Saludos! He decidido cambiar la forma de relatar la historia a primera persona, me parece un estilo más cómodo y emotivo, además de que siento que me desenvuelvo mejor al escribir de esa forma. Sin más agradezco sus comentarios y les dejo con el siguiente capítulo.

- Ay! Por favor, el hecho de que te pegues plumas en trasero no te hace un pollo –

Camina fastidiado de un lado a otro, mientras curo lo mejor posible las heridas de Afrodita, al escuchar el comentario no pude evitar reir, ese hombre solía ser sarcástico, vulgar, ofensivo y con todo no me desagradaba, de hecho me parecía el más sincero del equipo.

Vaya que tienes humor Death Mask, incluso en estas circunstancias tan adversas – contesto divertido mientras atravieso la piel con la aguja, al terminar el trabajo limpio con lentitud la herida – no te preocupes Afro! Soy tan bueno que eso no te dejará cicatriz

Gracias y DM, si yo hice el trabajo es porqué se que podía ¿Cuántas veces he de repetírtelo?

Vaya! Qué bueno que no lloraste como niña – comenta DM dándole unas palmaditas al caballero en la espalda- ahora que la preciosura está a salvo… ¿qué vamos a hacer con ese cadáver?

- ¿Que no se encargaría de eso Saga? – pregunto limpiándome las manos con agua y luego con una toalla, DM comienza a reír

- ¿bromeas? Tu hermano ha vuelto a ser el mismo

- ¿Y LO DEJASTE AHÍ?- le regaño con furia golpeando la pequeña mesita – ¿ERES IDIOTA O QUE? SAGA ES CAPAZ DE DELATARNOS… MIERDA

Salgo corriendo rumbo al coliseo para salvar una vez más al grupo, siempre tenía que hacerlo, cuando algo como eso sucedía era el hermano mayor, quien tenía que mantener el secreto, siempre salvándolos sin obtener nada más que la humillación de no existir para nadie, siempre cubriendo a mi hermano y su posición como Santo de Géminis. A veces no podía evitar preguntarme si la decisión que había tomado era la correcta, si no habría sido mejor que yo me quedara con la armadura.

Iba pensando eso cuando llego al coliseo, Saga esta de rodillas en el suelo con la mirada perdida en los ojos vidriosos y ausentes del cadáver, camino hasta estar junto; sabiendo que cada muerto que cae al suelo a manos de aquel sádico grupo significaba un poco de muerte para lo que quedaba de mi hermano . Sin embargo no puede detenerse, nadie… ni siquiera yo mismo, sé que soy más fuerte tanto físicamente como mentalmente; pero temo que al detenerlo pierda para siempre a mi gemelo. Saga sin duda alguna era un tipo de psicópata descontrolado y a la vez un hombre miserable; se que en el fondo me lastimaba demasiado, tanto que aun no puedo abandonarlo.

- Saga… saga, tenemos que limpiar esto antes de que la ronda nocturna salga al mano de Aioros

- Kanon… ¿Por qué permitimos esto? - pregunta sin mirarme y se levanta - a veces escucho una voz en mi interior, a veces tengo sueños de muerte y visiones de cosas que yo no sería capaz de hacer... dime Kanon ¿qué es lo que ocultan? ¿Por qué DM y Afrodita hicieron esto? Ellos… no eran así –

- Hermano trata de calmarte, ese hombre quería hacerte daño, quería asesinarte ¿recuerdas? – le aclaro mirando con asco los restos de aquel hombre asesinado por las rosas piraña

- Se que me molestaba y me perseguía; pero al fin y al cabo era un caballero de plata… ¿Cómo paso esto?

- él te atacó por la espalda, sin armadura y caíste inconsciente, por suerte tus amigos estaban aquí y no hubo otra forma más que acabarlo –

- ¿por qué no siento dolor?

- por piedad Saga eres un caballero dorado… estabas desprevenido pero eso no te hace débil

- siento... que mientes kanon – susurra agachando la mirada

- eres un maldito mártir Saga, de verdad que me fastidias… anda tenemos que hacer algo con esto – cortó en seco, sabía que en cuanto comenzaba a ser agresivo, Saga simplemente evadiría el asunto para no terminar peleando

- Kanon… ahh – lleva su mano a la cabeza y se retuerce un poco, luego de súbito se endereza y voltea a verme con esa mirada escalofriante, carente de cualquier sentimiento que no fuera odio

- ¿Donde mierda estabas? Tardaste demasiado en venir

- Estaba curando a Afrodita, no querrás que un dorado muera

- ¿Por un caballero de plata? ¿bromeas? Necesito que estés cerca o el plan no va a funcionar –

