NT: Este capítulo era cortito, así que aquí lo tenéis :)
Capítulo 2: Cuatro años y nueve meses después.
"Una gran renta es la mejor receta para la felicidad de la que he oído hablar nunca." —Jane Austen.
"Unos buenos ingresos es lo único que una mujer quiere de un hombre." —Draco Malfoy.
"Unos buenos ingresos no es lo más importante en una relación, pero no duele tenerlos." —Hermione Granger.
—Te digo que estás jodido, Malfoy —dijo Marcus Flint—. Has estado esperando, esperando y esperando… ahora te quedan exactamente tres meses para cumplir los treinta años y aquí estás, todavía soltero, con tu estúpido primo detrás de ti con los ojos abiertos como platos, esperando heredar todo lo que es legítimamente tuyo.
—¡Todavía tengo tiempo! —se quejó Draco. Sí, todavía tenía tres meses para casarse. Diablos, era consciente de que se le hacía tarde, pero no necesitaba a Marcus Flint para decirle eso—. Hazme un favor, Flint, y vuelve al trabajo, o vuelve al hotel y prepárate para el maldito banquete de esta noche. Haz algo más que simplemente estar aquí y molestarme. Uno de los dos debería estar haciendo algo constructivo, ¿no crees?
—Creo que deberías considerar seriamente anunciar tu compromiso esta noche en el banquete, a todos. Incluso si es un matrimonio puramente de conveniencia, incluso si tienes que contratar a alguien para casarse contigo. Tienes que protegerte, Malfoy —comentó Marcus.
—Te refieres a que tengo que proteger mi dinero y mis bienes, ¿verdad? —preguntó Draco—. Por extraño que te parezca, quisiera casarme por amor.
—¡Nunca pensé que escucharía a Draco Malfoy soltar unas palabras así de estúpidas, tontas y románticas! —ladró su amigo.
—¿Por qué crees que he esperado tanto? No soy tonto ni un maldito romántico, soy el mejor hombre que conozco y me merezco lo mejor, y lo mejor es casarme por amor.
Marcus se echó a reír.
—Será mejor que te contentes con casarte con alguien que esté contenta con tu dinero, porque no tienes tiempo para enamorarte. ¿Qué piensas hacer esta tarde? —preguntó.
—¿No es evidente? —respondió Draco, levantando los brazos en el aire—. Estoy sentado en un banco del parque, en medio del estúpido parque, cerca de un hotel, en un centro vacacional mientras estoy de vacaciones, así que supongo que planeo hacer eso, estar de vacaciones. Y la gente piensa que yo soy el tonto.
—Lo que tú digas, Malfoy. —Flint sacudió la cabeza con disgusto—. Cuando tu primo Talbert sea el nuevo presidente de Malfoy Global y sea el nuevo dueño de Malfoy Manor, tenga todo tu maldito dinero y propiedades, al menos te quedará un banco en un parque, ¿verdad? —Su amigo se alejó, molesto. Mientras se marchaba se dio la vuelta y dijo—: ¡Buena suerte en encontrar a alguien de la que enamorarte y casarte mientras estás sentado en un banco del parque, Malfoy! ¡Hasta esta noche!
—Gracias —dijo Draco sarcásticamente. Cerró los ojos. Sabía que el tiempo había terminado. En el fondo sabía que nunca podría casarse por amor. Había estado esperando eso durante tanto tiempo... Pero sólo había existido una mujer con la que alguna vez había tenido una relación especial, con la que alguna vez pensó que le gustaría casarse y, maldición, sólo había pasado una noche con ella. Y de eso hacía cinco años. Ni siquiera sabía cómo era su aspecto, ni su nombre. Flint tenía razón, quizás él sólo era un idiota romántico que iba a perderlo todo por estar haciendo el tonto.
Sintió que alguien le acariciaba la rodilla. Al abrir los ojos, una niña de no más de cuatro años, con cabello rubio rizado y ojos grisáceos, alzaba una mano sosteniendo dos flores.
—Señor, parece triste, ¿quiere una flor? —preguntó ella.
—¿A cuánto las vendes? —preguntó Draco, siempre pesimista.
—No sea tonto, son gratis. ¿Quiere la azul o la rosada?
—Soy hombre, así que creo que prefiero la azul… pero dame la rosa —bromeó Draco—. ¿De dónde sacaste esas flores?
—Las he cogido de allí —dijo, señalando hacia un pequeño espacio de flores silvestres cerca de un pequeño arbolado.
