Como veis estoy aprovechando para escribir antes de que empiecen de nuevo las clases -.- A partir de septiembre puede que no sea tan constante, ya que aún me queda por terminar el otro fanfic con Cris, mi compañera, pero intentaré llevar los dos a la vez sin volverme loca :) Aquí os dejo el segundo capítulo ¡Espero que os guste!

NOTA IMPORTANTE: sé que estaban en Reino Unido, pero no me di cuenta hasta ahora, perdón se me fue la cabeza u.u así que finjamos que Kensington Gardens está en París (burrada del siglo, lo sé, pero no me fijé) hay echarle imaginación, que no cuesta nada! :) Perdón otra vez por el fallo.

Capítulo 2

"¿Estoy... muerto?" Silas comenzaba a despertarse lentamente.

"Oigo una voz... es como un sollozo..."

Abrió los ojos, y se reincorporó en la cama. Al parecer seguía con vida. Observó la habitación pequeña y oscura en la que se encontraba, y posó su mirada en una chica de melena castaña, casi pelirroja, sentada en un sofá cercano, de espalas a él.

"Está llorando... ¿Qué habrá...?"

Silas estaba desconcertado, cuando de pronto recordó a la policía, los disparos y... a Aringarosa...

-¡¿D-dónde estoy? ¿ y el Padre Aringarosa?- el rostro del albino revelaba temor, frustración y un deje de remordimiento.

Clara se incorporó rápidamente; pues le había dado un tremendo susto, y, para qué mentir, su mera presencia le asustaba. Se secó las lágrimas rápidamente y se acercó a Silas con precaución.

-Estás en mi casa... Manu me ha dado instrucciones de cuidarte hasta que le den el alta. Está bien, no te preocupes. Mañana llamará.

Los rojos ojos del albino escrutaron desconfiadamente los de la chica, lo que hizo que ésta lo esquivase con la mirada.

"¿Manu?" Silas estaba desconcertado.¿ Desde cuando esta extraña mujer se permitía semejantes confianzas con el Padre Aringarosa?

-Tengo que ir a verle. Ahora- las palabras del albino sonaban como una orden, en vez de una afirmación.

-Lo siento, pero me pidió que no saliéramos de aquí hasta nuevo aviso, en especial tú. ¡Tengo que verle! - Silas se estaba poniendo nervioso. No se fiaba un pelo de esa chica. Tenía demasiadas preguntas en la cabeza y no había tiempo ni de formularlas. Debía ver al Padre Aringarosa. Él le había disparado, necesitaba saber cómo estaba, hablar con él.

Intentó en vano levantarse, pero la herida le causaba un dolor inimaginable. A pesar de todo, logró ponerse de pié, tambaleándose.

-¡¿Pero qué haces?- gritó Clara, al borde de la desesperación. -¡Se te van a saltar los puntos! ¡Tumbate ahora mismo!

Silas hizo caso omiso de la pelirroja, la empujó hacia la cama, e intentó salir de allí como fuese.

-Silas...

"¿Cómo sabe mi nombre?"

-Silas, soy la sobrina de Aringarosa. Me llamo Clara. Me ha pedido explícita mente que no salgas de la habitación.

Silas había oído hablar a Aringarosa de su sobrina. Siempre decía que era una gran persona, a pesar de sus creencias contradictorias al catolicismo. La solía poner de ejemplo cuando éste se enfadaba con alguien por ser no-creyente, y lograba que se calmara, y aprendiera a respetar a la gente y a sus opiniones.

-Si no me crees, tendré que atarte hasta mañana por la mañana, cuando llame, porque no voy a quitarle tiempo de descanso por tus desconfianzas absurdas. ¿Crees que a mi no me gustaría estar ahora con mi tío en vez de cuidando a un tipo que ni siquiera conozco?

El albino se sorprendió al oír esas valientes palabras de aquella chica. Normalmente la gente le temía, por su gran tamaño y sobretodo por el echo de ser albino. Pero ella no. Y aún encima tenía el valor de amenazarlo con atarlo a la cama.

Mientras, Clara proseguía su charla.

-Por no hablar de que la policía te anda detrás. Además...- añadió ruborizándose ligeramente- estás en ropa interior...

Silas miró instintivamente hacia abajo. No había caído en la cuenta de que había escapado semi desnudo, y todo lo rápidamente que le permitían las heridas se tapó con una manta, todavía de pié.

-Perdona... no me di cuenta.

Clara suspiró. - Túmbate , te contaré todo lo que sé, pero espera aquí conmigo, por favor.

El albino obedeció, ya que no tenía fuerzas para salir de allí, y al fin y al cabo, necesitaba saber qué había pasado exactamente, y cómo se encontraba Aringarosa.

La chica se sentó en una silla cercana y prosiguió a contarle todo desde el principio.

Aringarosa se encontraba en el hospital, haciendo varias llamadas.

-¿Si?- una voz grave contestaba al otro lado del teléfono.

-Agente Steven, necesito que me haga un enorme favor.

-¿Cuál? Sabe que estoy en deuda con usted, padre, pero espero que sea importante, estoy de servicio.

-Necesito que afirmes haber visto morir a alguien.

-¿ Cómo?

Silas reposaba en la cama, recapacitando la información que Clara le acababa de proporcionar.

-Así que... tú me salvaste...

-En realidad fue mi tío el que me dijo que lo hiciera.

-Gracias, de todas formas. ¿Me... podrías dejar solo?

-La pelirroja lo miró extrañada.

-Tengo que rezar.

