Magnus dejó la residencia y sacó su móvil. Abrió Uber y pidió que fuesen a buscarlo. Sabía que tardaría más en encontrar un taxi en ese vecindario que en pedir uno. Además, para algo estaba la tecnología. Si había algo que el tiempo le había enseñado era apreciar y abrazar las innovaciones. No recordaba nada más útil desde el invento de la electricidad que ser capaz de pedir cualquier cosa con un simple toque de dedos. ¡La de magia que había dejado de malgastar en convocar comida! Ahora no tenía más que meterse en la app adecuada y llegaba en quince minutos. Había muchas cosas que los mundanos hacía mal, pero internet no había sido una de ellas.
Vio su coche llegar y se acercó a la acera. Había tenido una noche difícil con el último cliente, noche que no quería revivir, pues todavía le hervía la sangre al recordar algunas de la apalabras que ese hombre le había dicho. ¡Maldito ingrato! Él le había avisado una y otra vez de los peligros de sobrepasar la dosis que le había recomendado, pero él no había escuchado y ahora… Bueno, estaba en el pasado. Entró en el coche y abrió los mensajes. Alec no había escrito desde la última vez, hacía horas, cuando le había informado que iba de caza con los demás. Sabía que no debía, pero no podía evitar preocuparse. Valentine seguía por ahí, tramando algo que aún no sabían qué. Hacía poco que habían recuperado a Jace, la conexión entre Alec y su parabatai estaba volviendo a ser fuerte, sabía que ir de caza con el rubio ayudaba; por lo que no decía nada, pero aún así se preocupaba. Bloqueó el teléfono y miró por la ventana. Era tarde y tenía hambre. Quizás debía de pedir una pizza… Así cuando llegase a casa la tendría a los pocos minutos… Sin embargo, no tuvo ocasión, pues su versión tecno de The Heart Wants What It Wants empezó a sonar, y Magnus se apresuró a coger la llamada.
'Alexander.' Degustó cada sílaba, apreciando el momento como cada vez que decía el nombre del nefilim, su voz cargada de cariño.
'Magnus. ¿Estás ocupado?' Magnus notó un toque de angustia en su voz, sin duda Alec seguía en la misión y le estaba llamando para pedir ayuda. No le gustaba ser el comodín de la llamada cada vez que los cazadores de sombras tenían un problema, pero aún así no podía negarles su ayuda. No sabía cómo, pero les había cogido cariño. Bueno, a unos más que a otros, dijo para sí mismo pensando en Jace. Seguía sin soportar al rubio.
'Acabo de terminar por hoy. ¿Sucede algo?'
'Sí. Tenemos un problema aquí. ¿Puedes venir?'
'Imagino por tu voz que nadie está herido y no es algo de vida o muerte.' Dijo Magnus mirando sus uñas. Realmente había acertado el otro día al comprar el marrón oscuro en vez del azul en esa pequeña tienda nueva junto a Central Park.
'No. Pero es un asunto para el Gran Brujo de Brooklyn.' Oyó decir a Alec, la voz del muchacho con ese toque de profesionalidad que siempre ponía cuando hablaba de negocios. Magnus nunca hubiese pensado que algo como Alec distinguiendo entre lo personal y lo profesional le pusiese tanto, pero era cierto. Eso, y que apreciaba que el nefilim no se aprovechase de salir con él para tener acceso a sus poderes. Nunca había conocido a un cazador de sombras tan honesto y justo.
'Por supuesto, dame la dirección y ahí estaré.'
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Magnus salió del coche y se fue a la callejuela que Alec le había indicado. No tardó en ver la puerta rota y luz en el interior. Dio unos golpecitos, avisando de su llegada y pidiendo permiso para entrar.
'En el salón.' Oyó la voz de Izzy, y lo tomó como señal de permiso.
Nada más entrar vio dos cuerpos sin vida de, lo que sin duda habían sido, hombres de Valentine. Uno había muerto por un disparo, el otro por un objeto punzante en el cuello. Mundanos, pensó. Dio unos pasos adentrándose en la casa, intentando no tocar los cadáveres, pero al hacerlo pisó la moqueta, la cual estaba empapada en sangre, y maldijo. Tenía que haber previsto que hoy no era el día para estrenar sus nuevos botines de Prada. No había nada qué hacer ya, aún así pisó con cuidado para evitar salpicaduras en el cuero.