- deja de ordenarme, sabes que me necesitas así que trátame con respeto – le grito mientras sujeto su playera y el me sonríe con ese cinismo de siempre – o simplemente me largaré y tendrás que arreglártelas solo

- Vamos hermanito! No te molestes – me dice con tono meloso y pasando su brazo por mi cuello – cuando culminemos el plan tu y yo estaremos en el trono y forjaremos un mundo para los hombres, un mundo de verdad justo, con libre albedrio y sin dioses molestos

- Bien… seguiré siendo el que engañe a Saga, pero que te quede claro, si en algún momento su vida peligra, esto se acabo y terminaras encerrado… ¿entiendes Arles?

- Nosotros estaremos bien querido hermano –me dice dándome un beso en la mejilla, mis ojos en blanco, haciendo uso de toda mi paciencia para no escupirle. Él me sonríe sabiendo cuanto me molesta el contacto, y luego voltea hacia el cadáver – supongo que nadie extrañara la armadura de Altar ¿verdad?

¡A OTRA DIMENSION!

Capitulo 2: Gemelos. Secreto a voces

No hace pocos años había vivido una vida pacifica junto a mis padres que nos proporcionaron todo: calzado, hogar, educación, amor, todo lo que un niño necesita; pero un día antes de nuestro cumpleaños habían salido a una fiesta y no volvieron, la policía local los buscó durante un año sin éxito, el caso se cerró y al carecer de familiares terminamos huérfanos, sin nada.

Cuando éramos pequeños siempre fuimos unidos, jamás estaba uno sin el otro, podíamos saber lo que el otro sentía aunque no lo dijera o estuviera lejos y éramos capaces de abandonar lo que fuera por el otro y toda la vida hubiese sido así de no haber sido adoptados.. sinceramente preferiría haber vivido en la calle, entre el mundo cruel, el hambre y la miseria con tal de estar junto a Saga.

Por asares del destino fuimos adoptados muy cerca del santuario por una pareja de padres que parecieran perfectos, sin embargo resultó que estos tenía serios problemas de violencia y en muchas ocasiones la ejercieron con ambos; pero Saga siempre me protegía, no permitía que nadie me tocara y solía tomar la culpa de todo para que no tuviera que sufrir; incluso cuando nos dejaban sin comer, él se las arreglaba para conseguir lo que fuera y que no pasara ningún tipo de carencia. Por esos años adoraba a su Saga, lo sentía un ejemplo, bondadoso, fuerte, cariñoso, sentía que podría contar siempre con él y que jamás estaría solo… mientras Saga estuviera en pie, el mundo entero podía irse al demonio.

Recuerdo aquel día caluroso de Marzo, estábamos sentados en las escaleras de la entrada con la ropa limpia, pantalones de manta azules que cubrían los rastros de los cortes en los muslos por la navaja de Rida, nuestra supuesta madre; playera sin mangas blanca que ocultaba los golpes de Yao, sin embargo nuestros rostros y cabello perfectamente cuidado y cepillado después de las palizas. Todos los vecinos nos veían como una feliz familia… cuan felices éramos!

Cuan feliz estaba junto a Saga aquel día, pensando en escapar, planeando todo… pronto, por la noche cuando Yao estuviese embriagado hasta el alma como cada Viernes, golpearíamos entre ambos a Rida y escaparíamos a toda prisa del nefasto lugar, muy lejos de Grecia.
Pero en ese mismo instante Yao llegó sorpresivamente, nos miró desde la verja con una sonrisa sínica y fría, al llegar frente a nosotros acarició mi rostro mirándome a los ojos, me pidió que le siguiera y lo hice, por supuesto Saga también entró corriendo.

Al cerrar la puerta Rida nos esperaba detrás con su afilada navaja en las manos, sus ojos llenos de furia, me sostuvo del cabello tan rápido que mi gemelo no pudo reaccionar, al tirar de él rasgo mi espada con el filo, me recorrió un terrible ardor; pero antes de poder gritar, ya tenía las manos de mi hermano tapando mi boca, mirándome a los ojos, caí de rodillas mientras él me abrazaba, mis lagrimas recorrieron las mejillas en una mezcla de odio y dolor. Saga seguía abrazándome mientras Yao le pateaba el costado para que se apartara.