-Ah, está bien... - omitió responderle que esa era su cama, y que ella tendría que dormir en un sofá individual, no necesariamente cómodo porque el sofá grande también se encontraba en esa habitación y se dirigió a la puerta.

-Por cierto, mañana voy a comprar comida, y supongo que buscaré algo para que te vistas... ¿Necesitas algo mas?

Las tripas de Silas empezaron a sonar, provocando un leve sonrojo, que se percibía muy bien en su piel blanca.

-Anda, ¡es verdad! Debes de estar hambriento, ahora mismo te traigo agua y algo para comer.

Clara sonrió.

Al albino le pareció una sonrisa muy bonita. Rápidamente abandonó esos pensamientos. De todas formas era extraño. Nunca nadie había sido amable con él, a excepción del obispo, y menos sabiendo que la policía iba tras él.

-Clara.

-¿Si?- preguntó la chica parándose antes de salir por la puerta.

-Gracias por todo. Rezaré por ti, aunque no seas cristiana.

-Debería sentirme agradecida, supongo- respondió con una sonrisa torcida-te traeré ahora la cena y te dejaré rezar. Pero guarda reposo. ¡Y nada de mortificación! Que te he visto las cicatrices. Estás muy débil, se te saltarían los puntos y podrías desangrarte.

Silas pareció pensárselo unos segundos. De todas formas no tenía aquí ni el cilicio ni el látigo, y aunque así fuera Clara tenía razón, debía guardar reposo.

-Está bien...

Y dicho esto, la chica cerró la puerta, dejando al albino rezando en silencio.

-Pero Padre, ¡Eso que dice es muy descabellado! ¡No puedo afirmar que he visto la muerte del albino que persiguen mis compañeros! ¿Y si descubren que es una farsa? ¡Echaría a perder mi carrera! ¡Iría a la cárcel!

-¿Prefiere que le cuente a todo el mundo lo que pasó "aquella noche"?

-Padre, ¡eso es secreto de confesión!

-Estaba involucrado emocionalmente, además, me lo dijo antes de confesarse... ¿Recuerda?

El agente palideció, y, resignado, optó por aceptar la propuesta del obispo.

-Está bien, tengo un plan, pero con esto la deuda queda saldada.

-Perfecto. Muchas gracias, agente Stevenson.

Aunque intentaba ser amable con Silas, Clara sentía un ligero temor hacia él. Temor que su gran orgullo no le dejaba mostrar, pero que seguía estando ahí al fin y al cabo.

Había decidido no preguntarle nada sobre la razón de por qué era sospechoso de un secuestro y varios asesinatos, prefería que todo se aclarase estando su tío delante. Aunque el echo de que el obispo haya confiado tanto en Silas como para dejarlo en su piso varios días la aliviaba ligeramente.

-¿Y qué le puedo preparar yo a éste?- se dijo para sí al tiempo que abría la nevera en busca de algo comestible; lo cual era esperar mucho de la nevera de un estudiante universitario.

-Mmm... ¡ya sé! Le haré un bocadillo de jamón!

Una de las pocas cosas que Clara recordaba de su infancia en España era lo rico que estaba el jamón serrano. Además, era eso, o patatas fritas. Nunca se le dio bien la cocina, y hacía poco que habían comenzado las vacaciones. Acababa de terminar los exámenes finales y todavía no le había dado tiempo a comprar nada decente de comer.

Abrió la puerta, y se encontró al albino rezando. Necesitaba descansar, y estar arrodillado no le facilitaba mucho la recuperación, pero prefirió respetar ese momento, y se limitó a dejarle en una mesilla la bandeja.

-Buenas noches, Silas. Si necesitas algo, llámame, no te cortes.

Silas asintió, aún con los ojos cerrados. Mientras Clara se alejaba de la habitación. Estaba agotada.

Aunque el albino se esforzase en sus rezos, la imagen de la pelirroja venía a su mente todo el tiempo.

Aunque no le dio importancia, pues creía que era porque sentía gratitud hacia ella. Pero le parecía raro. Cuando le sonrió... Pocas mujeres le habían sonreído a lo largo de su vida, pues antes de meterse en el Opus se dedicaba a vagabundear por las calles en busca de alimento. A parte que sus ojos rojos y su blanca piel tampoco ayudaban.

Era un fantasma...

Cuando terminó de rezar, empezó a comer su cena. Llevaba bastante tiempo sin comer, y ese bocadillo le supo a gloria.

Al cabo de un rato se quedó dormido, vencido por el cansancio.

Mientras, el agente Stevenson se dirigía al cuartel decidido.

-Hombre, Jack,¿ no estabas de servicio? ¿Qué haces por aquí?

-Tengo información importante, no hace falta que busquéis más a ese albino. Ha fallecido.

-¡¿En qué se basa para decir eso?

-Pues verá...

Al cabo de un rato, Clara dejó de escuchar ruidos en la habitación, así que decidió entrar para recoger la bandeja.

Al abrir la puerta se encontró al albino durmiendo a pierna suelta, literalmente, sin ninguna manta por encima.

"Tengo que traerle algo de ropa cuanto antes" Pensó la chica mientras se sonrojaba al ver el fuerte cuerpo de Silas.

Suspiró agotada, y le puso una manta por encima.

"No, si al final morirá de una pulmonía, por dejar, se ha dejado hasta la ventana abierta..."

La pelirroja cerró la ventana y se fue definitivamente de la habitación. Era tarde y necesitaba descansar.

Bueno, hasta aquí el capítulo :) La verdad es que me está saliendo del tirón, aunque voy a revisar más, no pienso cometer mas errores.. -.-

Gracias por leer! Dejen reviews por favor,¡que siempre hace ilusión!