Draco frunció el ceño.
—¿Nadie te ha dicho nunca que no debes coger flores de un parque público? Si todo el mundo recogiera las flores no quedaría ninguna para que los demás disfrutaran de ellas.
Ahora era la niña la que fruncía el ceño.
—Pero sólo he cogido dos, una para mí y otra para ti. ¿Quieres la rosa o no?
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó él— ¿Y nadie te dijo que no hablaras con extraños? ¿Dónde está tu madre?
—Si no hablo contigo no puedo decirte mi nombre —razonó ella. Intentó subirse en el banco a su lado, pero claramente tenía problemas para lograrlo. Draco suspiró y, disgustado, buscó con la mirada un adulto que pareciera estar buscando a su hija perdida. Al no ver a nadie, suspiró y ayudó a la niña a subir al banco—. Gracias.
—Por lo menos eres una persona educada y no tienes mocos saliendo de tu nariz. Odio a los niños con mocos —dijo Draco.
—Odio las uvas —respondió ella—. Me llamo Alice.
—Mi nombre es Draco —dijo él, igual de formal. Ella le ofreció la flor rosa y él la tomó.
Ella sonrió y dijo.
—Draco es dragón en latín, ¿lo sabías?
Draco se quedó perplejo.
—¿Cómo infiernos lo sabes? ¿Qué edad tienes?
—Infiernos es una palabra muy fea —le reprendió—. Ayer cumplí cuatro años. Tuve una fiesta y todo. Mi papá no vino, pero está bien, ya no viene a verme muy a menudo, mamá y papá están divorciados.
—El infierno no es una palabra fea. Es un lugar justo bajo nosotros, que probablemente visitaré algún día. Lamento que tu padre no haya venido y feliz y tardío cumpleaños ¿Cómo sabías que Draco era dragón en latín.
—Mi mamá me está enseñando latín —dijo.
—¿Por qué? —quiso saber Draco, totalmente serio.
—Eres gracioso —dijo ella como su respuesta.
—Tu mamá te está enseñando latín con cuatro años, y aun así me llamas gracioso. ¿Dónde está tu madre? Creo que necesito enseñarle algunas cosas, como cómo evitar que su hija sea secuestrada, por amor de Dios. No deberías estar sola.
—No estoy sola, estoy contigo —dijo. Ella bajó del banco—. Estoy con mi niñera, se ha dormido de nuevo. Lo hace a menudo, está ahí. —La niña señaló a una anciana que estaba profundamente dormida en otro banco al otro lado del parque.
—Bueno, vamos a despertarla. —Draco se levantó y comenzó a cruzar el parque. La niña levantó la mano y tomó la suya. Draco frunció el ceño y apartó su mano de la de ella.
—¿Qué estás haciendo?
—Cogiendo tu mano —respondió de manera natural.
—Bueno, pues no lo hagas. Tu mano es pegajosa —dijo con voz ronca. La niña de repente parecía triste, lo que hizo que Draco se sintiera perplejo y un tanto "malo" por alguna extraña razón—. Lo que te da mucha suerte porque me gustan las manos pegajosas, venga, coge mi mano. —bufó extendiendo la mano, y ella felizmente la tomó.
Antes de llegar a la mujer mayor dormida, oyó a otra mujer gritar el nombre de la niña.
Volvió la cabeza hacia el sonido de su voz. La niña dijo:
—¡Ahí está mi mami!
Draco miró a la mujer que estaba gritando el nombre de la niña mientras corría hacia ellos, y su respiración casi se detuvo. Era Hermione Granger.
Hermione cogió a la niña en brazos y luego dijo:
—¿Qué crees que estás haciendo, jovencita? —Finalmente, se dio cuenta de la presencia de Draco Malfoy y, sin apenas poder respirar, dijo—: ¿Draco? Oh Dios. Gracias, Malfoy. Empecé a subir las escaleras hacia el hotel y vi a mi niñera, pero no a mi hija. Estaba tan preocupada que no pude evitar volver... Mi niñera debe de haberse vuelto a dormir. Estoy tan agradecida de que hayas sido tú quien la encontrara. Muchas gracias por haberme dado a mi hija. —Hermione estaba casi sin aliento cuando terminó la frase, pero Draco pudo sentir el agradecimiento en cada una de sus palabras. Especialmente cuando le había dado las gracias por "darle" a su hija.
Él le sonrió.
—De nada, Hermione. —Luego le sonrió a Alice y le dijo—: De nada a ti también, señorita Alice.