¿El motivo? La vecina de la esquina que tenía una tienda había comentado a Rida que notó la falta de algunas hogazas de pan tres días atrás, al preguntar a su pequeña hija si las tomó ella respondió que se encontró a un vecino pálido y medio mareado en la escuela, mirando el desayuno de otros niños con tal insistencia que le pareció moría de hambre; entonces decidió que le llevaría algunos panes para saciar su hambre. La señora contaba todo aquello orgullosa de su pequeña que tenía un gran corazón y se lamentaba de ese pobre niño, maldiciendo a la madre desnaturalizada, por supuesto que la niña nunca mencionó quien era el pequeño y la madre notándolo no ahondo en el tema.

Sin embargo Rida, que era una mujer extremadamente orgullosa y vanidosa, se sintió ofendida por los injurios de la mujer, ridiculizada por el "mala madre" que se quedaba corto ante su actitud. La ofensa fue tan grande que dio motivo para golpearme, si hubiese sabido que tan débil fui para dar lastima, si hubiese sabido que esos panes que llenaron nuestro estomago aquel día provocarían esto, me habría quedado con hambre. Entonces como usualmente sucedía Saga confesó.

- Sabes Saga, estoy total y completamente arta de que confieses siempre – dijo Rida mientras se sentó en el sillón con las piernas cruzadas – eres un muy mal hijo… siempre estas mintiendo

Yao me sujetó con mucha fuerza por el cuello, mientras Rida arrastraba a Saga hacia el pequeño sótano, cada vez que gritaba le propinaba una bofetada, al llegar a las escalerillas de asfaltó, le dio un beso en la mejilla y le dejó caer de una patada, vi a mi hermano rodarse con el rostro ensangrentado, y caer con fuerza en el suelo. La mujer le observó hasta que Saga estiró su mano hacia mí, sus ojos llenos de lágrimas se clavaron en los míos mientras sus labios alcanzaron a suspirar mi nombre, en aquel momento todo me pareció en cámara lenta, la puerta cerrándose dejando a mi hermano en la penumbra… Solo.

Después recibí una bofetada más y mientras Rida me curaba la espalda, es cuché a Yao gritándole a mi hermano: "Si se te ocurre hacer un solo ruido, tu hermano sufrirá las consecuencias", al tiempo que lo decía Rida hacia ´presión en mi herida para recalcarme que aquella amenaza también era para mí.

En los días siguientes volví a la escuela, todos preguntaban por mi hermano y yo siempre mentía diciendo que estaba enfermo en casa, evitaba a toda costa mirar a otros durante el almuerzo y de hecho deje de convivir; sin embargo ella… Selene, jamás decía nada pero siempre al llegar al receso se sentaba a mi lado y me daba su almuerzo, sin hacer preguntas, sin insinuar nada, simplemente estaba ahí, era la persona más cercana a mí.

Habían pasado seis meses! Mi hermano continuaba en aquel sótano, de vez en cuando lo escuchaba desde la puerta susurrando, llorando y cuando le hablaba desde el otro lado el se acercaba a la puerta y la golpeaba con fuerza en un ataque de desesperación, ira… debía de ser horrible, pocas veces me aventuré a aquel lugar antes de ese incidente. Recuerdo que tenía las paredes de concreto gris, ni un solo mueble, tampoco había luz, era simplemente un cuarto frio, mohoso y oscuro, a penas si entraba aire.

Intenté liberarlo en varias ocasiones, sin embargo siempre era sorprendido y reprendido de manera brutal, y no sólo yo, las veces que lo intenté ellos dejaban a mi hermano sin comer durante varios días. Una día Rida estaba bajando la comida para Saga, sin que se diera cuenta, entre a hurtadillas y la golpee en la cabeza con una llave, la mujer calló inconsciente al suelo, entonces miré a Saga a los ojos vidriosos, su cuerpo delgado, frágil, pálido, cuando le di la mano el tembló un poco

- ¿Eres Real? - susurró retrocediendo

- Saga… soy yo, Kanon…. Tu hermano, tenemos que irnos, por favor sígueme –

Salimos a duras penas del sótano, mi hermano estaba tan débil que tuve que cargarlo, al salir de la casa, lloriqueó debido a que la luz del sol le segó, me abrazó con tanta fuerza que creí que aplastaría mis huesos; pero seguí adelante, corriendo, al llegar a la esquina me encontré con Selene que al verme entró corriendo a su casa, yo seguí mi camino, casi salía del pueblo cuando la niña me dio alcancé.

