Muchísimas gracias por todos los reviews. Me alegra que os guste. Bueno, aquí os dejo el último capítulo de este fic, espero que os guste y espero vuestros reviews con vuestra opinión. Respecto al otro fic que tengo "Cueste lo que cueste" tardare un poco en volver a subir ya que ahora mismo no tengo mucho tiempo pero actualizaré lo más rápido que pueda. De nuevo, muchas gracias y os dejo con el capítulo.


Dianna solo miró al suelo intentando no dejar ver la lágrima que caía. Lea rápidamente fue a ella para abrazarla como tantas veces hizo. Dianna recibió ese abrazo como el mejor regalo que podrían darle. Dianna la abrazaba por el cuello mientras que Lea le acariciaba la espalda.

-Lo siento mucho… - Dijo en susurro aun entre los brazos de Dianna.

Dianna seguía llorando, estaba claro que necesitaba a alguien. Necesitaba a Lea.

Tras unos minutos más abrazadas al fin Dianna se separó de Lea.

-Te, te puedes quedar aquí, si quieres. – Dijo Dianna secándose algunas lágrimas.

-No he venido a buscar cobijo y menos ahora…

-No te entiendo.

-Este último año nuestra amistad no ha sido lo que siempre fue, bueno, no ha sido directamente.

-Ya… - Dianna le corto.

-Y sé que ha sido culpa mía… - Ahora fue Lea quien la corto.

-No, no ha sido tu culpa, solo, nos hemos distanciado, supongo que teníamos cosas más importantes. – Dijo dándole la espalda para apoyarse en el marco de la puerta de la cocina.

-No sé tú, pero yo no. –Dijo Lea.

-Sí Lea, sí que las tenías. Tenías a tu familia, tu carrera, Cory…

-No eres menos importante para mí que mi carrera o que Cory. –"Es que la verdad es que es mucho más importante que todo eso"

-Entonces, ¿Cuál es la razón? – Pregunto en la misma posición que antes.

-Pues que he estado tropezando con la misma piedra un año. – Dianna puso cara de no entender nada. – Y esa piedra tiene nombre… -Dianna no la dejo continuar.

-Lea no sé a qué has venido, ¿A consolarme, a verme, a buscar donde quedarte o… a decirme lo de Cory? No sé a qué ha venido tu visita.

-Estaba tratando de explicártelo, pero me has interrumpido.

-Vale, pues explica. – Dijo Dianna.

-Puse por delante a Cory que a ti… -De nuevo Dianna la volvía a interrumpir.

-No Lea, no vallas por ahí. – Trago saliva. – Ya tengo suficiente en este momento y si has venido a que te consuele por lo de Cory te has equivocado de persona. Y simplemente te has equivocado, no porque no sea tu amiga, sino porque me alegro y no te puedo decir "ya verás como todo se arregla" porque no quiero.

Lea sonrió al oír a Dianna decir que se alegraba por su ruptura con Cory.

-¿Has terminado? – Pregunto Lea acercándose más a Dianna. Dianna solo se dedicó a asentir. – Ahora no me interrumpas. – Dianna asintió otra vez. – No he venido a que me consueles, he venido a consolarte. No he venido a quedarme, pero si me lo pides… No te diré que no. – Dianna río. – He venido a decirte que me he estado equivocando más de un año, me he estado engañando, pensando y diciéndome a mí misma que era feliz, pero no, he tenido una expectativa de ser feliz muy deferente a la real. Pensaba que tenía todo lo que quería, salud, trabajo, amor… Pero no. Me faltaba algo. Me faltabas tú. Antes de que Cory y yo empezásemos a salir, cuando tenía… cuando tenía esa cosa rara contigo era feliz. No sabía que teníamos, y sigo sin saber que era, pero era feliz. Porque el simple hecho de llegar a casa después de estar aguantando a Ryan todo el santo día y poder cenar contigo, ver una película tumbadas en el sofá mientras que me abrazabas y yo me dedicaba a observarte me llenaba de tal manera… Esa era mi parte preferida de todos los días. – Una lágrima se deslizaba por la cara de Dianna. Lea nada más verla se la seco acariciándole. – Puede ser que haya tardado mucho en darme cuenta, pero, ya sabes como soy, hasta que no tropiezo veinte veces con la misma piedra y no me como el suelto otras veinte, no escarmiento.