'Espero que esto sea importante,' dijo adentrándose en la casa, llegando al salón 'pues he estado dos semanas en lista de espera para estos zapatos.' Levantó la vista y vio a los cuatro de siempre sentados en el sofá. Miró a Alec seriamente, señalándole de esa forma tan dramática que dejaba entrever que no estaba realmente enfadado. 'Como la sangre no salga, me debes unos.'
Escuchó la risa rápida y suave de Izzy y Clary. Fue entonces cuando miró más allá y vio el resto de la casa. Vio la mesa de comedor que estaba en medio y la isla que dividía la cocina del salón. Vio como la esquina de la cocina estaba cubierta de sangre, como había un rastro que iba desde ahí hasta el cadaver que había dejado más atrás. El de la herida en el cuello murió en la cocina, pensó. Y detrás de la isla había una mujer. No tendría más de treinta y cinco años. Era rubia, de piel blanca y ojos claros. Delgada pero en forma. Su camiseta dejaba ver que iba al gimnasio más de tres veces por semana. Tenía sangre en la ropa, y trazos de sangre en la cara y manos, como si hubiese intentando lavarse pero no lo hubiese hecho de forma concienzuda. Sin duda era la mundana que había matado a los dos hombres.
'Hola.' Dijo Magnus con una sonrisa, recordando sus modales. 'Soy Magnus Bane.' Dio unos pasos hacia ella y estiró la mano, sin importar que se pudiese manchar de sangre.
La mujer sonrió, dejando salir parte del nerviosismo que los acontecimientos le habían ocasionado. Dio unos pasos hacia él, limpió su mano en el pantalón y se la ofreció, estrechándosela. 'Margot Williams. Un placer.'
'El placer es mío.' Soltó su mano y se giró, indicando la entrada. 'Impresionante cómo te has deshecho de ellos. ¿Navy Seal?'
'Sí, aunque dejé el cuerpo hace ya seis años. ¿Cómo lo has sabido?' Dijo ella impresionada.
Pero Magnus no contestó, pues Jace le interrumpió. '¿Podemos dejarnos de cumplidos e ir al grano?'
Magnus giró los ojos y miró al rubio. 'Tu dirás.'
'¿Tu dirás?' Dijo Jace con un toque de indignación en su voz. 'Entras en una casa donde ves dos cadáveres y… ¿Sabes qué? Me rindo. Alec.' Dijo cruzándose de brazos y reposando su espalda en el sofá.
'Tuvimos noticias de que hombres de Valentine estaban por esta zona en busca de algo. Cuando por fin dimos con su rastro nos llevó a esta casa. Margot, la cual es mundana y no conoce nuestro mundo,' dijo mirando a la mujer y volviendo la mirada a Magnus 'mató a los dos cazadores.'
'¿Y queréis que la borre la memoria?' Dijo intentando saber qué pintaba él en todo ese asunto.
'¿Qué?' Dijo Margot sorprendida.
'Sí.' Dijo Jace al mismo tiempo. A lo que Izzy y Clary dijeron 'no'.
'Puede.' Acabó Alec, después de que Clary diese un codazo a Jace.
'Un momento.' Margot dio un paso al frente, situándose al lado de Magnus y mirando a los cuatro chicos. '¿Cómo que borrarme la memoria? ¿De qué habláis?'
'Ves. Por esto no podemos lidiar con mundanos. No es más que ir en círculos.' Dijo Jace.
'Un segundo.' Dijo Magnus haciendo un gesto con la mano a Margot e ignorando a Jace. 'Alexander, ¿qué hago aquí?'
'El motivo de tu presencia es su hijo.' Dijo Alec mirando a Magnus. El brujo se giró a la mujer esperando una respuesta, pero esta no digo nada. Volvió a mirar a Alec, esperando que elaborase un poco más. 'Su nombre es Sam, tiene seis años y es un brujo. Los hombres de Valentine venían a por él.'
Magnus suspiró. No le gustaba lidiar con niños brujos, ese era el trabajo de Mia. Al fin y al cabo ella era la encargada del refugio que ambos habían fundado años atrás. La bruja sabía cómo tratarlos, como hacerles sentir seguros, como ganarse su confianza y enseñarles a controlar su magia. No es que él fuese malo con los niños, simplemente prefería limitarse a poner el dinero y la protección.
'¿Eres su madre biológica?' Preguntó a Margot, tomando las riendas de la situación.