- Kanon… esto es lo más que pude reunir – y me entregó su mochila azul cielo llena de comida, ella misma me ayudó a ponérmela para que no dejara de sostener a Saga que continuaba temblando

- Suerte – susurró la niña acariciando mi mejilla

Entonces Saga repentinamente se enderezó, empujó tan fuerte a la niña que cayó al suelo y se patinó algunos metros y luego volteo a verme con una sonrisa fría y también me empujó, justo a tiempo para esquivar el bate que lanzaron desde lejos en mi contra.
Era Yao que furioso corrió hasta nosotros y sujetó a Saga por el cuello, este le escupió en la cara y haciendo uso de una energía increíble golpeó el costado del adulto con tanta fuerza que no sólo lo soltó sino también le hizo escupir sangre. Aquello no fue suficiente para un adulto pero ambos sentimos gran satisfacción, lo que siguió después fue otra paliza y ambos volvimos a casa a arrastras mientras los vecinos nos miraban.

Al llegar Rida ya esperaba para darme otra gran refriega, no me dolieron para nada los golpes pues veía que no tenían la fuerza habitual, seguro porque la deje desorientada y débil con el golpe de la llave, luego nos sentaron a ambos frente a frente para que nos viéramos heridos; pero Saga no dejaba esa mirada burlona, ni siquiera cuando le quemaron la palma de la mano con unos cigarrillos, aquello me dio valor para soportar el mismo castigo.

- Se acabó, volverás al sótano – gritó exasperado Yao, aquellas palabras hicieron mella en mi hermano que sin más comenzó a llorar y a suplicar, sus ojos cambiaron, sus miembros se destensaron y su rostro desencajado suplicaba

- No por favor, no a la oscuridad, no…. Te lo suplico… por favor… KANON NO DEJES QUE ME LLEVEN, KANON AYUDAME, KANON- nuevamente su mano estirándose, nuevamente trato de sujetarlo cuando Rida me clavó la daga en la mano, dejándome prisionero en la mesa mientras mi hermano desaparece.

Pensé que viviríamos siempre en el maltrato, pensé que querría morir y sin embargo aquella noche los guardias del santuario derribaron la puerta de la casa, arrestaron a esos malnacidos y el mismísimo Patriarca entró en nuestra casa para salvarnos. Cuando les dije donde se encontraba mi hermano, derribaron la puerta y en lugar de encontrar a ese pequeño histérico que fue encerrado entre lágrimas y sangre, encontraron un valiente niño con los brazos cruzados en pose de meditación, le ayudaron a levantarse y al salir me regaló una sonrisa.

- Vaya que se tardaron ¿no Kanon? –

- Saga…- susurré mirando un extraño brillo en sus ojos

- No temas Kanon… estamos a salvo – dijo tomando mi mano y caminando hacia el patriarca

Su apretón frio, la mirada burlona, la carencia de afecto en sus palabras, la voz ligeramente distorsionada, toda esa actitud me hacía sentir nervioso e inseguro.

Al partir en el auto rumbo al famoso Santuario de Atenea miré a un lado a mi hermano charlando abiertamente con el Patriarca, tan sociable… ese no era Saga, siempre fue serio, educado, discreto, hasta cierto punto inocente; en cambio este a mi lado me era tan ajeno. Entonces me asomé con nostalgia por la ventana mirando la vieja casa donde estoy seguro que mi gemelo se quedó encerrado en el sótano y vi a Selene despidiéndose con la mano arriba.

- Hey! Reacciona – me dice Death Mask pateando la silla en la que estaba sentado, volteo con el seño fruncido

- ¿Qué quieres?

- No tarda en venir el patriarca, no deberías esconderte o algo – dice divertido mientras pongo los ojos en blanco, a veces podía ser tan molesto

- Púdrete, él sabe que vivo aquí – el chico me sonríe

- Kanon – escucho la voz quebrantada de mi hermano desde el cuarto, luego comienza a toser mientras me llama nuevamente, doy un suspiro largo pensando en cuan débil e inestable se estaba haciendo estos últimos días

- Ese sin duda es Saga – dice mi compañero con cierto fastidio – ¿de que depende que sea o no él?

- No sé… que te importa de todos modos y ya lárgate a tu casa – le ordeno secamente, por increíble que parezca estos críos siempre me obedecen a pesar de no tener rango alguno en la orden, por ello es que él asiente y se va rápido.