-No eres la única que se ha equivocado. Yo he cometido muchos más errores. El primero, haberte dejado escapar. Cuando me dijiste lo de Cory debí haber ido a él y haberle dicho que se dedicara a darle besos a quien yo le dijese. – "Esta es mi parte preferida de Dianna. La protectora." – Segunda, no haber luchado por ti. Ni si quiera puede mantener una relación de amistad contigo, porque si iba contigo siempre, siempre, siempre aparecía Cory y no estaba preparada para eso. Pase a tener todo de ti, a no tener nada.

-Cuando Cory me beso acepte estar con él porque necesitaba alguien que me quisiese, ¿Por qué no me dijiste nada? – Pregunto Lea.

-Supongo que tenía miedo a no ser correspondida. Pensé que él podría hacerte más feliz de lo que yo podría. Que él te podía dar una vida en la que no tuvieses que esconderte, en la que pudieses ser libre sin representantes, ni un Ryan que te valla diciendo que no hagamos nada de esto público por el bien de nuestras carreras…

-Pues sí que tenías razón. – Dianna la miró extrañada. – Te has equivocado más que yo. – Dianna suspiró aliviada y Lea río por ello. – Una cosa, permíteme que te pregunte quien era el tío ese con el que empezaste a salir.

-Otro error más a añadir a la lista. - Ambas rieron. -¿Quieres algo de beber?

-No. Solo te quiero a ti. –Dianna se sonrojo y agacho la cabeza con una sonrisa de lado en sus labios.

A pesar de que si ahora se besaban no iba a ser la primera vez, ahora no sabían si hacerlo, no querían estropear nada. Además ahora todo era distinto, si ahora se besaban daban paso a una etapa completamente nueva en sus vidas.

Lea no quería acelerar el proceso y besarle desesperadamente, no quería estropear nada así que no correría. Ya pasaría cuando tuviese que pasar.

-Vamos, te acompaño a tu habitación. – Dijo Dianna cogiendo la maleta de Lea y guiándole a la otra habitación como si Lea nunca hubiera estado ahí.

-Bonita casa. – Dijo cuando llegaron a la habitación.

-Gracias. – Dijo Dianna. – Bueno te dejo que te acomodes. – Lea simplemente le contestó con una sonrisa.

Sacó algunas cosas de la maleta y las guardo en un armario que había en la misma habitación. "No puedo estar más feliz, vuelvo a tener lo que siempre he deseado… Bueno Lea, no te hagas ilusiones que aún no ha pasado nada. Todo a su debido tiempo" – Pensaba Lea.

Salió de la habitación para encontrarse a Dianna tumbada en el sofá viendo la televisión. Solo al ver eso sonrío, hacía tanto tiempo que no se sentía así.

-¿Te apuntas a ver Cartas a Julieta? – Pregunto Dianna sin ni siquiera girarse.

-Hombre, son las cinco de la madrugada, pero me sacrifico. – Dijo hiendo hacia el sofá.

-Ven. – Dianna le indicaba que se sentase entre sus piernas apoyando así su cabeza en el pecho de Dianna.

Lea se acomodó y así se quedaron viendo la película. De repente Dianna hablo.

-Echaba tanto de menos esto. – Dijo abrazándole más fuerte.

-Y yo. No sé cómo he podido vivir sin esto tanto tiempo.

-Te quiero. – Fuegos artificiales, véngalas, fuego. De todo sentía Lea en su corazón, parecía un vídeo de Katy Perry.

Lea separó su cabeza del pecho de Dianna para poder mirar a esta a la cara. Después de mirarle con cara de sorpresa fue cambiándola por una dulce y encantadora sonrisa.

-Y yo. – Contestó al cabo de unos minutos.

Dianna le aparto un mechón de pelo colocándolo detrás de la oreja. Su mirada estaba clavada en los ojos color café de la morena. Hasta que desvió su mirada a los carnosos labios de Lea. ¡ESA! ¡ESA ERA LA SEÑAL QUE LEA ESTABA ESPERANDO VER!

Dianna se fue acercando poco a poco hasta que Lea acabó con el espacio que había entre ellas.

Se habían dado muchos besos, pero como este ninguno. Era un beso cargado de significado.

Ni película ni mierdas, ahora solo importaban ellas, se besaban como tantas veces habían querido y no habían podido.

Solo eran pequeños besos, roces de labios hasta que Dianna lamio el labio inferior de la morena.

"¡Dios, voy a morir!"

Lea rápidamente le dejo vía libre. Dianna recorría con su lengua cada uno de los espacios de la boca de Lea, no quería dejar nada sin inspeccionar. Lea mientras tanto estaba en su mundo multicolor, no se podía creer nada de lo que estaba pasando… ¿Y de lo que iba a pasar?

Estaban tumbadas en el sofá, Dianna debajo con Lea entre sus piernas. Llevaban más de quince minutos besándose y regalándose alguna que otra caricia.