'¿Qué? Sí. Sí que lo soy.' Dijo ella un tanto perdida. Magnus empezó a temer que los cazadores de sombras no hubiesen informado a la madre del Mundo de las Sombras y de la condición de su hijo. Empezó a temer que ella no supiese de la naturaleza del pequeño.
'¿Desde cuándo sabes que tu hijo es un brujo?' Preguntó.
'No es un brujo.' Dijo ella seriamente. 'Los brujos no existen. Y esto no es Harry Potter o una de esas novelas de adolescentes donde de repente hay magia y…' Pero no pudo terminar la frase, pues Magnus chasqueó los dedos, haciendo que su magia apareciese en forma de llamas azules, recorriendo su mano e iluminándole la cara. '¿Cómo…?'
'Soy un brujo. La magia existe. Y sí, estas viviendo una de esas novelas de adolescentes, donde hay magia y hombres lobo y vampiros y muchas cosas más. No, los vampiros no son como los de Crepúsculo, son más al estilo Anna Rice. No, no hay una escuela de magia y hechicería.' Magnus hizo desaparecer las llamas, dándole unos segundos a la mujer para que asimilase todo. Miró a su alrededor y vio un minibar. Se acercó a él y cogió un vaso. '¿Puedo?' Dijo señalando el whisky. Margot asintió, todavía pensado en lo que acababa de ver y oír. Magnus se sirvió una copa.
'¿En serio?' Dijo Clary.
'¿Qué?' Se defendió Magnus. 'He tenido un día muy largo.'
'¿Puedes volver a hacer eso?' Dijo Margot saliendo del trance.
'¿El qué?' Preguntó Magnus después de dar un trago.
'Las llamas.' Dijo ella.
Magnus levantó la mano, dejando libre la magia y permitiendo que se manifestase en su forma más básica. Margot se acercó a él, levantó la mano, con intención de tocar las llamas azules que bailaban entre sus dedos. '¿Puedo?' Dijo. Magnus asintió. Margot llevó su mano a la del él, notando la energía fluir, sintiendo la magia entre sus dedos. Era la sensación más extraña del mundo, y al mismo tiempo la más familiar. Más de una vez había sentido lo mismo al tocar a Sam.
'Creo que Sam es como tu.' Dijo al cabo de unos segundos, quitando la mano de las llamas y mirándole a los ojos. 'Siempre he sabido que era diferente, desde que su piel empezó a cambiar, pero nunca… No creí… No quería creer en que algo así pudiese existir.'
'Debes de tener muchas preguntas.' Dijo con paciencia y comprensión en su voz. Ella asintió. '¿Por qué no nos sentamos y charlamos? ¿Una copa?' Margot asintió, sentándose en la butaca y aceptando la copa que Magnus le dio.
'Bueno, pues nosotros nos vamos.' Dijo Jace levantándose.
'¿Cómo que nos vamos?' Respondió Clary. 'No podemos irnos.'
'Claro que podemos. Es asunto de Magnus ahora. Nosotros tenemos que volver al Instituto con los cuerpos.'
'No podemos dejarla así.' Dijo Izzy.
'No es nuestro problema.' Contestó Jace. 'Ella entra dentro de la jurisdicción de Magnus. ¿O no?' Dijo mirando a Alec, sabiendo que su parabatai conocía las leyes mejor que nadie.
'Es cierto.' Dijo este. 'Aún así creo que deberíamos quedarnos. No sabemos lo que Valentine quería, o si van a venir más.'
Jace se volvió a sentar en el sofá, derrotado. 'Esta bien, pero no pienso hacer el papeleo de todo esto.'
'Ignórale.' Le dijo Magnus a Margot. 'Sufre de estupidez congénita. No tiene remedio.'
Magnus no necesitó mirar a Jace para saber que este le estaba poniendo cara de odio, como tampoco le hizo falta mirar a Alec para saber que había una sonrisa en su rostro.
'Tu no eres como ellos.' Dijo la mujer.
'No.' Dijo Magnus.
Alec nunca sabría cómo el brujo podía comunicar tanto con tan poco. Pues en ese "no" había indignación al pensar que alguien le había confundido por un cazador de sombras, orgullo de ser él mismo, y diversión ante la frase de la mundana.
'Ellos son cazadores de sombras. Mitad angel, mitad humanos. Básicamente se encargan de que gente como tú no conozca nunca a gente como yo.' La voz de Magnus carecía de emoción, era como la de un profesor dando una lección. 'Yo soy un brujo. Mitad demonio, mitad humano.'
