿Sí?- quiso saber Candy con los ojitos brillándole de curiosidad y el corazón latiéndole tan rápido como las alas de un colibrí.
Anthony vio entonces tan hermosa a su pequeña pecosa que casi olvidó las palabras que tantas veces había preparado para decirle, y como hechizado comenzó a acercarse lentamente al imán de sus labios.
"Me va a besar, Anthony me va a besar" Candy pensó sintiéndose casi desfallecer. Cerró los ojos con premura esperando que la mágica sensación llegara pronto. Pero justo entonces el carruaje paró y escucharon al cochero bajarse a abrirles la puerta. Habían olvidado que estaban llegando a casa.