La verdad es que la pregunta de Death Mask siempre me ha pasado por la mente desde que note los cambios en Saga al entrar al santuario; pero aunque le daba vueltas al asunto no podía encontrar una explicación, tal vez sucediera cuando mi gemelo se siente vulnerable o cuando su otra parte simplemente decide salir, últimamente es Arles quien toma el control.
Arles… recuerdo que el día que se presentó oficialmente me dijo: "este es nuestro secreto querido hermano" y me dio un beso en la mejilla sonriendo. ¿Cómo describirlo? Es la fuerza, determinación y coraje originales de mi hermano, agregándole el odio, la ira, la pasión y la ambición que acumuló en nuestra infancia, restando los rasgos débiles que quedaron al parecer en Saga… raro… pero cierto; mi gemelo distribuyó todo lo que podía o no ser en dos personas y para el engaño ¡le ha resultado perfecto!, todos se creen lo que diga, sus acciones, su bondad, todos comen de su mano y lo suben a santo; sin embargo Arles es… un desgraciado, con planes ambiciosos y razonables, con una capacidad increíble de enredarte con su lengua de víbora, podría venderte lo que sea, como su idea de "LIBERTAR PARA LOS HOMBRES" "LIBERTAD DE JUICIO" "QUE GOBIERNE EL QUE TENGA EL PODER ENTRE LOS HOMBRES", bajo esos argumentos reclutó a Death Mask, que de todos tiene hambre de justicia… mal dirigida por supuesto.

Pero… yo conozco a mi hermano, todos sus lados, se que esas ideas son falsas, conozco su corazón y dentro de él hay mucho amor y fé en Atenea, siempre la hubo desde pequeños, pues nuestros padres nos enseñaron el culto a la diosa y sin embargo también se que esas ambiciones en su corazón son reales y que si toma el poder no es por justicia, es por tener todo, es por poder y beneficio propio… por la humanidad… Ja! Como si Arles pensará en alguien que no es él.

Al entra al cuarto observo a Saga frente al espejo acariciándolo con la mirada perdida, cuando eso pasa, sé que está desconcertado intentando averiguar cómo demonios olvidó todo lo que hizo en un día, remordiéndose la conciencia por lo que ha hecho y no tiene el control… me desespera! Su debilidad, sus lágrimas, su actitud sumisa… su estúpida tristeza que me ahoga la garganta. Entonces rompe el espejo con su cosmos y grita, camino hasta él y le abrazo por la espalda recargando mi frente en ella, ocultándome como la sombre que soy.

Me adentro en sus latidos acelerados y su desesperanza, siento odio y lastima, sin embargo no quiero abandonarlo, aun no… porque Saga se perdió por mí, porque yo tendría que haber estado en ese sótano.

- Te amo hermano – me susurra mirando al suelo

Odio cuando lee en mi corazón, soy un maldito libro abierto para él.

- Ya lo recordaras…

- Necesito ayuda

- ¿De un loquero? Es absurdo, estas bien… estamos bien

- Estamos… te extraño - Me dice y voltea hacia mí, desnudando mi alma en una mirada

- Te extraño – repito y miro sus ojos tristes

Entonces camina como ido hasta su cama y se recuesta para no despertar hasta el día siguiente y perderse de otra tarde más de su vida.

- ¿Kanon? – escucho tras de mí la voz del viejo patriarca

- Saga esta indispuesto señor – contesto inclinándome ante él con respeto

- ¿se siente bien? ¿ha pasado algo malo? – pregunta mirando el espejo

- Me dijo que sintió un terrible mareo por la migraña y tropezó, parece que el espejo sufrió por ello

- Vaya… lo mejor sería hacer una cita con el doctor, recomiéndaselo por favor. Mientras tanto tendré que pedir tu apoyo para asistir a Milo de Escorpión en una misión a la isla de Paria, parece que hay una revuelta

- Entiendo Gran maestro, cuente conmigo – digo seriamente

- Perdona todo esto Kanon… se que es incomodo

- no hay problema señor, Saga y yo somos los guardianes de esta casa

El me acaricia el cabello y se retira. Vaya que soy tan buen mentiroso como Saga, obvio que tenía que tragarme mi orgullo y mi odio hacia ese maldito hombre, que me parece el más hipócrita de todos, yendo por ahí amablemente negando mi existencia para luego pedirme favores como este, sintiendo compasión por mi condición cuando el mismo la decidió… maldito bastardo..

- cuando hayamos acabado con él, no tendrás que soportar más todo esto – Arles se levanta de la cama, sin embargo lo noto tambaleante

- tú serás él y yo seré tu… ¿qué hay de diferente?

- Que por lo menos podrás salir sin preocupación

- Estamos cerca de nuestro plan… ya tenemos trazadas las guardias, los días en los que está en Star Hilll, quienes son sus acompañantes… ¿Qué esperamos?

- Que tu hermano deje de fastidiarme….