Dianna acariciaba la espalda de Lea por encima de la camiseta, pero Dianna quería llegar a más y como veía a Lea muy cortada decidió hacerlo ella misma.

Metió la mano debajo de la camiseta de Lea, acarició la rabadilla y poco a poco fue subiendo su mano hasta encontrarse con el broche del sujetador, iba a jugar un rato con él.

"¿Quiere jugar? Juguemos. Se va a enterar de quien es Lea Michele Sarfati."

Ahora tenía las manos en el rostro de Dianna, acariciándola, pero viendo las intenciones de Dianna decidió pasar a la acción. Fue bajando su mano poco a poco, acariciando cada uno de los costados de Dianna. Ahora hacía lo mismo pero con la otra mano, ya las dos en la cadera de Dianna, acarició muy suavemente las piernas de esta. Tras unas caricias más Lea le agarro por los muslos y la pego lo máximo a ella, quería sentir cada parte de ella.

Dianna soltó gemido como respuesta al acto de Lea, cosa que solo sirvió para que tanto Lea como Dianna se mojaran más.

Dianna seguía provocando a Lea con caricias o suaves mordidas en el cuello o en el lóbulo de la oreja haciendo estremecer a Lea. Quería desesperar a Lea y lo había conseguido.
Lea se puso de rodillas y se quitó su camiseta dejando ver su precioso sujetador color negro con algún toque de blanco. Dianna sonrío al ver a la morena tan desesperada. Quitada la camiseta Lea volvió a los labios de Dianna.

-¿Te desesperas? – Preguntó Dianna al oído de Lea acompañado de su lengua jugando con el lóbulo de la morena.

-Me desesperas… -Dijo sexualmente al oído de Dianna. Con esto pudo notar que su humedad cada vez era mayor.

Después de unos segundos más Dianna se quitó su camiseta dejando ver ahora su sujetador negro con encaje. Lea trago saliva al ver tal estampa delante de sus narices y se fue directa al cuello de Dianna.

Lo besaba, lo acariciaba, lo lamía y dejaba besos húmedos en él. Mientras Dianna jugaba con la goma del corto pantalón de Lea.

Lea veía como Dianna jugaba así que ella no se iba a quedar corta.
Bajó sus besos despacio, hasta que se encontró con su pecho, seguramente le habría quitado el sujetador nada más llegar pero quería jugar.
Lamió el borde del sujetador de Dianna haciéndola estremecer de tal manera que soltó un gemido que juraría que lo podían haber oído hasta en New York.

Lea esbozó una sonrisa y volvió al rostro de la rubia, fijándose en su mirada llena de lujuria.

A Dianna le gustaba jugar pero ahora debería seguir, necesitaba seguir. Así que con maniobras inexplicables consiguió quitarle el pantalón sin separarse de los labios de Lea. Lea le quito el suyo así quedando amabas igual de condiciones.

Ahora Dianna era la desesperada, necesitaba a Lea y la necesitaba ya.

-Lea, por favor… - Susurro al oído de la morena.

-Dime. – "JA-JA-JA eso pasa por jugar con Lea"

-Te necesito. – Dijo ahora mirándola a los ojos. Lea solo se dedicó a sonreír de manera victoriosa.

-Vamos a la habitación. – Dijo dejando un beso en sus labios y levantándose para ir a la habitación.

Lea, más adelantada que la rubia, la llevaba de la mano y esta mientras tanto, se iba fijando en la perfecta silueta de Lea. Esa tez morena le estaba haciendo enloquecer.

Una vez llagaron a la habitación de la rubia Lea se lanzó de nuevo a los labios de Dianna tirándose a la vez a la cama quedando de nuevo en la misma posición que antes.

Tras unos minutos, Dianna acariciando la espalda de Lea se encontró de nuevo con el broche del sujetador, pero ahora no iba a jugar. Nada más encontrárselo se lo desabrochó y poco a poco se lo fue quitando dejando a la vista el precioso pecho al descubierto. Dianna se quedó observándolo unos segundos, era preciosa, de cabeza a pies, tanto por dentro como por fuera, era la mujer de su vida.

-Si me sigues mirando así me lo vas a gastar. – Dijo captando la miraba de la rubia hacia los sus ojos.

-Te quiero. – Era lo que sentía y tenía que sacarlo afuera.

-Yo también. – Dijo acariciando la mejilla de esta.

La volvió a besar y siguieron. Ahora Dianna estaba a horcajadas de Lea y besaba su cuello y poco a poco iba bajando llegando al pecho de la morena. Lo empezó a acariciar y besar. Lea estaba que no entraba en si. Hacía tanto tiempo que había deseado que esto pasase que ahora parecía estar en un sueño.