'¿Es malo?' Dijo ella. 'Lo de ser medio demonio. Suena a algo malo.'
'Es lo que es.' Dijo él sin entrar más en el tema. 'Volviendo al tema que nos ocupa. Tu hijo. ¿Cuándo notaste que era diferente?'
'Cuando cumplió los dos años.' Dijo ella. 'Su piel empezó a cambiar. Al principio pensé que era una enfermedad, por lo que le llevé al hospital, pero no pudieron encontrar nada. Fue entonces cuando me di cuenta de que algo pasaba. No dejaban de hacerle pruebas, de sacarle sangre. Sam… Él estaba bien, pero los médicos pensaban que había algo raro en él.'
'Su sangre.' Aclaró Magnus. 'Eso era lo que los médicos no comprendían. ¿Cierto?' Margot asintió. 'Su sangre es distinta a la tuya y a la de cualquier otro humano, dado que su ADN también lo es. Es parte de ser brujo, de la herencia de su parte demonio.'
'Pero tu no tienes la piel verde.' Dijo ella.
'No.' Magnus sonrió. 'Cada brujo es distinto, nuestras marcas son también distintas, dependiendo del demonio que nos engendró.'
Los ojos de Margot se agrandaron.
'Hablando de eso, ¿nunca supiste que el padre de Sam no era su padre biológico?'
'Sam no tiene padre.' Dijo ella.
'Perdona que pregunte, pero algo debió de pasar para que te quedases embarazada.' Dijo Magnus.
Margot miró hacia los cuatro chicos, los cuales estaban callados, escuchando la historia, respetando el momento que estaba viviendo. Volvió a mirar a Magnus, el hombre más extraño que jamás había visto. Sus ojos cubiertos de maquillaje con purpurina, su ropa provocativa y glamurosa, sus modales exquisitos. Había algo en él que la atraía, aunque no sexualmente, si de una forma magnética. Era, sin duda alguna, el hombre más hermoso que jamás había visto. Y pensó en si Sam algún día sería tan maravilloso como aquel misterioso hombre asiático.
'No lo recuerdo, pero sé que fui violada.' Le había costado decir esas palabras, y cuando lo hizo no vio rechazo en los ojos de ninguno de ellos. 'Noté el embarazo al cabo del tiempo. Al principio pensé en abortar, pues no tenía conciencia de que hubiese sucedido. Ahora que lo pienso, puede que me borrasen la memoria. ¿Es eso posible?'
'Lo es.' Dijo Magnus.
'¿Por qué te quedaste con el niño?' Preguntó Isabelle.
'Porque Al y yo siempre habíamos querido un hijo.' Dijo ella con una sonrisa. 'Era algo que llevábamos pensando desde hacía un par de años, pero con mi trabajo… Nunca veíamos el momento, había que hacer demasiados trámites, demasiados problemas. Por lo que acabamos posponiéndolo. Fue ella la que me dijo que debíamos quedárnoslo, que era una señal del cielo.' Había lágrimas en su ojos, pero su voz seguía firme. 'Qué ironía, ¿no? Nuestro pequeño milagro resulta ser medio demonio.'
'¿Al? ¿Quién es Al?' Preguntó Clary.
'Mi mujer.' Dijo Margot. Fue entonces cuando recordó la hora y se levantó, mirando al reloj. 'Oh, dios mío. Debe de estar al llegar.'
Mi mujer. Esas palabras resonaron en la mente de Alec con fuerza. Se giró, buscando fotografías y encontrando una de dos mujeres en una playa. Una boda, su boda. Siguió buscando y vio otra de Margot con una mujer morena, la misma mujer que la foto de la playa, sentadas en un sofá, con un bebé en los brazos, cubiertas de regalos.
Mi mujer. Y ahí, sin saber cómo, tenía el ejemplo de algo que siempre hubiese considerado imposible. Dos mujeres, casadas, con un hijo. Dos mujeres. Alec miró a Magnus y supo que el brujo había leído en sus ojos todas las emociones que estaba sintiendo en esos momentos.
Continuará...
Hola. Estos son los zapatos de Magnus, por si alguien se muere de curiosidad: (prada punto com barra) en/GB/e-store/man/shoes/ankle-boots/product/2TG108_3H9Q_
Esta historia va a ponerse más interesante, lo prometo. Si os gusta estoy encantada de leer vuestros comentarios, que es lo que me anima a escribir más.