Dianna seguía con su propósito, chupaba, absorbía y acariciaba uno de los pechos mientras que con el otro lo acariciaba con su mano libre.

Minutos después Lea subió a Dianna hacia su rostro para seguir besándola, con esto aprovecho para quitarle el sujetador a la rubia. Tras esto Lea se posó encima de ella y repitió el mismo proceso que Dianna había hecho con ella.

Dianna disfrutaba y se lo hacía saber con sus gemidos. Lea sabía que iba bien así que cuando termino fue bajando poco a poco por su abdomen. Lo beso, lo acaricio y alguna que otra marca dejó, bajo un poco más encontrándose con la última prenda que quedaba en el cuerpo de la rubia.

Con su dedo índice se las bajo un poco y dejo un húmedo beso en la parte inferior del abdomen. Volvió a subir al rostro de la rubia y le beso. Era un beso que demostraba lo mucho que la amaba y lo especial que estaba siendo para ella. Dianna la cogió del cuello y profundizó el beso. Esa era en parte la señal para que Lea siguiese con lo que había dejado, y Lea captó el mensaje.

Lea volvió a bajar dejando besos por donde pasaba hasta que llego de nuevo a su última prenda. Sin pensárselo dos veces se las quitó. Una vez quitadas se quedó observándola. Tenía delante a la mujer más maravillosa del mundo dispuesta a entregarse a ella, a compartir una vida junto a ella…

Volvió a besar su abdomen y fue bajando hasta que al fin besó su centro. Dianna con tan solo ese roce sintió tocar el cielo. Lea se acomodó para dar todo de ella y hacer sentir a Dianna en las nubes. Paso su lengua por el clítoris de la rubia mientras, la otra se agarraba con fuerza a las sabanas. Lea seguía y podía notar lo excitada que estaba y lo poco que le faltaba para llegar al éxtasis. Pretendía ser la causante del mejor orgasmo que haya tenido Dianna nunca así que para ello tenía que dar todo de ella, así que metió un dedo dentro de ella haciendo gritar a Dianna de tal manera que Lea se asustó por si le había hecho daño, así que rápidamente lo sacó.

-¿Estas bien? – Preguntó Lea mirándole a los ojos.

-Mejor que nunca. –Dijo dándole un beso tranquilizador en los labios.

Lea siguió con su propósito. Notaba que Dianna estaba muy cerca así que añadió otro dedo y empezó a aumentar la velocidad de sus arremetidas. Finalmente Dianna llegó gritando el nombre de Lea. Eso hizo a Lea la mujer más feliz de la faz de la tierra.

Lea subió al rostro de la rubia para besarle. Podía notar lo agitada que se encontraba pero aun así, Dianna se posó encima de Lea para devolverle y hacerle sentir lo mismo que la morena había conseguido en ella.

Después de más de una hora de gemidos, gritos, risas y alguna que otra lágrima por al fin encontrar a la persona adecuada, ambas se encontraban abrazadas totalmente desnudas y cubiertas solo por una fina sábana blanca la cual tapaba desde el pecho hasta un poco más de la rodilla.

Lea apoyaba su cabeza en el pecho de Dianna que aún subía y bajaba con dificultad y esta mientras tanto le abrazaba por la cintura.

Dianna acariciaba el pelo de Lea mientras que esta se dedicaba a dibujar corazones con su dedo en el vientre de la rubia.

-Di… –Dijo en susurro.

-Dime. – Dijo dándole un beso en la cabeza.

-Tal vez no sea muy romántico, pero… - Se apoyó con su codo en la cama quedando así enfrente de la rubia. - ¿Quieres ser mi novia?

Dianna se quedó sin aliento, ¿estaba oyendo bien? Había estado tanto tiempo deseando esto que ya se había auto convencido de que jamás volvería a tenerla para ella.

Unos segundos más tarde Dianna reacciono y le besó. No hacía falta contestar con palabras. Este beso estaba cargado de significado, era un beso completo.

-Estoy segura de que Arthur estaría muy contento por tu vuelta. – Dijo con cierto tono de tristeza.

-Dianna, - Dijo cogiéndole del mentón para que la mirase.- hiciste a Arthur el perro más feliz de mundo, sin duda fue un perro muy afortunado, pero debes entender que nada es para siempre.

- Sí, nuestro amor.

Dicho esto ambas volvieron a hacer el amor, y otra, y otra vez más y así toda la noche, demostrándose el amor por la otra hasta el final de los tiempos.